María Ruiz Ulibarri, Diseñadora de Producto de Lagranja: “Hemos aprendido que no sabemos nada”
iCandela comienza esta semana la publicación de diferentes entrevistas realizadas por estudiantes de la 1ª edición del Postgrado de Diseño de Producto de la Escola Sert COAC a profesionales del sector.
El arquitecto Óscar Amela Arbonés, estudiante del Postgrado de Diseño de Producto de la Escola Sert COAC, ha entrevistado a María Ruiz Ulibarri, diseñadora de Producto del estudio Lagranja.
Óscar Amela Arbonés: ¿Qué es el diseño de producto? ¿Qué hace un diseñador de producto?
María Ruiz Ulibarri: Cada estudio es un mundo. El nuestro nació como un despacho de interiorismo donde muchas veces acabábamos diseñando mobiliario a medida. Surgió así la necesidad de diseñar producto; de paso podemos poner en nuestros interiores esos diseños e incluso venderlos a empresas y producirlos.
OAA: Como la butaca para el hotel Chic & Basic Ramblas en Barcelona.
MRR: Exacto. Y ahora estamos haciendo el taburete. Pero no lo fabricamos nosotros. Gestionamos proveedores, recibimos el producto terminado y lo enviamos al cliente. La intención no es competir con empresas de mobiliario, trabajamos para ellos. En este caso había un producto que era difícil encontrar a según qué precio - butaca barata que cumpla con nuestros requisitos- y decidimos producirlo.
OAA: El trabajo no viene solo…
MRU: El mundo del diseño del producto es muy libre, hay diversas maneras de trabajar.
Puedes presentarte a empresas que te guste lo que hacen: “yo hago esto, tengo una idea y creo que te conviene...”, o si crees que existe un hueco en su catálogo…
Otra opción es que alguien te venga con un briefing y te diga, por ejemplo, quiero hacer campanas de cocina con estas características. Pues le haces tu propuesta. También puedes presentarte a concursos de diseño…
OAA: ¿Cuánto tiempo se necesita para sacar un producto al mercado?
MRU: Entre un año mínimo y dos. Al año el proyecto suele estar acabado, pero quedan cosas por pulir: acabados, cosas que van saliendo... y tú formas parte de ese proceso, te puedes implicar a muchos niveles, incluso en el catálogo. Hay diseñadores de producto que hacen de directores de arte para empresas de diseño, y les diseñan des de la silla hasta el catálogo, piensan el concepto de toda la empresa... Diseñadores como Alberto Lievore trabajan con empresas hasta el punto de decidir cada año si se van a hacer sillas, o mesas...El diseñador es versátil.
Y dos años es mucho tiempo como para no sentirte a gusto con las empresas que trabajas. También lo es que éstas tengan una oficina técnica que sirva de soporte al estudio, con la que haya una buena comunicación. Sino, eso representa mucho más trabajo y sobretodo inseguridad, con resultados y experiencias bastante poco agradecidos.
Nosotros no somos ingenieros, llevamos nuestros diseños hasta cierto punto. Los diseñadores no sabemos hacer motores, no dibujamos moldes…, eso lo hace un especialista. Nosotros planteamos diseños que tengan en cuenta sistemas de producción.
La relación entre diseñadores e ingenieros debe ser un diálogo de ida y vuelta, que busca soluciones hasta llegar al acuerdo, para que no te cambien el diseño a niveles inaceptables. Los ingenieros todo lo hacen cuadrado, grande y sencillo de desmoldar. Nosotros buscamos otras cosas a nivel formal, conceptual; es importante que la oficina sea técnica y buena, y a su vez tenga la capacidad de comprender al diseñador, saber que no todo vale. Por nuestra parte también tenemos que abrir la mente y decir, si esto así es más caro, difícil y tal, hay que cambiar cosas. Somos abiertos en este sentido pero luchamos las cosas que nos parecen importantes. Incluso estando encima salen cosas que no son lo que tú querías. Vamos de la mano del proyecto hasta que se termina. No todo el mundo lo hace.
El diseño industrial está muy condicionado por el negocio que hay detrás. Interviene publicidad, marketing, es sacrificado. Aquí hay que tener una paciencia infinita. Cuando por fin sale el producto, se te ha olvidado la ilusión que te hacía el principio.
OAA: ¿Qué relación hay entre el diseño y la arquitectura? ¿Qué les une? ¿Qué les separa? ¿Cabe la figura del arquitecto en el mundo del diseño de producto?
MRU: Hay varios arquitectos que han hecho incursiones en el diseño industrial, incluso algunos se han acabado dedicando y tienen trayectoria y productos evolucionados.
En general, cuando un arquitecto hace un producto le cuesta pensar en el detalle mínimo, el cambio de escala es brutal; entonces todo les sale muy cuadrado, muy formal... En nuestro estudio mismo, a veces nos cuesta comprendernos. Hay un gran cambio de escala. Para el diseñador el milímetro es muy importante; lo que diseñamos se produce tal cual, y un milímetro menos puede representar un problema de producción.
Creo que el arquitecto necesita a alguien que lo apoye en estas cosas. Una persona detrás que vaya convirtiendo... No se trata de un problema de capacidad.
OAA: ¿Qué debe aportar un producto a la sociedad? ¿Es necesario siempre diferenciarse de los demás?
MRU: Debes diseñar para el usuario final, pero tu cliente es una empresa. Está bien hacer productos que no sean exactamente igual que los que hay en el mercado, que aporten algo a cualquier nivel (usabilidad, producción, materiales, innovación), pero una lucha por ser muy diferente, extravagante y llevarlo todo al extremo, no tiene mucho sentido.
Hay empresas que no dan importancia a diferenciarse, prefieren innovar en cosas que no se ven o que el usuario no aprecia, pero si la industria, a nivel de producción por ejemplo. Fabricar cualquier producto es muy caro, implica moldes y demás... y eso tiene que durar en el tiempo.
Debes diseñar con criterios de lógica y moral, intentas no diseñar productos que sean caros porque si, o malos para el medio ambiente. El diseño puede ser muy conceptual pero al final es un negocio, donde se compra y se vende, y las empresas quieren vender y se ponen en manos de diseñadores.
A veces, a pesar de los criterios de venta de la empresa, propones diferencias pequeñas, como un cambio de color en una lámpara. Por ejemplo, para LAMP diseñamos una lámpara en amarillo. La empresa solo la quería en blanco, negro y gris. Y al final el color que más se vende es el amarillo... Puede salir bien o mal.
Sin embargo, otra lámpara que hicimos para ESTILUZ, que es como una flor, la propusimos en verde y en gris, pensando que la verde no se vendería tanto como la gris. Y ha sucedido lo contrario. Es muy difícil saber qué le gusta a la gente.
OAA: Reciclaje: Moda, tendencia...
MRU: Hay que intentar ser honestos y hacer cosas que no tengan un gran impacto en la naturaleza, pero a veces sale más caro reciclar que no hacerlo. Hay que considerar hasta qué punto es importante, o si un proyecto lo necesita. Tú estás haciendo un objeto y sería absurdo utilizar material reciclado que en definitiva no se sabe si va a influir en el precio final, o los clientes van a acceder a comprarlo.
Considerar materias primas cercanas, o hacer lámparas con leds, por ejemplo, sí tiene sentido, por el ahorro energético. Hay que ser coherente. Las cosas poco ecológicas irán desapareciendo. Si fabricas con material reciclado que se rompa pronto, no tendría sentido. Mejor que una cosa dure 50 años. Compensa. Reciclar puede ser una moda en la que se llega al absurdo.
OAA: Lagranja: ¿concepto diferente? ¿El hecho de partir de un estudio de interiorismo, os hace diferentes?
MRU: Creo que sí. Todos en el despacho son interioristas o arquitectos, excepto yo, eso se nota. Los productos que hacemos, siempre pensamos si se pueden poner en nuestros interiores, en cómo van a quedar en esos espacios.
Si te fijas el estudio no tiene el nombre de nadie. El hecho que sea un despacho abierto, donde todo el mundo opina, todo se trabaja en conjunto, creo que aporta cierta frescura. Formar parte de un estudio de interiorismo y no vivir solo de producto también quita mucha presión.
OAA: ¿Intervenís todos en cada producto desde el inicio?
MRU: Al principio hay un poco de “melting pot” para ver qué cosas salen, se trabaja cualquier idea. Pero las ideas siempre acaban saliendo de una persona pero se trabajan y evolucionan tanto, tantas opiniones en el transcurso, reuniones, dibujos, descartes,... además somos muy críticos. Muchas cosas se quedan en el cajón en todo el proceso.
OAA: Entonces, mejor el trabajo en equipo…
MRU: Si, al menos en nuestro caso. Hay que saber trabajar en grupo. Tienes que conocer lo que te gusta y lo que se te da bien. Hay que ver donde cabe cada uno.
OAA: ¿Cómo han evolucionado vuestros diseños en estos 10 años? ¿y vuestra manera de afrontar el diseño?
MRU: Hemos aprendido que no sabemos nada. Lo que uno cree, no siempre conlleva la razón. A veces, presentando un proyecto poco convencidos, al final ha resultado ser un éxito, o lo contrario. Hay que estar muy abierto a todo.
Quiero pensar que hemos evolucionado, pero no tanto a nivel conceptual sino a nivel de acabados, de saber hacer, de ir más directos al objetivo, sin rodeos, de saber qué cosas funcionan y cuáles no; entonces intentas capear lo que sabemos que no nos va a gustar.
OAA: ¿Un producto nuevo, significa volver a empezar?
MRU: Siempre. Si te fijas, entre todas nuestras lámparas no hay ningún parecido, ni siquiera en materiales... Lo aprendido no nos sirve para el diseño siguiente. Sabemos muy poco de muchas cosas. Cierto desconocimiento ayuda para atreverse a proponer diseños, que luego irán tomando forma. Si estamos convencidos y nos gusta lo que hacemos, lo tiramos para adelante.
OAA: ¿Todo está inventado? Si consultas por Internet…
MRU: Pasa tantas veces que diseñas algo muy convencido de lo bueno que es, y de repente un día lo ves en Internet. Hay mucha gente pensando, las ideas son limitadas, son originales relativamente... a veces los diseños se parecen tanto a otra cosa que lo tienes que parar. Es imposible saber todo lo que hay en el mercado en todo momento.
Se miran referencias de otras empresas, pero demasiada información puede bloquear tu imaginación. Ser completamente diferente es muy complicado. Incluso diseñadores muy importantes lo que hacen es reinventar sillas de los años 50, rediseñar nuevos sistemas de anclaje, innovan en algo, cambian el material...
OAA: ¿Algún proyecto a destacar?, por el motivo que sea (un gran reto, un éxito…)
MRU: Es difícil, cada uno por una cosa. Al principio, hicimos un flexo para METALARTE, proyecto complicadísimo, muy técnico, acabábamos de empezar, no teníamos experiencia, incluso ahora creo que hacer un flexo es muy difícil, competir con lo que ya hay, innovar es complicado; Estuvimos muy orgullosos cuando conseguimos terminarlo y tuvo casi el aspecto que nosotros queríamos, pero no creo que sea el mejor proyecto de producto de Lagranja.
Otro, a nivel técnico, de geometrías, como la lámpara Coral, dibujarla fue una locura. Módulos que van encajando unos sobre otros, salen de un núcleo y acaban formando una esfera, estuvimos meses haciendo eso..., a nivel técnico lo podría destacar.
OAA: Quizás alguno que no te motivara en inicio, como una campana extractora...
MRU: Como no hacemos cosas demasiado técnicas, me hacen mucha ilusión porque son muy diferentes. La primera vez que haces una silla, por ejemplo, es muy complejo, cada uno tiene su cosa…
En las campanas de cocina, hay una dificultad tremenda. Es una especie de re-styling, implica mayor esfuerzo mental. Te están dando la oportunidad de desencajar, de aportar algo ahí, tiene mucho más mérito innovar en un proyecto con unos límites muy establecidos. A nivel profesional es un reto.
OAA: Futuro de la profesión… ¿Hacia dónde va Lagranja?
MRU: El interiorismo en España está muerto, hay saturación, los arquitectos se han convertido en interioristas, no hay dinero en las instituciones. Hay más interiorismo a nivel particular, pero está mucho peor que hace 5 o 10 años.
Nosotros hemos tenido que salir fuera, estamos trabajando en Estambul, y en China. Aunque todo el proceso creativo se lleva desde aquí, allí tenemos oficina, se hacen visitas de obra, relación con el cliente, incluso parte del estudio se va un par de meses a acabar procesos. En Italia también trabajamos, están mejor las cosas.
Hay que tener la capacidad de generar con las empresas fuertes unas sinergias y una relación duradera en el tiempo. Es complicado.
OAA: ¿Ha sido difícil adaptarse a nuevos mercados como el de Estambul, u Hong Kong?
MRU: A nivel de interiorismo sí. Allí los dorados, lo pomposo, vistoso, nada que ver con nuestros diseños. Lo mediterráneo se lleva mucho, la marca España, el flamenco…, da mucho juego. Nos ponemos con cosas que no haríamos, pero a nuestra manera.
Con el producto es diferente. En el mercado asiático, todo lo que sea occidental les fascina, la marca “Europa”; les gustan las cosas y las copian. Nuestros diseños los copian, es inevitable, pero a quien acaban fastidiando realmente es a las empresas que, sabiéndolo, te piden que les hagas diseños difíciles de copiar. Lo complejo cuesta copiarlo, entonces se distingue claramente entre original y copia.
OAA: ¿Complicar el diseño? Encarecerá el producto…
MRU: Diseñar pensando en hacer una cosa compleja, pero no porque si. Por ejemplo, lo último que presentamos en Milán, una lámpara con lamas que giran, con un molde hecho e inyectado en Italia nada fácil.
No encarece el producto. Hemos hecho un molde pequeño y una lama que se repite. Consigues una lámpara igual de grande que si hubieses hecho un molde mayor, pero reduces el coste cuyo precio va por tamaño, a peso de aluminio o de acero. En una lámpara modular tu cliente se gasta menos dinero y sigue teniendo una lámpara imponente. No es complicar el diseño, es repensarlo.
OAA: Para acabar, un objeto relacionado con el trabajo que llevas siempre encima…
MRU: Un bolígrafo. Pero intento dejar el trabajo aquí.
OAA: Libro recomendado, diseñador de referencia...
MRU: Jasper Morrison. Diseñador de producto, inglés. Ninguno de sus diseños son nada pretenciosos, son muy naturales. Diseños cuidados, bonitos, no llaman la atención. Simplemente están muy bien hechos, muy bien pensados y son muy armoniosos.
Con un diseñador japonés, Naoto Fukasawa, de su estilo, hicieron una exposición que se llama “Super Normal”. Con objetos supernormales. Que nadie diría esto es de diseño. Combinaban productos suyos con productos normales, de toda la vida, como una cafetera, un clip, y todo quedaba en armonía. Diseños muy fáciles de aceptar, que nunca pasan de moda. Se hizo un libro de esta exposición.
OAA: ¿Y un consejo para alguien que quiera meterse en este mundo?
MRU: Mucha paciencia. Es una profesión donde no paras de aprender nunca, lo peor que te puede pasar es pensar que ya lo sabes, o creértelo, y estar muy seguro de ti mismo no siempre es bueno. Hay que estar abierto a los comentarios de los demás, a lo que te dicen las empresas, que son los que saben de lo suyo. Tener tus principios, pero los diseños tienen que ser algo vivo.
Y si no encuentras lo que quieres aquí, vete fuera, porque fuera están pasando muchas cosas, hay muchas oportunidades ahí.
Tienes que conocerte lo suficiente como para saber dónde te quieres situar. Hay que ser muy versátil, ser bueno en algo y explotarlo.
OAA: Gracias.
Más información:
www.lagranjadesign.com







