Cataluña muestra por qué la reutilización del agua es fundamental para garantizar un futuro hídrico sostenible
Joan Gómez, experto en tratamiento de agua, Kemira Ibérica
19/05/2026Cataluña ya está viviendo las consecuencias de este cambio. Entre 2021 y 2023, la región experimentó una de las sequías más severas de su historia. Los embalses cayeron a niveles críticos, se implementaron restricciones y las preocupaciones sobre la seguridad hídrica a largo plazo aumentaron. En contraste, el inicio de este año trajo períodos prolongados de lluvias intensas. Estos cambios rápidos entre sequía y lluvias torrenciales, conocidos comúnmente como “latigazo hidroclimáticos”, señalan una nueva realidad, con el cambio climático como principal culpable.
La preocupación pública refleja la magnitud de este problema. Según el Kemira Water Index, el 98% de los españoles están preocupados por los impactos relacionados con el clima en su región. Aproximadamente el 85% considera que es necesario tomar más medidas para prepararse ante sequías y escasez de agua, mientras que el 84% comparte la misma opinión respecto a las inundaciones.
Estas preocupaciones no son solo teorías. Los catalanes ya están viendo cómo los sistemas de agua se vuelven vulnerables cuando los patrones meteorológicos se desbordan. Si queremos adaptarnos y garantizar un suministro seguro y confiable para las generaciones futuras, debemos replantear nuestra manera de abordar la gestión del agua, con la reutilización como pieza central.
Por qué la reutilización es el camino a seguir en la gestión del agua
Los sistemas que han sostenido a las poblaciones e industrias durante décadas fueron diseñados en condiciones climáticas relativamente estables, donde las precipitaciones, los caudales de los ríos y la demanda seguían patrones predecibles. En ese momento, se construyó infraestructura para hacer frente a rangos esperados y variaciones estacionales. Hoy, esas suposiciones ya no son válidas.
Los períodos prolongados de sequía reducen el suministro de agua dulce, al tiempo que concentran los contaminantes en los ríos, embalses y aguas subterráneas. Contaminantes como microplásticos, PFAS, metales pesados y otros productos químicos y farmaceúticos se vuelven más difíciles de gestionar conforme los volúmenes de agua disminuyen. En contraste, las lluvias intensas pueden sobrepasar los sistemas de tratamiento, incrementando la escorrentía contaminada, introduciendo nuevos contaminantes y alterando el funcionamiento normal de las plantas. Los operadores de agua ahora deben gestionar extremos en ambos lados del espectro.
En un futuro caracterizado por una mayor incertidumbre, la resiliencia no puede depender únicamente de asegurar nuevas fuentes de agua dulce. También debemos hacer un mejor uso del agua que ya tenemos. La reutilización debe convertirse en una parte central de las estrategias modernas de tratamiento y gestión del agua. Reducir los residuos, recuperar el agua tratada y construir sistemas circulares de agua será esencial si regiones como Cataluña quieren mantener suministros confiables en las próximas décadas.
Sin embargo, escalar la reutilización no se reduce simplemente a reciclar más agua. Debe hacerse sin comprometer la calidad del agua ni los estándares ambientales. Cuando las aguas residuales tratadas se convierten en un componente importante del agua superficial o subterránea, asegurar su calidad pasa de ser una simple obligación regulatoria a un factor crítico para mantener el suministro y proteger el ecosistema circundante.
Esto genera nuevas demandas para los procesos de tratamiento. El agua debe ser tratada y desinfectada minuciosamente para asegurar que sea adecuada para su reutilización bajo una amplia gama de condiciones. La resiliencia hídrica necesita infraestructuras más robustas y un pensamiento integrado dentro del ciclo del agua para garantizar que los sistemas de tratamiento mantengan su rendimiento incluso en períodos de estrés ambiental.
Asegurando la calidad del agua: la clave para escalar la reutilización
Un desafío clave radica en la presencia de patógenos y microcontaminantes que permanecen en el agua no tratada, lo que resalta la importancia de una desinfección eficaz. Los métodos tradicionales de desinfección, como la cloración y el tratamiento ultravioleta, siguen siendo fundamentales, pero cada uno tiene sus limitaciones. Los procesos basados en cloro pueden generar subproductos halogenados que resultan perjudiciales para el medio ambiente, lo que supone una preocupación importante cuando el agua está destinada a la reutilización o se descarga en entornos sensibles.
Por otro lado, el tratamiento ultravioleta (UV) evita muchos de estos subproductos, pero requiere un gasto significativo de energía, especialmente a gran escala y bajo condiciones variables de calidad del agua. Además, la UV se ve limitada por su falta de flexibilidad para adaptarse a los niveles cambiantes del agua. Con las lámparas fijas en un solo lugar, los desbordes cuando ocurren lluvias intensas no son bien tratados.
Abordar este desafío requiere un enfoque más avanzado de desinfección. Cada vez más, la atención se está centrando en soluciones que puedan eliminar una amplia gama de contaminantes sin introducir nuevos riesgos. Un ejemplo es el uso de ácido perfórmico en la última etapa del tratamiento, aplicado a través de sistemas como KemConnect® DEX*. Este enfoque está diseñado para eliminar patógenos y microcontaminantes sin generar residuos dañinos, ya que la sustancia activa se descompone en agua y dióxido de carbono poco después de su uso. El sistema opera con un bajo consumo energético, en comparación con alternativas como la UV.
Tecnologías como éstas demuestran cómo la innovación puede apoyar la adopción generalizada de la reutilización del agua. Lo importante es que muestran que la reutilización no tiene que sacrificar los estándares ambientales ni la eficiencia operativa. Por el contrario, el tratamiento avanzado puede ayudar a las empresas de agua a mantener tanto la seguridad como la confiabilidad en condiciones cada vez más exigentes.
El sistema opera con un bajo consumo energético en comparación con otras alternativas.
Figueres y el río Muga: reutilización del agua en la práctica
Un ejemplo práctico de este enfoque ya se observa en Figueres, una ciudad de aproximadamente 50.000 habitantes, donde el río Muga desempeña un papel clave en el sistema hídrico local. El río no solo actúa como fuente de agua potable, sino que también recibe el efluente tratado de la planta de tratamiento de aguas residuales municipal operada por Fisersa.
En condiciones normales, este equilibrio es manejable. Sin embargo, durante los períodos de sequía severa, la composición del río varía considerablemente, con las aguas residuales tratadas representando una parte significativa del flujo total. En el punto más crítico de la reciente sequía, esta proporción superó el 70%. En Figueres, el agua reutilizada cumple varias funciones fundamentales. Ayuda a proporcionar agua para el riego agrícola, contribuye a la recarga de los acuíferos que abastecen de agua potable a las poblaciones ubicadas río abajo y mantiene el flujo ecológico dentro del propio río. Por lo tanto, garantizar la calidad del agua tratada es crucial no solo para el consumo humano, sino también para la protección del medio ambiente.
Para abordar esto, Fisersa, en colaboración con la Agencia Catalana del Agua, evaluó diferentes enfoques para reforzar las etapas finales del tratamiento de aguas residuales. El objetivo era asegurar que el agua devuelta al río Muga cumpliera consistentemente con los estándares necesarios para estos usos diversos, incluso bajo condiciones de estrés.
Como resultado, el proceso de tratamiento se mejoró para incluir una etapa avanzada de desinfección utilizando DEX, diseñada para mejorar la calidad del agua sin añadir complejidad ni dañar el medio ambiente.
Preparándose para un futuro hídrico estresado
Cataluña ofrece una visión anticipada del futuro que muchas regiones del mundo probablemente enfrentarán. Las sequías, las inundaciones y los patrones meteorológicos inestables ya no son fenómenos aislados, sino que se están convirtiendo en parte de un cambio más amplio hacia recursos hídricos cada vez más tensos e impredecibles. En este escenario, la resiliencia no dependerá solo de responder a las crisis conforme surjan, sino de construir sistemas capaces de reutilizar y proteger el agua de manera confiable a largo plazo.
El DEX de Kemira es una solución de desinfección que elimina microcontaminantes y patógenos dañinos, como E. coli, como último paso del proceso antes de que las aguas residuales tratadas se descarguen en el medio ambiente, en este caso, un río. Basada en ácido perfórmico, un biocida potente y galardonado, la solución no deja rastros en la naturaleza circundante, ya que se descompone de manera natural en agua y dióxido de carbono. Esto ofrece importantes beneficios ambientales en comparación con otras soluciones disponibles, como el cloro, en las que la formación de subproductos de desinfección es especialmente preocupante. KemConnect® DEX también utiliza poca energía, especialmente en comparación con el método de luz UV, que consume electricidad, ayudando a la planta de tratamiento de aguas residuales (WWTP) a conservar recursos y reducir los costos operativos.
Adaptarse a esta realidad requiere un enfoque más integrado de la gestión del agua. La inversión en procesos de tratamiento que aseguren una calidad del agua consistentemente alta y la adopción de tecnologías que equilibren el rendimiento con el impacto ambiental jugarán un papel importante. Sin embargo, lo más importante es que estas medidas se implementen como parte de una planificación a largo plazo, en lugar de simplemente reaccionar ante presiones momentáneas.
La buena noticia es que muchas de las herramientas, tecnologías y modelos operativos necesarios para esta transición ya existen. El desafío ahora radica en aplicarlos a gran escala y adaptar las estrategias de gestión del agua para reflejar las realidades de un clima cambiante.
A medida que regiones como Cataluña siguen adaptándose, no solo están afrontando las presiones locales inmediatas, sino que también están contribuyendo a definir un modelo práctico de cómo los sistemas de agua en todo el mundo pueden evolucionar para hacer frente a las demandas de un futuro más incierto. La reutilización del agua no resolverá todos los desafíos por sí sola, pero será uno de los pilares más fundamentales para lograr la resiliencia hídrica en los próximos años.
El DEX de Kemira es una solución de desinfección que elimina microcontaminantes y patógenos dañinos, como E. coli, como último paso del proceso antes de que las aguas residuales tratadas se descarguen en el medio ambiente.






















