Eficiencia de la energía en los edificios
Emilio González Gaya. Ingeniero Industrial. Director de desarrollo de negocio en JG Asociados, S.A. Vicepresidente de Aedici.
Jose Miguel Peña. Ingeniero Industrial. Director de Calidad de Productos y Energía. Airzone
09/04/2026
Emilio González Gaya y Jose Miguel Peña.
Introducción
Electrificar y flexibilizar la demanda energética de los edificios para descarbonizar España: una reforma energética pendiente
La descarbonización de los edificios ha dejado de ser una cuestión secundaria dentro de la transición energética. Hoy constituye uno de sus frentes decisivos. En España, esta discusión adquiere una relevancia especial por dos motivos. El primero es la antigüedad del parque residencial ya que las estadísticas del INE (Instituto Nacional de Estadística) siguen clasificando un volumen muy significativo de viviendas construidas con anterioridad a 1980, y el propio Ministerio de Vivienda mantiene como prioridad el análisis del parque residencial vulnerable y necesitado de intervención. El segundo es la dependencia energética exterior puesto que el balance energético oficial del MITECO (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) sitúa la dependencia energética de España en el 68,4 % en 2024, una cifra que ilustra hasta qué punto seguimos expuestos a importaciones de combustibles fósiles y a la volatilidad geopolítica. Por tanto, rehabilitar y electrificar edificios no solo reduce emisiones, también reduce vulnerabilidad estratégica.
En ese contexto, la climatización ocupa una posición muy relevante. Calefacción, refrigeración, ventilación y producción de agua caliente sanitaria concentran una parte sustancial del consumo energético de los edificios. Por ello, una estrategia estructurada en la descarbonización debe actuar sobre estos servicios.
La bomba de calor ha dejado de ser una promesa para convertirse en la herramienta central de descarbonización de la climatización permitiendo superar el obstáculo técnico. Es una tecnología madura, eficiente y cada vez más competitiva. Su capacidad para suministrar calefacción y refrigeración con un consumo eléctrico muy inferior a la energía térmica entregada la convierte en la herramienta sólida para sustituir progresivamente equipos basados en combustibles fósiles. Sin embargo, electrificar la climatización no consiste simplemente en reemplazar una caldera por una bomba de calor. Esa visión es incompleta. La verdadera electrificación exige edificios capaces de gestionar de forma inteligente su demanda, adaptar su funcionamiento a las condiciones exteriores y participar activamente en un sistema eléctrico cada vez más renovable y variable.
Es precisamente ahí donde España sigue mostrando una de sus principales debilidades. Hemos avanzado con bastante decisión en la descarbonización de la generación, pero mucho menos en la modernización de la demanda. Durante años, el edificio ha sido tratado como un consumidor pasivo, ajeno a la lógica operativa del sistema eléctrico. Esa concepción ya no es válida. Un sistema con alta penetración renovable necesita una demanda flexible, predecible y gestionable. Requiere edificios que no solo consuman menos, sino que consuman mejor, es decir, en el momento adecuado, con capacidad de modulación y sin comprometer el confort ni la calidad ambiental interior. En otras palabras, precisa edificios electrificados, pero también digitalizados y conectados.
EPBD: la eficiencia energética no puede separarse del control
La Directiva (UE) 2024/1275 sobre eficiencia energética de los edificios, refundición de la EPBD (por sus siglas en inglés de Energy Performance of Building), parte precisamente de esa premisa: mejorar la eficiencia del parque construido, integrar renovables, reforzar la calidad ambiental interior y avanzar hacia un parque inmobiliario de cero emisiones antes de 2050. La modernización de los edificios no aparece en ella como una recomendación abierta, sino como una exigencia regulatoria.
La directiva refuerza el papel de los sistemas técnicos del edificio y sitúa en el centro conceptos que hasta hace poco parecían reservados a ámbitos muy especializados: automatización, monitorización, interoperabilidad, respuesta a señales externas y flexibilidad de la demanda. Uno de los mensajes más relevantes de la EPBD es que la eficiencia energética no puede separarse del control. Un edificio moderno debe ser capaz de supervisar el funcionamiento de sus instalaciones, detectar ineficiencias, ajustar consignas y optimizar la operación en función de la ocupación, del clima exterior y de las condiciones interiores. Por eso la directiva refuerza la implantación de sistemas de automatización y control en edificios, BACS (por las siglas en ingles de Building Automation and Control System). Deberían haberse implantado en edificios no residenciales con más de 290 kW antes del 31 de diciembre de 2024, y en los de más de 70 kW antes del 31 de diciembre de 2029. No se trata de un requisito accesorio, sino de una condición necesaria para que la electrificación sea realmente eficiente.
Además, la EPBD corrige otro error habitual en el debate energético, la falsa oposición entre eficiencia y confort. La normativa europea deja claro que el rendimiento energético del edificio debe evaluarse junto con parámetros como la calidad ambiental interior, la ventilación o el confort térmico. Un edificio bien rehabilitado no debe consumir menos a costa de ofrecer peores condiciones de habitabilidad. Debe consumir menos precisamente porque funciona mejor. En ese marco, la autorregulación de temperatura por estancias, la incorporación de sensores de temperatura, humedad y contaminantes y la monitorización de la calidad del aire interior dejan de ser prestaciones accesorias para convertirse en elementos estructurales del edificio descarbonizado. Son herramientas imprescindibles para armonizar eficiencia, confort y salud. También lo son para que tecnologías como la bomba de calor alcancen su mejor rendimiento, especialmente cuando trabajan con sistemas de emisión de baja temperatura y con estrategias de control bien diseñadas que aprovechan las características de cada emisor térmico (fancoils, unidades de expansión directa, radiadores, suelo radiante, etc.).
Pero la aportación más transformadora de la EPBD probablemente sea el reconocimiento explícito de la flexibilidad de la demanda como capacidad del edificio. La directiva y sus anexos técnicos introducen la idea de que los edificios deben poder reaccionar a señales externas y adaptar su consumo energético. Esto supone un cambio de paradigma. El edificio ya no se entiende solo como un espacio pasivo que demanda energía, sino como un agente que puede interactuar con la red y contribuir al equilibrio del sistema.
Esta visión conecta de forma directa con la estrategia de Smart Readiness Indicator, el SRI, donde la flexibilidad de la demanda pasa a formar parte de los parámetros evaluables. Significa que la inteligencia del edificio no se medirá únicamente por su automatización interna, sino también por su capacidad para ofrecer valor al sistema energético a través de una demanda gestionable y la capacidad de desplazar sus consumos. Aquí emerge una oportunidad que España todavía no ha desarrollado con la ambición necesaria.
El Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, el SRAD, representa precisamente el tipo de mecanismo que podría trasladar esta lógica al sector de la edificación. Hasta ahora, la participación activa de la demanda en el sistema eléctrico español ha tenido una implantación limitada y muy concentrada en determinados consumidores o esquemas de agregación. Sin embargo, el potencial de flexibilidad en los edificios es considerable. La climatización, el agua caliente sanitaria, la ventilación, el almacenamiento térmico, el almacenamiento eléctrico o incluso la recarga de vehículo eléctrico pueden coordinarse para desplazar o modular consumos sin degradar el servicio.
Protocolos como OpenADR o EEBus adquieren relevancia estratégica. No son una cuestión de nicho tecnológico, sino una condición práctica para evitar que la modernización del edificio se haga mediante sistemas cerrados, fragmentados e incapaces de prestar servicios de flexibilidad.
Si se quiere extender el SRAD al ámbito edificatorio, la comunicación entre equipos, plataformas y agentes del sistema debe apoyarse en estándares abiertos e interoperables. Sin ese requisito, la flexibilidad quedará reducida a proyectos piloto y demostradores, en lugar de convertirse en infraestructura energética distribuida.
Por eso la rehabilitación del parque edificado debe entenderse como una política energética de primer orden. No basta con mejorar envolventes ni con electrificar equipos de forma aislada. Es necesario convertir los edificios en sistemas inteligentes, capaces de garantizar confort y calidad ambiental interior, de operar con alta eficiencia, de integrar renovables y de aportar flexibilidad al sistema.
La EPBD ya marca esa dirección. La cuestión ahora es si España optará por anticiparse o llegará tarde a una transformación que ya no admite demora. La red del futuro no podrá sostenerse únicamente sobre más generación limpia sino que necesitará también apoyarse en millones de decisiones de consumo coordinadas, automatizadas y técnicamente gobernables.
Conclusión
Desde AEDICI reafirmamos nuestro compromiso con un modelo edificatorio más eficiente, más inteligente y más orientado al usuario. La Ingeniería debe estar presente en el centro de la transformación energética de los edificios.
Electrificar la climatización es imprescindible, pero insuficiente sin digitalización, control y flexibilidad activa de la demanda.
El futuro de la climatización pasa por edificios capaces de operar con eficiencia, garantizar confort y participar activamente en un sistema energético renovable. Como asociación, seguiremos impulsando este diálogo y acompañando al sector para que la innovación se convierta en realidad.
Desde AEDICI queremos seguir siendo un punto de encuentro y un espacio de diálogo abierto, donde compartir retos, aprender de otros y contribuir a que la eficiencia energética sea una realidad en cada edificio. La transición energética es un desafío enorme, sí, pero también una oportunidad para hacer mejor nuestro trabajo y dejar un entorno más sostenible para todos. Y en ese camino, seguiremos acompañando al sector paso a paso.

