Lumina, una instalación que redefine el color
Esta exposición de la artista Carme Miquel puede contemplarse hasta el próximo 30 de noviembre en el Museu d'Art de Cerdanyola (Barcelona). Una muestra que fusiona luz y vitrales.
Texto: Maria Elena Carr / Imágenes: Carme Miquel
La obra pictórica de Carme Miquel (n. 1956) ha sido definida por Françoise Barbe-Gall como “una metamorfosis de lo visible”, al desvelar la vida interior de los objetos cotidianos -un libro, un árbol, un melocotón- de tal manera que nos devuelve la plenitud. La textura es vital en sus cuadros, en los que las pinceladas fluidas proporcionan una objetividad resbaladiza.
En su instalación Lumina, creada especialmente para la sala de exposiciones del Museu d’Art de Cerdanyola, Carme Miquel toma audazmente el color que afloraba en sus telas y lo reinventa para otro mundo.
La exposición establece una relación directa con las tres vidrieras del museo, conocidas como las Damas de Cerdanyola y transforma totalmente la sala: ora un jardín, ora una piscina, ora una ventana, ora un espejo. Aunque un espectador reacio podría atravesar la instalación pasivamente, el reto está en permanecer indiferente al ver centellear la propia imagen reflejada antes de desaparecer como un espejismo.
El lugar: el MAC
El Museu d’Art de Cerdanyola (MAC) fue inaugurado en 2009 con un doble objetivo: exponer arte contemporáneo yasegurar la conservación, investigación y difusión del patrimonio artístico de la ciudad.
La colección permanente incluye piezas de artistas conocidos por sus vínculos con la ciudad, como son Ismael Smith, Josep Llimona, Josep de Togores, Eduard Maria Balcells y Francisco Juventeny. El corazón del fondo del museo son tres vidrieras, Las Damas de Cerdanyola, consideradas piezas excepcionales del vitral modernista catalán.
El edificio fue creado por el arquitecto Gaeità Buïgas en 1894 como el primer teatro-casino para veraneantes. En 1910 pasó a ser una residencia particular gracias a reformas realizadas por el arquitecto Eduard M. Balcells, sobrino de Buïgas. Cincuenta años más tarde el edificio fue renovado otra vez para alojar a los laboratorios farmacéuticos Domènech (1961 a 1999). Desde 1999, el edificio pertenece al Ayuntamiento.
El punto de partida
Carme Miquel toma a Las Damas de Cerdanyola como punto de partida para una instalación que literalmente sumerge al espectador ylo transforma en protagonista.
Lumina ocupa la totalidad del espacio expositivo. La pared del fondo es una gran cristalera que da a una pared de ladrillo pintada de blanco y un parterre, y por la cual entra la luz del exterior. Tres planos transparentes cuelgan a lo largo del eje central de la sala, perpendicularmente al ventanal de fondo. Su orientación, dimensiones y distancia al suelo evocan las vidrieras de las Damas.
Múltiples fragmentos de color luz, depositados con ingravidez aparente, salpican la totalidad de planos verticales. Al desplazarse el espectador por el espacio, forma y color cambian la relación entre sí, devolviendo, en ocasiones, el reflejo de uno mismo, tan fugaz como en la superficie del agua.
Carme Miquel explica que Lumina explora “la naturaleza del vitral: la belleza del color luz, los matices del cambio, los límites, la transparencia, el reflejo”. Paralelamente, propone “entrar en diálogo con la colección permanente, mediante algunos fragmentos de color que parecen escapados de las vidrieras, poniendo acento en algunas obras e invitándonos a verlas con otra luz”.
Este diálogo es tan sutil que incluso puede parecer secreto, pero al reconocerlo sobreviene la alegría de entrar en complicidad. Flores en un jardín, un bogavante surrealista, el estampado de una tela mecida por viento. Las Damas continúan columpiándose, caminando, viviendo dentro de Lumina.
Otro punto de partida, para la reflexión
En el origen del uso extendido de vitrales en la Europa medieval, el abad Suger consideraba la luz de color como una manifestación de lo divino. En un mundo secular, las vidrieras son principalmente decorativas aunque siguen provocando reflexión.
Porque una ventana separa dos espacios, mientras que permite el paso de la luz de uno al otro. Esta separación realza la diferencia entre ambos y la ventana arbitra esa interacción. Al atravesar la ventana, la luz se modifica, se transforma en el caso de una vidriera, en luz color.
Una ventana también refleja, devolviendo lo que está en un lado al mismo lado. Un reflejo nos quiere hacer olvidar que hay dos espacios: nos trae de nuevo a nosotros mismos, al espacio que ocupamos.
Una ventana también puede proyectar una sombra, el dentro/fuera de la luz, la ausencia de iluminación.
La superficie de agua de un estanque o piscina es una ventana natural que nos permite ver lo que está debajo: un pez, hojas, el fondo arenoso o de guijarros. Algunas lunetas curvadas de luz danzan por el fondo de un estanque o piscina en respuesta hipnótica del viento que acaricia la superficie y la luz del sol.
Una invitación
La instalación Lumina es una ventana en sí misma. Es una invitación a entrar en una experiencia de color cual Alicia en el País de las Maravillas.
Lumina secciona las tres dimensiones del espacio, las pliega y luego abre, mientras la luz color se expande, en suspiros, por la sala de manera inesperada. El espacio se llena de color puro, igual que en las pinturas de Carme Miquel. Pero donde aquellas obras revelaban la vida secreta del mundo cotidiano, Lumina revela la vida secreta del espacio mismo.
Lumina proporciona una experiencia de inmersión: su naturaleza es líquida. El espectador ve el espacio a través de planos transparentes y formas de color. La existencia misma de estos planos establece el “otro lado” al seccionar el espacio. Pero esto no es todo. Tanto los planos transparentes como los de color muestran reflejos, cual espejos, y proyectan sombras. Todas estas interacciones se multiplican con el diálogo entre los tres planos transparentes.
Y, en un juego que recuerda la tercera dimensión, algunas formas de color se pliegan y curvan, riendo igual que el espectador cuando un reflejo le interrumpe la visión del otro lado.
Los atrevidos colores y formas de Lumina recuerdan los recortes de Matisse, su sutileza e ingenio evocan el juego de luces etéreo de Turrell, los tonos y sombras son una llamada a las gradaciones de Rothko. Lumina es en esencia una exploración del vitral, de aquello que transforma la luz del ‘otro’ lado.
Lo cual lleva a preguntarnos: “¿Qué es una ventana, una pared, un espejo? ¿Qué es el otro?” Al plantearlo, no podemos sino aventurar: “¿Quién soy?” Lumina desafía al espectador a no olvidar estas preguntas, porque las respuestas siempre irán mutando con el paso de la luz a través de nuestras vidas.









