La formación profesional en la ventana: una simbiosis entre aula y empresa
Una de ellas es la que desarrolla el Institut Escola del Treball de Barcelona, ubicado en la Escuela Industrial de Barcelona, que dentro de su Programa de Formación e Inserción (PFI-FIAP) ofrece el curso de Auxiliar en Carpintería Metálica y PVC.
Estos estudios están dirigidos a jóvenes de entre 18 y 21 años sin ocupación que no han obtenido el título de graduado en ESO. Su objetivo es facilitar el regreso al sistema educativo y proporcionar una formación básica que permita acceder al mercado laboral. El programa tiene una duración de 1.000 horas —equivalentes a un curso académico—, incluyendo 180 horas de prácticas en empresas.
El pasado 19 de febrero, en NOVOPERFIL e Interempresas Media tuvimos la oportunidad de asistir a una de las sesiones formativas del curso. La jornada contó con la participación de representantes de la industria: María Calleja, responsable de marketing de Aluminios Marton, y Xavier Hernández, CEO de Cristaltec.
Ambos explicaron a los alumnos cuáles son las necesidades reales de los talleres y fábricas de ventanas, los procesos que intervienen en su fabricación e instalación, el papel que se espera de los trabajadores en este ámbito y las oportunidades que ofrece el sector para consolidar una trayectoria profesional.
Nuestra presencia en la sesión tenía un objetivo claro: comprobar de primera mano cuál es el estado real de la formación profesional en el sector de la ventana, escuchar las demandas de los docentes, las carencias de los alumnos y las necesidades del mundo empresarial.
La sesión se desarrolló con un enfoque muy práctico. Se habló de ejecución real, de errores habituales y de cómo funciona un taller en el día a día, alejándose de teorías abstractas o discursos grandilocuentes.
Establecer puentes entre formación y empresa
Las empresas del sector coinciden en un diagnóstico: existe una demanda real de profesionales. Son muchos los talleres y fábricas que se dirigen a los centros de formación solicitando personal cualificado disponible.
Sin embargo, el proceso de generación de ese talento presenta un punto crítico. Es necesario reforzar los puentes entre empresa y formación, ya que la evolución del mercado es constante. Surgen nuevos sistemas y soluciones técnicas, impulsadas en gran medida por las exigencias normativas en materia de eficiencia energética y aislamiento térmico.
Los tiempos del aula no siempre avanzan al mismo ritmo que la realidad productiva. Por ello, resulta imprescindible una comunicación más fluida y una cooperación más estrecha entre empresas y centros de formación profesional.
Los alumnos del curso de Auxiliar de Carpintería Metálica y PVC del Programa de Formación e Inserción de la Escola del Treball de Barcelona atienden la sesión formativa a cargo de Aluminios Marton y Cristaltec.
Interpretar planos: una carencia recurrente
Guiados por Jordi Ureta -profesor del curso PFI-FIAP de Auxiliar en Carpintería de Aluminio y PVC del Institut Escola del Treball de Barcelona-, María Calleja y Xavier Hernández explicaron a los estudiantes cómo se organiza el trabajo en la fabricación de ventanas.
Una de las principales carencias que detectan los profesionales cuando los jóvenes se incorporan al entorno laboral es la dificultad para interpretar planos. No se trata simplemente de identificar una ventana o una puerta —algo relativamente sencillo—, sino de comprender la carpintería en su conjunto: todos los elementos que la componen —herrajes, escuadras, sistemas— y la lógica constructiva que hay detrás de cada solución.
Es cierto que muchas operaciones están hoy automatizadas gracias a tronzadoras de doble cabezal, software de optimización o centros de mecanizado. Pero la automatización no sustituye el conocimiento técnico.
“Pulsar un botón no sustituye la comprensión técnica”, explicó la representante de Aluminios Marton. La idea se repitió durante toda la sesión y quedó sintetizada en un principio claro: “industrializar no significa deshumanizar el oficio”.
Durante la jornada surgió incluso un concepto que resume bien esta evolución: la “revolución artesanal”. La creciente industrialización de los procesos de fabricación de ventanas responde en parte a la falta de personal cualificado, pero la ejecución final continúa dependiendo del conocimiento del oficio.
“En obra quien resuelve es la persona: soldar una estructura cuando el soporte no responde, ajustar un remate para evitar un cordón excesivo de silicona o afrontar una rehabilitación con criterio técnico. La máquina optimiza, pero el profesional decide. Y ahí está el valor”, afirmó Hernández.
Actitud y cultura de trabajo
Más allá de los conocimientos técnicos adquiridos en el aula, la actitud también juega un papel determinante cuando un joven se incorpora a una empresa.
El mensaje trasladado por los representantes del sector fue claro: la predisposición y la cultura de trabajo cuentan tanto como la formación técnica.
Esa actitud se demuestra mediante principios básicos de respeto al entorno laboral: puntualidad, uso correcto de los equipos de protección individual (EPIs), orden en el puesto de trabajo y atención al detalle en cada tarea.
Aunque puedan parecer aspectos elementales, no siempre se cumplen. Tanto desde Aluminios Marton como desde Cristaltec insistieron en que, en un mercado cada vez más competitivo, la percepción del cliente resulta fundamental.
“Un profesional excelente no solo ejecuta bien su trabajo; transmite confianza desde que baja de la furgoneta”, señaló la directora de marketing de Aluminios Marton.
Falta de recursos en la formación profesional
Las demandas del mundo empresarial no siempre encuentran una respuesta ágil en el sistema formativo. La falta de recursos y de impulso institucional hacia la formación profesional es un problema arrastrado desde hace años.
Durante décadas, la opinión pública ha tendido a priorizar los estudios universitarios frente a la formación técnica. El resultado es una carencia creciente de profesionales cualificados en numerosos sectores productivos, entre ellos el de la ventana y el cerramiento.
Jordi Ureta, profesor del curso, realiza un diagnóstico honesto de la situación: “El presupuesto destinado a la formación profesional limita el alcance formativo. Se enseña lo esencial para que el alumno pueda acceder a realizar prácticas en las empresas y continuar allí su aprendizaje. Donde más se aprende es en el taller”.
Al mismo tiempo, desde el ámbito docente se reclama una mayor implicación por parte de las empresas: “Necesitamos que más compañías como Aluminios Marton y Cristaltec participen en estos ciclos educativos, aportando formación complementaria y recursos. En Cataluña este tipo de formación es limitada, mientras que el mercado reclama perfiles técnicos preparados. Encontrar el equilibrio no es sencillo”.
Del aprendizaje a la especialización
Xavier Hernández, CEO de Cristaltec, representa bien el recorrido habitual de muchos profesionales del sector: empezar joven, compaginar trabajo y estudios y aprender directamente en obra.
Durante su intervención quiso desmontar una idea extendida entre algunos jóvenes: “No es cierto que sea un trabajo mal pagado. El sector necesita personal cualificado y, cuando lo encuentra, lo remunera de acuerdo con la responsabilidad técnica que implica”. Por eso insistió en una idea clave: “no basta con apretar botones; hay que saber qué se está cortando y mecanizando”.
Para ilustrarlo, mostró a los alumnos diversos vídeos de trabajo en taller y de instalación en obra: corte en tronzadora de doble cabezal, verificación de desagües, colocación de ventanas con rotura de puente térmico, sellado en rehabilitación, instalación de celosías o soldadura estructural cuando la obra lo requiere.
El mensaje era claro: especializarse tanto en taller como en obra multiplica el valor profesional.
Las impresiones de los alumnos
Los estudiantes que asistieron a la sesión pudieron hacerse una idea bastante precisa de lo que implica el paso del aula al entorno laboral, algo que afrontarán durante el curso cuando comiencen sus prácticas.
Dylan reconocía que “el primer día en el taller estaré nervioso. Exigirá un periodo de adaptación, seguir las normas y empezar un aprendizaje real. Valoro mucho la formación que recibimos en el centro. Cuanto mayor sea la preparación, mayores serán las oportunidades laborales”.
Badar, otro de los alumnos, destacaba “la diferencia entre el aula y la realidad. Trabajar será duro, pero la experiencia será clave para nuestra formación y para entrar en el mundo laboral”.
Demanda real, pero exigente
La jornada concluyó con un mensaje claro por parte de Aluminios Marton y Cristaltec: existen salidas laborales en el sector.
La demanda está ahí, pero exige preparación y una actitud adecuada.
“No se trata de romantizar el oficio, sino de profesionalizarlo. Construir no es solo fabricar una ventana. Es intervenir en un hogar y ejecutar con precisión técnica algo que influye directamente en el confort, la eficiencia energética y la durabilidad”, concluyó María Calleja.
Después de escuchar a empresa, docentes y alumnos, pueden extraerse algunas conclusiones claras:
- Existe una brecha entre la velocidad a la que evoluciona el mercado y los recursos disponibles en la formación.
- El sector necesita implicarse de forma más directa en la formación de nuevos profesionales.
- La automatización no elimina el oficio; lo hace más exigente.
- Hay jóvenes dispuestos a trabajar.
- Los talleres necesitan personal cualificado.
Esta experiencia demuestra que el puente entre formación y empresa existe, pero necesita consolidarse. Y eso no se logra con discursos ni con declaraciones de intenciones, sino con continuidad.
Este reportaje confirma que el mejor análisis de los retos formativos del sector se realiza desde dentro: donde todo comienza, el aula, y donde todo se consolida, el taller.

























































































