Maxi Gilbert y XLR Estudio diseñan la puesta en escena del regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh
El regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh no solo marca uno de los momentos musicales más esperados del año, sino también el nacimiento de una nueva identidad visual concebida para acompañar esta nueva etapa desde la emoción, la memoria y la autenticidad.
La creación de esta propuesta escénica lleva la firma de Maxi Gilbert y XLR Estudio, responsables de transformar este esperado regreso en una experiencia visual construida desde la luz, el espacio y el movimiento. Junto a él, Susana Martínez Allende ha desarrollado el concepto creativo y la identidad visual del espectáculo.
Desde el inicio del proceso creativo, la propia Amaia Montero planteó una idea muy clara: crear un escenario que reflejara no solo su identidad artística, sino también la esencia que siempre ha definido a La Oreja de Van Gogh. A partir de esa premisa, el equipo creativo apostó por una propuesta basada en el minimalismo, la sencillez y la pureza visual, valores profundamente ligados al espíritu del grupo y a una forma de entender la música donde la emoción siempre ha estado por encima del artificio.
En una época dominada por grandes pantallas LED y espectáculos de alta carga tecnológica, la producción toma una dirección opuesta: eliminar todo elemento innecesario para devolver el protagonismo a la música, a la interpretación y a la conexión con el público.
El escenario, concebido íntegramente en blanco, se inspira tanto en la estética pop de los primeros conciertos de The Beatles en el The Ed Sullivan Show como en las líneas limpias, futuristas y monocromáticas de la tienda de Courrèges en París de los años 60, combinando plataformas circulares, elementos suspendidos y una arquitectura móvil en constante transformación.
Y aunque el espectáculo prescinde de las tradicionales pantallas gigantes, la propuesta visual no renuncia a la dimensión audiovisual. En su lugar, el diseño convierte toda la escenografía en una gran superficie de proyección de más de 220 metros cuadrados, donde conviven visuales, realización en directo y efectos visuales desarrollados específicamente para el show.
Sobre suelos, bastidores, instrumentos y estructuras escénicas, la luz y la imagen se mezclan continuamente, transformando el espacio canción a canción y creando una experiencia inmersiva donde el color, el movimiento y la textura construyen la narrativa visual del concierto.
El resultado es una puesta en escena que apuesta por la sencillez como declaración estética y que recupera algo cada vez más difícil de encontrar en el directo contemporáneo: la capacidad de emocionar desde la pureza.














