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"¡Que la eficiencia no nos despoje de la humanidad, del romanticismo; que el ahorro de tiempo no vaya en detrimento de la calidad!"

Luz vestida de uniforme

Víctor Jordá, arquitecto y lighting designer17/02/2020
¿Tienen alguna relación las ciudades-aeropuerto con los softwares de cálculo lumínico o de gestión de la arquitectura? ¿Son consecuencia el uno del otro o simplemente han coincidido de forma casual en una realidad de inmediatez e importancia de la imagen?

Como preámbulo a este artículo me gustaría recordar (o aclarar) que los temas que expongo en esta sección no tienen ninguna intención didáctica ni pretenden ser verdades absolutas. Se trata exclusivamente de reflexiones siempre subjetivas que provienen de mi experiencia personal, y que es un placer poder compartir en este medio, a quien una vez más agradezco su confianza depositada en mí. Dicho esto, ¡comencemos a escribir!

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“Personalmente, como obseso de la iluminación desde nacimiento, me gusta subirme a la escalera y cambiar la lámpara de turno con mis manos”.

El otro día, en una clase práctica sobre BIM, me sorprendió (eufemismo de horrorizó) una afirmación que decía algo así como “con este programa no hace falta calcular nada porque él te lo hace todo”. En ese momento estábamos hablando sobre paramentos de fachada y los espesores de sus componentes: el programa te calculaba la U (transmitancia térmica) de cada material que componía el paramento, con lo que podías saber en cualquier momento la capacidad aislante de tus fachadas, es decir, si eran 'aptas' o no. Pero podríamos haber estado hablando sobre iluminación e iluminancias y la reflexión sería la misma.

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Ojo, no estoy en contra de estos programas, opino que son muy útiles y te pueden hacer ahorrar cantidad de tiempo, ya que te permiten trabajar de forma directa con 'información'. Pero… ¿ya no hace falta calcular nada? ¡Mucho cuidado!

Por un lado, aunque no me extenderé en esto, cuidado con derivar a las 'máquinas' todas las tareas farragosas, también conocidas como 'responsabilidades'. Un navegador un día puede 'liarse' y hacerte llegar tarde a un evento; o un software de cálculo de estructuras puede un día 'liarse' y hacer que un edificio tuyo colapse y muera gente.

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Proyecto de iluminación para la 'Knowledge Area' de InteriHotel 2015.

Soy de los que todavía estudiaron arquitectura con la asignatura de geometría descriptiva que se hacía a mano, y aprendí a dividir con decimales en el colegio. Aunque ahora utilice la calculadora, considero que es necesario saber lo que estoy haciendo. Personalmente, como obseso de la iluminación desde nacimiento, me gusta subirme a la escalera y cambiar la lámpara de turno con mis manos, comprobar su efecto, asombrarme, emocionarme y, ¡divertirme! Me conecta con mi humanidad. Ese es el otro lado de la cuestión: ¡la humanidad!

Cuando haya cambiado de lámpara mil veces y haya comprendido que las temperaturas de color de cada fabricante no son las mismas, que determinados materiales constructivos crean unas sombras o reflejos inesperados que no son estéticos, que para iluminar correctamente la zona del espejo en un baño es mejor poner la iluminación de frente que desde el techo… será cuando me lance a dibujar mi proyecto con un programa informático que, a través de unas manchas de colores, me verificará si mis ideas, fruto de mi intuición, cumplen efectivamente con la normativa. Si confiamos directamente en los softwares de cálculo terminará desapareciendo esa 'intuición'. Todos los aspectos que acabo de exponer, y muchos otros, no te los enseña un programa de cálculo, tienen que ver con la sensibilidad, son pequeños detalles que hacen los espacios más habitables y que nada tienen que ver con las normativas. Al fin y al cabo, diseñamos para humanos, ¡no lo olvidemos! ¡Qué la eficiencia no nos despoje de la humanidad, del romanticismo; qué el ahorro de tiempo no vaya en detrimento de la calidad!

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Suburb estadounidense como imagen de la ciudad genérica.

Esto me lleva a la segunda parte de mi reflexión: las ciudades-aeropuerto. Uno de los grandes aspectos de este S.XXI ha sido sin duda el de la globalización y, por ende, la uniformización de las ciudades, que yo califico de 'deshumanización'. Multitud de establecimientos 'de toda la vida' echan el cierre para dar lugar a la apertura de grandes franquicias, principalmente de venta de ropa, aunque también de restauración. De ese modo, las ciudades pasan a tener la estética de un aeropuerto, un lugar completamente anodino y sin contexto, que puede estar situado en cualquier parte del mundo y no desentonaría. Al mismo tiempo, aunque parezca contradictorio, las ciudades se esfuerzan por vender una imagen única y característica con el objetivo de atraer turismo. Pero es solamente una imagen, un icono, nada que ver con esos sitios 'de toda la vida'. Rem Koolhas reflexiona al respecto en su genial ensayo 'La Ciudad Genérica'.

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Ilustración de Mattheu Cusick sobre La Ciudad Genérica.
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Rem Koolhas.

Llevando este concepto a mi campo, observo desde hace muchos años que la iluminación en los establecimientos que son franquicia es algo que viene dentro del pack. En mi infancia, a principios de los noventa, me hacía gracia comprobar que una conocida marca de bocadillos ponía en todos sus establecimientos el mismo tipo de suelo, como un tablero de damas, y las mismas luminarias, pero lo hacía con cierta gracia, y me parecía muy original. ¡Pero, hoy en día, esto lo hacen todos! Se abre una franquicia de un restaurante (tal vez donde antes había existido un bar emblemático) y en vez de fijarse que, por ejemplo, existe un techo de bóvedas espectacular que sería precioso destacar con una buena iluminación indirecta, se sitúan unas luminarias muy concretas en lugares muy específicas, como si estuviese escrito (tal vez lo está) en un libro de instrucciones, ajenas al entorno. Y lo mismo con los materiales constructivos, cuántos recubrimientos centenarios de madera o cuántos pavimentos de baldosa hidráulica se deben haber quitado para poner materiales estándar, materiales franquicia, materiales aeropuerto…

Mi pregunta es: ¿los softwares de cálculo rápido e inmediato han tenido que ver en esta uniformización, en este despojo de personalidad, en esta falta de sensibilidad? O, ¿simplemente ha sido casualidad que estos dos hechos coexistan?

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