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De empresas familiares, crisis y prevención de riesgos

Ricard Agustín, fundador de Family Business Solutions y consultor de empresas familiares

01/09/2020

La pandemia de la COVID-19, el estado de alarma y el cierre económico han traído consecuencias para las compañías del sector de la ferretería y el bricolaje. Aunque ha afectado tanto a las empresas familiares como a las no familiares, es muy probable que las pequeñas empresas familiares y las micropymes se vean más afectadas por esta crisis económica en ciernes. Estuvieron paralizadas durante más de dos meses y probablemente son las que han estado y estarán más expuestas a los efectos de la pandemia. Incluso en el mejor de los casos, en el que ya en el cuarto trimestre comience a reactivarse la economía, el coronavirus ya ha dejado una cicatriz importante en el tejido empresarial familiar, especialmente en las de menor tamaño.

Si bien es cierto que los planes de ayuda del gobierno, en forma de préstamos, avales públicos, ERTE, y de apoyo a los autónomos han sido una ayuda para las empresas con cierto tamaño y músculo financiero, en el caso de los autónomos, microempresas y pequeñas empresas familiares, es probable que en los sectores más expuestos no sea suficiente y que sigan teniendo problemas de liquidez en los próximos meses. En cambio, las previsiones son mejores para las compañías familiares de tamaño medio y grande, o en las pequeñas saneadas financieramente, que al igual que ya sucedió en la última crisis del 2008, probablemente resistirán mejor el impacto.

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Los sectores más afectados

Aunque afectará a casi todos los sectores, el turismo, la hostelería, el comercio y el automóvil, sectores de gran peso en el PIB de España, serán los que, probablemente, recibirán un impacto mayor por la crisis del coronavirus y tardarán más en recuperarse. El sector de la ferretería y el bricolaje se ha visto afectado por el cierre de las tiendas físicas, el desabastecimiento de productos provocado por los problemas en el transporte, los cambios de hábito de los consumidores (que se limitaron a comprar productos básicos e indispensables). Todo esto supuso un fuerte golpe al sector, tanto en sus ventas del canal online como en el offline. Es probable que los efectos de la crisis se alarguen durante los próximos meses y que bastantes negocios se sigan viendo afectados por la caída en la demanda y fuertes tensiones de tesorería y que, muchos de ellos, se vean forzadas a cerrar.

En líneas generales, las empresas familiares suelen resistir mejor las crisis, tanto a nivel de impacto, como en lo referente a la destrucción de puestos de trabajo. Conozco muchos negocios familiares que, a pesar de estar afectados por ERTE y de padecer problemas de liquidez, tienen la voluntad de mantener sus planes de inversión y, en la medida de lo posible, los puestos de trabajo. Además, como aspecto positivo, muchos están aprovechando este momento para anticiparse en temas como el Big Data, que les permitirá conocer mejor cómo cambian de hábitos sus clientes, a la vez que apuestan cada vez más por la digitalización y el comercio online. En muchos casos, aquellas empresas familiares que apoyan su estrategia en estas innovaciones tecnológicas son capaces de tener una visión mucho más completa del negocio, cosa que las ayuda a detectar de forma más ágil oportunidades y riesgos, tomar mejores decisiones e, incluso, a reinventar productos y servicios en estos momentos tan complejos.

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La importancia de la prevención de riesgos

Para afrontar mejor los cambios disruptivos en el entorno, como lo está siendo la COVID-19, es más importante que nunca que las empresas familiares empiecen a tomar en consideración, durante la elaboración o revisión de sus planes estratégicos, los riesgos potenciales que pueden afectarlas, también en el largo plazo. Adoptar un enfoque proactivo de la gestión de riesgos ayudará a disminuir el elevado grado de incertidumbre actual, debido a la crisis sanitaria y económica de la COVID-19, y permitirá estar más preparados ante otros acontecimientos futuros que puedan hacer peligrar su continuidad.

Es fundamental tener una visión global de todas las variables económicas, sociales, tecnológicas y ambientales que potencialmente pueden incidir de forma crítica en el futuro del negocio familiar. De esta forma, será posible anticiparse y transformar la incertidumbre en evaluaciones de riesgos medibles que nos permitan reaccionar a tiempo. Aun así, los riesgos estratégicos se pueden controlar, pero no eliminar, puesto que dependen de la actividad propia de la empresa y del entorno en el que opera. Sin embargo, una óptima gestión de los riesgos en la empresa familiar contribuye a evitar o mitigar su impacto y nos permitirá adaptarnos con mayor rapidez a la nueva realidad.

Para acabar, una última recomendación: es importante identificar los riesgos y clasificarlos según su gravedad y probabilidad de ocurrencia en un Mapa de riesgos, así como desarrollar diferentes planes de acción, para estar preparados para actuar en cualquiera de los escenarios posibles que puedan surgir a medida que evoluciona la crisis de la COVID-19 o en cualquier situación que se pueda presentar en un futuro inmediato a consecuencia de otros riesgos con altos niveles de incertidumbre.

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