Una visión sobre las estrategias a seguir por parte de los centros de investigación agraria
El futuro de la Sanidad Vegetal en España: ¿estamos preparados?
La sanidad vegetal es una de las áreas de trabajo que más cambios está experimentando en la actividad agrícola. Se trata de un aspecto clave para el desarrollo de los cultivos y para obtener unas cosechas sanas, abundantes y de calidad. En los próximos años, a consecuencia de factores como la protección del medio ambiente, el efecto del cambio climático en los cultivos, los nuevos hábitos de consumo o la seguridad alimentaria, entre otros, se van a intensificar las medidas de control sobre el uso y la composición de los productos fitosanitarios que se utilizan en Europa. En este artículo se ofrecen los puntos de vista de algunos de los centros de investigación agraria de referencia en España, para comprobar hacia dónde avanza la innovación en este campo y si los agricultores cuentan con las herramientas necesarias para hacer frente a este gran reto.
España es, según varios indicadores, el país más diversificado en cultivos agrícolas de la Unión Europea por delante de Francia, Alemania u Holanda.
Son muchos los cambios que durante los últimos años se han observado en la protección de cultivos en Europa, caracterizados en buena medida por la retirada paulatina de materias activas empleadas como herramientas fitosanitarias. Las administraciones comunitarias y nacionales han ido adaptando a cada realidad de los diferentes Estados Miembro los puntos centrales de una política que, en España, ha dado como resultado la publicación a finales de 2019 del RD 1311/2012, de 13 de septiembre de uso sostenible de los productos fitosanitarios por parte del Ministerio de Agricultura. En el texto se recoge el objetivo principal de "establecer el marco de acción para conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios mediante la reducción de los riesgos y los efectos del uso de los productos fitosanitarios en la salud humana y el medio ambiente, y el fomento de la gestión integrada de plagas y de planteamientos o técnicas alternativos, tales como los métodos no químicos".
Este Reglamento hace una definición de la gestión integrada de plagas en la que se incide sobre conseguir el desarrollo de cultivos sanos "con la mínima alteración posible de los agroecosistemas y en la promoción de los mecanismos naturales de control de plagas". También se insiste en mantener el uso de productos fitosanitarios y otras formas de intervención en niveles que estén "económica y ecológicamente justificados y que reduzcan o minimicen los riesgos para la salud humana y el medio ambiente". La consigna de "reducir el riesgo" viene siendo una constante en lo que respecta al manejo de malas hierbas, plagas y enfermedades en la agricultura española y europea y está cambiando el modo de proteger los cultivos. El propósito es avanzar hacia una actitud proactiva por parte de los agricultores, con el fin de adelantarse a las incidencias fitosanitarias que puedan surgir y abordarlas de manera proporcional al daño que puedan causar en las cosechas.
En el caso de España, una de las características que diferencia nuestra agricultura del resto de Europa es su riqueza y diversidad de cultivos. España es, según varios indicadores, el país más diversificado de la Unión Europea por delante de países como Francia, Alemania u Holanda. Este rasgo, según se extrae del estudio sobre ‘El futuro del sector agrícola español’ publicado por PwC y AEPLA, tiene sus ventajas e inconvenientes. Según cita de este trabajo, la diversidad es positiva en la medida en la que la reduce la exposición a eventos asociados a cultivos específicos y el riesgo vinculado a la fluctuación de los precios internacionales. Además, España tiene cultivos que abarcan todo el año, lo que puede representar una ventaja al permitir una mejor gestión de la mano de obra. Por el contrario, la mayor diversidad también supone una gestión de la producción y un cuidado de la sanidad vegetal más complejo. Al producir un abanico más amplio de cultivos, necesita gestionar una mayor variedad de enfermedades, plagas y malas hierbas, lo que demanda de la existencia de soluciones adecuadas para cada una de ellas.
El análisis de AEPLA señala que cada cultivo puede soportar 10 patógenos diferentes, algunos con varios ciclos durante la misma campaña, y los Comités de resistencias a herbicidas (HRAC), a fungicidas (FRAC) y a Insecticidas (IRAC) recomiendan disponer de al menos 3 productos con diferentes modos de acción por problema para evitar la generación de resistencias. El informe añade que, actualmente, según el Ministerio de Agricultura hay alrededor de 100 sustancias activas (entre fungicidas, herbicidas, insecticidas o reguladores de crecimiento) para tratar la sanidad vegetal de los cítricos, 180 para las hortalizas, 130 para la uva, 77 para el trigo, 74 para el olivo y 69 para la cebada y, aun así, estas herramientas son en ocasiones insuficientes para resolver los problemas cada vez más complejos de sanidad vegetal.
Para los técnicos de la Junta de Castilla y León, una de las claves reside en la información: "será el mejor apero” para las nuevas generaciones de agricultores.
Los centros de investigación agraria en España: una visión técnica a pie de campo
Desde la revista Tierras hemos contactado con diversos centros de investigación agraria de referencia en España, todos ellos vinculados y conectados a través de la red Genvce, para conocer su opinión sobre cuáles van a ser los principales retos en materia de sanidad vegetal que el sector agrícola español tiene que afrontar en los próximos años.
Sobre si los agricultores están preparados para asumir estos cambios tan drásticos en los próximos años, la mayoría de los expertos consultados señalan que se trata de una prueba difícil de superar para los agricultores. Va a ser necesario plantear “una estrategia integrada en la que es necesario jugar con todos los factores de producción, incorporar especies auxiliares, rotaciones planificadas y una acción mucho más preventiva” como señalan desde el IMIDRA de la Comunidad de Madrid. En opinión de este centro “es fundamental que no recaiga sobre los agricultores todo el esfuerzo. En ese sentido, tanto desde las Administraciones Públicas como desde los Centros de Investigación y Servicios de Extensión Agraria se debe trabajar junto con los agricultores para que esta adaptación sea posible, no sólo con relación a las restricciones de uso a materias activas, sino también al desafío que representa la adaptación al cambio climático”.
Para el IRIAF de Castilla-La Mancha, los agricultores deberán producir atendiendo a una “planificación detallada y preventiva en el control de plagas y enfermedades, con un manejo técnico del cultivo que resultará complejo si no se tiene una formación adecuada”. Además, los técnicos manchegos consideran que “estas nuevas restricciones provocarán un menor margen de maniobra para poder sacar adelante los cultivos y mantener un margen económico viable. Evidentemente, las explotaciones de mayor tamaño y en las que por su orientación productiva están habituados a manejar este tipo de insumos, serán las que más les afecten estos cambios, pero a su vez, las que precisamente por su mayor grado de tecnificación se podrán adaptar mejor”. En esta línea, fuentes de la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León creen que “ante este panorama, lo que sí se debe recalcar es que las nuevas generaciones de agricultores tendrán que ser verdaderos especialistas en muchas materias… lo cual resulta evidente que puede tornarse en tarea imposible. Por tanto, la clave la tendrán en la información y en el acceso a ella: la información será su mejor apero”.
Otro aspecto que preocupa a los técnicos agrícolas es que la adaptación a este nuevo marco regulatorio podría provocar que los rendimientos de los cultivos “sean menores y menos competitivos que aquellos productos que se importen de fuera de la Unión Europea, que podrían estar sometidos a unas exigencias sanitarias más laxas, en cuyo caso se crearía una situación injusta para los productores comunitarios”, advierten desde el CIAM de Mabegondo en Galicia. por su mayor grado de tecnificación se podrán adaptar mejor”. Desde el ITAP de Albacete creen que "el sector, en general, se va adaptando, en muchas ocasiones gracias a los Cursos de Manipulador de Productos Fitosanitarios, aunque se siguen detectando agricultores que no están preparados para ello; de igual forma, se siguen encontrando dificultades en la búsqueda de soluciones alternativas a algunos productos fitosanitarios que han dejado de utilizarse, sobre todo en cultivos minoritarios".
La obtención mediante mejora genética de nuevas variedades, sería el factor más determinante en el futuro de la sanidad vegetal según el IRIAF. Foto: GENVCE.
Líneas de trabajo para la adaptación al nuevo escenario
Estos son algunos de los proyectos y líneas de investigación en marcha que desarrollan los centros de investigación agraria que han participado en la elaboración de este reportaje:
CIAM: En el sector hortícola hace años que se trabaja tanto con sistemas de agricultura convencional como de agricultura ecológica, con el objetivo de poder realizar la comparación entre ambos a nivel agronómico, con las especies y variedades que habitualmente forman parte de los ensayos. Esto ha permitido una reducción significativa en el empleo de materias activas usadas habitualmente en los sistemas convencionales y el empleo en ambos, cuando se han mostrado suficientemente efectivos, de productos, técnicas culturales y la lucha biológica, propios de la agricultura ecológica.
JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN: El Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACYL), dentro de la temática de las plagas y enfermedades agrícolas, trabaja en una línea de investigación sobre riesgos y manejo integrado de plagas, enfermedades y malas hierbas dentro de un marco de agricultura sostenible. Además, cabe mencionar el sistema de avisos del Observatorio de plagas y enfermedades de Castilla y León basado en las nuevas tecnologías de comunicación y en la red de agricultores colaboradores y de su plataforma web.
IMIDRA: El trabajo en el IMIDRA consiste en desarrollar ensayos demostrativos basados en las necesidades que en cada momento plantee el sector, principalmente en el ámbito de la sanidad vegetal en viticultura y horticultura, y en el marco de la gestión integrada de plagas, en residuo cero y agroecología. En la mayoría de los ensayos se prueban nuevos productos de línea ecológica y control biológico con enemigos naturales, todo dentro de estrategias de tiempos, asociaciones de cultivos, técnica de manejo de suelo y equilibrios biológicos.
IRIAF: El centro cuenta con una red de ensayos que abarca distintas zonas agroclimáticas, para conseguir por un lado la generación de conocimiento y por otro la transferencia de éstos a los usuarios finales. En sanidad vegetal es preciso destacar su labor en los ensayos hortícolas con estudios con biocidas para el control de plagas y enfermedades de suelo en invernadero, junto con los ensayos de larga duración, en colaboración con el MNCN-CSIC, con el que desde el año 1984 se estudian diferentes variables agronómicas y de conservación de recursos naturales que permitan una gestión de los agrosistemas sostenible y económicamente viable.
ITAP: El ITAP tiene a disposición de los agricultores el Servicio de Diagnóstico SEDAF, con un laboratorio de sanidad vegetal donde se realizan diagnósticos y detecciones de plagas y enfermedades. Asimismo, se han desarrollado proyectos de investigación buscando alternativas de control, como por ejemplo con el uso del ozono, y mediante contratos con empresas con la finalidad de llevar a cabo trabajos y estudios sobre la efectividad de productos tanto in vitro como in vivo.
Factores determinantes
Para lograr una adaptación exitosa a la nueva forma de entender la sanidad vegetal en la producción agraria, los agricultores cuentan con herramientas ya disponibles como son los sistemas de agricultura digital, el manejo del suelo en función de cada zona y cultivo, las nuevas variedades vegetales y los productos de control biológico. En opinión del IRIAF, la combinación de estos cuatro factores “es clave para afrontar el futuro de la agricultura, puesto que la agricultura es un sistema tan complejo que es necesario tener una visión integral del mismo y cuantos más factores se manejen para dar solución a un problema determinado, mejor será la decisión que se tome para solucionarlo”. Del mismo modo creen que si hay que decantarse por uno, la obtención mediante mejora genética de nuevas variedades, “mejor adaptadas a los nuevos cambios globales, más eficientes en el uso de recursos como agua y fertilizantes y más resistentes a plagas y enfermedades”, sería el factor más determinante, algo que también comparten sus compañeros del ITAP, junto con la "disponibilidad de productos biológicos".
"Es importante hacer un buen manejo del suelo pero cada vez más, la elección de nuevas variedades mejoradas y adaptadas al medio puede conseguir cultivos más resistentes frente a un patógeno concreto", enfatizan desde la Junta de Castilla y León al tiempo que aluden a la contribución de las nuevas tecnologías, "como herramientas para conseguir un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles y de sostenibilidad". Asimismo, los técnicos del IMIDRA se decantan por una combinación de los cuatro factores y apuntan a que "el reto del futuro agricultor es saber integrar todos los factores en su escenario, debe tener una formación y una información más amplia de técnicas de cultivos, estrategias preventivas que reduzcan al mínimo las actuaciones fitosanitarias y conocer el comportamiento de las variedades en el nuevo escenario climático, tanto tradicionales como nuevas".
Finalmente, el CIAM considera que la popularización de la agricultura de precisión, en la que se puede incluir la mejora de los modelos de predicción de la incidencia de enfermedades y plagas, así como de los sistemas de comunicación y acceso de los agricultores a las fuentes de información, "contribuirá a una mayor eficacia en el uso de productos fitosanitarios, en paralelo con una reducción de las cantidades utilizadas". En este sentido, y a modo de resumen, los expertos del centro de Mabegondo predicen que "la lucha contra las plagas tiene que ir enfocada a la prevención y no al tratamiento. Los métodos de control integrado son y van a ser indispensables".























