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La reducción de la demanda energética en edificios residenciales es una prioridad en políticas públicas

Seis riesgos invisibles de las viviendas energéticamente ineficientes

Redacción Interempresas30/09/2025

Sto Ibérica destaca que la mejora del aislamiento térmico en edificios residenciales es una prioridad clave en las políticas nacionales y europeas enfocadas en la descarbonización y la eficiencia energética. Sin embargo, solo un 9 % de la población española ha realizado mejoras en el aislamiento de su vivienda en los últimos seis meses, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Minerales Aislantes (AFELMA). Más allá de los impactos económicos y ambientales, la falta de un aislamiento adecuado conlleva riesgos menos visibles que afectan el confort, la salud de los ocupantes y la durabilidad de los edificios, identificados por la compañía, como los principales costes asociados a la ineficiencia energética en viviendas.

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La ineficiencia energética en los hogares constituye uno de los principales enfoques de las políticas nacionales y europeas orientadas a la descarbonización y mitigación del cambio climático. De acuerdo con datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el consumo energético de las viviendas en España representa más del 20 % del total nacional, posicionando este sector como una prioridad en las estrategias de rehabilitación energética. Dentro de las diferentes intervenciones disponibles, el aislamiento térmico se ha consolidado como la medida más relevante, debido tanto a su efecto en la reducción de emisiones de gases contaminantes como a su capacidad para generar ahorros directos en el consumo energético de los hogares.

No obstante, el valor del aislamiento trasciende los aspectos económicos y medioambientales. La falta de aislamiento adecuado conlleva una serie de efectos que, aunque menos evidentes inicialmente, impactan en el confort y la salud de los ocupantes, así como en la durabilidad de las edificaciones. Según datos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Materiales Aislantes, únicamente un 9 % de los españoles ha realizado mejoras en el aislamiento de su vivienda en los últimos seis meses para reducir el consumo energético, frente a una media del 14 % en Europa. Esta situación evidencia que muchas de las consecuencias derivadas de la ineficiencia energética continúan siendo poco perceptibles..

Con el objetivo de evidenciar estos efectos, los especialistas de Sto Ibérica, empresa dedicada al desarrollo y suministro de soluciones constructivas, han identificado los principales costes invisibles asociados a la habitabilidad en viviendas con ineficiencia energética.

Principales costes asociados a la habitabilidad en viviendas con ineficiencia energética

  • Pérdida de hasta un 30% de energía:

De acuerdo con la Asociación Española de Fabricantes de Lanas Minerales, las viviendas con aislamiento insuficiente pueden experimentar pérdidas de hasta un 30 % de la energía a través de techos, paredes y suelos. En la práctica, esto implica que, a pesar del correcto funcionamiento de sistemas de calefacción o aire acondicionado, una gran parte del calor en invierno o del frescor en verano se pierde hacia el exterior sin ser aprovechada. Esta situación conlleva un consumo energético significativamente mayor al necesario y un aumento del impacto ambiental asociado.

  • Sobrecoste económico a largo plazo:

En coherencia con lo anterior, en una vivienda de 90 m² la ausencia de un aislamiento adecuado puede ocasionar un gasto adicional superior a 500 €, lo que equivaldría a más de 15.000 € durante un período de 30 años. Se trata de un coste invisible que se acumula progresivamente y, aunque a menudo pasa desapercibido, representa una carga real y sostenida para la economía doméstica.

  • Mayor riesgo de caer en pobreza energética:

Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, aproximadamente el 58 % de los edificios fueron construidos sin cumplir normativa alguna de eficiencia energética. Esta deficiencia tiene consecuencias directas: el Informe sobre el Estado de la Unión de la Energía 2024 señala que hasta un 20,8 % de los hogares españoles no pudieron mantener una temperatura adecuada en sus viviendas durante el pasado invierno, cifra que duplica el promedio europeo, situado en 10,6 %. En estas circunstancias, las familias destinan una proporción creciente de sus ingresos al consumo energético, lo que reduce su capacidad para cubrir otros gastos esenciales y aumenta el riesgo de vulnerabilidad económica, especialmente en los hogares con menores recursos.

  • Pérdida de valor del inmueble en el mercado:

Según el estudio '¿Influye la eficiencia energética en el precio del inmueble?' del Banco de España, las propiedades con calificación energética A o B se venden de media hasta un 9,7% más caras que aquellas con F o G. No obstante, aunque las viviendas menos eficientes puedan tener un precio inicial más bajo, pierden competitividad en el mercado, ya que suelen tardar más en venderse o alquilarse, e incluso pueden quedar fuera de la comparativa frente a otras propiedades mejor valoradas. Una situación que podría deberse a que los compradores actuales, conscientes de los beneficios que aporta en ahorro de costes, confort y sostenibilidad ambiental, valoran cada vez más la eficiencia energética.

  • Bienestar y calidad de vida, otro de los grandes afectados:

La ausencia de aislamiento y ventilación adecuados puede favorecer la acumulación de humedad y la aparición de moho, así como provocar fluctuaciones térmicas en el interior de la vivienda. Estas condiciones pueden afectar la salud y el bienestar de los ocupantes, generando síntomas como sensación de frío o calor, fatiga y un sueño menos reparador, además de incrementar el riesgo de desarrollar trastornos psicológicos como ansiedad o depresión.

  • Deterioro estructural y mayores costes de mantenimiento:

Además del gasto directo en calefacción o aire acondicionado, se añade el impacto en la conservación estructural del edificio. La exposición constante a variaciones térmicas y humedad incrementa el riesgo de fisuras, condensaciones y deterioro de los materiales, lo que a medio y largo plazo puede derivar en reparaciones costosas. Para abordar esta problemática, la implementación de sistemas de aislamiento térmico exterior (SATE o fachadas ventiladas) representa una inversión estratégica que reduce el consumo energético desde el primer momento, protege la vivienda y minimiza los costes futuros asociados al mantenimiento.

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