OPINIÓN

El desafío, la resiliencia del suministro energético en España

Raúl Escamilla, Business Development Manager Power System en Schneider Electric

05/06/2026
España avanza hacia un sistema de suministro energético cada vez más electrificado y renovable. Sin embargo, el verdadero desafío ya no pasa únicamente por generar más energía limpia, sino por garantizar que edificios e industria sean capaces de operar con mayor eficiencia y capacidad de adaptación.
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El aumento de la demanda eléctrica y la exposición a fenómenos climáticos más extremos están acelerando esta necesidad. En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, este escenario refuerza la importancia de avanzar hacia modelos preparados para responder a un entorno energético más exigente.

A ello se suma un contexto europeo cada vez más tensionado. El último European State of the Climate Report 2025, elaborado por Copernicus, confirma que Europa se está calentando más del doble que la media global, incrementando la presión sobre el sistema energético y las infraestructuras críticas. Más allá del impacto climático, esta situación pone de relieve la necesidad de modernizar la forma de consumir y gestionar la energía.

España ya refleja esta transformación. Según Red Eléctrica, la demanda eléctrica aumentó un 2,8% en 2025, mientras que la generación renovable alcanzó el 56,6% del mix nacional. El avance hacia un sistema más descarbonizado es evidente, pero también lo es la necesidad de reforzar la estabilidad operativa y la capacidad de integración renovable.

La eficiencia energética adquiere aquí una dimensión estratégica. En España, la edificación representa el 30,6% del consumo energético y el 11% de las emisiones. Al mismo tiempo, la movilización de 500 millones de euros destinados a eficiencia energética en industria y sector terciario demuestra que la modernización energética ya se ha convertido en una prioridad económica.

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La transición energética no depende únicamente de reducir consumos. También exige infraestructuras capaces de adaptarse a condiciones operativas cada vez más dinámicas. En este contexto, la gestión activa de la energía se consolida como una herramienta clave para mejorar la operación del sistema y reforzar la continuidad operativa.

La combinación de electrificación y digitalización permite avanzar hacia una gestión energética más precisa. Las soluciones de automatización y control contribuyen a mejorar el rendimiento operativo, aportando además mayor capacidad de adaptación a edificios e infraestructuras industriales.

Este enfoque resulta especialmente relevante en un momento en el que la resiliencia del sistema eléctrico gana peso estratégico. El crecimiento renovable y la electrificación requieren infraestructuras capaces de aportar estabilidad a la red. En este escenario, el almacenamiento energético se perfila como uno de los grandes habilitadores de la transición. España se ha marcado el objetivo de desplegar 22,5 GW de almacenamiento para 2030, reflejando hasta qué punto la flexibilidad energética se ha convertido en una prioridad para el sistema.

La presión sobre la industria refuerza todavía más esta necesidad. Los sectores electrointensivos afrontan un escenario marcado por la volatilidad energética y la necesidad de mantener competitividad en un entorno internacional cada vez más complejo. La caída de la cogeneración evidencia además las limitaciones de determinados modelos energéticos tradicionales y acelera la transición hacia esquemas más electrificados.

En este contexto, la electrificación deja de ser únicamente un desafío climático. Se convierte también en un factor de competitividad industrial y autonomía estratégica. Avanzar hacia modelos más digitalizados será clave para reducir la exposición a la volatilidad del mercado energético y reforzar la continuidad operativa.

Desde Schneider Electric observamos que, en un sistema energético cada vez más electrificado y expuesto a una demanda más variable, la resiliencia dejará de depender únicamente de la infraestructura. Estará cada vez más ligada a la capacidad de cada punto del sistema, desde edificios e industria hasta la propia red, para adaptarse a condiciones cambiantes y mantener estabilidad operativa. La transición energética no se jugará únicamente en la generación renovable, sino en la capacidad del sistema para gestionar la energía con mayor flexibilidad y responder con rapidez a un entorno cada vez más exigente.

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