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Grandes cultivos

"Estamos viendo un mercado nacional de cereal excesivamente nervioso y descontando con fuerza los precios internacionales"

Entrevista con Mercedes Ruiz, directora de Aestivum

Alejandro de Vega14/05/2020

Los mercados de materias primas agrarias no permancen ajenos a las consecuencias de la pandemia por coronavirus a escala mundial, y los distintos operadores toman posiciones de cara a la campaña 20/21 en la que se espera una abundante cosecha de cereal de invierno en España. Para analizar los factores que van a marcar el inicio de las siegas en Europa, hablamos con la experta en commodities agrícolas Mercedes Ruiz, directora de Aestivum, consultoría independiente con sede en Barcelona.

¿Qué conclusiones pueden extraerse del último reporte del USDA del mes de mayo, en lo que respecta a la evolución de las estimaciones en las cosechas de maíz, trigo y soja?

El USDA de mayo nos trae las primeras previsiones del ciclo 20/21. Estábamos esperándolo con impaciencia a ver cómo cuantificaba este organismo la bajada de demanda que nos viene con la situación del COVID-19, pero no lo ha hecho en trigos y cuenta con la vuelta de China al mercado a la compra de habas de EE UU.

El informe recoge producciones récord para habas, trigo y maíz. Nos encontramos antes una situación muy pesada de maíz, con una producción récord en EE UU estimada para la próxima campaña y buenas previsiones para Ucrania y Brasil, a lo que se añade una bajada de consumo en etanol. También sube la producción de trigo a nivel mundial respecto al 19/20, marcando un nuevo récord, a pesar del descenso de producción del trigo europeo, dejando una situación muy holgada para el cereal.

¿El COVID-19 es un ‘cisne negro’ también para el mercado de commodities agrarias o cree que puede permanecer al margen de la crisis por su carácter estratégico? ¿Ha variado de forma sustancial el porcentaje de posiciones cortas desde que comenzara la pandemia? ¿Las materias primas agrarias pueden considerarse un valor refugio en estos momentos?

El COVID-19 es también un cisne negro para el mercado de las commodities agrícolas, aunque quizás no se vean tan afectadas como otros sectores. Un claro ejemplo sería el consumo de maíz para etanol, que se desplomó a la mitad en EE UU tras la bajada del petróleo y del consumo de gasolina, arrastrando también muy a la baja el precio del maíz. Hace unos días, a finales de abril, nos encontramos ante una situación inédita al venderse futuros de petróleo a nivel negativo, pagándose al comprador por retirar el petróleo. Esto abre nuevos “conceptos” en nuestros mercados, con situaciones nunca antes vistas.

Hay temor también, ante esta situación tan compleja de crisis del COVID-19 en la que nos encontramos, y que ha traído consigo una tremenda volatilidad, de poner mucho capital también en las commodities. De hecho las posiciones de los fondos actualmente son muy reducidas, con la excepción de un corto importante en maíz, pero que está lejos de los récords que hemos visto en el pasado.

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"Cada vez en España vemos más consumidores utilizando futuros de trigo, maíz y harina de soja para preciar y asegurar los precios de sus mercancías".

¿Qué factores considera que van a tener más peso en el devenir del mercado de cereales hasta final de año? ¿Qué señales están dando los 'fundamentales' en estos momentos?

Yo creo que el principal foco ahora mismo está en la demanda, y en cómo se ve afectada por la rentabilidad de los diferentes sectores. Un ejemplo muy claro lo vemos en el descenso del consumo de cerveza, con el cierre de los bares y restaurantes, que ha hecho que las malterías disminuyan sus consumos de cebada cervecera, lo que hace que tengan que alargar las retiradas de cebada ya comprometida. A esto se suma una oferta holgada, con lo que los fundamentales serían más bien bajistas. Lo difícil de leer en este caso es, ¿Qué parte de esto está ya descontado en los precios actuales?

A estas alturas de la campaña en Europa y más concretamente en España, ¿Qué previsiones puede hacer en cuanto a la dinámica del mercado de cereales en los próximos meses? En términos generales, ¿Ajuste de precios al alza, a la baja o se espera un mercado más o menos plano?

Este año la climatología ha sido muy buena, y nos encontramos ante una gran cosecha de cereal español. Pero no debemos nunca olvidar que tenemos una gran dependencia del exterior, y que son los reemplazos internacionales los que deberían marcar nuestros precios.

Así, en el caso del maíz, con un consumo que se encuentra ya bastante cubierto hasta final de año, los precios no deberían caer mucho más de lo ya previsto para el verano, ya que tenemos un arancel de importación que “protege” el precio europeo, a menos que los maíces brasileños y ucranianos queden muy por debajo del maíz de EEUU.

Mientras, el trigo permanece a niveles altos que tendrían que corregir a la baja a medida que nos acercamos a cosecha, si las cosas no empeoran en el mercado internacional, con una cosecha europea y francesa ya tocadas, y unas expectativas de una gran cosecha rusa que se han ido reduciendo con la falta de lluvias. La cebada deberá encontrar su hueco en formulación.

Parece que ya estamos viendo un mercado nacional excesivamente nervioso y descontando con fuerza los precios internacionales.

¿Los contratos de futuros siguen siendo una herramienta poco común en la agricultura europea o hay países donde este instrumento se utiliza en cierta medida para planificar la campaña? ¿Por qué cree que en España no es todavía una opción contemplada por la mayoría de los agricultores? ¿Las cooperativas y empresas privadas de nuestro país lo usan en su operativa habitual?

Los contratos de futuros se utilizan cada vez más en todo el ámbito agrícola. En Francia, Inglaterra, Alemania y otros países centroeuropeos, es muy común utilizar los contratos de futuros para gestionar los precios de las mercancías, e incluso en Europa de Este, los exportadores venden los trigos relacionados a los futuros de trigo europeo de Euronext (o Matif).

Cada vez en España vemos más consumidores utilizando estos futuros de trigo, maíz y harina de soja para preciar y asegurar los precios de sus mercancías, y un mercado que evoluciona en esta dirección, con más gente empujando para que así lo sea, ya que trae transparencia a nuestros precios y nos permite asegurarlos y en muchos casos optimizarlos.

También hay un creciente número de agricultores, cooperativas y almacenistas que los usan, aunque la práctica no sea tan habitual como en otros países, y desde luego crece con fuerza el interés por formarse sobre estos temas. Una de la principales dificultades que presenta el mercado de cereal nacional es la falta de referencias claras de mercado en algunas zonas, aceptadas por el comprador y el vendedor, y la falta de relación en algunos momentos, de nuestro mercado nacional, muy atomizado y en ciertos momentos desorganizado, con el internacional.

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