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Estrategias de vacunación para el control de la fiebre Q en las explotaciones caprinas.

Redacción oviespana.com18/05/2017

La fiebre Q es una zoonosis de distribución mundial causada por ‘Coxiella burnetii’ y cuya principal vía de infección es la respiratoria, por inhalación de aerosoles contaminados con la bacteria. Entre sus reservorios destacan los rumiantes domésticos (caprino, ovino y bovino). Junto a la aparición esporádica de casos aislados en un contexto endémico, la fiebre Q produce aleatoriamente brotes epidémicos explosivos, con un gran impacto en la salud pública. De declaración obligatoria desde 2015, tras la detección de nuevos casos las autoridades de Salud Pública están imponiendo el control de la enfermedad en las explotaciones ganaderas. Así lo recuerda el documento de conclusiones de la jornada sobre fiebre Q que organizó recientemente el Grupo de Investigación de Sanidad de Rumiantes de la Universidad de Murcia.

En humanos, la fiebre Q puede manifestarse con un cuadro febril agudo con tres presentaciones básicas: neumonía atípica, forma febril con hepatitis o síndrome febril aislado. En pocas ocasiones, y bajo ciertas condiciones de predisposición (valvulopatías cardiacas, aneurismas, prótesis, o inmunodepresión), la infección aguda puede evolucionar hacia la cronicidad. La fiebre Q crónica suele expresarse

en forma de endocarditis con hemocultivos negativos, o como infección de aneurismas o prótesis vasculares. Si bien la fiebre Q aguda es habitualmente benigna, responde bien a diversos antimicrobianos y tiende a autolimitarse, la fiebre Q crónica evoluciona naturalmente a un curso tórpido que conduce al fallecimiento del paciente. Por otro lado, la infección por ‘C. burnetii’ en la mujer gestante puede ser causa de diversas patologías obstétricas que pueden determinar abortos.

En pequeños rumiantes la fiebre Q causa abortos, que pueden superar el 50% en ganado caprino. Los animales infectados excretan ‘C. burnetii’, mayoritariamente, a través de la placenta y los productos del parto, así como por fluidos vaginales y heces y, por ello, la paridera es el periodo de mayor riesgo zoonósico. Otras vías de eliminación de la bacteria son la leche y orina. Las ganaderías con antecedentes de abortos, deben priorizar el diagnóstico de la fiebre Q a partir de placentas y fetos, además de fluidos vaginales y suero sanguíneo, con el fin de instaurar precozmente, en su caso, estrategias de control frente a la enfermedad.

La gestión de las placentas y del estiércol es clave en las explotaciones infectadas. Las placentas han de retirarse rápidamente y almacenar en contenedores estancos (se pueden congelar), hasta que sean retiradas por un gestor de residuos biológicos. Tras un brote de fiebre Q, el estiércol juega un importante papel en la diseminación de ‘C. burnetii’, pues ante bajas precipitaciones y presencia de viento, las bacterias presentes en el estiércol pueden ser vehiculadas por el viento y causar brotes de fiebre Q en lugares distantes.

Como medidas de control complementarias, se recomienda utilizar calzado y ropa de uso exclusivo en la explotación afectada, para evitar vehicular la infección a zonas libres. También se ha de impedir el acceso de visitas a explotaciones infectadas, para evitar riesgos de contagio, especialmente durante el periodo de paridera, pues hay una alta correlación entre la excreción bacteriana por parte de los animales infectados y la contaminación bacteriana ambiental generada. Así mismo, conviene controlar otros reservorios de la infección, como garrapatas, roedores y otras especies (gatos o perros).

La prevención con vacuna inactivada en fase I reduce la incidencia de los abortos y mantiene bajos niveles de excreción bacteriana. Se recomienda vacunar y revacunar antes de la cubrición, así como vacunar y revacunar la reposición a los 3 meses de edad, con dosis de recuerdo anuales. La vacunación es una medida que se plantea a medio o largo plazo, debido a la formas de resistencia de ‘C. burnetii’, que persisten en el ambiente periodos prolongados. En lo que respecta a la compraventa de animales, por parte de explotaciones con episodios recientes de fiebre Q, ésta ha de hacerse con animales no infectados y vacunados.

La Región de Murcia cuenta con una importante cabaña ganadera de caprino, predominantemente intensiva y con parideras no estacionales, a pesar de lo cual la situación de la fiebre Q entre la población de la comunidad es poco conocida, con apenas una treintena de casos humanos comunicados. Por ello, en orden a estudiar el alcance de la fiebre Q en su población sería interesante, en primer lugar, valorar la seroprevalencia humana de la infección analizando una muestra representativa de sueros, para, posteriormente, intensificar los esfuerzos para mejorar el diagnóstico etiólogico de los posibles síndromes febriles de duración intermedia, neumonías, hepatitis, pacientes con valvulopatías y/o prótesis, y embarazadas con problemas obstétricos y abortos. Estos estudios implicarían tanto a médicos de Atención Primaria como a diversos especialistas del ámbito hospitalario, coordinados todos ellos por la autoridad comunitaria competente en Epidemiología y Salud Pública. La valoración conjunta de todos los resultados permitirá conocer el alcance de la fiebre Q en la población de la Comunidad de Murcia y valorar la necesidad ulterior de efectuar medidas de vigilancia, control y eventual profilaxis de la infección en la cabaña ganadera de la región.

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