La ventana, reflejo de una nueva forma de habitar los edificios
ignacio Moya. Director de Prescripción de ALUVAL
21/04/2026
Con el tiempo, esa mirada cambió. Primero, por una razón técnica y normativa: la mejora de las exigencias energéticas fue obligando al sector a prestar más atención a la carpintería, al vidrio, a la permeabilidad al aire y a la reducción de pérdidas energéticas. Pero el cambio no se explica solo por la regulación. También responde a una transformación mucho más cotidiana: hoy las personas quieren vivir de otra manera.
Quieren más luz natural, más conexión con el exterior, espacios más abiertos, mejores vistas, silencio interior, temperaturas más estables y una casa que consuma menos. Ya no basta con que una ventana ‘quede bien’; se espera que aporte confort real, ayude a ahorrar energía y mejore la experiencia diaria de la vivienda. La ventana ha dejado de ser una pieza meramente funcional para convertirse en un elemento que condiciona cómo se habita el espacio.
Y ahí está, probablemente, la clave de su evolución. En 2026, la ventana ya no es un detalle secundario del proyecto arquitectónico. Es una decisión que afecta a la estética, sí, pero también al bienestar, al gasto energético y a la calidad percibida de la vivienda. Su tamaño, su materialidad, sus prestaciones y su manera de relacionar interior y exterior hablan tanto del edificio como de la forma de vida que propone.
En cierto modo, la evolución de las ventanas resume muy bien la evolución de la arquitectura residencial española: de una etapa marcada por la cantidad y la rapidez, a otra en la que importan mucho más la calidad, el confort y la manera en que queremos vivir nuestras casas.





























































































