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Grandes cultivos

"La función del agricultor ya no solo será la producción de alimentos, sino también la protección y conservación del medioambiente"

Entrevista con técnicos de la Axencia Galega da Calidade Alimentaria y del Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo

Alejandro de Vega11/05/2020

En el contexto actual de reducción en el número de herramientas fitosanitarias disponibles en la actividad agrícola, hablamos con distintos centros de investigación españoles para sondear el nivel de adaptación que muestra el sector en su conjunto y conocer los medios con los que afrontará los cambios que se esperan en la sanidad vegetal durante los próximos años. En esta primera entrega nos hacemos eco de las reflexiones de los técnicos e investigadores Luis Urquijo Zamora, Gonzalo Flores Calvete, Alfredo Taboada Arias y Juan Valladares Alonso, pertenecientes a la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (AGACAL) y al Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (CIAM) en Galicia.

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El Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (CIAM) está ubicado en A Coruña y cuenta con 125 años de historia.

¿Creen que los agricultores españoles, en general, están preparados para asumir los cambios en la sanidad vegetal que van a provocar las restricciones de uso a numerosas materias activas en los próximos años?

La adaptación al cumplimiento de la legislación sanitaria ha sido bastante eficaz en los últimos años, existiendo un control hoy en día de cada materia activa que se aplica a un cultivo, y del cumplimiento de límites máximos de residuos. Pero la drástica reducción de materias activas desde la publicación de la Directiva 91/414/CE, ha complicado bastante el control de plagas y enfermedades en algunos cultivos, ya que la introducción en el mercado de nuevas materias activas no ha sido equivalente, al ser más estrictas las exigencias actuales, y en muchos casos con una eficacia menor que las materias activas eliminadas.

Así que la elección por el agricultor de la materia activa a usar se va a restringir, pudiendo quedar algún cultivo desprotegido frente a alguna plaga. Aunque la transición hacia una agricultura más sostenible es obligada desde la entrada en vigor del RD1311/2012, los rendimientos serán menores y menos competitivos que aquellos productos que se importen de fuera de la Unión Europea, que podrían estar sometidos a unas exigencias sanitarias más laxas, en cuyo caso se crearía una situación injusta para los productores comunitarios.

En el caso particular de Galicia, con una agricultura minifundista y con una elevada incidencia de agricultura a tiempo parcial, la obligatoriedad de aplicar sistemas de control de plagas y enfermedades basados en la gestión integrada de plagas (GIP) es muy escasa; por ello, salvo en algunas ocasiones, la agricultura, en general, está poco profesionalizada y el empleo de nuevas técnicas de control fitosanitario es muy escaso. Así mismo, el asesoramiento técnico a explotaciones en materia de sanidad vegetal en la actualidad no está suficientemente generalizado.

En este sentido, ¿de estos cuatro factores cuál sería el más determinante en su opinión: nuevas variedades, productos biológicos, labores y manejo del suelo o las herramientas de agricultura digital?

Los tres primeros factores son los que deben imponerse en un futuro próximo, ya que el control biológico, con todo lo que ello conlleva de utilización de productos de origen natural o copiados de la naturaleza (feromonas, confusión sexual, productos biofitosanitarios, etc.) y el empleo de medios que favorezcan la utilización o el desarrollo de enemigos naturales o introducidos, deben ser una de nuestras principales herramientas de control. La lucha contra las plagas tiene que ir enfocada a la prevención y no al tratamiento. Los métodos de control integrado son indispensables.

Por otra parte, todo lo relacionado con medidas culturales: laboreos, rotaciones, fertilización, riego, y cualquier actividad realizada sobre el cultivo (que no sea lucha química) tiene una gran importancia como medida accesoria para conseguir unas condiciones más desfavorables para el desarrollo de los patógenos.

Con respecto a las variedades, serán los programas de mejora genética vegetal dirigidos a aumentar la resistencia a enfermedades actuales, y futuras, lo que permitirá registrar nuevas variedades menos sensibles, que evitarán o minimizarán los daños.    

Y, sin duda, la popularización de la agricultura de precisión, en la que se puede incluir la mejora de los modelos de predicción de la incidencia de enfermedades y plagas, así como de los sistemas de comunicación y acceso de los agricultores a las fuentes de información, contribuirá a una mayor eficacia en el uso de productos fitosanitarios, en paralelo con una reducción de las cantidades utilizadas.

¿Qué trabajo se viene desarrollando desde el CIAM en lo que respecta a la adaptación a este nuevo escenario?

Aunque en el CIAM no tenemos un grupo específico de trabajo de control de plagas y enfermedades, si se están llevando a cabo ensayos de cultivo siguiendo las directrices de la agricultura ecológica. Así por ejemplo se ha comenzado un proyecto en la finca Robles perteneciente al CIAM (A Pobra de Brollón-Lugo) donde se pretende generar conocimiento en ecológico acerca de una alternativa en secano y regadío de diversos cultivos forrajeros (maíz, sorgo, pasto de sudán, hibrido de sorgo y pasto de sudán, leguminosas anuales) y de grano (centeno, trigo, soja). También se están ensayando, en colaboración con la SAT Torneiros (Allariz-Ourense), explotación de vacuno de leche amparada por el CRAEGA, cultivos forrajeros de verano en rotación con tréboles anuales y raigrás híbrido en invierno, alternando con pradera bianual.

En el sector de cereales se han comenzado los ensayos de trigos autóctonos en ecológico, con rotación de cultivos (altramuz-trigo-colza). Y en maíz llevamos muchos años testando las nuevas variedades que salen al mercado, en tres plantaciones convencionales y una plantación en ecológico.

En el sector hortícola hace años que se trabaja tanto con sistemas de agricultura convencional como de agricultura ecológica, con el objetivo de poder realizar la comparación entre ambos a nivel agronómico, con las especies y variedades que habitualmente forman parte de los ensayos. Esto ha permitido una reducción significativa en el empleo de materias activas usadas habitualmente en los sistemas convencionales y el empleo en ambos, cuando se han mostrado suficientemente efectivos, de productos, técnicas culturales y la lucha biológica, propios de la agricultura ecológica.

¿Qué papel le corresponde asumir al agricultor en la producción sostenible de alimentos que demanda la sociedad actual?

Ante este escenario de reducción de productos fitosanitarios, donde aparecen implicados otros factores medioambientales y sanitarios, como la mejora de la calidad de las aguas, la protección de fauna terrestre y acuícola, y la biodiversidad de especies entre otros, se hace necesaria la labor de la administración y del agricultor, para cumplir las buenas prácticas agrícolas mediante la gestión integrada o la agricultura ecológica.

La función del agricultor ya no solo será la producción de alimentos, sino también la protección y conservación del medioambiente, por lo que será necesario sensibilizar a la población en general para que valore los alimentos producidos de esta forma sostenible.

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