Viruela ovina y caprina: las claves
Extracto de ‘Manual práctico de operaciones en la lucha contra la viruela ovina y caprina’
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA)
25/10/2022La enfermedad de la viruela ovina y caprina está causada por un virus ADN de la familia Poxviridae, género Capripoxvirus. Las cepas se transmiten entre los ovinos y los caprinos, aunque la mayoría solamente causan la enfermedad clínica más grave en una especie; también se produce recombinación entre estas cepas, originando un espectro que muestra preferencias intermedias por el hospedador y un rango de virulencia. Algunas cepas son igualmente patógenas en ovinos y en caprinos.
La viruela ovina y caprina es endémica en los países del norte de África, además de otras zonas de Asia como Oriente Medio, Turquía, Irán, Afganistán, India, Nepal, China y Bangladesh.
Los animales afectados por la viruela ovina y viruela caprina son sólo los ovinos y los caprinos, existiendo predisposición vinculada a la raza y dependiente de la cepa de capripoxvirus. De igual modo, también se han dado casos en especies silvestres, destacando el papel que pueden jugar estos animales dando lugar a endemicidad de la enfermedad.
Transmisión
La transmisión del virus se produce frecuentemente por vía respiratoria, pero también puede penetrar en el organismo a través de otras mucosas y erosiones cutáneas, a través de heridas durante el contacto entre los animales infectados y los susceptibles. El virus se puede encontrar también en la saliva, secreciones nasales y conjuntivales, saliva, heces y lesiones cutáneas (costras, nódulos) provocados por pulverizaciones de animales enfermos.
Las principales vías de transmisión son a través de:
- Contacto directo.
- Transmisión indirecta por instrumentos, vehículos o productos contaminados (cama, forraje).
- Transmisión indirecta por insectos (vectores mecánicos), especialmente por moscas presentes en el entorno de las explotaciones afectadas.
- Contaminación por inhalación, inoculación intradérmica o subcutánea o por vías respiratorias, transcutáneas y a través de las mucosas.
Síntomas
La morbilidad en zonas endémicas es del 70-90%, mientras que la mortalidad suele ser más baja, de aproximadamente del 5-10%, aunque se han descrito casos con porcentajes mayores.
El período de incubación está entre 8 y 13 días después del contacto entre un animal infectado y animales susceptibles. Algunos ejemplares pueden morir de una infección aguda antes del desarrollo de las lesiones cutáneas. En otros animales se produce una elevación inicial de la temperatura rectal por encima de los 40°C, seguido, por el desarrollo de máculas, es decir, pequeñas zonas rodeadas de hiperemia que son más obvias sobre la piel no pigmentada. Posteriormente, se desarrollan pápulas que pueden cubrir el cuerpo o restringirse a la entrepierna, la axila y el perineo. En algunas razas de cabra europeas se ha observado una forma de viruela caprina hemorrágica, en la que todas las pápulas parecen unirse por todo el cuerpo. Esta forma es siempre mortal.
Dentro de las 24 horas de la aparición de pápulas generalizadas, los animales infectados desarrollan rinitis, conjuntivitis y el aumento del tamaño de todos los nódulos linfáticos superficiales, en particular de los nódulos linfáticos pre-escapulares. Las pápulas sobre los párpados producen blefaritis de gravedad variable. Conforme se ulceran las pápulas de las membranas mucosas de los ojos y de la nariz, las secreciones se vuelven mucopurulentas, y las mucosas de la boca, el ano, y el prepucio o la vagina se necrosan. La respiración se hace pesada y ruidosa debido a la presión en el tracto respiratorio superior producida por los nódulos linfáticos retro faríngeos hinchados, y al desarrollo de lesiones pulmonares.
Si el animal afectado no muere en esta fase aguda de la enfermedad, las pápulas comienzan a necrosarse a partir de la necrosis isquémica después de la formación de trombos en los vasos sanguíneos situados en la base de la pápula. En los siguientes 5–10 días, las pápulas forman costras que persisten hasta 6 semanas dejando pequeñas cicatrices. Las lesiones cutáneas son susceptibles al ataque de las moscas, y es común una neumonía secundaria. No es habitual la anorexia a no ser que las lesiones en la boca interfieran físicamente la alimentación. El aborto es poco común.
Los signos clínicos y las lesiones observadas en el examen post-mortem varían considerablemente con la raza del hospedador y la cepa de capripoxvirus. En algunos casos, se muestran sólo unas pocas lesiones que pueden confundirse con picaduras de insectos o con la dermatitis pustular contagiosa. Sin embargo, con frecuencia se observan más graves en corderos que han perdido su inmunidad derivada de la maternidad, animales que han sido mantenidos aislados y animales traídos a zonas endémicas, en particular si se les ha sometido a estrés durante el desplazamiento a largas distancias y se les ha mezclado con otras ovejas y cabras y sus patógenos.
Diagnóstico
El diagnóstico clínico incluye la aparición de fiebre, abatimiento, polipnea, conjuntivitis, lagrimeo, rinitis, edema de los párpados, fotofobia, erupción cutánea que comienza con zonas eritematosas, particularmente visible en las partes del cuerpo sin pelos o sin lana, tales como el periné, la zona inguinal, el escroto, la ubre, el hocico, los párpados y las axilas y lesiones que se transforman en pápulas.
El material para el aislamiento del virus y la detección del antígeno debe recogerse mediante biopsia o en el examen post-mortem de las pápulas cutáneas, de las lesiones de los pulmones o de los nódulos linfáticos.
Profilaxis, control y erradicación
La política de erradicación en la UE está basada en el sacrificio de los animales afectados y de los que se hallen en contacto o relacionados epidemiológicamente.
En general, la profilaxis debe estar basada en la aplicación de medidas encaminadas a impedir la introducción de la enfermedad desde el exterior, así como impedir la diseminación de la enfermedad una vez que se ha detectado.
Estas medidas incluyen:
- Control de movimiento de animales.
- Inspección de las explotaciones.
- Rápida detección y confirmación de la enfermedad en el laboratorio.
- Rápida comunicación a las autoridades competentes de todos los casos declarados sospechosos.
- Rápida identificación de las explotaciones, productos (tanto de origen animal como estiércol, material de cama, etc), mataderos, y otras instalaciones potencialmente infectadas.
- Limpieza y desinfección de los transportes.
- Aislamiento y matanza de los animales infectados y susceptibles de contraer la enfermedad, seguido de desinfección y vacío sanitario de las explotaciones afectadas.
- Establecimiento de zonas de protección y vigilancia donde se pongan en funcionamiento medidas específicas de control de la enfermedad: limitación en el movimiento de animales, seguimiento clínico, toma de muestras, etc.
- Refuerzo de vigilancia en fauna silvestre, sobre todo en las inmediaciones de los focos declarados.
Se ha utilizado una variedad de vacunas de capripoxvirus vivas atenuadas e inactivadas para proteger a las ovejas y a las cabras contra la viruela, ya que todas las cepas examinadas comparten un sitio de neutralización principal, de forma que los animales recuperados de la infección con una cepa son resistentes a la infección por cualquiera de las otras.
Las vacunas muertas son menos eficaces que las vivas en la estimulación de la respuesta inmune mediada por células (respuesta protectora predominante a la infección) y proporcionan, como mucho, una protección temporal.
Se está elaborando una nueva generación de vacunas que utiliza el genoma de capripoxvirus como vector para los genes de otros patógenos de rumiantes.
Situación en España
Un total de 17 focos de la viruela ovina y caprina fueron confirmados en España durante el primer mes de actividad del virus, según los datos de la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria (Rasve), dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).
De esos casos, 9 se han notificado en la provincia de Granada, la mayoría en el municipio de Benamaurel, localidad en la que se encontró el primer caso en España en el último medio siglo. También se ha confirmado la presencia de la enfermedad en explotaciones de la cercana localidad de Cúllar. Los otros 8 casos de la patología han sido hallados en un municipio de la provincia de Cuenca, en concreto, en Villaescusa de Haro.























