"Según estudios realizados en España, con la siembra directa el productor se puede ahorrar un 24% de los costes totales de cultivo respecto al laboreo convencional y cerca del 9% respecto al mínimo laboreo"

Entrevista a Jesús Gil Ribes, presidente de la AEAC.SV

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La evolución de la siembra directa en España, el encaje de la Agricultura de Conservación en la nueva PAC y el posible impacto de una eventual prohibición del glifosato en Europa a partir del año 2023, son los temas que analizamos en esta entrevista con el máximo responsable de la Asociación Española Agricultura de Conservación-Suelos Vivos.

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¿En qué punto se encuentra la práctica de la Agricultura de Conservación (AC) en España? ¿La siembra directa sigue ganando terreno? ¿Y el mínimo laboreo? ¿En qué zonas del país estarían detectando una mayor expansión en los últimos años y sobre qué tipo de cultivos?

Según los últimos datos recogidos en la Encuesta Nacional sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (ESYRCE), en el año 2019 en España, un total de 2,06 millones de hectáreas estuvieron ocupadas por cultivos manejados en Agricultura de Conservación, de los cuales, el 64% se correspondieron con cultivos leñosos con cubiertas vegetales y el 36% con cultivos herbáceos en siembra directa. Con estas cifras, nos encontramos a la cabeza en Europa en lo que a la práctica de Agricultura de Conservación se refiere, pero pensamos que dichas cifras están por debajo de la situación real, por cuanto la ESYRCE sólo se fija en cultivos herbáceos como el trigo, el maíz forrajero o el girasol, dejando fuera otros cultivos como las leguminosas. Desde la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos, estamos seguros de que la superficie en siembra directa puede rondar fácilmente las 900.000 ha frente a las casi 747.000 que reporta la ESYRCE, en base al número de sembradoras directas inscritas en el Registro Oficial de Maquinaria Agrícola y a estimaciones realizadas por las asociaciones regionales de Agricultura de Conservación.

Respecto a si la siembra directa sigue ganando terreno, he de decir que la tendencia a lo largo de los años, y según los datos oficiales, es positiva. Por ejemplo, en el año 2018, la siembra directa representaba el 9,9% de la superficie total de cultivos herbáceos, mientras que, en 2019, dicho porcentaje subió al 10,6%. Respecto al mínimo laboreo no existen datos oficiales y hemos de decir, que al tratarse de una práctica difícilmente catalogable debido a la multitud de variantes que ofrece dependiendo de la zona o del cultivo, es complicado realizar un censo en este sentido. Hace ya algunos años que, en la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos dejamos de contemplar al mínimo laboreo como una práctica de Agricultura de Conservación, por cuanto en muchas ocasiones y dependiendo de cómo se lleve a cabo, no cumple con los tres principios que para nosotros se consideran fundamentales a la hora de considerar una técnica de conservación, que son mínima perturbación del suelo, el mantenimiento permanente de una cubierta vegetal de al menos el 30% (criterio FAO) y la rotación de cultivos.

En esta tendencia positiva de la que hablaba anteriormente, son tres las Comunidades Autónomas que destacan por su incremento en el número de hectáreas bajo siembra directa en los dos últimos años. Estamos hablando de Castilla y León, Aragón y Extremadura, con un aumento de casi 32.000 ha, 14.400 ha y 12.200 ha, respectivamente. En este punto es necesario llamar la atención que, por ejemplo, en Castilla y León, la superficie en siembra directa representa algo menos del 11% de la superficie de cultivos herbáceos, lo que da una idea del enorme potencial que estas técnicas tienen todavía en esta región.

Centrándonos en la siembra directa, el cereal sigue siendo el cultivo en donde más predicamento tiene este tipo de técnica en España, ya que el 89% de la superficie en siembra directa está implantada en este tipo de cultivo. En el año 2019, el incremento de superficie de cereal bajo siembra directa fue de casi un 8%, pero llama más la atención el incremento que experimentó el maíz forrajero en el último año en siembra directa, con un aumento de casi el 15%.

"En el año 2019, el incremento de superficie de cereal bajo siembra directa fue de casi un 8%, pero llama más la atención el incremento que experimentó el maíz forrajero en el último año en siembra directa, con un aumento de casi el 15%"

¿Qué conclusiones más importantes se extraen del informe sobre los beneficios de la AC en un entorno de cambio climático, elaborado por la Asociación Española Agricultura de Conservación-Suelos Vivos (AEAC-SV)?

El informe pone de relieve el importante papel que juega la Agricultura de Conservación no sólo para mitigar el cambio climático, sino también, para favorecer la adaptación de los cultivos a sus efectos. Lo realmente interesante de todo ello, es que estas dos afirmaciones se realizan en base a la evidencia científica existente en la actualidad, reportando casos y cifras de cómo con Agricultura de Conservación se incrementa la fijación de carbono en el suelo, se reducen las emisiones de Gases de Efecto Invernadero a la atmósfera, y se incrementa la resiliencia del ecosistema agrario, al mejorarse la calidad del suelo, los balances de agua y la biodiversidad edáfica. Gracias a ello, los cultivos manejados en Agricultura de Conservación están más preparados para afrontar situaciones climáticas extremas como periodos prolongados de sequías y episodios puntuales de fuertes precipitaciones.

Por otra parte, y en base a la extensa bibliografía consultada para la elaboración del informe, la Agricultura de Conservación conlleva una mayor eficiencia en el uso de insumos, lo que se traduce en ventajas económicas, además de las ambientales, para los agricultores. Según estudios realizados en España, el productor se puede ahorrar un 24% de los costes totales de cultivo respecto al laboreo convencional y cerca del 9% (8,7%) respecto al mínimo laboreo. Al ser un sistema en el que no se pierde cosecha, estos menores costes se traducen en mayor beneficio para los agricultores.

Todo ello no viene sino a reforzar a la Agricultura de Conservación como una herramienta eficaz para la lucha contra el cambio climático y viable desde el punto de vista económico y social, por lo que consideramos que debe ser tenida en cuenta en todos aquellos planes y políticas que sean diseñados por parte de cualquier administración, ya sea autonómica, nacional o europea, de cara a cumplir con los objetivos climáticos fijados en las estrategias comunitarias.

Los objetivos planteados en el Pacto Verde y en las estrategias De la Granja a la Mesa y Biodiversidad 2030, ¿pueden suponer que la AC va a ser objeto de importantes incentivos para su adopción efectiva en el marco de la próxima PAC? ¿Podría comentarnos algo sobre los criterios que establecería España en su Plan Nacional para articular las medidas de apoyo a la AC?

Sería lo deseable, el problema es que de la manera en que estos objetivos parecen estar articulados en dichas estrategias, en base a restricciones en el uso de insumos, con porcentajes de reducción en ningún caso argumentados de manera técnica, no ayudan. Desde la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos, apoyamos cualquier iniciativa en beneficio de un sector agrario sostenible, pero a todos los niveles, no sólo en el ámbito medioambiental, sino también en los ámbitos económico y social. Es por ello por lo que pensamos que los objetivos han de tener un enfoque basado en la consecución de resultados a nivel medioambiental, económico y social y no tanto en la manera de conseguir dichos objetivos, dejando a los Estados Miembros decidir las herramientas para alcanzar las metas fijadas, ya que existen alternativas, como la Agricultura de Conservación, que ayudan a optimizar el uso de insumos y reducir su dependencia respecto a los sistemas basados en el laboreo. Además, echamos mucho en falta una apuesta más decidida por uno de los problemas medioambientales más graves que venimos sufriendo durante bastantes décadas, como es el tema de la erosión del suelo en Andalucía y en todo el Mediterráneo, aunque afecta a casi toda España.

Es cierto que hay voluntad por parte del Ministerio de Agricultura en incentivar la adopción de las prácticas de Agricultura de Conservación en la nueva PAC, como hemos podido comprobar en un borrador preliminar de los Eco-esquemas, cuestión que celebramos, aunque pensamos que muchas de las afirmaciones que en dicho borrador se realizan carecen de fundamento técnico, condicionando su apoyo a determinadas circunstancias que se puedan dar en el futuro, como la renovación del glifosato. Bajo nuestro punto de vista, en el caso de que el uso del glifosato no fuera renovado, sería todavía más necesario si cabe, un apoyo decidido por este sistema de manejo, para no poner en riesgo las más de 2 millones de hectáreas existentes en Agricultura de Conservación en España según los datos de la ESYRCE, y que están prestando ya numerosos servicios ecosistémicos al agro español tales como mitigación del cambio climático, freno a la erosión y escorrentía, mejora de la calidad del suelo y fomento de la biodiversidad entre otros.

Esperamos que los criterios que finalmente se adopten realmente ayuden a fomentar su uso y práctica a nivel nacional, y que no dependan de decisiones que nada tengan que ver con criterios técnicos y científicamente validados e independientes. Desde la Asociación, hemos hecho llegar al Ministerio un documento en el que han participado desde asociaciones regionales de Agricultura de Conservación, como organizaciones profesionales agrarias y organismos de investigación y universidades, en el que se exponen los criterios que han de establecer para la articulación de medidas de apoyo a la Agricultura de Conservación, criterios basados en el conocimiento y en la experiencia tras más de 30 años de práctica de este tipo de técnicas. Confiamos en que, si el Ministerio quiere hacer una apuesta decidida por la Agricultura de Conservación, tenga en cuenta las consideraciones recogidas en dicho documento; por nuestra parte, siempre estaremos a su disposición a colaborar en todo aquello que necesiten.

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La encuesta sobre el uso del glifosato por parte de los agricultores europeos e impulsada por la ECAF, ¿qué finalidad tiene y qué tipo de información se quiere obtener? ¿Se ha hecho ya algún tipo de valoración preliminar de las respuestas que se han obtenido hasta el momento?

El objetivo del estudio es el de comprender de una manera más fiable el uso de los herbicidas en la agricultura europea, y más específicamente el uso del glifosato. Un total de 1.677 agricultores de 21 países respondieron a las cuestiones planteadas en la encuesta y, aunque en breve se publicarán y presentarán sus resultados, de los cuales nos haremos eco en la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos, sí que podemos avanzar algunas conclusiones preliminares al respecto.

Una de las conclusiones que se pueden extraer del estudio es que con Agricultura de Conservación no se hace un mayor uso de glifosato que en las prácticas basadas en el laboreo, al contrario de lo que mucha gente podría pensar. Además, y gracias a la aplicación de los tres principios de la Agricultura de Conservación (supresión del laboreo, cobertura vegetal y rotación de cultivos), es posible optimizar y reducir el uso de productos fitosanitarios. Esta reducción en el uso del glifosato, junto con la amplia gama de beneficios que la Agricultura de Conservación ofrece al suelo y a los agroecosistemas en general, favorece el uso sostenible del glifosato desde el punto de vista ambiental ya que se reduce la escorrentía y la erosión. De hecho, el uso más seguro del glifosato en la agricultura se da en la Agricultura de Conservación, con sus tres principios básicos interrelacionados. Así, los suelos manejados bajo Agricultura de Conservación mejoran el contenido de materia orgánica y tienen una mejor estructura y una mayor biodiversidad. Estos suelos funcionan como un amortiguador en relación con las sustancias químicas activas. Por lo tanto, la permanencia del glifosato en los suelos es menor debido a las condiciones óptimas de humedad y temperatura que proporciona la Agricultura de Conservación. Además, el riesgo de transferencia de los productos fitosanitarios a masas de agua superficiales externas por escorrentía o a aguas subterráneas por lixiviación disminuye en la Agricultura de Conservación debido a la mejora de la estructura del suelo y de la salud del suelo en general.

“Las alternativas al glifosato que no pasen por una vuelta al laboreo irán encaminadas a la utilización de varios productos autorizados como alternativa, no necesariamente más eficientes y eficaces, con perfiles eco-toxicológicos peores”

¿Qué porcentaje de posibilidades cree que existe para que se consiga la renovación de la licencia de uso del glifosato a partir de 2023? ¿Hay en estos momentos alguna alternativa a este producto en el mercado? ¿Le consta que las empresas agroquímicas estén trabajando en algún fitosanitario de sustitución por si esta materia activa se suprime en esa fecha?

Es aventurado hablar ahora mismo de porcentajes de posibilidad de renovación de este producto, sobre todo en una situación en donde las decisiones que se tomen pueden ser más de tipo ideológico y dependerán más de las alianzas políticas que se puedan dar llegado el momento de la votación, que de los criterios científicos y técnicos. Sin lugar a duda, si la decisión dependiese de los informes elaborados por la EFSA, organismo europeo independiente encargado de velar por la seguridad alimentaria a nivel comunitario, y cuyas conclusiones se basan en la revisión multitud de estudios técnicos y científicos a nivel mundial sobre el tema, apostaría a que se renovaría el uso del glifosato, pero tristemente esa no es la realidad.

Las alternativas al glifosato que no pasen por una vuelta al laboreo irán encaminadas a la utilización de varios productos autorizados como alternativa, no necesariamente más eficientes y eficaces, con perfiles eco-toxicológicos peores. Esto, unido a las restricciones en el uso de determinadas mezclas, llevará al agricultor a la necesidad de realizar un mayor número de tratamientos sobre el cultivo, incrementando el número de productos fitosanitarios aplicados sobre el cultivo y el número de aplicaciones, aumentando con ello el coste y poniendo de esa manera en riesgo la viabilidad económica de la siembra directa y la rentabilidad de los cultivos. En el caso de que la alternativa al glifosato fuese la vuelta la laboreo, estaríamos hablando de enormes riesgos medioambientales sobre todo en nuestras condiciones agroclimáticas, en donde el ya de por sí bajo contenido de carbono de nuestros suelos y la alta erodibilidad y su potencial de desertificación, se vería acentuada de manera considerable.

Aunque no nos consta de manera oficial sabemos que las empresas están trabajando en alternativas al glifosato, es de esperar que ya estén estudiando productos que puedan ser sustitutivos de este fitosanitario. En cualquier caso, el proceso para la obtención y autorización de un nuevo producto es largo y costoso, y a buen seguro, el precio a pagar por el agricultor no será tan competitivo como el que actualmente tiene el glifosato.

Por otra parte, los avances técnicos están posibilitando el uso sitioespecífico de insumos, en el caso de los herbicidas es posible aplicar de manera variable y sólo en presencia de hierbas con lo que se pueden reducir las dosis. Sería más lógico, menos dañino para nuestra agricultura y congruente con los informes de la EFSA regular, no prohibir, su uso y dosis y denegar aplicaciones para el secado de cultivos que, por otra parte, no se dan en España.

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¿Qué consecuencias tendría la prohibición del glifosato para la continuidad y el desarrollo de la siembra directa en Europa? ¿Tienen alguna estimación del impacto económico y medioambiental que supondría para la actividad agrícola?

Es de esperar que la prohibición del glifosato supondría un freno a la continuidad y desarrollo de la siembra directa en Europa. En muchos casos, los agricultores, ante la falta de alternativas rentables, volverían a la práctica del laboreo, poniendo en riesgo la calidad de los suelos agrícolas. Aquellos que decidieran seguir adelante con el sistema, lo harían a sabiendas de que estarían poniendo en compromiso la rentabilidad de sus cultivos, y no entenderían de esa manera que, un sistema de manejo de suelo con multitud de beneficios medioambientales, avalados por la ciencia, y que contribuye a alcanzar los objetivos de muchas de las estrategias lanzadas a nivel europeo en materia de protección de suelos o cambio climático, entre otras, no contasen con un sistema de incentivos por parte de las administraciones competentes.

Poner en riesgo el desarrollo de las prácticas de Agricultura de Conservación supondría indudables repercusiones de tipo económico y medioambiental. En este sentido, un estudio realizado por PricewaterhouseCoopers, apoyado por informes de la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos, cifró la aportación total (directa, indirecta e inducida) de la AC al PIB y al empleo en el año 2015 de 3.902 M€ y 90.771 trabajadores, lo que supuso un 14% y un 13% de la contribución total del sector agrícola, respectivamente. Eso quiere decir que por cada euro de PIB generado por el sector agrícola, 0,14 € era aportado por la Agricultura de Conservación, y que 1 de cada 8 empleos agrícolas, era generado por la Agricultura de Conservación. En términos medioambientales, y gracias a la reducción de la erosión que propicia la Agricultura de Conservación, es posible afirmar según este estudio que el valor económico del terreno conservado es de 129 M€ de forma anual con la superficie actual ocupada por este tipo de técnicas. Por otro lado, al evitar la emisión de 9,1 millones de toneladas de CO2 cada año desde el suelo, se produciría un ahorro anual de 70,2 M€ con respecto a la agricultura convencional en los mercados de carbono.

Este mismo estudio realiza un análisis del impacto que supondría la no renovación del glifosato para el sector agrario español, siendo las conclusiones alcanzadas realmente impactantes. Entre otras, se afirma que la disminución de la productividad que se provocaría por un control menos eficiente de las malas hierbas, provocaría un impacto directo negativo sobre la producción de 560 M€ y el encarecimiento del proceso productivo reduciría la producción en 212 M€ adicionales. En términos de PIB, la disminución ascendería a 407 M€. De forma paralela, la no renovación de la autorización del glifosato acabaría generando también un efecto negativo sobre los hogares a través de dos vías: En primer lugar, se incrementaría el precio de los productos agrícolas en un 0,8% debido al aumento del coste de producción de algunos cultivos. En segundo lugar, la caída del empleo provocada por los efectos directos e indirectos llevaría asociada una disminución del volumen de sueldos y salarios que supondría una disminución de los ingresos y la renta disponible de los hogares.

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