OPINIÓN

¿Y si habláramos de ‘hospitality' como valor arquitectónico y no como sector?

Miquel Àngel Julià Hierro, MAJH Concept Architect. Vicepresidente Retail Design Institute Spain Curator The Next y Director Miradas Transversales Asesor en Innovación en la Junta de la demarcación de Barcelona COAC24/09/2025
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Cuando hablamos de hospitality’, principalmente, nos referimos al sector hotelero. En la industria de la dirección hotelera y en el sector del turismo el término de ‘hospitality’ u hospitalidad se suele definir como los actos de amabilidad que se demuestran hacia los clientes, viajeros, turistas o huéspedes.

¿Y si habláramos de ‘hospitality’ como valor arquitectónico? Cierto es que la ciudad se genera a través de la suma de edificios, pero estos se articulan a través de una red de conexiones. Calles, plazas son un entramado de espacios exteriores que no tan solo busca la circulación de ciudadanos a través de ellas, sino la relación entre ellos. A su vez, no solo en las calles, sino en el interior de las plantas bajas, sean estas de carácter público o privado, es donde se realizan transacciones económicas. Tiendas, bares, restaurantes, hoteles, espacios coworking y un sin fin de actividades económicas se traducen en espacios de relación donde la hospitalidad es clave.

Debemos entender los espacios creados a través de la arquitectura como espacios de relación y refugio. En este sentido, tenemos mucho que aprender del sector Horeca y trasladarlo al resto de sectores y tipologías edificatorias. Y en muchas ocasiones, esas plantas bajas, que entendemos como extensión de la calle, se culminan en espacios en las cubiertas de los edificios. En este sentido, los rooftops hoteleros son los que permiten esta mirada más global de la ciudad vinculando, como no, el ocio al negocio.

También podemos identificar la identidad de una ciudad a través de sus calles y edificios. La arquitectura y el interiorismo de los espacios de relación son la cara visible al mundo. Los edificios emblemáticos, principalmente los de altura, son hitos que vemos en la lejanía e identificamos como marcas de identidad de la ciudad. Porque esta hospitalidad también se traduce en comunicación y relato. De este modo la Torre Eiffel es París, el Empire State es Nueva York o la Torre Agbar (ahora Torre Glòries) es Barcelona. En todos estos casos, incluso la edificación transgrede el uso para la que fue diseñada, desde bloques de oficinas, hoteles o viviendas, para convertirse en iconos que, más allá de representar la ciudad en la que se sitúan, también la explican. En esto consiste el futuro de la construcción de torres: edificios que interpelan al visitante y que sirven para explicar una historia y unos valores. Lo que hace que una torre sea un emblema son tanto sus atributos arquitectónicos como su diálogo, el cómo impacta en el entorno urbanístico. Es indisociable la torre de su contexto urbano, si este desaparece, la torre no tiene sentido.

De este modo, por ejemplo, la Torre Glòries, que este año cumple 20 años, es el mascarón de proa de un ecosistema de empresas emergentes en el barrio del 22@ de Barcelona. La estética de la torre acaba atrayendo a este tipo de habitantes que no solo busca trabajar, también quiere vivir. Durante el festival Llum BCN es más que evidente esta función de hospitalidad que tiene la torre. El edificio no solo es observable desde su exterior, sino que su interior se vuelca a relatar la ciudad, culminando su explicación en la planta Mirador con unas vistas 360 grados de la ciudad y con la posibilidad de transitar en el interior de una escultura: ‘Cloud Cities Barcelona’. Esta es una obra interactiva del artista argentino Tomás Saraceno. Está suspendida en la cúpula del mirador, a más de 130 metros de altura, y consiste en una telaraña de cables y nodos que crean una experiencia inmersiva y transitable.

En esta línea, este 2025, la feria interihotel nos brinda una nueva iniciativa, el denominado interi-off, una agenda off-site de diseño de interiores que recorre la ciudad a la vez que interihotel. Seguro que esta hospitalidad traducida en comunicación y relato de identidad se culmina con visitas y rutas a la ciudad de Barcelona.

La sostenibilidad, la hospitalidad y la tecnología son los objetivos a alcanzar a través de la buena arquitectura. La hospitalidad se basa en crear espacios dirigidos a los usuarios del edificio, ya sean clientes o trabajadores y que sean de utilidad para la ciudad. Si tienes un edificio icónico con estas características la ciudad gana un espacio atractivo y el propietario gana un buen emplazamiento para su marca. Por ello, las torres de oficinas son cada vez más accesibles para la ciudadanía y responsables con su entorno. Se conceptualizan como edificios que interpelan al visitante y contribuyen a explicar la ciudad. Un buen ejemplo de este modo de actuar es la nueva sede en Nueva York de JPMorgan Chase, un rascacielos en construcción ubicado en 270 Park Avenue en Manhattan conceptualizado y diseñado por Foster + Partners. El edificio, que está en su fase final y ha sido un proyecto polémico, tendrá 70 pisos y una altura de 423 metros, convirtiéndose en uno de los edificios más altos de Nueva York y en la nueva sede central de JP Morgan Chase. Su mayor innovación es ser la primera torre totalmente eléctrica y con cero emisiones netas aprovechando al máximo la luz natural y usando materiales biofílicos. Esta estructura compartiría con la Torre Glòries un especial cuidado por la hospitalidad, el concepto que es tendencia entre las nuevas edificaciones. Esto lo consigue convirtiendo parte de su parcela en una plaza pública exterior con espacios verdes. El edificio JPMorgan Chase se ha reconstruido sobre sus ruinas y espera ser totalmente operativo en 2026. El objetivo del edificio es transformar completamente el entorno urbano al brindar a las avenidas Park y Madison 2,5 veces más espacio exterior a nivel del suelo. Esto implica amplias pasarelas y una espaciosa plaza pública en Madison Avenue con vegetación natural y servicios para los residentes del vecindario, trabajadores e invitados regulares. Según el propio Norman Foster, “el edificio es una gran inversión en la ciudad, el banco y el bienestar de las 14.000 personas que lo ocuparán. Hace más con menos: más espacio público, aire fresco, luz y vistas, y menos carbono a través de energía eléctrica y energía verde”.

Pero hablando de hospitalidad, e intentando ir más allá de este trato cercano entre ciudad-edificio-ciudadano-visitante, sería interesante reinterpretar la hospitalidad en el mundo gastronómico de la que nos habla Will Guidara en la publicación ‘Hospitalidad Irracional’. Su relato, además de inspirar a la serie televisiva ‘The Bear’, trata sobre el concepto de ofrecer un servicio de hospitalidad excepcional y extraordinario, yendo mucho más allá de lo esperado para crear experiencias memorables e inolvidables para las personas. A través de su experiencia en el restaurante Eleven Madison Park, Guidara nos explica cómo la hospitalidad debe ser una filosofía central en cualquier negocio, enfocada en la conexión humana, el equipo y el compromiso, con el fin de transformar interacciones ordinarias en momentos mágicos. ¿Lo aplicamos a la arquitectura?

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