Moisés Royo: “En Muka Arquitectura afrontamos un proyecto de iluminación de igual manera que un proyecto de arquitectura”
Mantener una actitud crítica ante las ideas preconcebidas. Ésta es la filosofía de MUKA Arquitectura, estudio fundado por el arquitecto Moisés Royo en 2008, cuando la crisis económica se empezó a notar con fuerza.
MUKA es una palabra finesa que significa “supuestamente”, un indicativo del espíritu del estudio. Moisés Royo ha explicado a iCandela sus proyectos y su relación con el diseño de iluminación.
En la próxima edición de la revista iCandela se publicará un reportaje realizado por usted titulado Luz y tensión en la arquitectura. ¿Podría avanzarnos, brevemente, de qué manera se relacionan estos conceptos?
Estos dos conceptos están tan relacionados entre sí como otros sistemas más evidentes y cotidianos, como ocurre con el imán y el campo magnético. Si bien las fuerzas del campo magnético serán notorias cuando aproximemos dos imanes con polaridad opuesta, y ésta dependerá de la distancia a la que se encuentren, con la luz y tensión en arquitectura ocurre algo muy similar. Dependiendo de la cantidad y cualidad de la luz que aportemos a un determinado espacio, el nivel de intensidad que hará que el espacio vibre o llame la atención de nuestros sentidos, también variará. La importancia de la relación entre luz y tensión no está, por tanto, en determinar si existe o no, sino en saber la cantidad de uno y otro que necesitamos para crear un espacio sublime, atractivo.
¿Cuál es la relación ideal entre iluminación y arquitectura?
No creo que exista una relación ideal o una proporción mágica a modo de fórmula matemática que nos garantice un buen resultado en arquitectura. Dependiendo de lo que fundamentalmente los arquitectos nórdicos denominaron genius loci o alma del lugar (prestado de la religión clásica romana), es decir, de la interpretación de ese lugar por el arquitecto en el que se valoran aspectos como el clima, materialidad, naturaleza o edificación circundante, tamaño y escala, etc, podrá dar lugar a resultados extraordinariamente sensibles y al mismo tiempo contradictorios entre sí. Lo importante es conocer muy bien los ingredientes con los que se trabaja, como ocurre cuando uno cocina.
En su estudio, Muka Arquitectura, ¿trabajan con personal especializado en iluminación, con Lighting Designers, o realizan ustedes directamente los proyectos de iluminación de sus obras?
Ningún miembro del estudio tiene la etiqueta formal y académica de “Lighting Designer”. Ni yo mismo. Es más, ese término evoca la especialidad en un determinado campo (en este caso la iluminación); le puedo confesar tranquilamente que no me definiría ni me definiré nunca como un especialista en ningún campo concreto de la arquitectura, sino como un curioso de todo. De ahí que tanto las estructuras de los proyectos, como la iluminación y el resto de instalaciones, la elección de materiales, la decisión volumétrica, y demás condicionantes de proyecto sí las decidimos y calculamos nosotros. Contamos con especialistas externos con los que colaboramos y que además nos ofrecen su visión específica y muchas veces nos reportan ideas que posteriormente desarrollamos, pero siempre alejándonos para tener una perspectiva más amplia. Es la manera de no perder el control del proyecto, ni en la escala global ni cuando nos adentramos en el detalle. Requiere mucho esfuerzo por nuestra parte, muchas noches en vela en el estudio. Al igual que un director de orquesta si posee un violinista extraordinario entre sus filas no debe neutralizar al resto de los músicos que componen la orquesta, sino saber determinar en qué medida tiene cabida unos y otros. Y exactamente en esta proporción que comentaba antes, de cuánto de uno y de otro, es donde aparece el proyecto de arquitectura que nos interesa.
Lo que tenemos es la capacidad de poder afrontar un proyecto de iluminación de igual manera que afrontamos un proyecto de arquitectura. Es por ello que en todos nuestros trabajos, tanto la iluminación natural (más evidente) como la artificial entran a formar parte de los primeros croquis como aspectos fundamentales de proyecto. Por ejemplo, en el Proyecto de Iluminación del Castillo de Buitrago de Lozoya, el entender la iluminación como una herramienta que además de resolver de manera eficiente el cableado y canaletas necesarias para disponer la iluminación en cada rincón del Patio de Armas, potencia la geometría existente del Castillo y subraya el carácter del lugar. El resultado es el nuevo espacio singular y tan personal que presenta tanto de día como cuando cae la tarde. Si nos hubiésemos centrado únicamente en cómo iluminar las paredes del Castillo desde el punto de vista técnico, no hubiésemos llegado a esta solución.
De todos sus proyectos realizados, ¿cuál ha presentado mayor dificultad a la hora de plantear la iluminación y por qué?
Cada proyecto lo planteamos como un nuevo reto. Significa que ninguno nos parece más fácil que el anterior, sino que en cada trabajo siempre buscamos algo que incluso a nosotros nos sorprenda. Si no fuese así, le confieso que no trabajaría en el estudio. Y tampoco nos importa el tamaño de la pieza con la que trabajemos. Me viene a la cabeza, por ejemplo, la pequeña propuesta construida para el acceso y columbario en el Cementerio de Robregordo al norte de Madrid. Un proyecto de muy escasa entidad y presupuesto, pero que estuvo en el horno del estudio, fraguándose, durante dos meses y medio, incluso un desarrollo de maquetas a gran escala. Nos parecía muy complicado resolver la iluminación de esa pieza ya que no queríamos iluminar el volumen como tal y probamos múltiples opciones. Después de tantear infinidad de ellas y casi por casualidad, nos dimos cuenta que la mejor iluminación era aquella que manifestaba la grieta que habíamos propuesto entre lo existente y lo nuevo. Recuerdo perfectamente que pasaron por mi cabeza las palabras del maestro Álvaro Siza cuando manifestaba que el mejor encuentro entre dos materiales es aquel que no existe. Por tanto, la luz de esta pieza claramente debía salir del punto que no existe, de esa línea horizontal que separaba un mundo y otro. Y esa fue la solución propuesta que además era la más sencilla y barata. No nos lo pensamos. ¡Pero nos costó llegar a una solución tan sencilla!
Destaque un espacio que le gustaría iluminar y que todavía no ha realizado.
Cada proyecto que cae en nuestras manos es una oportunidad de avanzar en la línea de pensamiento del estudio. Es por ello que verdaderamente no tengo interés especial en un determinado espacio, sino que por el contrario, aprovechamos la ocasión que se nos brinda para desarrollar las ideas de proyecto. Recientemente hemos desarrollado el proyecto de un albergue que esperamos se construya en 2014 y el reto de iluminar la piel de dicha pieza ha sido muy trabajado por el estudio. Ahora mismo, por ejemplo, estamos construyendo la casa DobleC donde la iluminación juega un papel esencial, tanto natural como artificial y donde estamos diseñando todos los puntos de luz de la vivienda por el carácter especial de cada uno de los espacios que la componen.
Si me ciñese estrictamente a su pregunta, podría decirle que sí me gustaría iluminar un espacio público: una plaza, por ejemplo. Un lugar al exterior y acotado espacialmente. Y que a través de la luz se genere una envolvente compleja de situaciones espaciales y desarrollo de las diferentes partes del programa: cómo iluminar un espacio para las zonas donde la gente pasea, los que están sentados hablando, comprando en los comercios, etc. Me parece un tipo de proyecto social muy interesante.
En el año 2002 ganó el Premio Helsinki University of Technology con el concurso para el diseño y construcción de un pabellón-café en Helsinki. ¿Cómo planteó la iluminación de este espacio?
Ciertamente permítame que matice su pregunta. Aquel año yo estaba estudiando en la Universidad de Helsinki cuarto curso de arquitectura como estudiante Erasmus. Decidí escaparme y conocer la obra principalmente de Alvar Aalto y de otros arquitectos nórdicos. Tenía 21 años. De ahí que ahora esté intentando acabar la tesis sobre otro arquitecto finés, Reima Pietilä, por lo que dicho interés no lo he perdido hasta hoy, o mejor dicho, se ha intensificado. Tal ha sido así que MUKA, el nombre del estudio, proviene de una palabra finesa que significa “supuestamente”, como indicativo de la filosofía del estudio por operar siempre entre filos y mantener una actitud crítica ante las ideas preconcebidas.
Por aquel año, la Universidad planteó un concurso para la construcción de dicho pabellón, en el cual gané junto con otros nueve compañeros el diseño final y la construcción del mismo con nuestras propias manos. El proyecto lo dirigió la arquitecta finesa Johanna Rope si bien todos participamos tanto en el diseño como en la construcción durante el proceso. El construir lo que diseñábamos con nuestras propias manos fue una experiencia extraordinaria. Lo tratamos como una escultura más en el parque. Cuando el pabellón está cerrado, la luz emerge del interior entre los listones de madera. Cuando está abierto, el juego de compases de los portones crea diferentes ambientes en los que poder tomar un café o comer algo. Con muy pocos medios resolvimos una pieza con cierto grado de complejidad. Fue una experiencia extraordinaria.
Edificios históricos, viviendas, cafés.. ¿con qué tipo de proyecto se siente más cómodo a la hora de trabajar? ¿cuál es el que le ha presentado mayores retos?
Si me sintiese cómodo trabajando en algún tipo de proyecto significaría que no estoy haciendo el suficiente esfuerzo por mejorar el resultado. Si bien una vivienda aparecería como un ejemplo en el que saber desenvolverse con mayor soltura, cada proyecto residencial lo planteamos desde unas premisas diferentes que dependen de las necesidades y exigencias del cliente tanto programáticas como económicas. Y no podemos aplicar los mismos resultados. Ya que he mencionado la vivienda, la complejidad que requiere plantear un espacio donde se duerme, se descansa y se disfruta, se prepara la comida y se come, se asea, incluso hace deporte en ocasiones, recibe y toma un café con los amigos, lee un libro, juega con los hijos, lava la ropa y un sinfín de actividades da lugar a espacios muy interesantes. Pero si cogiésemos una cafetería, también ocurren numerosos episodios o actividades complejos como la manera de acceder al interior del local, qué muestra al exterior en el escaparate y cómo, elegir la bollería y la bebida, pagar, la mesa donde nos sentamos, la música, los olores, el ropero, los baños… que hacen de cada proyecto una verdadera oportunidad. Por tanto, cualquier proyecto presenta sus mayores retos y la facilidad, más que en el proyecto, se centra en el proceso de trabajo que determina el resultado final. Si tienes muy claro el proceso, el resultado vendrá sólo y, normalmente, de forma inesperada. Es la búsqueda incansable de la forma.
Indíquenos un proyecto que le gustaría realizar en el futuro...
Quizá invertiría su pregunta hacia ¿qué futuro tiene realizar los proyectos que le gustan? Me interesa más el proceso en sí que desarrollamos en el estudio que el proyecto-objeto que finalmente obtenemos. No entendemos el proyecto como forma acabada si bien debe tener un resultado formal definitivo.
Me interesaría trabajar en un proyecto fuera de España por el hecho en sí de establecer un nuevo condicionante socio-cultural al resultado final. Más que las oportunidades de trabajo, el observar otro país o cultura desde el punto de la realidad social y cultural de cada persona puede aportar soluciones que enfaticen dicho carácter.
Nuestro proceso proyectual es flexible y nos permite obtener resultados satisfactorios a pesar de las exigencias actuales. Y es lo que más valoran en nuestros encargos. Con esto me refiero a que planteamos soluciones concretas pero con unas leyes de generación del proyecto totalmente abiertas que permite en cualquier fase de proyecto o construcción cambiar elementos (ya sea por aspectos económicos o estéticos, por ejemplo) sin que el resultado originario (o lo que llamamos idea) se altere. Es por ello que podríamos trabajar en el proyecto de un edificio en altura, como una torre residencial (que me parecería un proyecto muy interesante), o un proyecto con un programa complejo que intentaríamos continuar con este esquema de trabajo en beneficio de nuestro cliente, del objeto en sí y no por mencionarlo el último el menos importante, de las personas que lo habitarán.
La crisis económica ha golpeado duramente el sector de la arquitectura en España. ¿cómo ve el futuro de su profesión? ¿Buscar proyectos en el exterior es la solución?
Como ya ha podido comprobar, no me gustan las fórmulas mágicas porque no creo que funcionen. Pero sí le puedo decir que nuestro futuro lo afronto con total optimismo. En mi caso, MUKA arrancó en el año 2008, cuando un año antes la crisis ya había golpeado, y muchos amigos y familiares me preguntaban si lanzar un nuevo estudio en aquel momento era una buena idea o mejor debía esperar a mejores tiempos. Estaba totalmente convencido que debía comenzar la etapa de MUKA y creo que acerté, ya que me ha servido para dedicar el tiempo necesario a los proyectos que han pasado por el estudio y relativizar la vorágine productiva en la que los políticos nos habían embaucado años anteriores.
Tampoco creo que consista en si uno debe mirar al extranjero o no; mucho antes de esa etapa lo primero y más importante es creer en el trabajo que uno realiza, poner el mayor énfasis en el proceso y analizar los resultados. Si tu trabajo es convincente, con una pequeña búsqueda será suficiente para encontrar algún proyecto (por pequeño que sea) en el que poder desarrollar tu profesión, sea en territorio nacional o fuera del país. Si bien es cierto que nuestras oportunidades se han visto mermadas en España, también han aparecido otras de diferente tipología que debemos saber identificar. Diría que hay más oportunidades “evidentes” fuera, pero aquí en España hay que realizar una labor más intensa de búsqueda en segundas capas menos superficiales donde están emergiendo las nuevas oportunidades de proyecto. Pero esto no es nuevo: al igual que muchos de los artesanos del Gótico quedaron atrapados en el pasado cuando llegó el Renacimiento, los arquitectos que no nos reciclemos y amoldemos a las nuevas circunstancias económico-sociales deberán salir fuera a buscar otras sociedades cuyas oportunidades eran similares a las españolas hace diez años. En el caso de mi estudio, participamos en un concurso internacional llamado Europan para el diseño de 850 viviendas en Suiza y obtuvimos el segundo premio. Quién sabe si hubiésemos ganado aquel concurso lo que habría pasado. Seguramente no seríamos los mismos. No sé si para mal. Todavía tengo tiempo de disfrutar de cada uno de los encargos desde el germen hasta la construcción como el primer día.
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