OPINIÓN
“Sin luz no hay fotografía, ni imagen, ni posibilidad de trasladar la realidad a una pantalla o a un entorno virtual“

Entrevista a Antònia Folguera, comisaria de arte digital

Mònica Escolà24/04/2026

Comisaria y comunicadora en la intersección entre arte, tecnología y música electrónica, Antònia Folguera reflexiona sobre el papel esencial, aunque a menudo invisible, de la luz en la creación contemporánea. Desde las pantallas LED hasta las experiencias inmersivas, su mirada desvela cómo la iluminación no solo define espacios, sino que construye narrativas, emociones y nuevas formas de percepción en el arte digital en la siguiente entrevista.

¿Quién es Antònia Folguera?

Antònia Folguera es comisaria y comunicadora especializada en arte y cultura digital, pero también en música electrónica. En realidad, me gusta buscar intersecciones entre las cosas, ya sean disciplinas, formatos, como los que desarrollan en los festivales. Me gustan las intersecciones y las zonas borrosas donde pueden suceder cosas nuevas.

Antònia Folguera ha ejercido de comunicadora del Llum BCN Pro en las últimas dos ediciones
Antònia Folguera ha ejercido de comunicadora del Llum BCN Pro en las últimas dos ediciones.

Está vinculada a la cultura, a la innovación, a los nuevos formatos… ¿En qué momento toma conciencia que la luz también es un elemento clave en su trabajo?

No sé si tengo esta conciencia, pero teniendo en cuenta que mi trabajo está en el campo artístico y en el de la comunicación esta relación se da con las pantallas que emiten luz, desde las primeras pantallas de tubo de tele con sus 325 líneas, hasta las pantallas LED actuales, pero también en otros formatos, sobre todo en instalaciones de gran escala. Cómo la luz venga de una pantalla, una columna de LED, un foco, un láser… es algo que ayuda a ilustrar lo que se quiere transmitir, presentar, contar. Ayuda a definir el espacio, a crear ambientes, a transmitir emociones... Solo con luz puedes crear una atmósfera opresiva o una más tranquila. Yo también estudié cine y sin luz no hay fotografía. Gracias a la luz puedes ver, para poder plasmar las imágenes de la realidad y trasladarlas a la pantalla o a través de unas gafas de realidad virtual, en un proyector... Nunca me lo había planteado, pero está ahí, de forma intrínseca.

Tiene una vinculación más próxima al arte digital. ¿La iluminación también juega un papel importante en sus exposiciones, en sus proyectos?

Sí, totalmente. Para empezar, porque la mayoría de ellos tienen una pantalla, pero también a veces tienen luz, a veces son funcionales, en otras parpadean. Y también, si participas en una exposición, lógicamente, querrás que el espacio esté lo mejor iluminado posible, aunque no siempre puedo permitirme el lujo de decidir.

¿Recuerda algún proyecto particular en el cual la iluminación haya sido determinante para poder ver el espacio que ha construido?

No soy muy buena pensando en el espacio. Nunca sé cuántos metros o centímetros tienen las cosas. Hay gente que sabe perfectamente qué pieza va en qué sitio. Esto es parte de la magia del Llum BCN, cuya visión de María Güell trasciende los convencionalismos como con el mundo del mapping, en el que he estado vinculada en diferentes maneras desde el principio cuando la palabra mapping no formaba parte del vocabulario. Ahí María sí tiene esa capacidad de trascender este formato, que es como típico de los festivales de luz, y buscar otros que no necesariamente pertenecen al arte lumínico, ya que participa gente que perocede del arte digital, de las artes plásticas o del autodiovisual.

Dicho lo cual, no sé si a crear espacio, pero mi proyecto más reciente, y con el que estoy más orgullosa en el que he tenido la oportunidad de trabajar es un espacio que pertenece a una empresa, que cuenta con unas oficinas ultramodernas, donde han construido una habitación que está toda cubierta de pantallas LED. Es como un cilindro recubierto de LED desde el techo, al suelo, las paredes y las puertas. Es un poco como entrar en una cápsula del tiempo o una nave espacial. Es una joya disponer de artistas que sepan trabajar con este tipo de formatos. En el mundo de la luz y del arte digital la palabra inmersivo está de moda, pero en el 99,9% de las veces diría que todo lo que lleva la etiqueta inmersiva no lo es. Por muchas razones. A veces no lo es físicamente. Inmersivo te transporta a otro lugar. ¿Sabes que en el mundo inmersivo al público no se le llama público? Ni espectador, ni usuario, que es una palabra muy fea. Al público se le llama invitado porque el creador les invita a formar parte de ese mundo. Este mundo puede ser más barroco o minimalista. Recuerdo la pieza de Antoni Arola en Digital Impact que creó como unas burbujas donde la luz iba cambiando en representación de la luz durante una jornada. Esto es inmersivo. Las experiencias de realidad virtual son inmersivas. Leer una novela es inmersiva, aunque no tenga luz. Pero un mapping creo que no lo es. Es espectacular, pero no es inmersivo porque la inmersividad tiene unas reglas, una normas narrativas y técnicas en la interacción de los elementos que forman parte de este mundo y lo que sucede en plano. Ahora lo iremos viviendo más, porque se pretende trasladar de la pantalla plana a la esférica y, por supuesto, requiere luz, porque es la evolución de la iluminación.

¿Cuál es su relación con los Lighting Designers?

Como con muchos artistas tengo una relación de más de 20 años, en la que ni yo ni ellos éramos nadie, pero hemos crecido juntos. Me gusta ver que Desilence, con los que he trabajado para esta sala inmersiva que te comentaba en unas oficinas, o Playmodes e incluso Mónica Rikic, aunque ella no trabaje tanto con luz, me alegra que todos estos artistas estén triunfando, porque hemos salido, por decirlo de alguna manera, del mismo agujero.

Entre sus colaboraciones se sitúa el Llum BCN. ¿Qué aprendizaje extrae a nivel lumínico de este tipo de festivales?

Primero a aprender de la visión y el criterio de María Güell. En 2025 fue mi primer año en el Llum BCN y fue muy interesante; y, por otro lado, no te sabría decir si de iluminación en sí, sino que me llevo que cada espacio pide un tipo de proyecto y esto es una cosa que creo que es muy específico de trabajar en un espacio público, que dista de cuando trabajas en el contexto de una galería, un museo, un sitio cerrado, en el que al final puedes crear cualquier infraestructura que necesites. La caja negra es como la más habitual para encajar una pieza artística, pero el espacio público te pide que actúes al revés, que actúes desde el propio espacio y lo que te pida para crear la pieza artística. Esto también lo he aprendido de Eufònic, que es un festival en el que también trabajo. A veces lo contrapongo con Sónar, que es un festival en el que hay que crear las condiciones necesarias para que se desarrolle como construir escenarios, poner infraestructuras, etc. En Eufònic también existe, pero a pequeña escala. El festival extrae lo mejor de lo que ya existe, ya sean espacios patrimoniales, públicos, un bosque, un arrozal, una ladera al lado del río, lo que sea, e intenta ver qué tipo de obra pertenece ahí. Yo creo que para mí estas cosas son más importantes que tengan luz o no.

Dos instantáneas de la instalación Lux Mundi que reproducía el Pantocrátor de Taüll desde una perspectiva digital

Dos instantáneas de la instalación Lux Mundi que reproducía el Pantocrátor de Taüll desde una perspectiva digital.

Una de sus participaciones dentro del arte digital fue como comisaria de Lux Mundi. ¿Qué nos puede explicar alrededor de esta pieza basada en la arquitectura y el arte medieval?

El tema del Pantocrátor (representación de Cristo Todopoderoso) de Taüll es el segundo proyecto reciente del que estoy más orgullosa. Me interesó mucho que la iniciativa procediera de dos direcciones: de la Generalitat, del departamento de innovación y cultura digital; y por la otra de patrimonio cultural que preserva la herencia cultural. Es una manera de colapsar el espacio-tiempo desde un punto de vista casi cuántico. En mi caso particular, me encargaron por su 900º aniversario de la consagración de la iglesia que eligiera un grupo de artistas digitales para que realizaran una reinterpretación de los frescos, bajo la infraestructura que de Playmodes. Por ejemplo, se sabe que la iglesia estaba iluminada con velas, que había muchas en el altar y que se había pensado la pintura precisamente para generar un ambiente, un contraste, etc.

Cuando se impulsó el proyecto me solicitaron que eligiera artistas que reinterpretaran estos frescos. Más que una reinterpretación les pedí que hicieran suyo el proyecto en este contexto. Además, le incluimos la música de Tarta Relena, que es lo que mejor condensa o colapsa el espacio-tiempo, porque cantan en latín muchas veces o en lenguas muertas, pero sus canciones tienen elementos de música electrónica, de distorsión, de algo raro. Y tenía que dejar que Hamill Industries reinterpretaran también cómo la luz existía ahí dentro. La idea circunda alrededor de una ventana estrechísima que es como una grieta en el ábside, en el que entra un haz de luz que viaja e ilumina todo el ábside. Este es un proyecto súper bonito y estuvo muy bien que estuviera en Sónar el año pasado como una reconstrucción que, aunque no es lo mismo verlo en Taüll, sí aporta una aproximación. Y este año estará, esto es primicia, en una exposición en la antigua Tabacalera de Tarragona. Se trata de un edificio imponente que está en desuso, formando parte de la exposición Digital After All.

Dos imágenes de Sónar donde la iluminación juega un papel vital en el espectáculo...

Dos imágenes de Sónar donde la iluminación juega un papel vital en el espectáculo. Un festival que este año se celebra del 18 al 20 de junio en Fira Barcelona.

Durante su carrera profesional la tecnología ha jugado un papel importante. ¿En qué punto nos encontramos y cuál ha sido su evolución en estos 20 años?

Por una parte, la tecnología nos ayuda a desarrollar, tanto a los artistas como a mí, a encontrar nuestro lugar. Estoy convencida que estamos en un momento en que se va a seguir haciendo arte fantástico con ordenadores. Estamos llegando a un momento muy emergente en el que se están imaginando otro tipo de máquinas que funcionan con lógicas diferentes, con los que ya se está haciendo arte. Yo les llamo tecnologías no binarias y ahí sería la computación cuántica, por ejemplo, pero también desde la genética o la biocomputación en la que ya encontramos artistas trabajando desde estas áreas. Por ejemplo, hay ordenadores biológicos hechos con organoides, que son órganos artificiales que, pese a que es muy emergente y no está todavía a disposición de todos los artistas, pero no es inalcanzable. Se abren nuevas maneras de interactuar con esta tecnología y de incorporarla y observarla y ver qué tipo de arte va a cambiar por completo las reglas del juego. Estamos en un momento en que la IA está distorsionando todo el sentido de la realidad. Es como con la pintura. Los antiguos maestros de la pintura intentaban reflejar la realidad con la mayor fidelidad posible, siempre con su filtro, con su visión. Cuando aparece la fotografía que plasma la realidad tal y como es apretando un botón. La pintura no deja de hacer pintura figurativa o realista, pero aparece en las vanguardias y en la abstracción y lleva al arte a un sitio completamente distinto. Creo que ahora mismo la inteligencia artificial está haciendo lo mismo. Hemos estado representando la realidad tal como es, incluso de una manera muy fiel a través de diferentes técnicas de gráficos 3D generados por ordenador. Ahora la IA hace cosas realistas como personas que se mueven y hacen cosas nuevas como copiar la voz. Nos encontramos en un momento en que empezamos a pedir cosas y experiencias distintas que no solo es representar la realidad, pero al mismo tiempo necesitamos aprender a distinguir qué es verdad y qué es ilusión hecha con inteligencia artificial.

En este sentido, ¿el público está preparado para comprender estas nuevas piezas digitales?

El público está preparado y una muestra es el Llum BCN donde hay muchas piezas digitales y la gente las entiende. Por estas instalaciones pasan 300.000 personas que no siempre son conscientes que detrás de estas obras hay artistas y un desarrollo artístico. Mientras el público sí está preparado todavía hay instituciones y organizaciones artísticas que no lo creen así o que consideran que el arte digital está infrarrepresentado en todos los museos. El arte digital es arte que únicamente lo puedes hacer usando un ordenador y las instituciones artísticas o culturales no lo comprenden todavía porque muchas veces lo ven como puro entretenimiento y no saben valorar el esfuerzo artístico que hay detrás, el trabajo conceptual, el pensamiento computacional y piensan que el público no está preparado para ello y no es verdad. Estoy convencida que la gente estaría encantada de poder ver una exposición de arte digital en un museo. El arte digital ya tiene suficientes años y si empiezas a rascar su historia tiene su recorrido para que merezca retrospectivas desde una visión histórica. Por ejemplo, los mapping proyectados en una fachada singular y patrimonial no necesariamente respeta la tradición. Muchas veces la reinterpreta, otras veces la rompe, la cambia. La clave está en que la proyección no daña el edificio y esto abre nuevas posibilidades. También los museos inmersivos hacen énfasis en los grandes maestros de la pintura y está bien acercar las obras de los grandes maestros al público con lenguaje actual, pero, en cambio, no se dedica a los artistas vivos que trabajan en estos formatos y que reflejan su visión del mundo.

Intervención de Playmodes en Sónar+D

Intervención de Playmodes en Sónar+D

¿Cuáles son sus grandes referentes?

Mis grandes referentes son musicales porque con ellos me inicié en la radio y en la música, solo que luego empecé a fijarme en las tecnologías que hacían música y la gente que rodeaba hacía arte visual, para funcionar en interacción. Artistas como

Madonna, Prince, Michael Jackson… pero también del cine clásico como ‘George Cuco’, de Fritz Lang, uno de los grandes maestros del cine en blanco y negro y en color. Pero, especialmente, los musicales de Hollywood. La gente siempre me asocia con conceptos más modernos y futuristas, que es lo que yo hago, pero mis referentes no lo son. Para mí referentes son ‘West Side Story, ’ ahí hay luz, diseño, realización, una parte visual muy potente, una narrativa muy remarcable, hay música, baile… igual que en ‘Cantando bajo la lluvia’. El arte te traslada a otro espacio que más allá de la imagen y del sonido. Es sensorial.

Igual que Sónar, que va más allá de un festival de música, ya que la iluminación y el sonido crean una atmósfera envolvente. ¿Qué depara esta nueva etapa del festival?

Lo más básico sería iluminación de escenario, pero esto lo tiene cualquier espectáculo. Aquí la proyección, antiguamente proyección de diapositiva, con los primeros VJs que conocí hace más de dos décadas, ya pinchaban imágenes con VHS o con DVD. Luego todos los sistemas de procesamiento de vídeo en tiempo real para poder tener esta interacción que reacciona a la música e interactúa con ella. Sónar abraza esto desde el primer momento y se han acogido y se acogerán en el futuro shows en que la parte escénica, que inevitablemente tiene luz, combina pantallas LED, lásers… El festival seguirá esta ruta. Lo que nos hará crecer son las experiencias con una interacción entre imagen, luz y música, para que la experiencia no sea frontal. Por la parte de Sonar+, de algún modo se reinventa. Se desencaja de la nave nodriza de Sónar, se independiza solo físicamente, no conceptualmente y se sitúa en el centro de Barcelona, para explorar diferentes relaciones entre arte, ciencia, tecnología y explorar más allá de la música, más allá de lo visual, para explorar diferentes disciplinas. Nos gusta pensar en que el festival es indisciplinar. Como decía antes, me gustan los espacios borrosos, donde unas cosas se transforman en otras. Y este año, más que nunca, habrá una serie de formatos que interactuarán con el público más que nunca. Y estos formatos van desde las conferencias a los conciertos, pasando por todos los gradientes que pueden existir entre estos dos. Y también estamos buscando maneras de romper las diferentes jerarquías entre público y escenario, quién está arriba y quién está abajo. Y, una vez más, Sónar es luz, ya que juega un papel importante para crear este espacio inmersivo desde el artista al público, donde a veces los límites se rompen.

Desilence ha colaborado con Antònia Folguera en su carrera profesional

Desilence ha colaborado con Antònia Folguera en su carrera profesional. 

Además de Sónar, ¿en qué otros proyectos está inmersa?

He adelantado la exposición de Lux Mundi en Digital After All, que es la expoición de arte digital en Tabacalera de Tarragona. Luego me espera Eufònic Botcamp que es un ‘summer camp’ para arte digital como parte de Eufònic, que es mi otro festival. Tras esto me esperan varios podcasts que estoy produciendo. Además, estoy escribiendo un libro. En realidad, ya está escrito y solo hay que ordenarlo. No tiene título, pero básicamente es sobre cultura visual y tecnología en la música electrónica donde voy a hacer como un repaso histórico, tecnológico y artístico desde la década de los 60 hasta la actualidad. Será autoeditable y seguramente lo circule gratis para estudiantes y a gente a quien le interese esta parte de la historia.

“En el arte digital, la iluminación no es solo funcional, también puede ser expresiva, rítmica o incluso protagonista”
“Lo inmersivo está de moda, pero en la mayoría de casos no lo es: la verdadera inmersión implica reglas narrativas y técnicas muy concretas”
Las nuevas tecnologías como la IA abren nuevas formas de creación, pero también nos obliga a replantear qué es real y qué es ilusión”
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