Calidad del aire en quirófanos: ¿Qué nos enseñan las 762 evaluaciones realizadas en los últimos cinco años?
Por Paulino Pastor, director general de Ambisalud
26/10/2026
En gestión hospitalaria, garantizar la pureza del aire en los quirófanos es prioritario para la seguridad del paciente. Las infecciones de sitio quirúrgico y las de origen fúngico son causa de complicaciones hospitalarias, especialmente si afectan a pacientes inmunodeprimidos. En estos entornos de alto riesgo, la prevención está íntimamente ligada al correcto funcionamiento de los sistemas de ventilación y, de manera muy especial, a la efectividad de la filtración.
Con el propósito de evaluar el estado real de estas infraestructuras en nuestro país, hemos recopilado un amplio mapa documental que abarca la muestra específica de 762 quirófanos. La diversidad de la muestra —que incluye desde pequeños centros comarcales hasta grandes complejos hospitalarios con más de 40 quirófanos— nos aporta una perspectiva sumamente representativa. A través de más de 17.000 lecturas de partículas y cerca de 3.000 placas de microbiología procesadas en nuestro laboratorio acreditado por ENAC, los datos nos ofrecen conclusiones de gran interés para optimizar los programas de mantenimiento preventivo y la validación de los sistemas HVAC.
Una fotografía positiva, pero con enorme dispersión en los valores de partículas
La primera gran conclusión que extraemos de estos datos es francamente favorable: la calidad microbiológica general de nuestros quirófanos es buena. En la gran mayoría de las salas evaluadas el recuento de hongos ambientales es completamente nulo y casi la mitad de ellas ni siquiera registra la presencia de bacterias aerobias. No obstante, el riesgo no ha desaparecido por completo: aislamos hongos patógenos específicos —como Aspergillus, Mucor, Rhizopus o Scedosporium— en un 2,6% de las estancias. Es un porcentaje afortunadamente muy bajo, pero relevante si pensamos en el tipo de paciente que pasa por quirófano.
El análisis desveló, asimismo, una llamativa dispersión en los niveles de partículas de 0,5 µm. Mientras que el valor típico (la mediana) se sitúa en 1.885 partículas por metro cúbico, el promedio general se dispara por encima de las 67.000. ¿A qué se debe este desfase? La explicación técnica es sencilla: un pequeño grupo de quirófanos presentaba fallos graves de filtración, tales como roturas o mala colocación de los filtros HEPA. Lo positivo es que, una vez detectadas estas anomalías, se corrigieron con total rapidez. Esto nos demuestra que en la gestión técnica de centros sanitarios no podemos guiarnos por promedios estadísticos generales, ya que pueden enmascarar fallos locales que exigen una evaluación individualizada.
Las partículas de 0,5 µm como vector de alerta temprana
El hallazgo más llamativo de nuestro estudio reside en la estrecha correlación entre la concentración de partículas finas de 0,5 µm y la presencia de hongos en el aire. Al ordenar los quirófanos por sus niveles de partículas, descubrimos que en el 10% de las salas más cargadas (por encima de unas 26.000 partículas/m³) se concentraba el 75% de todos los positivos por hongos detectados. Por el contrario, en el 90% restante de la muestra, la presencia fúngica se desploma hasta apenas un 1,3%.
Incluso descontando las variables específicas de cada hospital, el riesgo de localizar hongos en estas salas más “cargadas” es 21 veces mayor. Para la gestión hospitalaria, la lectura práctica es directa: el contador de partículas es una herramienta sencilla, rápida y económica para la alerta temprana del riesgo biológico. Mientras los filtros de alta eficiencia HEPA mantengan su integridad estructural y los caudales permanezcan estables, la seguridad del aire está garantizada de forma continuada.
Lo que no se mide, no se controla
El estudio analiza también otros parámetros, como las renovaciones de aire, la humedad relativa, la presión diferencial y los filtros. Los datos confirman que mantener más de 17 renovaciones por hora reduce los positivos microbiológicos del 2,3% al 0,3% en salas con partículas normales; sin embargo, en estancias con alta carga de partículas finas, incrementar la renovación no soluciona el problema. Además, los quirófanos en los que no se había medido la presión o no se había solicitado el test de filtros eran precisamente los que presentaban más partículas y la mayoría de los casos de hongos (30 de 40), demostrando que la clave pasa por la calidad del aire insuflado y que lo que no se mide, no se controla.
Esta realidad cobra un significado especial bajo la estricta normativa UNE 171340:2020. Hemos comparado las mismas mediciones frente al criterio clásico del INSALUD y la norma vigente prácticamente duplica las no conformidades técnicas: los incumplimientos en presión diferencial saltan del 25,4% al 56,4% y las tasas de renovación no aptas pasan del 37,3% al 66,8%. Nuestra conclusión es que, aunque la norma saca a la luz carencias de caudal y equilibrado de presiones en una parte de las instalaciones, la filtración HEPA compensa en gran medida estas deficiencias, lo que evita una foto global negativa.
Mi conclusión, o más bien mi reflexión final, sobre todos estos aspectos analizados es que disponer de tecnologías e instalaciones sofisticadas carece de sentido si posteriormente no se asegura el correcto mantenimiento técnico y la validación sistemática de los sistemas. Mantenimiento y Medicina Preventiva deben trabajar, por tanto, de forma coordinada para asegurar que el quirófano cumplirá correctamente su función.





























































































