Laura Martínez reflexiona sobre el hogar como refugio y el impacto del interiorismo en el bienestar emocional
La interiorista Laura Martínez plantea una reflexión sobre la evolución del interiorismo, que ha pasado de centrarse principalmente en la estética y la funcionalidad a incorporar el bienestar emocional como un criterio clave en el diseño de espacios. El hogar se entiende cada vez más como un refugio frente al ritmo acelerado, la hiperconexión y el exceso de estímulos, lo que ha reorientado el diseño hacia soluciones que priorizan la calma, la luz, el orden y el equilibrio espacial.
Según la interiorista Laura Martínez, durante años el interiorismo ha estado ligado sobre todo a la estética y la funcionalidad, aunque actualmente la conversación ha cambiado. Ya no se trata únicamente de diseñar casas bonitas, sino de crear espacios que hagan sentir bien a quienes los habitan.
El hogar se ha convertido en un refugio frente al ritmo acelerado, la hiperconexión y el exceso de estímulos cotidianos. Este cambio ha transformado también la forma de diseñar los espacios, en los que se valora cada vez más la calma, la luz, el orden y la sensación de equilibrio que transmite una vivienda. Las casas influyen directamente en cómo se vive, ya que la distribución, los materiales, la iluminación o la carga visual del entorno pueden afectar al descanso, la concentración y el estado de ánimo. En este sentido, el interiorismo se entiende cada vez más como una herramienta vinculada al bienestar emocional.
La neuroarquitectura y la psicología ambiental llevan años estudiando cómo los espacios impactan en las personas. Desde este enfoque, una vivienda oscura, saturada o poco funcional puede generar cansancio y sensación de agobio, mientras que los entornos luminosos, equilibrados y pensados para el uso cotidiano favorecen la calma y el confort. La luz natural se considera uno de los elementos más importantes dentro de una casa, no solo por su impacto visual, sino también por su influencia en los ritmos y en la calidad del descanso. Por ello, la interiorista subraya la importancia de trabajar distribuciones más abiertas, utilizar tejidos ligeros y potenciar materiales que reflejen la luz de forma natural.
El color también tiene una dimensión emocional clara. Los tonos neutros, terrosos y orgánicos contribuyen a crear ambientes serenos y atemporales. El objetivo no es construir espacios fríos o excesivamente minimalistas, sino generar equilibrio visual y una sensación de armonía coherente con la forma de vivir de cada persona. El orden es otro de los factores relevantes en el diseño de interiores. "Llegar a casa y encontrarse con un entorno visualmente caótico puede afectar más de lo que se percibe, por lo que el diseño también implica simplificar, eliminar lo innecesario y facilitar la habitabilidad del espacio." subraya Martínez.
Los materiales naturales, como la madera, el lino, la piedra, las fibras vegetales o la cerámica, refuerzan la sensación de bienestar al aportar textura, calidez y autenticidad, asociándolo a una forma de vivir más pausada, sensorial y cercana. "No es necesario contar con una gran vivienda para conseguirlo: basta con una iluminación cálida al final del día, una butaca junto a una ventana o un rincón sin pantallas para transformar la experiencia del hogar." añade Laura. “Porque el verdadero lujo, hoy, tiene más que ver con cómo nos sentimos dentro de nuestro hogar que con cualquier tendencia estética”, concluye la interiorista.



















