Víctor Palacio: “la forma en que nos relacionamos con la luz tiene un sentido muy humano, cultural y social”
Se declara un apasionado de la luz. Víctor Palacio es director general del estudio mexicano Ideas en Luz, con el que ha realizado importantes proyectos que le han otorgado renombre internacional. Palacio nos explica en esta entrevista que le agrada especialmente la iluminación de museos por el contacto que implica con el patrimonio artístico, histórico, científico y también lúdico.
De formación ingeniero, ¿qué le llamó la atención del diseño de iluminación?
Mi inicio en la iluminación fue circunstancial pero definitivo. Comencé a colaborar en una empresa comercial que se encontraba realizando proyectos llave en mano para la iluminación de museos y mi primer contacto con la iluminación fue precisamente haciendo ajustes en la iluminación de la sala de un museo. Hasta ese momento nunca había pensado en el valor que tiene la luz aplicada y de pronto le tomé un gran interés que se convirtió en pasión. Yo tenía desde siempre un interés por la arquitectura y el arte, tuve la fortuna de que en la escuela preparatoria me forzaron a tomar un curso de historia del arte en el que cada alumno debía presentar un tema, el mío fue el impresionismo y me volví asiduo a esta corriente en particular. Mi pintor favorito es Joaquín Sorolla, el pintor de la luz y bueno, al paso de los años, esos diversos intereses se han conjuntado en la iluminación. Mi campo de estudio en la ingeniería es la electrónica y esto me ha dado una base muy sólida de frente a las nuevas tecnologías tanto de generación como de control de la luz. Finalmente, hace algunos años también decidí hacer una maestría en Restauración Arquitectónica dado que buena parte de nuestro trabajo ha involucrado la intervención de monumentos históricos. Así que la luz une para mí todos estos intereses.
¿Cuál cree que es el valor añadido que aporta un diseñador de iluminación al proyecto que realiza una ingeniería o un arquitecto que no cuenta con personal especializado en esta disciplina?
Sin duda, es el concepto lo que marca la diferencia. Un proyecto resuelto técnicamente bajo criterios de ingeniería tendrá una base técnica sólida, será eficiente y cumplirá la normatividad respectiva. Por su parte, las soluciones de iluminación provistas en el proyecto arquitectónico integrarán muy bien los elementos lumínicos con la forma y composición del espacio y tendrán una relación estrecha con su respectiva función. Bien, el diseño de iluminación considera todo esto, pero su punto de partida es el concepto que dependiendo del caso puede tener una carga simbólica, estética, funcional, formal, ambiental, social e incluso abstracta o un balance de varios de estos enfoques. Y los valores que agrega dicho concepto son desde mi punto de vista tres: definición de la arquitectura, bienestar del usuario y racionalidad en el uso de la tecnología.
¿Cuál es para usted la relación entre iluminación y arquitectura?
Es una relación un tanto emocional cuando lo pensamos en el plano abstracto de las dos disciplinas. La arquitectura crea el espacio y la luz lo define; la luz no es perceptible por sí misma y es la arquitectura lo que la hace evidente; la una no tiene sentido sin la otra pero son completamente distintas. La energía lumínica se materializa sobre la arquitectura y la materia que conforma al espacio se desmaterializa gracias a la luz. Y esta es la paradoja de la física: luz y materia tienen una relación que traspasa los límites convencionales, lo cual se traslada también al campo de las ideas. Es muy interesante, la luz es en sí misma un elemento de definición pero siempre presenta la capacidad de transformar y transformarse al entrar en relación con otras entidades, incluso con el espacio mismo en la escala del universo. Me da gusto que hayas preguntado esto porque no me había tomado el tiempo antes de poner en claro estas ideas.
En un nivel más antropológico y sobre todo en el profesional que nos interesa mucho, la iluminación y la arquitectura están apenas encontrándose, si habláramos metafóricamente son apenas recién conocidos aunque tienen responsabilidades como de casados. Y lo digo porque en la realidad, la colaboración entre arquitectos y diseñadores de iluminación es algo incipiente. Me parece muy contrastante la actitud de ambas partes: los arquitectos expresan un gran interés por la luz y siempre te dirán que es un factor decisivo en la arquitectura pero son escasos los que están dispuestos a dedicarle un poco de análisis y presupuesto en sus proyectos; cuando hablan de la luz lo hacen incluso de forma poética pero la resuelven viendo un catálogo de proveedor. Por otro lado, los diseñadores de iluminación no hemos tenido suficiente capacidad de poner en valor nuestra profesión, en eso estamos con colaboración de fabricantes y medios como ustedes
pero aún nos falta mucho. Tenemos en las manos la materia prima más valiosa y a veces ni siquiera logramos que el arquitecto nos abra la puerta de su oficina. En muchos casos nos ven como asesores técnicos -un papel más adecuado para un ingeniero en iluminación- por ejemplo cuando necesitan determinar ahorros de energía, y en otros nos ven como un asesor que le puede agregar glamour al proyecto al brindar soluciones estéticas ligadas solo a la imagen de una edificación. Desafortunadamente, debe haber menos de un 5% de proyectos de arquitectura en los cuales se cuenta con un diseñador de iluminación como parte del equipo.
En su estudio Ideas en Luz se declararan “apasionados por la luz”. De entre todos los proyectos realizados, ¿cuál ha sido más complicado a la hora de plantear el diseño de iluminación y por qué?
Me gusta más la idea de complejo que la de complicado. El segundo término me refiere a situaciones que por alguna razón no se planearon adecuadamente y se toman más tiempo y recursos de lo que debería utilizar, esto en el terreno operativo. Lo complejo tiene un grado de belleza y mucho de interés. Particularmente la iluminación de los museos tiene esta característica por las circunstancias en las que se da y por la naturaleza de lo que se está iluminando. El museo es un espacio donde se vive una experiencia intensa y ésta es básicamente visual. Es el lugar para ir a ver cosas y donde las llamadas tareas visuales toman un nivel superior. No sólo se trata de ubicar el espacio, leer, percibir colores o texturas. En el museo se admira, se descubre y se establece una relación -emocional a partir de lo visual- con la obra expuesta. Por otra parte, es casi imposible planear lo que sucederá en un espacio de exhibición. Es posible contar con planos de ubicación, listas de obra, guiones temáticos… pero cuando finalmente la obra está en su sitio y se pone en marcha la iluminación, ocurre una magia muy especial. Es un privilegio participar de uno de estos proyectos, la experiencia es única.
Iluminación arquitectónica, monumental, museística, comercial... ¿Cuál le gusta más y por qué?
La respuesta obvia es que todas me gustan porque cada una presenta sus propios retos pero sí hay algo particular en la iluminación de los museos que me atrae mucho, esto es el contacto con el patrimonio ya sea artístico, histórico e incluso científico y lúdico, porqué no. Hace un par de semanas tuve la oportunidad de colaborar con una artista plástica en la iluminación de su obra que estaba a punto de ir a una exposición en Nueva York. Realizamos pruebas en su taller y fue sensacional descubrir las posibilidades que la luz abre a la percepción del trabajo artístico. La experiencia es única y sucede igual cuando se tiene oportunidad de iluminar una obra arqueológica o un documento histórico. Y creo que la diferencia es el contacto directo e inmediato, porque pensándolo bien, cuando realizamos pruebas de iluminación para un espacio contemporáneo o una residencia o un espacio comercial se vive igualmente una experiencia muy enriquecedora al ver cómo nos relaciona la luz con los espacios y objetos.
¿Existe una cultura de la luz en México?
Sí, por supuesto, como la hay en cada lugar del mundo. La forma en que nos relacionamos con la luz tiene un sentido muy humano, cultural y social. La luz es un patrimonio universal sin duda y los que trabajamos en este campo somos privilegiados al poder matizarla y disponer de ella en función de la gente y la arquitectura. En particular en México, me parece que de inicio las condiciones climáticas determinan algunos patrones de relación con la luz. Tenemos luz solar muy abundante todo el año, el trópico de Cáncer cruza casi a la mitad del país. En buena parte del territorio vemos moverse el sol de norte a sur y de vuelta a lo largo del año y tenemos días largos. Las sombras son generalmente duras porque predominan los cielos despejados. Todo esto es un marco para nuestra relación con la luz. Por otra parte, la cultura mexicana se forma a partir del cruce de dos culturas con fuertes tradiciones e historia, de lo cual surgen valores muy particulares en la arquitectura, el uso de los espacios, la relación con el ambiente e inclusive el uso del color. Cuando alguien llega por primera vez a México es muy usual que le impresione el uso de colores saturados y muy definidos en todas partes.También esta cultura es muy apasionada y sin duda el uso de la luz va en esa línea.
Usted ha afirmado que en la iluminación museográfica se emplea un elemento característico del diseño hecho en México, el drama. ¿En qué consiste?
Como lo decía antes, las condiciones climáticas determinan un carácter particular y una forma de vida. La primera vez que tuve la oportunidad de visitar museos en Europa me impresionó mucho el gran esfuerzo y recursos que se ponen al servicio del uso de la luz natural. En casi todos los espacios de exposición y los museos clásicos se encuentran lucernarios, tragaluces, ventanales y todas sus variaciones tratando de atrapar la luz solar para llevarla al interior de las galerías.
En contraste, en México los museos son espacios cerrados donde la luz solar no tiene cabida. En muchos casos, se aduce a la necesidad de mantener niveles bajos de radiación sobre la obra pero en el fondo es un tema cultural. Nos resguardamos del sol porque es muy abundante y el espacio del museo debe ser muy confortable. La penumbra resulta reconfortante y al cancelar la luz solar en los recintos de exposición buscamos evitar el contacto con esa fuente de energía tan poderosa.
Por otra parte, la cultura mexicana es muy emocional. No podemos mostrar una pieza arqueológica simplemente sobre una base, cubierta por un capelo de vidrio y con una cédula que diga su origen y algún dato esencial. No, la tenemos que poner en contexto y eso implica una atmósfera con cierto grado de dramatismo, una paleta de colores, una serie gráfica explicativa, textos incluso poéticos, materiales muy táctiles, en fin, muchos recursos casi teatrales para relacionar al visitante con el carácter de la obra expuesta. Cuando se presentan colecciones arqueológicas mexicanas en otros países, generalmente los títulos de las muestras hablan del Arte de los Mayas o de los Aztecas o los Olmecas, etc. Aquí no se les ve como “arte”, se les ve como testimonios de culturas con las cuales tenemos una carga emocional muy intensa.Y bueno, bajo este marco la iluminación no puede ser simplemente funcional, tiene un papel mucho más profundo y dramático.
¿Existen diferencias entre el diseño de iluminación realizado en el continente americano y el europeo o asiático?
Sí, y de nuevo tiene que ver con cultura, medio ambiente, historia y desde luego economía. La tipología no es tan simple y no podemos decir que todo mundo hace las cosas de una forma determinada solo por su ubicación geográfica. Sin embargo, hay elementos característicos de algunos grupos en especial. Todos tenemos algún grado de acercamiento con la serenidad y paz de la arquitectura japonesa, en la cual la iluminación tiende a ser muy sencilla e integrada de forma muy natural con los espacios, y esa forma de resolver el ambiente visual es resultado de cientos o miles de años de desarrollar un carácter y una forma de vida en función de su ambiente natural y sus condiciones sociales. Los diseñadores de iluminación que crecieron bajo dichas condiciones reflejan estos valores de integración, sencillez y serenidad en su trabajo aun cuando hagan proyectos en otros sitios del mundo.
En contraste, las grandes urbes sobre la costa del Pacífico en Asia tienen un uso excesivo de la luz como una forma de manifestar su integración a la modernidad y su desarrollo económico mostrando que en la iluminación el consumismo también juega un papel importante.
¿Cree que es necesario preservar la idiosicrasia de cada país al realizar un proyecto de ilumación o arquitectural?
Me parece que hacerlo en función del país es demasiado pretencioso porque no es posible definir en un solo concepto a todo un pueblo, eso no existe. Sin duda es indispensable hacerlo en función del entorno más cercano a la ubicación del proyecto considerando el ambiente natural, las condiciones sociales y culturales, la economía del lugar y sus propias normas y convenciones.
Ésta es una de las tareas más relevantes del diseñador de iluminación y comienza por conocer con la mayor profundidad posible las necesidades del usuario que a veces él mismo no tiene claras. El diseñador debe interpretar esas necesidades y relaciones con el contexto para que la propuesta tenga sentido, aquí está la diferencia esencial entre un diseñador de iluminación y un ingeniero de iluminación. El diseño es personal, contextual y único, y para lograr tener estas características que son muy ambiciosas es necesario entender a la persona y a su entorno para proveer una solución a la medida con una sólida base técnica.
Para mí esto significa que tanto en la arquitectura como en la iluminación los estilos no son la mejor solución, lo que quiero decir es que ni el arquitecto ni el diseñador pueden pretender definir una solución tipo que los identifique y que luego sea impuesta al usuario. Por el contrario, más que estilo se debe pensar en una filosofía de trabajo, que precisamente parte de entender las circunstancias particulares de un proyecto para darle la solución que verdaderamente le agregue valor.
También realizan estudios de luz natural. En un proyecto, ¿cuál es, a su parecer, la relación ideal entre iluminación natural y artificial?
La mejor relación está en función del cliente. Para algunos, la abundancia de la luz natural será primordial pero para otros su control y limitación es muy importante. En algunos casos, la luz artificial se pondrá en función de mimetizar la luz natural porque se carece de ella pero en otros servirá para crear un ambiente radicalmente distinto al de la luz del sol.
La necesidad que tenemos hoy en día de aprovechar la luz solar por los costos de energía nos ha hecho volver a algo básico, a la relación dinámica de nuestra biología con los ciclos solares, no solo el diario sino el anual. Es interesante que el tema económico nos haga volver a una solución ergonómica y natural que antes se daba con más frecuencia. Las construcciones previas a la incorporación del alumbrado eléctrico eran de lejos más eficientes y funcionales además de estar pensadas desde el origen en función del confort de las personas. Hoy en día, estamos buscando que la relación entre lo natural en general y lo artificial sea más balanceada y lógica.
La irrupción de las nuevas tecnologías en iluminación, como el LED o el OLED, ¿están cambiando la forma de diseñar proyectos?
Lo están cambiando de forma radical en cuanto a la solución específica, porque hay nuevos recursos que antes no teníamos y las posibilidades de soluciones técnicas son muy diversas. Para todos los diseñadores de iluminación hay un enorme reto frente a la irrupción de la electrónica en el campo de la luz, tenemos muchísimo por aprender.
La esencia del diseño no cambia, lo diferente son las herramientas para dar soluciones.
¿Qué es más importante a la hora de proyectar: la intuición, las emociones, o la aplicación de la tecnología?
El balance. Cuando se proyecta hay esa intuición y emociones más la necesidad de aportar una solución viable técnica y económicamente. Un buen diseño balancea todos estos factores y en particular para el diseñador de iluminación es indispensable la colaboración. El arquitecto puede ser un poco ermitaño y diseñar en cierto grado de soledad -hay muchos casos- pero la iluminación tiene relación con tantas cosas e incide de formas tan diversas que es imposible diseñarla sin colaborar con todos los involucrados.
Relacionada con las nuevas tecnologías, la eficiencia energética se ha convertido en un tema fundamental a la hora de realizar un proyecto arquitectónico. ¿Está reñido el ahorro energético con la creactividad o espectacularidad de los diseños de iluminación?
Los conceptos no están reñidos entre sí, los que reñimos somos los humanos y lo hacemos porque tenemos intereses diversos. Yo he dicho cada vez que aparece este tema en cursos, conferencias y ahora en esta entrevista que la eficiencia energética es una condición del diseño pero no es un objetivo. Cuando ponemos de frente el ahorro de energía -como lo han hecho muchas empresas y profesionales- cometemos barbaridades como lo es el sacrificar la calidad de la iluminación. Cuántas veces no vimos que donde había una lámpara incandescente A19, el bombillo o foco común, se colocó un fluorescente compacto para ahorrar energía con un efecto terrible en la calidad de la iluminación. Los que promovieron estas soluciones y nos dijeron que el fluorescente compacto salvaría a la humanidad de la autodestrucción nos están diciendo hoy que no usemos más esas fuentes de contaminación que contienen mercurio y que mejor utilicemos LEDs que son la nueva fuente de salvación.
También me parece importante comentar que el diseño de iluminación ha sido etiquetado como el camino para soluciones creativas y estéticas. No lo es. El diseño involucra estos dos aspectos pero no es su finalidad y en ocasiones estas etiquetas crean conflictos. Es como si el cliente tuviera que decidir entre ahorrar energía o tener un proyecto bonito. No es así. El diseño provee soluciones creativas basadas en una técnica sólida para agregar valor al proyecto. Las etiquetas son un recurso mal empleado en el marketing con el propósito de vender más.
Un proyecto puede ser todo lo espectacular que el cliente necesite manteniendo altos estándares de uso racional de la energía. Y un proyecto de ahorro energético no tiene por qué ser un atentado a la estética. El punto es que las soluciones de calidad no se encuentran en una receta, hay que trabajarlas. La receta no hace al chef ni es garantía de un platillo a la vez nutritivo y delicioso, hay que trabajarlo con mucho cuidado y detalle, usando los mejores ingredientes disponibles y presentándolo de forma apetecible
¿Cómo ve el futuro de su profesión?
Muy promisorio porque la luz tiene que ver con todo y con todos. El diseño de iluminación tiene una gran camino por recorrer en temas de salud, impacto social, cuidado ambiental, economía, comunicación visual, desarrollo tecnológico, bienestar, ¡uf¡ cada uno de esos temas es motivo de una especialidad y todos ellos despiertan un enorme interés profesional.









