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Siete retos de la FAO. La digitalización tiene que potenciar el papel de los pequeños agricultores y de la mujer en la agricultura

Redacción laagriculturadigital.com02/04/2019

©Chris Steele-Perkins/Magnum Photos for FAO

La revolución digital ha cambiado la forma en que trabajamos, accedemos a la información y nos conectamos entre nosotros. Pero, a pesar de que ofrece infinidad de oportunidades a quienes pueden usar las nuevas tecnologías, también presenta nuevos desafíos para los que se quedan atrás.
Estas tecnologías que a menudo se denominan en conjunto como tecnologías de la información y la comunicación, TIC, son cualquier método de compartir o almacenar electrónicamente datos: teléfonos, banda ancha móvil, internet, radiodifusión, redes de sensores, almacenamiento y análisis de datos, y más. Las TIC mejoran las vidas de los pequeños agricultores de innumerables maneras, desde controlar los cultivos hasta rastrear los precios del mercado y difundir las buenas prácticas para facilitar el acceso a los servicios bancarios. La lista de beneficios es aún más larga.
Sin embargo, gran parte de este potencial todavía no se ha explotado, particularmente en el caso de las mujeres. Ellas desempeñan un papel fundamental en la producción agrícola pero también enfrentan una triple brecha: digital, rural y de género. A menudo tienden a tener menos acceso a las TIC, lo que las deja a ellas y a sus familias en desventaja.
Aquí hay siete factores fundamentales para lograr que las TIC estén disponibles y sean accesibles para las comunidades rurales, especialmente para las mujeres.

1º. Un contenido adaptado y adecuado
Si bien las TIC pueden ofrecer grandes cantidades de información, esto no implica un uso efectivo de la misma. La adaptación del contenido a las necesidades, idiomas y contextos locales sigue siendo un desafío. El contenido se debe adaptar a las lenguas locales y estar diseñado para poder adaptarlo a los formatos que satisfagan las diferentes necesidades.

©FAO /: ©Shutterstock

2º. Un ambiente seguro para compartir y aprender
El analfabetismo y las limitaciones a la hora de usar dispositivos complejos para buscar información y cuestiones culturales siguen siendo barreras para la recepción y el uso eficaz de la información difundida a través de las TIC. Por ejemplo, generalmente las personas no alfabetizadas y los agricultores de más edad tienen habilidades digitales menos desarrolladas y, por lo tanto, es menos probable que adopten las TIC.
Se debe desarrollar y mejorar la alfabetización digital en las instituciones y comunidades rurales, teniendo en cuenta las necesidades y limitaciones locales, proporcionando oportunidades de aprendizaje apropiadas para hombres, mujeres, jóvenes y personas con discapacidad, lo que mejorará las habilidades individuales y colectivas para la toma de decisiones.

3º. Sensibilidad de género
Las desigualdades de género siguen siendo un problema grave en la economía digital, al igual que la brecha entre poblaciones urbanas y rurales. Las oportunidades para las mujeres, los jóvenes, los agricultores de mayor edad y las personas que viven en las zonas más remotas se ven obstaculizados por los precio de acceso a las TIC y por las desigualdades persistentes.

Muchos de los factores que limitan a los agricultores para adoptar prácticas más sostenibles y productivas restringen aún más a las agricultoras. Las barreras específicas de género limitan aún más la capacidad de las mujeres agricultoras para innovar y volverse más productivas. El género, la juventud y la diversidad deben abordarse sistemáticamente en la fase de planificación del diseño del proyecto y durante todo el ciclo del proyecto.

4º. Acceso y herramientas para compartir
Las mujeres rurales tienen menos acceso a las TIC —los teléfonos, las computadoras portátiles, la conexión inalámbrica— porque se enfrentan a normas sociales, porque viven en áreas desconectadas y porque generalmente son pobres. El precio del acceso a las TIC puede ser muy alto en algunos países. El precio de los servicios móviles o de banda ancha es una barrera importante para la mayoría de los grupos vulnerables, como las mujeres, los jóvenes, los agricultores de mayor edad y las personas que viven en las zonas más remotas. Se deben promover políticas de inclusión digital con perspectiva de género para permitir que los hombres y las mujeres tengan acceso a las TIC y las usen por igual.

5º. Más asociaciones
Pequeñas empresas privadas locales, organizaciones de productores locales y ONG comunitarias a menudo tienen el capital social para proporcionar información confiable y servicios de buena calidad. Diversos servicios de asesoramiento y extensión ofrecidos por diferentes tipos de proveedores tienen más probabilidades de satisfacer las diversas necesidades de los agricultores, ya que no existe un solo tipo de servicio que pueda adaptarse a todas las circunstancias.

6º. Proporcionar la combinación correcta de tecnologías
Identificar la combinación adecuada de tecnologías que se adapten a las necesidades y contextos locales suele ser un desafío, a pesar de – más bien– debido al rápido aumento de la penetración de la telefonía móvil en las zonas rurales. Deben adoptarse enfoques mixtos, como una combinación de radio y teléfono, y tecnologías localmente relevantes —seleccionadas con base a un análisis en profundidad de las necesidades locales y los sistemas de información existentes— para aumentar la eficiencia de las iniciativas de TIC en la agricultura y mejorar el servicio diferentes usuarios y contextos.

7º. Asegurar la sostenibilidad
La brecha digital no se trata solo de la infraestructura tecnológica y la conectividad. Es fundamental que las iniciativas de TIC se dirijan tanto a mujeres como a hombres, así como a la unidad familiar y a la comunidad para garantizar la sostenibilidad a largo plazo. Un enfoque inclusivo de las iniciativas de TIC ayudará a generar un amplio reconocimiento de aquellas tecnologías que las mujeres necesitan aprender a usar para su beneficio y el de la comunidad.
Las TIC ofrecen oportunidades valiosas para el desarrollo agrícola y rural, incrementando la producción sostenible, la eficiencia de los agronegocios y los ingresos para una amplia gama de actores. El acceso de las mujeres a la información y la educación también puede aumentar la concienciación sobre la importancia de enviar a las hijas e hijos a la escuela, lo que tendrá un mayor impacto e incrementará las posibilidades de reducir la pobreza y lograr un mundo sin hambre.

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