La calidad del agua entra en una nueva fase: más datos, más complejidad y un nuevo modelo operativo
Javier Figueras, VP de Industrial Automation para España y Portugal en Schneider Electric
30/06/2026En Schneider Electric vemos este nuevo contexto regulatorio como una evolución del modelo operativo del sector. No basta con ampliar los parámetros de control o aumentar la frecuencia de los análisis. La clave está en integrar la información, interpretarla correctamente y, sobre todo, convertirla en decisiones operativas.
Javier Figueras es el vicepresidente de Industrial Automation para España y Portugal en Schneider Electric.
Del control puntual a la monitorización continua del agua
Durante años, el control de la calidad del agua se ha apoyado en mediciones puntuales y revisiones periódicas. El nuevo enfoque impulsa un modelo basado en la monitorización continua y el análisis en tiempo real, en línea con un marco regulatorio cada vez más exigente. En términos operativos, esto implica pasar de un control basado en campañas de muestreo a una supervisión constante de la red, donde cualquier desviación debe detectarse y gestionarse de forma casi inmediata.
Uno de los cambios más relevantes es la ampliación de las sustancias a controlar, incluyendo PFAS, productos farmacéuticos y bisfenoles, junto con la consideración de efectos combinados. Esto incrementa de forma significativa la complejidad del control de la calidad del agua, especialmente en redes e instalaciones con múltiples variables operativas.
En paralelo, la adopción de sistemas de monitorización continua, sensores in situ y herramientas de análisis avanzado permite operar con mayor anticipación. En una red de abastecimiento, por ejemplo, la detección temprana de una fuga o de una alteración en la calidad del agua puede evitar que una incidencia puntual derive en un problema de mayor alcance, reduciendo tiempos de respuesta y mejorando la continuidad del servicio.
Del dato a la operación: integrar, anticipar y decidir
El dato es clave en esta evolución. El nuevo marco exige no solo más información, sino también mayor trazabilidad y capacidad de reporte, lo que obliga a repensar cómo se capturan, integran y gestionan los datos a lo largo del ciclo del agua.
Nuestra experiencia en Schneider Electric confirma que muchas utilities e industrias ya disponen de información en campo, pero aún tienen margen para mejorar su capacidad de integrarla y explotarla de forma eficiente. El reto está en pasar de observar lo que ocurre a entender por qué ocurre y actuar en consecuencia, especialmente en entornos donde la rapidez de respuesta es crítica.
En este punto, la combinación de automatización, sistemas de control y plataformas digitales permite avanzar hacia modelos más conectados y eficientes. En la práctica, este enfoque se apoya en arquitecturas abiertas como EcoStruxure™, nuestra plataforma para la gestión digital de la energía y los procesos, que permite conectar datos de campo, supervisión en tiempo real y analítica avanzada en una única capa de gestión, facilitando una operación más predictiva, eficiente y alineada con los nuevos requisitos regulatorios.
El control en origen redefine la gestión del agua
Además del refuerzo en la monitorización y el dato, el nuevo marco desplaza el foco hacia el control en origen. Ya no se trata solo de tratar el agua al final del proceso, sino de actuar directamente sobre los procesos y los puntos donde se genera la contaminación, lo que exige una mayor visibilidad sobre las operaciones y un control más preciso de los vertidos.
En entornos industriales, por ejemplo, la monitorización continua permite detectar desviaciones antes de superar los límites normativos, reduciendo riesgos operativos y regulatorios y evitando ajustes correctivos de última hora. En este mismo contexto, nuestra experiencia en Schneider Electric confirma que la integración entre operación y dato es ya un elemento clave para mejorar la trazabilidad y la eficiencia.
A este escenario se suma una dimensión económica creciente. La posible evolución hacia modelos de Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) apunta a un reparto distinto de los costes del control ambiental, reforzando el principio de prevención y eficiencia desde el origen. Al mismo tiempo, muchas infraestructuras actuales no están preparadas para este nivel de exigencia, lo que acelera la necesidad de modernización.
Este nuevo marco no solo eleva el nivel de exigencia, también redefine cómo se opera. La capacidad de anticipar, integrar información y actuar con rapidez deja de ser una ventaja competitiva y pasa a ser una condición necesaria para garantizar la resiliencia y la eficiencia en la gestión del agua.























