OPINIÓN
Tribuna de opinión

Innovar en Farma ya no es suficiente: el reto de convertir la I+D en crecimiento empresarial e industrial

Laura Ortiz Rojano, Senior Project Manager Innovation de Euro-Funding06/10/2026
Investigar, desarrollar nuevas soluciones y mejorar productos y procesos no es una opción, sino una condición necesaria para competir en un mercado cada vez más exigente. Sin embargo, en los últimos años se está produciendo un cambio relevante en el sector, y es que, para muchas compañías farmacéuticas, el reto ya no es únicamente innovar, sino conseguir que esa innovación se traduzca en crecimiento, capacidad productiva y nuevas oportunidades de negocio.
Laura Ortiz Rojano, Senior Project Manager Innovation de Euro-Funding
Laura Ortiz Rojano, Senior Project Manager Innovation de Euro-Funding.

La propia evolución del sector refleja este cambio. La fotografía de hoy es mucho más compleja que hace unos años y junto a los proyectos de investigación conviven continuas inversiones industriales para la mejora o ampliación de instalaciones, digitalización, automatización de líneas productivas, incorporación de personal altamente cualificado, mejoras de procesos, desarrollo de nuevas capacidades productivas o actuaciones vinculadas a la sostenibilidad.

A ello se suma un contexto en el que las decisiones empresariales requieren cada vez una mayor visión de largo plazo. Los proyectos farmacéuticos tienen ciclos extensos de desarrollo y maduración, mientras las compañías compiten internacionalmente por decidir dónde localizar nuevas capacidades de I+D, centros tecnológicos, ensayos clínicos o inversiones productivas. En ese escenario, la capacidad de planificar deja de ser una cuestión puramente financiera para convertirse en un factor de competitividad.

Aunque todas esas actuaciones y planificaciones forman parte de una misma estrategia empresarial, en nuestro trabajo diario con compañías del sector seguimos encontrando una realidad recurrente: empresas cuya actividad de I+D+i se ha sofisticado considerablemente durante los últimos años, pero que continúan abordando la financiación de la innovación de manera fragmentada y sin suficiente anticipación: una deducción fiscal por aquí, una convocatoria de ayudas por allá, una inversión industrial que a veces es el foco de muchas cuestiones y otra pasa “sin pena ni gloria”, o la contratación de personal investigador como una cuestión separada.

Este planteamiento puede funcionar cuando la actividad innovadora es limitada o está concentrada en unos pocos proyectos, pero deja de ser suficiente cuando la compañía alcanza una nueva escala y aumenta la complejidad de su actividad innovadora. Nosotros lo tenemos claro: el salto diferencial y competitivo está en pasar de financiar actuaciones aisladas a construir una estrategia global de financiación de la innovación.

Así, cuando la empresa crece, la pregunta no puede ser únicamente qué incentivo puede aplicar a un determinado proyecto, sino que tienen que empezar a resonar otras cuestiones: ¿Se están identificando todas las actuaciones susceptibles de recibir financiación? ¿Existe coordinación entre financiación pública y fiscalidad de la I+D+i? ¿Se están anticipando las oportunidades antes de decidir una inversión? ¿Se analiza conjuntamente la evolución de la compañía o se continúa trabajando proyecto a proyecto?

A esto debemos sumar otra casuística particular de sector, y es que no todas las compañías innovan siguiendo el mismo modelo. Algunas concentran buena parte de su actividad en fabricación propia y otras en investigación básica o preclínica, ensayos clínicos, desarrollo tecnológico, centros de I+D o capacidades digitales. Esa diversidad hace también evidente que cada vez es menos útil aplicar una lógica homogénea a la financiación de la innovación y que la estrategia de financiación no solo debe adoptar un enfoque integral, sino adaptarse al modelo de negocio, a la etapa de crecimiento y a la realidad particular de cada compañía.

La dimensión que está adquiriendo esta actividad puede observarse también en nuestra experiencia reciente. Entre 2023 y 2025 hemos generado 28,9 millones de euros en deducciones fiscales por I+D+i vinculadas al sector farmacéutico, trabajando con perfiles que abarcan desde biotechs emergentes hasta grandes grupos farmacéuticos internacionales. Más allá de la cifra, esa diversidad nos permite observar una misma evolución desde realidades empresariales muy diferentes: cuando la innovación pasa a ocupar un lugar estructural dentro de la compañía, aparecen nuevas necesidades. Ya no se trata solamente de financiar el desarrollo de un nuevo producto, sino de sostener equipos investigadores, escalar capacidades, abordar inversiones productivas, desarrollar nuevas tecnologías y preparar a la compañía para competir en mercados cada vez más globales.

El conocimiento de una convocatoria concreta o la correcta aplicación de una deducción fiscal continúan siendo importantes, pero ya no bastan por sí solos. Es necesario comprender los proyectos desde el punto de vista técnico, conocer las inversiones previstas por la compañía y, desde la planificación inicial, conectar cada actuación con las distintas vías de financiación disponibles. Así una inversión no debería analizarse de forma aislada, sino por el papel que desempeña dentro de objetivos más amplios: reforzar capacidades, acelerar desarrollos tecnológicos, ganar resiliencia productiva o asegurar el suministro.

Pero claro, no todo vale. Ni todos los mecanismos de financiación son adecuados para todas las compañías ni lo son en cualquier momento, sino que el valor está en entender en qué fase se encuentra la organización y cómo combinar y optimizar las distintas alternativas alrededor de su hoja de ruta empresarial para elegir el instrumento de financiación más adecuado.

No podemos dejar pasar un punto especialmente importante: la innovación farmacéutica no termina cuando concluye un proyecto de I+D. Entre una idea y su generación efectiva de valor existe un recorrido en el que intervienen desarrollo, validación, escalado, regulación, fabricación y acceso al mercado. La capacidad de acompañar financieramente ese recorrido completo resulta también cada vez más crucial.

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Esta cuestión tiene además una dimensión especialmente relevante para España y es que no se trata únicamente de atraer y desarrollar investigación, sino de conseguir que las compañías encuentren también razones para escalar sus desarrollos y localizar aquí sus siguientes inversiones. El talento, la fortaleza del ecosistema científico, la regulación, el acceso al mercado o la seguridad jurídica forman parte de esa ecuación. Y, aunque muchas de estas variables exceden la capacidad de decisión individual de una empresa, las compañías sí pueden anticipar mejor sus inversiones y estructurar su financiación para acompañar sus siguientes etapas de crecimiento.

La misma reflexión adquiere una dimensión todavía mayor cuando ampliamos el foco a Europa. En un momento en el que se debate qué capacidades productivas debe preservar el continente, cómo reforzar la seguridad de suministro y cómo reducir determinadas dependencias estratégicas, la financiación comunitaria empieza a reflejar también esa conexión creciente entre investigación e industria.

Para el periodo 2026-2027, hemos identificado 42 oportunidades y líneas de interés para los sectores pharma, biotech, medtech y healthtech, distribuidas a lo largo de distintas fases de la cadena de valor. Varias concentran sus cierres entre septiembre y octubre de 2026, mientras que otras continuarán abriendo oportunidades y etapas a lo largo de 2027.

Programas como Horizon Europe, Innovative Health Initiative (IHI), EU4Health o EIC ofrecen vías para proyectos relacionados con desarrollo de medicamentos, terapias avanzadas, diagnóstico, medicina de precisión, resistencia antimicrobiana, biotecnología o biomanufacturing. Al mismo tiempo, la digitalización gana cada vez más peso, con oportunidades vinculadas a inteligencia artificial aplicada al desarrollo de fármacos, biomarcadores predictivos, intercambio de datos sanitarios o herramientas de apoyo clínico.

Y el mapa no termina en la investigación sanitaria. Para compañías que están acometiendo procesos de modernización industrial aparecen también posibilidades ligadas a automatización, digitalización de procesos, eficiencia energética, gestión de agua y residuos o reducción de emisiones, mediante instrumentos como Horizon Europe Cluster 4 y 5, LIFE o Innovation Fund.

En definitiva, financiar la innovación farmacéutica exige hoy mirar mucho más allá de un proyecto o de una convocatoria concreta. Requiere entender hacia dónde quiere crecer la compañía, anticipar las inversiones que necesitará y construir una estrategia capaz de acompañarla en cada una de esas etapas.

En un momento en el que la industria se pregunta cómo reforzar su competitividad, planificar a largo plazo y transformar su capacidad innovadora en nuevas capacidades empresariales e industriales, la conversación ya no es únicamente cómo financiar más innovación, sino cómo financiar mejor el crecimiento que esa innovación hace posible.

"Financiar la innovación farmacéutica exige hoy mirar mucho más allá de un proyecto o de una convocatoria concreta. Requiere entender hacia dónde quiere crecer la compañía, anticipar las inversiones que necesitará y construir una estrategia capaz de acompañarla en cada una de esas etapas"

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