Entrevista a Pablo Busó, responsable de Investigación de Usuario/a y Valores Educativos de AIJU, y Ana Mata, coordinadora Guía AIJU
¿Cuáles fueron los principales objetivos que motivaron la realización del estudio 'Juego y juguete vs. pantallas: Impacto en la salud infantil'? ¿Qué preguntas clave buscaban responder?
El estudio buscaba profundizar en el impacto real que la sobreexposición a pantallas está teniendo en la salud y el desarrollo infantil. Para ello era necesario contar con una doble mirada: la de los profesionales sanitarios, que observan las consecuencias en consulta, y la de las familias, que están en contacto diario con los niños/as y tienen una visión profunda sobre su desarrollo. Queríamos entender hasta qué punto existe preocupación, qué dificultades encuentran para establecer límites y cómo puede el juego con juguetes convertirse en una alternativa saludable en un contexto donde las pantallas están presentes en todos los entornos de la infancia.
¿Cuáles son las conclusiones más relevantes del estudio?
Los resultados son muy claros. La mayoría de especialistas (95%) y familias (93%) coinciden en que el uso excesivo de pantallas perjudica el desarrollo infantil. Los problemas más frecuentes que detectan los profesionales son: trastornos del sueño, salud mental, obesidad, problemas visuales y alteraciones posturales.
Además, aunque casi todas las familias establecen normas, 7 de cada 10 tienen dificultades reales para mantenerlas. Y tanto médicos como familias reconocen que el juego con juguetes es una de las alternativas más eficaces para reducir exposición a pantallas y favorecer un desarrollo equilibrado.
Por qué existe un uso excesivo de las pantallas
Al preguntar a Pablo Busó, coordinador del departamento de Investigación infantil y Pedagogía de AIJU, y Ana Mata, coordinadora de la Guía AIJU, por cuáles considera que son los factores que contribuyen al uso excesivo de pantallas en niños detallan que “los dispositivos están presentes en todos los espacios del hogar y, en muchos casos, los adultos actúan como modelo de consumo digital para los niños/as. Además, las familias suelen recurrir a las pantallas como apoyo para conciliar tareas y evitar conflictos, especialmente cuando los contenidos digitales generan una respuesta inmediata y muy estimulante. Todo ello crea un entorno en el que limitar su uso se vuelve complejo.
Además, debemos ser conscientes de que vivimos en una sociedad en la que parece existir miedo al aburrimiento, tanto en los adultos como en los propios niños y niñas. En este contexto, el teléfono móvil se ha convertido en un remedio fácil, inmediato y que no requiere esfuerzo para combatir ese aburrimiento”.
A lo que añaden: “El juego, en cambio, aunque es mucho más beneficioso para el desarrollo infantil, exige un mayor esfuerzo: pensar qué vamos a hacer e incluso levantarnos del sofá para llevarlo a cabo. Por ello, es recomendable dedicar tiempo a ofrecer al niño o la niña alternativas de juego, así como permitir que se aburra un poco para que sea él o ella quien busque de forma autónoma sus propias opciones de juego sin pantallas”.
¿De qué manera el juguete y el juego pueden contribuir a disminuir el tiempo frente a las pantallas?
El juguete físico es capaz de ofrecer experiencias que la pantalla no proporciona: movimiento, manipulación, sensorialidad, contacto social real e imaginación sin límites. Cuando el niño/a se adentra en una actividad que le permite crear, explorar o inventar, la necesidad de recurrir al estímulo digital disminuye por sí sola. El juego libre, la narración espontánea y el vínculo emocional que generan ciertos juguetes favorecen que el niño/a encuentre satisfacción en una actividad, algo clave para desplazar tiempo de pantalla sin imponer prohibiciones rígidas.
Muchas veces los adultos ‘acusamos’ a los niños y niñas de estar demasiado pendientes de las pantallas, afirmando que nuestra infancia fue más saludable o mejor que la suya. Sin embargo, cuando analizamos realmente la situación y les preguntamos por sus actividades preferidas, suelen responder: ir al parque, jugar con juguetes, montar en bici, hacer deporte y, solo después, jugar a los videojuegos.
Este hecho debería hacernos reflexionar sobre si, como sociedad, estamos ofreciendo el tiempo y el espacio necesarios para que ese juego sin pantallas pueda darse. No basta con afirmar lo beneficioso que es el juego para la infancia si, al mismo tiempo, nos molestan los niños cuando juegan en las zonas comunes de las urbanizaciones, o si prohibimos que monten en bici o jueguen a la pelota en parques y jardines.
Es importante recordar que el juego es un derecho fundamental de la infancia, reconocido internacionalmente en la Convención sobre los Derechos del Niño, y que promoverlo es una responsabilidad de toda la sociedad.
De las tendencias que se presentarán en las próximas ferias jugueteras de 2026, ¿qué aspectos destacaría como más relevantes?
La expansión de la inteligencia artificial aplicada al juego: juguetes conversacionales, robots evolutivos y propuestas físicas sin pantalla. La tendencia ‘Creative Mindfulness’, que apuesta por el juego calmado, manual y emocional. El crecimiento de la ‘Newstalgia’, que fusiona nostalgia, cultura pop y coleccionismo.
Sin duda, estamos en el año de la IA. Si hace un tiempo nos preguntábamos cómo podía afectar a las empresas o a los productos tecnológicos, este año hemos visto cómo su uso se ha expandido de forma exponencial en toda la sociedad, alcanzando distintos rangos de edad, clases sociales y niveles educativos.
Hoy en día, cualquier persona utiliza la IA para tareas cotidianas: elaborar la lista de la compra, preparar la lista de invitados de un cumpleaños, organizar unas vacaciones, entre muchas otras.
En lo que respecta al sector del juguete, su impacto se traduce en un aumento del tiempo de ocio digital, que ya de por sí era elevado. A los estímulos procedentes de las plataformas de televisión, los vídeos cortos o las redes sociales, se suma ahora la IA como nueva alternativa de entretenimiento: generar memes, jugar a preguntas y respuestas o incluso convertirse en un nuevo compañero o compañera de juego.
Además, la enorme facilidad de la IA para crear contenido digital provocará un aumento exponencial de la oferta disponible, lo que muchos expertos y expertas ya denominan ¡basura digital’. Esto hará cada vez más difícil para las empresas captar la atención del usuario y darse a conocer a través de estos medios.
Nos encontramos (¡una vez más!) ante un momento histórico, en el que la tecnología ha avanzado mucho más rápido que la capacidad de adaptación de la sociedad o de las leyes.
¿Cómo pueden los fabricantes adaptar su estrategia para aprovechar estas tendencias?
En lo que respecta a la IA, el juego ha demostrado tener un alto potencial educativo y puede ser clave para que los niños y niñas adquieran nuevas habilidades digitales, así como para fomentar un uso ético y responsable de la tecnología.
Muchos padres y madres sienten preocupación por los riesgos éticos asociados a la inteligencia artificial y buscan juegos o juguetes que les ayuden y orienten en esta tarea educativa. Por ejemplo, herramientas que permitan enseñarles que, ante un problema realmente importante, lo más adecuado es acudir a un profesional o pedir ayuda a sus propios padres y madres antes que consultarlo con una IA.
¿Qué potencial ofrece la IA para mejorar la experiencia de juego o la interacción educativa?
La IA introduce una capa nueva al juego: Permite interacción conversacional natural; Adapta la experiencia de forma personalizada según intereses, ritmo o emociones; Favorece aprendizajes invisibles, integrados en la dinámica del juego; Facilita la inclusión, creando apoyos específicos según las necesidades del niño/a; y prolonga la vida útil del juguete mediante contenidos actualizables. El reto está en garantizar privacidad, seguridad y un uso responsable de los datos.
¿Cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente el sector juguetero?
El sector convive con retos estructurales relevantes. Por un lado, la competencia del ocio digital, que capta una parte muy significativa del tiempo infantil. Por otro, el descenso demográfico, que obliga a las empresas a diferenciarse y a trabajar propuestas de mayor valor añadido. El desafío de evitar que los juguetes queden emocionalmente obsoletos demasiado rápido.
Todo esto combinado con el mayor crecimiento de precio de otros productos de la cesta de la compra de las familias que está haciendo que el juguete cada vez tenga una menor cuota de mercado.
¿Cómo imagina la evolución del sector juguetero en los próximos años?
Es previsible que veamos juguetes más inteligentes, capaces de ofrecer experiencias conversacionales y adaptativas, pero sin depender de pantallas. El sector también avanzará hacia diseños más sostenibles, reparables y con ciclos de vida más largos. La creatividad manual, el bienestar emocional y la conexión entre generaciones ganarán peso en las decisiones de compra. Además, la industria tenderá a ofrecer no solo productos, sino experiencias que combinen físico y digital con equilibrio y sentido, reforzando el valor del juego como espacio de aprendizaje y desarrollo.
¿Desea añadir algún comentario más?
En un momento en el que las pantallas ocupan un papel dominante en el ocio infantil, es más importante que nunca recordar que el juguete sigue siendo una herramienta esencial para la salud, el desarrollo y el bienestar de los niños y niñas. El sector tiene la oportunidad de liderar esta transición hacia un juego más equilibrado, significativo y adaptado a las necesidades reales de la infancia actual.












