Un diseño que fusiona tradición con innovación
El estudio External Reference, dirigido por el arquitecto Carmelo Zappulla, firma el interiorismo de la primera tienda de Valentina e Pasqualina en Barcelona. Un espacio que articula tradición italiana con elementos vanguardistas, a través de la artesanía y la tecnología para preservar la memoria familiar.
Valentina e Paqualina es un espacio diáfano donde degustar uno de los mejores tiramisú de Barcelona. Foto: Anna Mas.
Entrar en Valentina e Pasqualina es algo más que visitar uno de los mejores lugares donde degustar el típico dulce italiano: el tiramisú. Es un homenaje a la familia y, muy especialmente, cómo es un espacio que preserva la memoria de la abuela Pasqualina, uno de los referentes de la fundadora de Valentina e Pasqualina, Valentina Pizzuti.
Situada en la calle Provença, 226 de Barcelona, este primer establecimiento está lleno de guiños a la abuela que a sus 89 años aterrizó en la Ciudad Condal para estar presente en la inauguración de un establecimiento que une memoria doméstica con innovación arquitectónica, para crear un espacio polivalente.
“Esta primera tienda tenía que ser un homenaje a mi abuela Pasqualina que, gracias a este proyecto, está viviendo como una segunda vida. Es un referente para mí, de valores familiares, de aportar mi italianidad a este espacio situado en Barcelona… un ejemplo de coraje”, reconocía Valentina Pizzuti.
Para su primer establecimiento ha contado con External Reference que ha conseguido hilvanar perfectamente la tradición italiana en torno al tiramisú, pero con una lectura disruptiva. Así, la intervención se estructura a partir de tres elementos que organizan el discurso material y conceptual del interiorismo. Por un lado, los crochets elaborados a mano por Pasqualina y por mujeres de su localidad en Italia, incorporados como piezas textiles que introducen una dimensión artesanal y biográfica.
Por otro, la impresión 3D, empleada en distintos componentes del mobiliario y de la arquitectura interior como expresión de un proceso productivo tecnológico. Y, finalmente, el propio tiramisú se convierte en referencia formal y cromática, especialmente visible en la barra central, de geometría redondeada, textura continua y acabados que remiten a la cremosidad y al cacao del postre con esa textura tan particular.
Una segunda vida para Pasqualina
Hace 89 años, Pasqualina nació y creció en un orfanato. Una mujer fuerte y enérgica que, pese a vivir sin conocer sus raíces, ha construido su propia identidad familiar. De hecho, su nombre remite directamente a que nació en Pascua y en Valentina e Pasqualina existen guiños constantes a este puente que se tiende entre la memoria doméstica, a partir del crochet, actividad que todavía confecciona la anciana, e Italia en una Barcelona que la fundadora Valentina Pizzuti consideró como “en casa”.
Un espacio diáfano donde predominan las superficies blancas que se ponen en contraste con el color chocolate del mostrador central, los asientos de formas orgánicas, las piezas textiles artesanales y un paramento expositivo donde las tarrinas del producto se disponen en una retícula que evoca un mosaico gráfico como si del mismísimo David de Miguel Ángel se tratara. Esta composición traslada la identidad visual del tiramisú al plano arquitectónico mediante un sistema de repetición modular.
El mobiliario y diversos detalles constructivos han sido diseñados específicamente para este proyecto por el equipo de Carmelo Zappulla y producidos mediante impresión 3D por LaMáquina, lo que refuerza la coherencia material del conjunto. La tecnología digital no se limita a un elemento puntual, sino que participa en la definición formal y constructiva del interior.
La tienda incorpora una sala posterior separada del espacio principal mediante una cortina, planteada como ámbito más reservado y polivalente destinado a encuentros profesionales y eventos.
Pero no solo lo que salta a la vista en este espacio es remarcable, también hay zonas ‘ocultas’ que tiene su propia personalidad. Hablamos del baño, una de las zonas más instagrameables de Valentina e Pasqualina que introduce un pequeño contraste cromático respecto al conjunto del diseño general.
De este modo, sobre un ‘lienzo’ en blanco se integran puntos negros que rompen con la monocromía general, haciendo, a su vez, un homenaje a la artista japonesa Yayoi Kusama.
El resultado es un establecimiento donde conviven procesos de fabricación digital y técnicas artesanales, articulados en un entorno comercial que traslada la identidad de la marca al espacio construido para tender un puente entre Italia y Barcelona con el tiramisú como hilo conductor.








































































