“El compromiso que tenemos con la tierra nos empuja a agradecerle todo lo que nos brinda”

Entrevista a Carlos Moro, presidente del Grupo Matarromera

Anna León18/05/2012
Dicen que la primera impresión es la que cuenta. Hace casi un año, el pasado 10 de junio, tuve la oportunidad de asistir al 'Wineries for Climate Protection', en el Palacio de Congresos de Fira de Barcelona. Entre los ponentes pude escuchar el testimonio de Carlos Moro, presidente del Grupo Matarromera, quien desgranó, paso a paso, el ‘Proyecto Tierra’, iniciado por la firma en el año 2005. En aquel momento, ya me quedó claro el empeño de este grupo bodeguero para hacer frente al cambio climático. “Tenemos un compromiso con la tierra y todo lo que ésta nos brinda”, recalca Carlos Moro en esta entrevista, cuya pasión por la viña le viene de familia. “Matarromera es un sueño”, asegura este ingeniero agrónomo doctorado en enología.
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Carlos Moro, presidente del Grupo Matarromera.

“Difícilmente se puede hacer vinos de calidad si no respetamos el medio ambiente”. Lo dijo usted el pasado 28 de marzo, en el marco de Alimentaria, durante la jornada del congreso Wineries for Climate Protection. ¿A qué se refería exactamente?

Ante todo somos viticultores y agricultores. Todo lo que hagamos para ser más sostenibles, lo hacemos por obligación con la tierra que cultivamos. Creemos que el hecho de trabajar estas tierras junto al río Duero, que nos dan estos excelentes vinos, nos obliga también a cuidarlas. También tenemos en cuenta el legado que dejaremos a nuestros sucesores; nos parece algo de importancia vital. Soy de la opinión que lo más importante es el respeto por la tierra que nos lo da todo.

Más de un centenar de bodegueros ratificaron su compromiso contra el cambio climático, en Alimentaria. Aun así, dada la coyuntura actual, a muchas bodegas se les hace difícil poner en práctica un programa de acción para conseguir los 10 puntos definidos en la ‘Declaración de Barcelona’. En su opinión, ¿qué hace falta para que el sector abogue por políticas de biodiversidad? ¿Cree que lo tiene fácil o necesita una mayor implicación pública?

Por supuesto que sí, la sociedad no debe mirar hacia otro lado ante el cambio climático. En nuestro país existen muchas empresas comprometidas con este asunto; se podría decir que Europa es líder en políticas de reducción de emisiones contaminantes y eficiencia energética.

Todas las instituciones, tanto públicas como privadas, se deben involucrar en políticas de biodiversidad. La crisis no debe ser una excusa para no actuar; creo que este es el momento adecuado para hacerlo, siguiendo una estrategia bien definida.

“Ante todo somos viticultores y agricultores. Todo lo que hagamos para ser más sostenibles, lo hacemos por obligación con la tierra que cultivamos”
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El respeto y cuidado de la tierra es básico para el Grupo Matarromera, cuyas bodegas se hallan en la Ribera del Duero. Una zona donde se producen vinos que gozan de fama reconocida, dentro y fuera del país. En la imagen, viñas del grupo bodeguero.


Grupo Matarromera, cuyas bodegas se hallan en la Ribera del Duero, destina el 30% de su facturación, cerca de 3,5 millones de euros anuales, a I+D+i. ¿El hecho de situarse en una de las zonas productoras por excelencia del país obliga a invertir más recursos en innovación y nuevas tecnologías? ¿Hasta qué punto influye la tradición vinícola y la tipicidad local en los vinos Matarromera?

Como ya he comentado antes, el compromiso que tenemos con esta tierra nos empuja a agradecerle todo lo que nos brinda. Por ello, me tomo como un reto personal el hecho de invertir en I+D y obtener todo el rendimiento posible. Y si eso sirve para elaborar productos nuevos que mejoren, entre otros, la  calidad de vida de las personas, bienvenidos sean.

Lógicamente, Matarromera está íntimamente ligada a esta tierra, incluso en época de mis bisabuelos. Y piensa continuar agradeciendo al río Duero todo lo que éste le ofrece.

Volviendo a la sostenibilidad, hace siete años, Grupo Matarromera puso en marcha el programa ‘Proyecto Tierra’ “bajo criterios de responsabilidad social corporativa así como de la búsqueda de excelencia del producto”. En síntesis, ¿en qué consistía y en qué punto se halla en la actualidad?

Este proyecto nos ha servido para dar a conocer nuestras buenas prácticas. Una filosofía que nos ha hecho merecedores del Premio Europeo de Medio Ambiente otorgado por la Fundación Entorno.

En este sentido, algunos de nuestros proyectos se orientan a disminuir nuestra dependencia energética, la reducción de emisiones, el aprovechamiento de subproductos y la producción ecológica, entre otros.

Hoy en día, seguimos implementando y mejorando nuestras prácticas para así reducir nuestro impacto en el medio ambiente.

“Todas las instituciones, tanto públicas como privadas, se deben involucrar en políticas de biodiversidad. La crisis no debe ser una excusa para no actuar; este es el momento adecuado para hacerlo, siguiendo una estrategia bien definida”
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Los edificios ecoeficientes son una constante en Matarromera. En la actualidad, cuenta con cinco plantas de energía solar fotovoltaica. La bodega Emina, en la foto, situada en Valbuena de Duero (D.O. Ribera del Duero), dispone de tres plantas con una capacidad conjunta de 237\1kW\2y un total de 1.660 paneles fotovoltaicos.

El programa alcanzó uno de sus puntos de inflexión durante el año 2010. Fue entonces cuando Aenor acreditó a Grupo Matarromera como primera empresa española que calculaba su huella de carbono para su vino Emina Verdejo. ¿Qué supuso para su empresa la obtención de esta certificación? Tengo entendido que, desde entonces, calculan también las emisiones que emiten en la producción, transporte, distribución y consumo de otros productos, como el Emina 12 y el Matarromera Crianza…

En efecto, hemos calculado la huella de carbono en esas tres referencias y trabajamos día tras día para poder acreditar otras más.

Calcular ese impacto en el medio ambiente fue un paso importante para nosotros, pero lo siguiente que hemos de hacer es disminuir esa cantidad. Por ejemplo, utilizando menos vidrio en las botellas. Así, al pesar menos, su transporte es más eficiente.

Desde la implantación de energías renovables en sus bodegas al cultivo ecológico, la explotación de biomasa o la plantación de pino piñonero. O el aprovechamiento de subproductos del vino, como los hollejos, para producir aguardiente y brandi. En general, ¿qué balance hacen tras la puesta en marcha de estas buenas prácticas?

Totalmente positivo. No es un proceso fácil, porque la tendencia general es hacer las cosas de la manera más cómoda. Cambiar esa tendencia es lo complicado. Las 140 toneladas de residuos vitivinícolas y forestales que generamos al año nos permiten una producción anual de 623.000 kWh y, a la vez, evitamos la emisión de 400 toneladas de CO2. Una aportación pequeña pero eso sí, en beneficio del medio ambiente

Una de las últimas líneas de trabajo en la que se hallan inmersos es el cálculo de la huella hídrica. Un trabajo de sumo interés si se tiene en cuenta que los expertos avisan que el agua será, en unos años, un recurso escaso, tal y como ya sucede en algunos puntos del planeta…

No hay duda que los recursos naturales son limitados y el agua mucho más. Buena parte de las Comunidades Autónomas de nuestro país tienen problemas con los niveles de agua existentes.

Pienso que es importantísimo intentar reducir el consumo de agua y optimizar su uso mediante sistemas inteligentes. Por ejemplo, el riego por goteo o la instalación de sensores de suelo que indiquen el momento adecuado y la duración del riego.

“Las 140 toneladas de residuos vitivinícolas y forestales que generamos al año nos permiten una producción anual de 623.000 kWh y, a la vez, evitamos la emisión de 400 toneladas de CO2. Una aportación pequeña pero eso sí, en beneficio del medio ambiente”
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Vista de la bodega sostenible Emina, de Matarromera, por dentro.


Durante los últimos 40 años, la temperatura del planeta ha subido un grado; aunque los expertos vaticinan un aumento, como mínimo, de dos grados a lo largo de este siglo. Ante semejante panorama, ¿qué futuro le espera al sector vitivinícola? ¿Cómo se preparan, en Matarromera, para hacer frente al calentamiento global?

Vivimos por y para la tierra, de ahí la enorme preocupación por el calentamiento climático. Creo que estamos en la línea de hacer las cosas bien, pero para eso, como he dicho antes, hace falta ayuda y conciencia pública.

Es evidente que hay un cambio climático, y el proyecto Cenit Demeter, en el que participamos, estudia la incidencia de ese cambio en el cultivo de la vid. Creemos que se incrementarán las temperaturas y disminuirán las precipitaciones, con el consiguiente estrés para el viñedo. A partir de ahí, y fruto de ese estrés, veremos cómo las cosechas se adelantan, el grado de alcohol sube y baja la acidez en el vino...

Por eso nos preparamos para conocer perfectamente el perfil genético de cada cepa y así saber qué variedades son más adecuadas a la climatología que podemos tener en un futuro no muy lejano.

Y ya para acabar, remontémonos a los inicios del Grupo Matarromera, en 1988. Un proyecto que usted fundó y al que aporta su formación como ingeniero técnico superior agrónomo, un doctorado en enología y sus antecedentes familiares, vinculados a la viña y el vino. ¿Cómo conjuga esta vocación por el vino con llevar las riendas de una compañía de las dimensiones de Matarromera?

Para mí, Matarromera es un sueño. Mis antepasados ya cultivaron esta tierra con pasión. Por lo tanto, y a pesar de haber  desempeñado otros puestos en distintas empresas, tenía claro que quería convertir Matarromera en marca de referencia. Eso sí, incorporando las últimas tecnologías pero manteniendo la forma de elaboración tradicional.

Básicamente, es un placer ver crecer la empresa y ser partícipe, de forma activa, de dicho crecimiento.

“Para mí, Matarromera es un sueño. Mis antepasados ya cultivaron esta tierra con pasión. Es un placer ver crecer la empresa y ser partícipe, de forma activa, de dicho crecimiento”
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En la foto, viñedos Pago de las Solanas. De ahí, se cosechan las uvas con las que se elabora el crianza Matarromera Prestigio Pago de las Solanas, en barrica nueva durante 21 meses. La partida de este vino se limita a 2.600 botellas.

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