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“Toca apostar por la ecoeficiencia y por la proporcionalidad ambiental”

Entrevista a Carlos Martínez-Orgado, presidente del Instituto para la Sostenibilidad de los Recursos (ISR)

David Muñoz09/11/2011

9 de noviembre de 2011

El ISR acumula una larga experiencia en tareas relacionadas con la sostenibilidad, el uso de los recursos naturales y el medio ambiente, erigiéndose en un interlocutor de referencia con administraciones, empresas, entidades científicas y con la propia sociedad en todos estos ámbitos. Entrevistamos a su presidente, Carlos Martínez-Orgado para conocer más en profundidad cómo está afectando la crisis a la búsqueda de la excelencia medioambiental.

¿Es posible alcanzar la excelencia medioambiental en un escenario de crisis como el actual? ¿Son dos conceptos antagónicos entre sí?

Considero que son perfectamente compatibles, tanto en España como en el resto del mundo, aunque es evidente que lograr esa coexistencia entre ambos supone un reto. Es una tarea posible pero nada sencilla. La línea para hacerlos compatibles supone un trazo muy fino, en el que hay que atinar al máximo.

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Carlos Martínez-Orgado, Presidente del Instituto para la Sostenibilidad de los Recursos (ISR).

¿Cuáles son las principales dificultades que entraña trabajar en esta situación de crisis económica?

La excelencia ambiental cuesta dinero y cuando éste escasea es complicado gastarlo. Durante los últimos 20 años, las políticas europeas sobre sostenibilidad han estado basadas en una serie de paradigmas que tenían su origen en un modelo de abundancia, de sociedades ricas, donde se podían destinar grandes recursos para alcanzar magnos objetivos. Cuando este modelo ha quebrado, dando lugar a una crisis de civilización, la salida pasa por afrontar realidades diferentes. Ese anterior diseño, hecho para sociedades opulentas, no va a ser posible mantenerlo. Ahora lo que toca es un ejercicio de máxima inteligencia, de apostar por la eficiencia y la proporcionalidad, de priorizar en lo que verdaderamente es importante. Hay que dejar los brindis al sol para otra ocasión.

¿Se está reculando en materia de sostenibilidad, de uso ecoeficiente de los recursos y de protección del medio ambiente?

Se han dado pasos atrás pero también, y aunque parezca contradictorio, pasos hacia adelante, muchos de estos últimos de forma casi involuntaria. ¿Por qué digo esto? Hasta la llegada de la crisis, el fuerte crecimiento que estaba siguiendo nuestro país, hacía presagiar que sería imposible cumplir con los compromisos medioambientales marcados por Kyoto. Sin embargo, el cambio de ciclo ha conllevado una mayor convergencia con esos requerimientos debido a la caída de la actividad industrial y al descenso del consumo. Emitimos menos CO2 y generamos menos residuos porque nos hemos empobrecido. Esos objetivos que parecían inalcanzables hace apenas unos años se han hecho ahora posibles debido a la crisis.

¿Dónde se puede apreciar más esta convergencia?

Un claro ejemplo lo podemos observar en el ámbito de la generación de residuos. Llevábamos 20 años inventando sistemas para reducir el volumen de residuos en favor de la prevención y lo cierto es que apenas lográbamos una mínima reducción. De repente, ha irrumpido la crisis y la consiguiente caída del consumo, y se ha logrado bajar de un plumazo, en un 10%, la generación de residuos.

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La llegada de la crisis ha conllevado una caída en las inversiones destinadas a reducir las emisiones de CO2.

¿Y en cuanto a los pasos atrás que también comentaba?

Los más evidentes los encontramos en las inversiones que iban a ir destinadas a proyectos de grandes infraestructuras para gestión ambiental, y que ahora han quedado congelados hasta la llegada de mejores tiempos. Por ejemplo, en Cataluña se había contemplado la construcción de varias instalaciones para evitar que se repitan graves casos de sequía como los que se vivieron allí hace unos años y ahora todos esos proyectos han sido abandonados.

¿Afecta de igual forma la crisis a administraciones públicas, entidades privadas y particulares?

Son todos eslabones de la misma cadena, si bien es cierto que muchos de los grandes males que afectan a nuestro sector tienen su origen en la mala situación económica por la que atraviesan las administraciones. Al no tener dinero, no contratan, y si lo hacen, puede darse la fórmula más perniciosa de este problema: que al final no paguen por esos servicios. Esta situación, con casos extremos de impagos de hasta tres años, afecta directamente a las empresas especializadas en servicios ambientales, muchas de las cuales están viendo cómo se tambalean sus cimientos. Es una situación insostenible que se ve además agravada por un escenario donde no hay crédito por parte de las entidades financieras.

"Durante los últimos 20 años, las políticas europeas sobre sostenibilidad han estado basadas en una serie de paradigmas que tenían su origen en un modelo de abundancia"

¿Qué se puede hacer para contrarrestar esta situación?

La crisis exige tomar medidas para adaptarnos a un nuevo escenario. Pongo un ejemplo: los sistemas de recogida establecidos hace unos años para los puntos verdes que hay en España están diseñados para unas determinadas cantidades de residuos. El coste de mantener esas estructuras se repercutía sobre un volumen de basuras que era mayor que el actual, por lo que la relación precio/tonelada ha aumentado considerablemente. No ha habido una transformación en el sistema que contemple esa bajada de residuos, sigue existiendo el mismo número de contenedores, no se han hecho modificaciones en los procesos de recogida, etc.

¿Podemos considerarnos un 'país verde', al estilo de Alemania?

Desde mi punto de vista, el concepto de 'país verde' no existe, ni siquiera lo es Alemania. Hay mucha leyenda urbana. Evidentemente, el grado de excelencia medioambiental que puede existir en alguna ciudad alemana está aún muy por encima del que pueda darse en alguna parte de España pero tampoco es para autocomplacerse. Hay muchas luces y sombras, sobre todo en los costes excesivos que se manejan en aquel país para algunos procesos.

Vuelvo a lo de antes, la excelencia medioambiental se ha orientado equivocadamente para sociedades ricas y ahora mismo una administración en Europa no puede plantearse destinar sus inversiones a estos asuntos (para muchos, 'prescindibles'), cuando está recortando en cuestiones como sanidad, educación o pensiones. Los recursos son finitos y hay que gestionarlos con sabiduría.

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El planeta se enfrenta a múltiples amenazas ambientales que no pueden obviarse por la crisis.

¿En qué situación se encuentra la sociedad española respecto al resto de Europa en materia medioambiental?

Depende. Si hablamos de 'los más listos de la clase', estamos por detrás; si consideramos la EU-27, nos encontramos en el pelotón de cabeza; y si el ámbito de comparación es la UE-15, estamos en el medio del pelotón. En líneas generales puedo decir que formamos parte del grupo de países que van cumpliendo con las exigencias ambientales en función de las directivas pero no somos los más adelantados.

¿Y si la comparación la hacemos en el tiempo? ¿Se ha avanzado en España durante los últimos años en eficiencia ambiental?

En términos absolutos, rotundamente sí. En términos relativos, hay que matizar. Si comparamos la foto de hace 20 años con la actual es evidente que hemos avanzado. La cuestión es si se podía haber avanzado más, a lo que mi respuesta es sí. Aunque también se podía haber evolucionado menos.

¿En qué aspectos se puede incidir aún más?

Hay que avanzar en sostenibilidad considerando dos premisas: la ecoeficiencia y la proporcionalidad. Esto implica lograr cambios significativos y eficientes desde el punto de vista ambiental. Es decir que para subir un escalón de mejora no haya que emplear muchos más recursos de los que se utilizaban. Que sea una actuación lógica y no hacer como Abundio que vendió el coche para comprar gasolina. Una mejora ambiental puede ser negativa si hemos tenido que emplear muchos más recursos (energía, emisiones de CO2…) que lo que hemos ahorrado. Puede darse que el remedio sea peor que la enfermedad.

Además hay que acompasar los discursos a la realidad ya que en ocasiones los políticos emiten mensajes hiperdesarrollados en materia ambiental. Predicar es muy fácil pero dar trigo es otro asunto. Muchos anuncian tener las mejores soluciones medioambientales, reciclar más que nadie, etc., y cuando profundizas, te das cuenta de que la realidad es otra. De hecho, hay comunidades que ponen en sus memorias que compostan un porcentaje de basura que es casi el doble de la materia orgánica que obtienen de sus basuras.

Parece que los temas medioambientales ya no interesan tanto a los políticos. De hecho, en el reciente debate televisivo entre los dos partidos mayoritarios apenas se mencionaron.

Ahora mismo no es una prioridad para la sociedad española, no sólo para los políticos. Los ciudadanos tienen un zapato que les aprieta mucho más: paro, falta de financiación a las pymes, consumo, etc. Como señalaba antes, el discurso ambiental se ha establecido sobre una realidad de ricos, y como ésta ya no existe, ha dejado de ser una prioridad, lo que es un error. A la gente se la ha llevado a identificar objetivos de sostenibilidad basados en premisas que no se ajustan a la realidad. Por ejemplo, el cambio climático se ha tratado prácticamente como un asunto de conversación de ascensor entre vecinos: “¿Llevamos una semana sin que llueva?”, dice uno. “Eso es cosa del cambio climático”, contesta el otro. Y lo cierto es que éste es un asunto mucho más profundo, no tan banal. No se aprecian los efectos de este cambio climático en si un año es más seco que otro, en si un invierno es más frío que otro y demás. Los efectos son más dilatados en el tiempo. Una cosa es la climatología, que como decían nuestras abuelas, “está loca”, y otra los verdaderos efectos del cambio climático, que existiría incluso sin la presencia humana y que el hombre está acelerando.

No podemos perder la oportunidad de acompasar la salida a la crisis con un nuevo orden de las cosas en el que la sostenibilidad juegue un papel fundamental.

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La sociedad española ha avanzado notablemente en materia medioambiental pero aún queda mucho camino por recorrer.

Centrando la entrevista en la gestión y tratamiento de los residuos municipales, el núcleo del Congreso Reinnova. ¿Cuál es su opinión sobre la situación de esta actividad en España?

A largo plazo, el cambio producido ha sido espectacular pero aún queda mucho por hacer. Supone un claro ejemplo de la necesidad de rediseñar los referentes porque no tiene sentido seguir desarrollando sistemas carísimos para no lograr resultados ambientales sensibles. Ya sea la administración o entidades privadas las que gestionan los sistemas integrados, lo cierto es que al final es el ciudadano el que paga esta actividad, por lo que hay que buscar sistemas eficientes que permitan lograr los mejores resultados con el mínimo coste. No se puede seguir derrochando en sistemas que han demostrado ser ineficientes.

¿Puede poner un ejemplo?

Hace 20 años, en grandes capitales españolas se decidió que la excelencia ambiental, en materia de residuos, consistía en recoger la basura todos los días del año salvo en Navidad y en Año Nuevo, lo que incrementó enormemente los costes. Por el contrario, “los primeros de la clase”, los países más avanzados en materia medioambiental, recogen sus basuras con una periodicidad mucho mayor, quizás una vez cada quince días. Se gastan más dinero en sistemas de máximo aprovechamiento de los recursos que en recoger la basura. Evidentemente, por temas climatológicos, sobre todo por el calor que hace en buena parte del año, en España no podemos hacer lo mismo que en Suecia o Finlandia, pero entre 15 días y diariamente hay una distancia notable que hace posible buscar un término medio. Pensémoslo bien: ¿Cuánto ahorraría una ciudad si en lugar de recoger la basura diariamente lo hiciera tres días a la semana? Sería positivo hacer un estudio más en profundidad de esto y analizar todos los pros y los contras.

"El gran reto de los medioambientalistas es liberar a la sociedad de cosas innecesarias sin rebajar el listón ambiental"

¿También se puede ganar en eficiencia en la clasificación de los residuos?

Es un hecho que la tecnología que existe hoy para clasificar envases no es la misma que la que había hace 15 años cuando se hizo la Ley. En aquellos momentos la única manera de clasificar envases para reciclarlos era con una segregación en origen absoluta. Ahora mismo, y nosotros hemos participado en estudios específicos en Alemania, existen medios avanzados para que esta segregación se pueda hacer en destino, lo que puede abaratar los costes. Sólo hay un problema, que cuando hemos enseñado a la gente a actuar de una determinada forma sería complicado hacerles cambiar su patrón de comportamiento. Pero no se puede perder de vista que estas nuevas tecnologías suponen el futuro.

Estos debates hay que abrirlos desde la serenidad y no desde el eslogan. Hace falta un argumentario, tener claros los puntos de llegada y, si se puede, hacer un 'backcasting', es decir, definir un punto de llegada y planificar hacia atrás. El gran reto de los medioambientalistas es liberar a la sociedad de cosas innecesarias sin rebajar el listón ambiental.

¿En qué medida puede beneficiar a esta labor la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados? ¿Es una aportación interesante?

Según mi opinión, no, porque es la última ley hecha desde un mundo rico, totalmente diferente al actual. Hay criterios de proporcionalidad y de eficiencia que no aparecen en esta normativa. Es una ley que ha transpuesto una directiva europea con un año de retraso y que ha necesitado más de diez años de discusiones. Parte de un discurso que se creó hace más de una década, cuando la sociedad de entonces nada tiene que ver con la de ahora. Pongo un ejemplo muy significativo. El paradigma de la gestión de residuos en la UE durante años ha sido el “desacoplamiento del crecimiento económico respecto de la generación de residuos”, cuando la crisis ha demostrado que es un binomio con una relación directa. Una caída del consumo ha conllevado un descenso de los residuos. Ese paradigma es absurdo pero a nadie se le había ocurrido la posibilidad de que pudiera darse un crecimiento negativo. Hasta no hace mucho, se aconsejaba a la gente consumir menos cuando ahora es todo lo contrario.

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La recogida selectiva juega un papel fundamental en todo lo relacionado con el reciclaje.

Su ponencia en Reinnova versó sobre 'El uso de la materia orgánica estabilizada'. ¿Cuáles serán sus puntos fuertes?

La Ley de Residuos ha hecho una distinción, que no estaba en la directiva y sí en documentos previos, que señala que sólo se puede llamar “compost” al producto que se obtiene de un proceso a partir de materia orgánica recogida selectivamente, cuando hasta ahora no se contemplaba si esta recogida era selectiva o no. La Ley, desde mi punto de vista de forma equivocada, distingue compost de lo que no lo es por el origen, no por estándares de calidad. Pero tanto la directiva como la ley contemplan la posibilidad de que un país haga un Real Decreto que fije las condiciones de uso para que un producto de un proceso de valorización se convierta en materia reutilizable. Desde ISR, junto a expertos, empresas especializadas y la administración, estamos trabajando en un esbozo de ese Real Decreto para que se pueda emplear en determinadas aplicaciones materia orgánica recogida no selectivamente en función de estándares de calidad, aunque no se llame compost. La idea es crear tres grupos, de acuerdo a estos estándares: uso agrícola primario, uso agrícola secundario y otras aplicaciones como cubrición de vertederos, taludes en carreteras, campos de golf, etc.

Lo que pretendemos es que una realidad que hay en España como es la producción de material estabilizado, que conlleva gastos importantes, que no sea carne de vertedero sino que tenga una utilidad de acuerdo a sus estándares de calidad. A ese producto, aunque tenga un valor pequeño, siempre será mejor darle un uso antes que suponer un coste adicional, como puede ser su transporte a la incineradora.

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