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Las bodegas han conseguido 75 medallas de oro por sus vinos en concursos de todo el mundo

Albet i Noya: los pioneros del vino ecológico

David Pozo07/03/2012

7 de marzo de 2012

En la comarca del Penedés, que acoge una de las denominaciones de origen con más solera de nuestro país, nos encontramos con dos tipos de terrenos: las amplias llanuras donde tiene su viña la gran industria del cava, y por otro, terrenos de pequeñas terrazas donde se elaboran algunos de los caldos más selectos de la tierra. Es aquí donde emplazamos a Albet i Noya, una bodega con más de 30 años de historia, y que ha hecho bandera del vino ecológico, o el vino "más sano", como le gusta llamarle a Josep Maria, uno de sus dueños.
Situadas a las puertas de Sant Pau d'Ordal, pequeña población situada en el corazón de la comarca del Alt Penedés, se sitúan unas bodegas que comenzaron su recorrido hace más de tres décadas: Albet i Noya. “Hace 34 años yo era viticultor y vendía mis uvas a los elaboradores, pero tenía ganas de comercializar. Estaba harto de vender a precios que yo consideraba injustos, y además tenía que estar continuamente negociando los precios con las organizaciones agrarias. Nunca había forma de llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes. Y en realidad, así sigue siendo hoy también, 30 años después”, narra Josep Maria Albet i Noya. “Suerte que tomamos la decisión de comenzar a embotellar, porque era la única forma factible que veía y sigo viendo para llegar al consumidor y desvincularte de toda una cadena 'perversa' de comercialización”.
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Los terrenos cultivados de las bodegas Albet i Noya ocupan 86 hectáreas, en las que hay 170 pequeñas parcelas.
“En aquel momento recibí una oferta de Dinamarca para producir vino ecológico. Yo era vegetariano y pensaron que era una buen candidato para hacer ese tipo de vinos y no me lo pensé dos veces. Al principio vas con dudas y miedos, pero ya entonces nos fue muy bien. Comenzamos a elaborar vinos ecológicos de la variedad 'Ull de llebre' para esta empresa danesa, pero poco a poco nos fuimos introduciendo en otros mercados europeos. Hasta hace unos diez años toda la uva era de cosecha propia, hasta que comenzamos a adquirir también uva de otros pequeños productores”.

Crecimiento progresivo con el vino ecológico como emblema

"Yo creo que el periodo más importante de Albet i Noya aún no ha llegado, pero el crecimiento ha sido progresivo. Quizás ahora llevamos cuatro años con una producción estabilizada, motivada por la situación económica y una mayor competencia, pero hasta entonces siempre habíamos tenido un crecimiento continuo, que además nos ha permitido ir ganando incluso en personal fijo. Exceptuando este último cuatrienio y algún año suelto más, cada año hemos incorporado una persona fija más en plantilla, hasta llegar a los 25 empleados que formamos hoy en día Albet i Noya”, afirma el gerente con orgullo.
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Josep Maria Albet i Noya comenzó a producir sus propios vinos hace 34 años.
La apuesta por un tipo de vino en concreto, el ecólogico, y su fama de pionero ha tenido mucho que ver con el éxito cosechado por las bodegas Albet i Noya. “El vino ecológico nos ha dado un conocimiento importante a lo largo del tiempo, porque su crecimiento también ha sido progresivo. Nuestra idea nunca ha sido encerrarnos en el vino ecológico, sino verlo como un valor añadido del producto, porque es más sano y porque detrás hay un trabajo respetuoso con la tierra, lo que le añade también un valor cultural. A día de hoy, el reconocimiento a nivel mundial incluso a mí me sorprende, porque no esperaba verlo. Yo pensaba que algún día todos los vinos llegarían a ser ecológicos, porque hacerlo o no hacerlo no significa un gran esfuerzo añadido. El vino ecológico es un producto sano que aporta un respeto por la naturaleza y que va mucho más allá que la reducción de emisiones de CO2”.
“Nuestra idea nunca ha sido encerrarnos en el vino ecológico, sino verlo como un valor añadido del producto, porque es más sano y porque detrás hay un trabajo respetuoso con la tierra”
"Lo mejor es que cada día que pasa el consumidor sabe apreciar más ese valor añadido del vino. La nueva generación de consumidores ya conoce desde pequeños aspectos como la ecología o la naturaleza, mucho más que gente de edades más avanzadas que no los tienen interiorizados. Se trata además de un valor que se puede certificar, y que aparece en la etiqueta, y por lo tanto no de una simple moda o de un argumento de venta”, afirma Josep Maria Albet i Noya.
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Diploma que certifica con Medalla de Oro los vinos Chardonnay de Albet i Noya.
El reconocimiento a las bodegas Albet i Noya ha llegado en forma de medallas de múltiples concursos internacionales. En la actualidad, pasear por la sala de cuadros de la bodega es hacerlo por un lugar lleno de cuadros con certificados de Medallas de Oro, hasta un total de 75. Y es que tal y como nos confiesa Josep Maria Albet i Noya, y lo hace con toda la humildad del mundo, ya no caben en las paredes los premios de inferior categoría. “Llegar a conseguir 75 medallas de oro no es tarea fácil. Son muchos años de hacer buenos vinos y de enviarlos a diversos concursos alrededor del mundo. Es importante de cara al consumidor, como referencia, pero además también a nivel interno, como un reconocimiento independiente por parte de alguien que no conoce a nadie de los que aquí elaboran los vinos. Y eso para ellos resulta muy reconfortante”. A la pregunta de qué premio le ha hecho más ilusión, la respuesta no la tuvo que pensar demasiado, el concedido por el Jurado Internacional de Chardonnay en 2010, cuando entre 1.686 botellas de Chardonnay de 900 bodegas de 37 países de todo el mundo se posicionó a la colección de vinos Chardonnay de 2008 de Albet i Noya en quinto lugar.
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Albet i Noya acaba de inaugurar una nueva planta en sus instalaciones.

El trabajo con nuevas variedades

Actualmente en las bodegas Albet i Noya se trabaja con 24 variedades, casi todas las autorizadas por la D.O. Penedés, además de con 7 variedades que se encuentran en fase experimental y con las que se elaboran 14 tipos de vino cada año. “Disponemos de una parte de la bodega única y exclusivamente para trabajar con las variedades experimentales, y además contamos con un enólogo diferente cada año que trabaja con ellas”, destaca el responsable de la bodega. “En este aspecto somos bastante punteros. Sin descartar las variedades autóctonas de toda la vida y las que se están recuperando porque habían desaparecido, venimos trabajando en la evolución de nuevas variedades que han pasado unos procesos de calidad y de resistencias. No se trata de variedades de manipulación genética, sino variedades por cruce sexual, tal como la viña hubiese evolucionado naturalmente. Las variedades futuras evolucionadas que se buscan serán más resistentes, con el objetivo de que no se hayan de tratar tanto con fungicidas, y más adaptadas a nuestro clima”. Además se lleva también trabajando desde hace cuatro años en una pequeña parcela con viticultura biodinámica, otra de las apuestas de Albet i Noya para un futuro no muy lejano.
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Actualmente en las bodegas Albet i Noya se trabaja con 24 variedades, casi todas las autorizadas por la D.O. Penedés, además de con 7 variedades que se encuentran en fase experimental
Albet i Noya se encuentra actualmente en 23 países de tres continentes –Europa, América y Asia–. “Mi abuelo iba a la cafetería del casal de Vilafranca del Penedés a negociar con el vino. Eso ha desaparecido totalmente. Tras un periodo en que se pasó a negociar por teléfono o fax, ahora el negocio ya es global, en todo el mundo, y quien no lo entiende así es que no ha evolucionado. Nosotros exportamos el 80% de nuestra producción. Por ello se ha de viajar por todo el mundo, y aunque países como China están evolucionando mucho, creo que por suerte la cultura occidental del vino se está imponiendo y marca la pauta a otros grandes países productores en el mundo, como pueden ser en Sudamérica (Argentina, Brasil y Chile), Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, etc. Estos países tienen menos frenos culturales y burocráticos de los que nos hemos autoimpuesto en Europa, pero a la vez ellos están aprendiendo de nosotros muchos valores culturales del vino que  no tienen. A estos países y productores no les podremos ganar por cantidad, y por lo tanto hemos de luchar por nichos de mercado donde podamos ganar por valores culturales, que ni tienen ni tendrán, y en que podamos ofrecer incluso a un consumidor la posibilidad de saber la parcela donde se ha criado la uva con la que se ha elaborado el vino que está consumiendo”.
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Anualmente, más de 3.000 personas visitan las bodegas Albet i Noya.

Un futuro que sólo puede ir a mejor

Cuando le preguntamos a Josep Maria Albet i Noya sobre cómo se imagina sus bodegas en 20 años, se le iluminan los ojos con una mezcla de ilusión y nostalgia: “Pues seguramente estaré jubilado, pero si la salud me lo permite me iré retirando progresivamente y de una forma natural. Veo una bodega algo más grande, alcanzando una producción de un millón y medio de botellas en unos quince años (en la actualidad se producen un millón), y que sería nuestro techo. Seremos una empresa madura que a la vez que produce también seguirá trabajando aspectos como los vinos de parcela, muy especializados, con recuperación y renovación de variedades, etc. Todo ello abre ante nosotros un futuro apasionante, para el que me gustaría contar ahora con 20 años para poder afrontarlo. Lo que nos espera  es muy grande. A pesar del cambio climático y de muchos otros condicionantes, seguro que nos adaptaremos y seguiremos avanzando en el buen camino”.

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