La ciudad apuesta por la regeneración y la desalación para blindar el suministro futuro
Benidorm acelera su transición hídrica
El vector común de estas actuaciones es claro: incrementar la resiliencia del sistema frente a escenarios de menor disponibilidad de recursos convencionales —especialmente en la cuenca del Júcar— mediante soluciones no convencionales (reutilización y desalación), optimización energética de infraestructuras y nuevos esquemas de financiación.
Regeneración a escala urbana
El pilar más inmediato y de mayor impacto estructural es el Plan Director de Agua Regenerada presentado por el Ayuntamiento. Su objetivo —reducir en torno a un 15% los aportes de agua convencional— no solo responde a criterios de eficiencia, sino que introduce un cambio de paradigma: la reutilización pasa de ser un uso marginal a convertirse en recurso estratégico.
A día de hoy, la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de Benidorm trata en torno a 13 hm³ anuales, de los cuales únicamente 4 hm³ se reutilizan. Este diferencial evidencia un amplio margen de mejora. El plan plantea capturar ese potencial latente mediante el despliegue de una red de distribución de agua regenerada orientada, principalmente, a usos urbanos no potables: riego de zonas verdes, baldeo y servicios.
Desde un punto de vista técnico, el salto cualitativo reside en la extensión de la red a consumidores finales —incluidas comunidades privadas—, lo que implica resolver desafíos de doble red, control de calidad, regulación tarifaria y aceptación social. La primera fase, prevista en el área de Poniente, dará servicio a unas 6.300 viviendas y a más de 280.000 m² de zonas verdes, configurando un primer distrito de reutilización a escala de barrio.
El ingeniero municipal Vicente Mayor subrayó durante la presentación de este plan que el litoral alicantino es especialmente vulnerable al cambio climático, con previsiones de reducción de aportes hídricos de hasta el 15% en 2050 en la cuenca del Júcar. En este contexto, el aprovechamiento de 1,5 hm³ de agua regenerada —equivalente a la demanda potencial de riego urbano— permitiría alcanzar ese ahorro del 15% en aportes externos.
El alcalde de Benidorm, Toni Pérez, sintetizó el alcance de la medida al afirmar que “queremos seguir haciendo de Benidorm una ciudad más resiliente” mediante “la apuesta clara por aumentar el agua regenerada y que pueda llegar a las comunidades privadas”. El objetivo, añadió, es “implantar la red de agua regenerada para llevar esta agua a todos los barrios de la ciudad”, lo que supondrá “un ahorro de hasta un 15% del consumo en toda la ciudad”.
Desde una perspectiva sectorial, este proyecto se alinea con el Reglamento europeo de reutilización y con las estrategias de economía circular del agua, y pretende situar a Benidorm en la vanguardia de la reutilización urbana integral.
El Plan Director de Agua Regenerada presentado por el Ayuntamiento de Benidorm pretende reducir alrededor de un 15% los aportes de agua convencional.
EDAR como biofactoría
El segundo vector estratégico de este enfoque de resiliencia hídrica se sitúa la mencionada EDAR. Así, el proyecto ‘Benidorm Bioboost’ aborda la optimización de la línea de fangos mediante biotecnología avanzada e inteligencia artificial, con el objetivo de incrementar la producción de biogás y mejorar la deshidratación de los lodos.
Desde el punto de vista técnico, la actuación incide en dos procesos críticos: digestión anaerobia y deshidratación. La introducción de nanopartículas de hierro como catalizadores biológicos busca intensificar la actividad microbiana en digestores, aumentando el rendimiento en generación de biogás. Paralelamente, la sensorización de la línea de fangos —incluyendo sistemas de visión artificial— permitirá optimizar en tiempo real los parámetros de operación.
El concejal de Ciclo del Agua, José Ramón González de Zárate, definió esta intervención como “una palanca clave tanto para la eficiencia económica como para la sostenibilidad ambiental de la EDAR”, subrayando que la mejora de la digestión anaerobia permitirá “incrementar la autosuficiencia energética de la EDAR, reducir la cantidad de fangos producidos y mejorar su calidad”.
Este enfoque responde directamente a las exigencias de la nueva Directiva europea de aguas residuales urbanas, que introduce objetivos de neutralidad energética y reducción de emisiones. En este sentido, como bien saben nuestros lectores, la transformación de las EDAR en biofactorías —capaces de generar energía y valorizar subproductos— deja de ser una tendencia para convertirse en requisito regulatorio.
Además, la mejora en la calidad del fango abre la puerta a su valorización agrícola o energética, reduciendo costes de gestión y cerrando el ciclo de nutrientes, un aspecto cada vez más relevante en la planificación del sector.
Garantía estructural de suministro
Si la reutilización actúa como mecanismo de eficiencia y circularidad, la desalación constituye el seguro de suministro ante escenarios extremos. En este sentido, el Consorcio de Aguas de la Marina Baixa ha avanzado en la tramitación de una planta desalinizadora en Benidorm con capacidad estimada de 6 hm³ anuales y una inversión cercana a los 25 millones de euros.
La infraestructura, cuya puesta en marcha se prevé para 2028, permitirá diversificar el mix de recursos hídricos de la comarca, reduciendo la dependencia de recursos superficiales y subterráneos, especialmente vulnerables a la variabilidad climática.
Desde un punto de vista de planificación hidrológica, el Consorcio ha ido más allá, reclamando la inclusión de una segunda desaladora en el horizonte 2028-2033 con capacidad similar. De materializarse, la comarca podría disponer de hasta 12 hm³ anuales de recursos desalinizados, lo que supondría una transformación estructural del sistema de abastecimiento.
Este planteamiento se produce en un contexto en el que, pese a la recuperación parcial de acuíferos y reservas superficiales —con incrementos recientes en torno a 6 hm³—, la incertidumbre pluviométrica sigue siendo elevada. La desalación, aunque intensiva en energía, aporta una fuente prácticamente independiente de la climatología, clave para sistemas altamente tensionados como el de la Marina Baixa.
Innovación financiera y gobernanza
Más allá de las infraestructuras físicas, Benidorm está explorando nuevas fórmulas de gobernanza y financiación a través del proyecto Caesar, desarrollado junto a Veolia en el marco de Horizon Europe.
El objetivo del proyecto no es únicamente técnico, sino económico: diseñar mecanismos que permitan movilizar inversión privada hacia infraestructuras de adaptación climática. En el caso de Benidorm, se estima un potencial de hasta 7,2 millones de euros en inversión inducida.
De nuevo, la reutilización de agua aparece como eje de la estrategia. Según el concejal del Ciclo del Agua, González de Zárate, la solución pasa por “establecer infraestructuras de sistemas avanzados de agua regenerada” con el fin de “diversificar las fuentes hídricas de la ciudad y garantizar el acceso continuo a agua de alta calidad, reduciendo de forma drástica la vulnerabilidad del municipio ante los períodos de sequía”.
El valor diferencial del proyecto reside en su enfoque replicable. Benidorm actúa como caso piloto para destinos turísticos mediterráneos que enfrentan una ecuación similar: alta estacionalidad de la demanda, limitada disponibilidad de recursos y creciente presión climática.
Además, la incorporación de “diálogos de resiliencia climática” introduce una dimensión de gobernanza participativa, orientada a redistribuir riesgos entre sector público, operadores y usuarios, un aspecto cada vez más relevante en proyectos de infraestructura crítica.
La optimización de la línea de fangos sitúa a la EDAR en la senda de la autosuficiencia energética, transformándola en una biofactoría alineada con los objetivos europeos de neutralidad.
Benidorm está evolucionando desde un modelo tradicional de gestión del agua hacia un sistema avanzado basado en la circularidad, la digitalización y la diversificación de recursos
Eficiencia, diversificación y circularidad
El conjunto de actuaciones analizadas no responde a iniciativas aisladas, sino a una estrategia integrada que combina tres ejes complementarios:
- Eficiencia y gestión de la demanda, mediante reutilización y reducción de consumos.
- Diversificación de recursos, con incorporación de agua regenerada y desalinizada.
- Optimización energética y ambiental, a través de la transformación de la EDAR en biofactoría.
Este enfoque permite a Benidorm avanzar hacia un modelo de “seguridad hídrica ampliada”, en el que la garantía de suministro no depende exclusivamente de la disponibilidad natural, sino de la capacidad tecnológica y de gestión del sistema.
Los datos históricos refuerzan esta tesis: en las últimas décadas, la ciudad ha logrado reducir el consumo mientras aumentaban población y visitantes, evidenciando un desacoplamiento progresivo entre crecimiento económico y uso de recursos.
La incorporación de hasta 12 hm³ de recursos desalinizados desvinculará progresivamentela la garantía de abastecimiento ante la incertidumbre climática
Retos pendientes
Pese a los avances, el modelo se enfrenta a importantes desafíos. La extensión de la red de agua regenerada requerirá inversiones significativas y una gestión cuidadosa de la percepción ciudadana, especialmente en usos privados. Asimismo, la desalación introduce un componente de coste energético que deberá compensarse mediante eficiencia y, previsiblemente, energías renovables.
En el ámbito de la EDAR, la implementación de tecnologías avanzadas implica riesgos operativos y necesidades de capacitación técnica, además de la validación a escala real de soluciones como la dosificación de nanopartículas.
Por último, la movilización de inversión privada —clave en proyectos como Caesar— dependerá de marcos regulatorios estables y de la capacidad de estructurar proyectos financieramente atractivos.
De destino turístico a referencia hídrica
Benidorm está evolucionando desde un modelo tradicional de gestión del agua hacia un sistema avanzado basado en la circularidad, la digitalización y la diversificación de recursos. La combinación de regeneración a gran escala, desalación estratégica y optimización energética posiciona a la ciudad como un laboratorio de soluciones frente al estrés hídrico.
En un escenario de cambio climático y creciente competencia por los recursos, este enfoque no solo garantiza el suministro, sino que redefine el papel del agua como activo estratégico en la sostenibilidad de destinos turísticos. La clave, a partir de ahora, será consolidar y escalar estas iniciativas sin perder eficiencia ni cohesión social.





















