Daniel Mencia en el recuerdo: el amigo, el “jefe”
Hay noticias que uno nunca quisiera recibir, y la que llegó de su hijo Danel estas Navidades es una de ellas: el fallecimiento de su padre, Daniel. A sus 81 años, no solo se iba una figura clave del sector o el alma de los 60 años de Procomsa. Se marchaba un hombre de merecida reputación cuya huella, personal y profesional, influyó notablemente en mi camino por este sector.
Quizás porque sus inicios, salvando la experiencia y unos cuantos años, me resultaron siempre parecidos. Él relataba con orgullo cómo empezó con un Renault 12 cargado de herrajes recorriendo los talleres de la geografía española, y este que hoy le recuerda empezó de forma similar: con un Renault -en mi caso el 11-, dando vueltas por el país para presentar y vender las páginas de Novoperfil.
Conocí a Daniel en 1989, cuando la revista era apenas un proyecto recién nacido. Creyó en nosotros desde el minuto uno, apostando con firmeza por esta publicación año tras año y convirtiéndose en nuestro compañero de viaje durante más de tres décadas. Estuvo ahí siempre: primero al frente de la compañía y, después, desde esa sabia retaguardia que mantuvo tras el relevo generacional.
Sin embargo, mi recuerdo más valioso no reside en las cifras, sino en las distancias cortas. Guardo con especial aprecio las muchas horas que pasamos negociando los planes de comunicación de Procomsa. Eran reuniones que, inevitablemente, dejaban a un lado los herrajes y los números para abrir paso a las personas. Ya fuera en su despacho o alrededor de una buena mesa, la gestión comercial siempre derivaba en una charla compartida sobre aficiones y vivencias.
Era en esos momentos cuando el gran empresario daba paso al hombre espontáneo y cercano que sabía que la vida se disfruta en los detalles.
Me hablaba con el mismo entusiasmo de la elaboración de su propio clarete que de su debilidad por las antigüedades, la buena mesa, los viajes y, cómo no, de la familia. Pero recuerdo con especial nostalgia su entusiasmo cuando, allá por el 92, me lanzó una idea: llevar a cabo un Camino de Santiago 'especial' (que no irreverente) durante el Año Santo del 93.
El plan era cautivador: una semana de peregrinación en moto, saludar en el trayecto a empresas amigas, compartir mesa con sus responsables y encontrar un buen descanso al final de cada tramo. Así, entre kilómetros y etapas, nació lo que hoy todo el sector conoce como la Ruta del Cerramiento. Por eso, y con todo el derecho, Daniel siempre será recordado como el 'padre de la Ruta'.
Daniel nos deja un vacío inmenso, pero nos queda su ejemplo. Los que seguimos aquí intentaremos honrar su memoria manteniendo vivos sus valores: ese orgullo por el trabajo bien hecho y la capacidad de aprovechar cada momento vital.
Gracias, Daniel, por las enseñanzas, por tu fe ciega en Novoperfil desde el principio y por tantos brindis compartidos, ya fuera por trabajo o por el puro placer de vivir.
¡Tu legado seguirá abriendo ventanas!















































