Marcas, identidad, comunicación, formación: Gestión integral de la comunicación y el conocimiento

Las Fábricas del Futuro

Ander Gurrutxaga, catedrático de Sociología e investigador principal del Grupo de Investigación Innolab.

Auxkin Galarraga, profesor adjunto de Sociología y miembro de Innolab.

08/12/2016
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Foto: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.

Las Fábricas del Futuro es una metáfora (analíticamente construida) que se interesa por el tipo de fenómenos que suceden en espacios industriales que no son ya los de la sociedad clásica. Se refiere a la emergencia de industrias que producen objetos y productos materiales transformados a la vez en valores sociales cotizados, industrias que dotan de identidades a los clientes consumidores que invierten en ellas. Entre sus características podemos destacar: crecen en entornos de innovación; promueven el valor de la novedad; tienen capacidad para producir objetos materiales; y promueven ideas como las de marca, identidad, vínculo social, estatus (personal y colectivo) y estilos de vida. En nuestro trabajo, la emergencia de este tipo de “fábricas” depende, sobre todo, de cuatro factores: 1) la innovación tecnológica; 2) el conocimiento social que incorporan a la producción de objetos y servicios; 3) el poder de los entornos de innovación; y 4) la singularidad de los mercados.

La caja de herramientas con la que opera contiene cuatro instrumentos: 1) creatividad; 2) innovación socialmente orientada; 3) carácter emprendedor; y 4) estilo de vida. Las expresiones se alejan del formalismo laboral y de las medidas de la vieja industria. Producen objetos cargados de valores, identifican el producto con intangibles específicos. En nuestro análisis, la Fábrica del Futuro dice que el cambio de época (el tránsito desde la sociedad industrial a la del conocimiento y de la segunda y tercera a la cuarta revolución industrial) condiciona la emergencia de nuevos sectores productivos. Sin necesidad de que desaparezcan los grandes símbolos industriales (sobre todo las manufacturas, automoción, maquina herramienta, bienes de equipo o la energía) se promueven condiciones para que algunos otros sectores de la industria, que no tienen el recorrido histórico estructural de las industrias clásicas, emerjan como expresiones de nuevos sectores productivos. Industrias asociadas, por ejemplo, a la experiencia (gastronomía, turismo), la aventura, el riesgo, la regeneración urbana, la exhibición temática de las ciudades, la conciencia y la lógica terapéutica, el descubrimiento científico, el marketing urbano, los servicios de la buena vida, etc. Por otra parte, el conocimiento social y la tecnología digital son dos componentes que hacen posible el cambio de era y promueven otras formas de producir.

En nuestras investigaciones, este tipo de industrias expresan el cambio de época (la institucionalización de la sociedad del conocimiento), anuncian la fragmentación de la producción industrial, visualizan aspectos fundamentales de la época, en especial, la nueva estructura del empleo y los cambios en los salarios, los sentidos del trabajo, la creación de nuevas desigualdades, la reconfiguración de la estructura social, el cambio generacional y las ideas alrededor de cómo tiene que ser el futuro. Una vez más, al igual que ocurría en la sociedad industrial, las consecuencias de la institucionalización provocan mutaciones estructurales. Las nuevas industrias, las fábricas que promueven y los objetos que producen aúnan elementos imitados o copiados de sistemas industriales tradicionales con los correspondientes a la cuarta revolución industrial. El imperativo tecnológico y los requisitos de conocimiento social sostienen la bóveda donde recogen los productos característicos de la industria 4.0 y las fábricas del futuro.

Las claves del conocimiento social que emplean las fábricas del futuro dicen que el cambio es la respuesta para casi todo: la flexibilidad y la capacidad de adaptación son las dos razones de la época. Los propietarios del mapa dicen por qué las cosas no funcionan “como deben" o por qué hay que “experimentar” para “arreglar cosas”. La utilización del valor estratégico de las nuevas industrias significa participar de la competición para ver quién cambia más y más rápido. En estos casos, lo que importa es moverse, aunque no se sepa hacia donde o se confunda la acción con el movimiento.

La conclusión es que el cambio de vocabulario y marco cognitivo caracteriza a la élite de la industria, el comercio o las finanzas. Se utilizan, dice, tropos, conceptos, palabras como “danza”, “surf”, “jazz”, "movimiento”. Se habla menos de la ingeniería de los productos o de la arquitectura institucional y más de culturas, redes, equipos o coaliciones. Antes que escribir de control o dirección prefieren hablar de influencias, liderazgo, motivaciones, redes, colaboración, cooperación, competencias o habilidades. Los nuevos términos transfieren, producen y se refugian en mensajes relacionados con la fluidez, volatilidad, flexibilidad, corta vida, innovación, creatividad, emprendimiento o capacidades. Los sujetos buscan organizaciones con estructuras fáciles de coser, descoser, desmantelar y reorganizar.

El mundo que reflejan los productos que salen de esas fábricas está sometido a las leyes de la velocidad, del cambio instantáneo y errático. Ello provoca que algunos valores estables, objetivos o claros y de obligado cumplimiento, fijos u ortodoxos, se transformen en desventajas, hasta el punto de que jugar con ingredientes tradicionales les pone en el umbral de perder y poder ser expulsados de las instituciones donde quieren estar, como si la receta fuese: “sé tú mismo”, es decir, el personaje único, singular y diferente que crea, emprende e innova. En una palabra, no ser como los demás. Lo que se compra y se vende son las diferencias no las semejanzas. Hacen falta ideas insólitas, nuevas, proyectos excepcionales que “nunca” hayan sido sugeridos por otros, promover el camino y la propensión a recorrer veredas, carreteras o caminos en solitario que nadie haya recorrido antes. En el conocimiento social que triunfa con las fábricas del futuro, hay que inventar o innovar. Lo nuevo es la antesala del que emprende y promueve la “buena nueva” del credo infatigable del vendedor de novedades.

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