La nueva política industrial exige empresas preparadas para invertir
David Carulla, Techical Manager International de Euro-Funding
26/10/2026La industria española afronta una etapa marcada por grandes transformaciones. Tras unos años marcados por el despliegue de los fondos europeos, la política industrial española se enfrenta al reto de transformar toda esa inversión en competitividad para hacer frente a un contexto europeo cada vez más exigente.
La reciente aprobación del Plan de Actuación 2026-2028 de Sepides es una prueba de este cambio. La entidad busca consolidar su posición como instrumento clave en la política industrial. Para ello, sitúa entre sus planes el impulso de la competitividad empresarial, el fortalecimiento de las pymes, la reindustrialización, la sostenibilidad y la cohesión territorial. Por otro lado, plantea como líneas troncales la optimización de financiación empresarial y las ayudas públicas.
El Plan no debe interpretarse, sin embargo, como el anuncio inmediato de nuevas convocatorias, sino como una señal clara de hacia dónde se está reforzando la capacidad pública de apoyo a la inversión industrial. Su relevancia reside precisamente en que anticipa una política industrial con una visión más amplia, en la que las ayudas públicas convivirán cada vez más con instrumentos de financiación, apoyo a nuevas capacidades productivas y actuaciones orientadas a facilitar la implantación y transformación de proyectos industriales.
En los últimos años, la financiación pública ha ganado peso como herramienta para impulsar la transformación industria. Entre 2025 y 2026, Sepides ha movilizado más de 1.250 millones de euros en ayudas vinculadas a los Perte industriales, de los cuales 734 millones corresponden al Perte VEC y 518 millones al Perte de Descarbonización Industrial. En total, se han llegado a más de 230 proyectos industriales. El siguiente paso, debe ir más allá de conseguir más fondos.
Las empresas industriales deben hacer frente a inversiones cada vez más complejas: nuevas capacidades productivas, automatización y digitalización, eficiencia energética, descarbonización, innovación tecnológica o adaptación de instalaciones. Se trata de decisiones que requieren planificación y de unos plazos que no siempre coinciden con el calendario administrativo de las convocatorias. Conocer el entorno de financiación pública permite entender mejor qué instrumentos pueden acompañar esas decisiones.
En este nuevo escenario, esperar a la publicación de una convocatoria para definir una inversión puede significar llegar tarde. Las empresas que quieran aprovechar eficazmente los instrumentos públicos deberán trabajar con hojas de ruta de inversión a medio plazo, identificar con antelación qué actuaciones son susceptibles de apoyo y analizar qué combinación de subvención, financiación pública y recursos propios resulta más adecuada en cada caso.
De este modo, el Plan 2026-2028 de Sepides refleja una concepción cada vez más amplia de la política industrial: financiación, territorio, sostenibilidad, digitalización y talento. Su aprobación, además, se produce en un momento en el que Europa busca reforzar su capacidad industrial, acelerar las transiciones ecológica y digital y ganar autonomía estratégica.
Los próximos años van a estar marcados por importantes retos económicos, tecnológicos y ambientales. Por ello, convertir la política industrial en competitividad real dependerá de conectar estos grandes objetivos con las necesidades de inversión y transformación de las empresas. Y para ello, la financiación pública no debe ser únicamente un instrumento que impulse proyectos concretos, sino una palanca que fortalezca la competitividad del tejido industrial español.





