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“El vino es una obra de arte que conmueve nuestros sentidos”

Entrevista a Miguel Agustí Torres, presidente de Bodegas Torres

Anna León28/10/2011

17 de febrero de 2012

Cuarta generación al frente del principal exportador de vino español, Miguel Agustí Torres, presidente de Bodegas Torres, se prodiga en todos aquellos congresos y eventos que abordan el cambio climático. Conduce, con maestría, una empresa familiar, fundada en 1870, y presente, hoy en día, en más de 140 países. Y aun así, sigue preocupado por el estado de salud de nuestro planeta. A sus 70 años, todavía le mueve la pasión por la enología y la viticultura. “Elaborar vino no es un negocio. Desde que se planta la cepa hasta que se embotella el vino, pasan 10 años. Nuestro secreto está en cuidar la calidad al máximo en todos los aspectos de la elaboración, desde el viñedo hasta el embotellado. El vino es una obra de arte que conmueve nuestros sentidos”.
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Miguel Agustí Torres, presidente de Bodegas Torres.

El pasado 9 de junio, más de un centenar de bodegueros –Bodegas Torres incluida– ratificaron su compromiso contra el cambio climático, a través de la ‘Declaración de Barcelona’. Unos meses después, en el curso de ‘Winefuture Hong Kong 2011, donde usted participó como ponente, pidió a las bodegas un esfuerzo conjunto en esta materia. Aun así, y en su opinión, ¿qué falta para hacer de la viticultura una actividad ecológica de verdad, más allá del ‘marketing verde’?

Creo que a muchas bodegas –debido al momento económico actual– se les hace difícil poner en práctica un programa de acción para conseguir los 10 puntos definidos en la 'Declaración de Barcelona'. Actualmente, cerca de 120 bodegas se han unido a dicha Declaración y ratificarán su compromiso el próximo 26 de marzo en el marco de Alimentaria 2012.

Desde hace unos años, la familia Torres invierte 10 millones de euros en energías renovables y en reforestación. En nueve años, se proponen reducir sus emisiones de CO2 en un 30% por botella. En general, ¿cómo piensan alcanzar este objetivo?

A través de nuestro programa 'Torres & Earth' que incluye proyectos de energías renovables, la optimización del uso del agua, la eco-eficiencia en el transporte, la reducción de emisiones de CO2, y las medidas de adaptación en los viñedos. Por ejemplo, el vidrio es responsable de gran parte de la huella de carbono de una botella de vino. Por lo tanto, ahora utilizamos botellas que pesan menos.

Además, en bodega hemos reducido el consumo de energía mediante el aislamiento de las cubas de acero y la construcción de almacenes subterráneos. Cuando construimos edificios nuevos, utilizamos sistemas de eficiencia energética de última generación.

Asimismo, y de forma gradual, estamos reemplazando a los coches diésel utilizados por nuestros representantes por coches híbridos, y ya tenemos unos 50. Como novedad, este año vamos a experimentar con coches eléctricos. Yo mismo estoy probando un coche 100% eléctrico.

Pero esto no es todo. También hemos desarrollado un reactor de pirólisis, en el que una vez sometidos los troncos de cepas a temperaturas elevadas en ausencia de oxígeno, se obtiene biochar (carbón vegetal). Este carbón vegetal, de contenido elevado en carbono, permite almacenar de forma estable el CO2 capturado por las cepas. Además, se puede utilizar como material combustible o reincorporarse al suelo del viñedo. De este modo, contribuimos a incrementar la actividad biológica del suelo y su fertilidad.

“Creo a muchas bodegas cuando aseguran, debido a la crisis, que tienen dificultades para establecer un programa basándose en la 'Declaración de Barcelona'. Aun así, cerca de 120 ratificarán su compromiso en Alimentaria”
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Detrás de la afirmación “Cuanto más cuidamos la tierra, mejor vino conseguimos”, hay un gran esfuerzo de investigación. Así nos lo dejó claro durante el 'Wineries for Climate Protection', celebrado el pasado 10 de junio. Entonces, Bodegas Torres estudiaba junto a la Universidad de Salamanca, la posibilidad de usar algas cianobacterianas para absorber parte del dióxido de carbono que se genera durante la fermentación del vino. ¿En qué punto se halla esta línea de investigación pionera en el sector?

Es cierto. Se trata de un proyecto muy interesante. Estas algas, las cianobacterias hicieron posible la vida en el planeta. Hace 300 millones de años, en la Tierra no había oxígeno; la atmósfera contenía metano, hidrógeno, CO2, etc. Y aparecieron estas cianobacterias que absorbían el CO2 y desprendían oxigeno. Con el paso del tiemo se creó la atmósfera y la Tierra como la conocemos hoy en día. En estos momentos, nosotros experimentamos, junto a la Universidad de Sevilla, con algas de esta familia para recuperar el CO2 emitido durante la fabricación de nuestros vinos. A posteriori, y en teoría, estas algas se pueden usar como biocombustible. Hasta ahora, hemos llevado a cabo ensayos y experimentos durante tres años. Y sí, es un proyecto muy interesante, pero complicado en la práctica.

Durante los últimos 40 años, la temperatura del planeta ha subido un grado; aunque se prevé, como mínimo, un incremento de dos grados a lo largo de este siglo. Ante semejante panorama, ¿qué futuro le espera al sector vitivinícola? ¿Cómo se preparan, en Bodegas Torres, para hacer frente al calentamiento global?

En realidad, hay una gran discusión sobre cuánto ha subido la temperatura en todo el planeta. En Bodegas Torres sabemos seguro –porque lo hemos medido– que la temperatura en nuestros viñedos se ha disparado un grado en los últimos 40 años. Y hemos observado que empezamos la vendimia más o menos 10 días antes que hace 20 años. Ello demuestra que la viña es muy sensible al calor. En estos momentos, implementamos una serie de prácticas vitícolas con el propósito de retrasar la maduración de la uva. Hacemos ensayos con marcos de plantación más anchos, cambiamos la cubierta vegetal, probamos sistemas de conducción, podas, etc. Si las temperaturas suben dos grados más a lo largo de este siglo, seguramente el mapa de denominaciones de origen de Europa, tal y como lo conocemos hoy, no existirá. Nosotros estamos preparados para incluso un grado más; lo podríamos soportar plantando las viñas en terrenos más altos. Ya lo estamos haciendo: tenemos viñas a 1.000 metros.

A nivel nacional participamos en un proyecto de investigación muy interesante llamado Cenit-Demeter, por parte de un grupo de 26 bodegas y universidades españolas. Mi hija Mireia lidera este proyecto que estudia las consecuencias del cambio climático para la viticultura, del que se darán a conocer las conclusiones, a lo largo de este año.

“Ante el cambio climático, estamos preparados para incluso un grado más. Lo podemos soportar plantando las viñas en terrenos más altos. Tenemos viñas a 1.000 metros de altura”
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Con el calentamiento global, en Torres han detectado un incremento de un grado. Para hacer frente a esta situación, plantan viñas en terrenos más altos. Un ejemplo es la finca Fransola, en el municipio de Santa Maria de Miralles situado en el Penedès (Cataluña). Allí cultivan 25 hectáreas de Sauvignon Blanc con el que elaboran su blanco Fransola.

El australiano ‘Master of Wine’, Philip Reedman, aseguraba en una entrevista reciente que el mercado para vinos certificados con carbono neutro aún es pequeño, aunque se halla en pleno apogeo. ¿Está de acuerdo con esta afirmación? Respecto al consumidor, ¿cree que éste se acostumbrará a exigir vinos con la certificación de la huella de carbono?

No del todo. Pienso que todavía hay que homologar las certificaciones y acercar procedimientos entre los diferentes países.

Tal y como se puso de manifiesto en el ‘Wineries for Climate Protection’, bodegas como Matarromera empiezan a trabajar en el cálculo de la huella hídrica. Al respecto, ¿qué opina de esta práctica? ¿Cree que, con los años, el sector bodeguero tendrá en cuenta el cálculo del consumo de agua en sus procesos industriales?

Éste es un tema muy importante. Realmente, Matarromera está haciendo un trabajo ejemplar, no solo en el cálculo de la huella hídrica, sino también en cuanto al uso de energías renovables y en la reducción del consumo de agua. En Bodegas Torres trabajamos también en la recuperación del agua de lluvia. Durante el pasado ejercicio, recuperamos cinco millones de litros, aunque queremos llegar a 10. Además, contamos con una planta biológica de tratamiento de aguas residuales que nos permite depurar 1.200 metros cúbicos al día. Y en casi todos los viñedos hemos instalado sistemas inteligentes de riego por goteo que miden constantemente los niveles de humedad en el suelo y en las vides.

Usted pertenece a la cuarta generación de una empresa bodeguera que factura 205 millones de euros y exporta a 104 países. A grandes rasgos, ¿cuáles son los próximos retos de Bodegas Torres para el año que acaba de comenzar?

Bueno, la economía española está en una situación complicada. A nivel nacional, nuestra cuota de mercado ha caído un 25%, mientras que los 140 mercados a los que exportamos nuestros vinos suponen el 75% de nuestras ventas. Aun así, gracias al turismo, las ventas españolas han aumentado un poco en comparación con el mismo período del año anterior.  En general soy optimista. La nuestra es una empresa familiar 100% autofinanciada, que reinvierte el 95% de sus ganancias. Las perspectivas son buenas para nosotros y para la industria del vino en nuestro país.

“Elaborar vino no es un negocio. Desde que uno planta una cepa hasta que embotella su vino, pasan 10 años. Nuestro secreto está en cuidar la calidad al máximo en todos los aspectos de la elaboración, con pasión, desde el viñedo hasta el embotellado”
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La bodega Waltraud, integrada en el recinto de Pacs del Penedès (Cataluña), se caracteriza por su diseño ecosostenible. Por ejemplo, ha sido construida bajo el nivel natural, para reducir el impacto visual del paisaje. Se aprecia además, arena blanca para favorecer el efecto albedo, fenómeno natural provocado por la reflexión de la luz solar y vegetación leñosa que reduce el consumo de agua.

Y ya para acabar, en una entrevista citó, entre los requisitos de un buen vino, que éste tenga tipicidad y carácter local. ¿Elaborar vino es más que un negocio?

En realidad, soy de la opinión que elaborar vino no es un negocio. Desde que uno planta una cepa hasta que embotella su vino, pasan diez años. Por esto, es vital que seamos una empresa familiar: no dependemos de los mercados financieros y por lo tanto, podemos trabajar más bien a largo plazo. Yo suelo decir: “El vino es una obra de arte que conmueve nuestros sentidos”. Creo que nuestro secreto está en cuidar la calidad al máximo en todos los aspectos de la elaboración, con pasión, desde el viñedo hasta el embotellado. Elaboramos vinos en España, Chile y California, siempre bajo esta misma filosofía: encontrar el mejor terruño para las mejores uvas, respetando este carácter local, esta “tipicidad” del vino.

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