¿Podemos recuperar el valor de los oficios en la arquitectura contemporánea?
El cortometraje ofrece un retrato de Ramón Guarda Parera, un maestro albañil de 82 años, reconvertido en youtuber para difundir sus conocimientos sobre las técnicas y los secretos de uno de los tesoros de la arquitectura catalana: la bóveda o ‘volta catalana’, una construcción artesanal capaz de soportar tanto peso como el hormigón armado actual, realizada únicamente con ladrillos y argamasa. Una aventura quijotesca con la que busca asegurar la continuidad de esta técnica y que ya reúne a más de 170.000 suscriptores en su canal de YouTube.
El cortometraje sigue la creación de una inédita bóveda catalana, inspirada en la querida tortuga de Ramón, con la que mantiene viva esta tradición artesanal y la eleva a una nueva dimensión. La proyección abrió un debate sobre la importancia de mantener vivos los oficios y los materiales tradicionales, por su relevancia como patrimonio cultural y por su potencial como estrategia para impulsar un cambio de modelo en la edificación en el contexto actual de crisis climática.
Proyección del documental el Quijote de Alella en la Fundación Arquia, Madrid. © Jaime Erice.
En el debate participaron Matthias Müller Klug, arquitecto y uno de los directores del documental; Anna y Eugeni Bach, arquitectos y autores del proyecto Labor, expuesto en el Pabellón de España en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2025; y Julio Jesús Palomino Anguí, arquitecto y cofundador del Grupo Taller de Bóvedas, formado por arquitectos, ingenieros y constructores que desde 2011 compaginan su actividad profesional con la investigación y la difusión de la técnica de las bóvedas tabicadas.
Durante el debate, Matthias Müller compartió algunos detalles sobre la realización del documental. “Ramón es una persona muy inspiradora, que defiende que nunca dejas de aprender”, señaló. Como ejemplo, explicó cómo Ramón desarrolló una “bóveda tortugada”, una estructura inspirada en la forma de su tortuga que acabó dando lugar a una solución no prevista inicialmente. “Durante el cortometraje, Ramón muestra de manera muy natural los secretos del oficio; regala los trucos de la albañilería a todos aquellos que quieran conocerlos”, apuntó Müller, quien subrayó que, de esta forma, “en lugar de que todo dependa de corporaciones, la autonomía vuelve a la sociedad”. Una idea que también defendió Julio Jesús Palomino, quien rechazó referirse a los oficios como “tradicionales” por considerar que el término puede añadir una connotación negativa: “Lo revolucionario ahora no es recuperar los oficios, sino lograr que el esfuerzo se recompense”. En esta línea, reivindicó la capacidad transformadora del trabajo manual: “Somos capaces de hacer más cosas de las que creemos, pero hemos olvidado todo lo que podemos hacer con las manos”. Palomino reflexionó sobre cómo el trabajo manual permite recuperar una dimensión humana de la construcción: “Hemos perdido la capacidad de percibir cuánta energía hay en un monumento, en cada piedra que alguien puso ahí”.
Julio Jesús Palomino Anguí, a la izquierda, y Matthias Müller Klug. © Jaime Erice.
Por su parte, Anna y Eugeni Bach explicaron en qué consistió Labor, el proyecto que presentaron en el Pabellón de España en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2025. “Nos fascinaba cómo la civilización ha inventado herramientas para llegar donde las manos no pueden”, señalaron. La propuesta consistía en una mesa de tierra sobre la que dispusieron herramientas vinculadas a tres oficios desarrollados por empresas catalanas: la tierra compactada, con Fetdeterra; el gres, con Ceràmica Cumella; y la tierra cocida, con Rajoleria Quintana. A través de esta instalación, los arquitectos planteaban la tradición como una reserva de conocimiento, esencial para avanzar hacia el futuro: “Queríamos hablar de la tradición como una forma de guardar el saber y de transmitirlo a otras personas”, explicó Anna Bach. En este sentido, Eugeni señaló que “a lo largo de los años hemos cambiado la técnica, que es lo que hace Ramón con sus manos, por la tecnología, que está en poder de unos pocos”.
Frente a esa pérdida de autonomía, ambos defendieron la importancia de recuperar una relación más directa con los materiales, el esfuerzo y el aprendizaje manual. También reivindicaron el valor de la imperfección por su capacidad de adaptación, una idea que Eugeni Bach relacionó con La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine, para recordar la importancia de aquellos saberes que no ofrecen un rédito económico inmediato, pero resultan esenciales para construir una sociedad más humana. Anna recalcó la necesidad de “apretar los límites de las cosas” y abrir espacios para la experimentación, incluso cuando implique asumir riesgos. Eugeni Bach recurrió a la cita “todo lo que no es tradición es plagio”, atribuida a Ígor Stravinsky, para concluir que la innovación solo es posible cuando existe un conocimiento profundo de lo anterior: “Si no tienes conocimiento del pasado, no puedes innovar; simplemente copias lo que ya existe”.
El Quijote de Alella forma parte del ciclo de proyecciones de 2026 que Arquitectura en Corto organiza en Madrid y que está comisariado por su fundador, Andrea Sassi. El evento contó con el patrocinio de la Fundación Arquia, la marca de sistemas de carpintería de aluminio reciclado Technal y con el apoyo de Green Building Council España. El filme y la grabación del debate pueden verse en la página web de Arquitectura en Corto: https://arquitecturaencorto.com/evento-oficios-05-26-madrid/































































































