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“Muchas veces las leyes no están claras y hay que interpretar lo que quiere la Administración”

Entrevista a Benet Rins, gerente de Tractament Mediambiental Integral, S.L. (TMI) e Ivalore

Javier García12/09/2011

12 de septiembre de 2011

Benet Rins es gerente de la consultoría medioambiental y de tratamiento de aguas Tractament Mediambiental Integral, S.L. (TMI) y de la empresa Ivalore, especializada en el sector de los residuos industriales. Su formación como químico y su experiencia profesional hacen de él una voz experta en materia medioambiental. En esta entrevista, Rins desgrana los entresijos de la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados, y ofrece su valoración personal de la legislación que regula la relación entre la industria y nuestro entorno.
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Benet Rins.

¿Cree apropiadas las normativas actuales en materia de medio ambiente?

En estos momentos, prácticamente toda la legislación ambiental viene definida por la CEE, y a partir de ahí cada Estado miembro la traspone a su propia legislación. En el caso de nuestro país, son las comunidades autónomas las que tienen las competencias, con lo cual la pueden volver a trasponer a su legislación.

Lo que implica que las empresas deben conocer la legislación autonómica, la nacional y la europea.

Efectivamente, así es. Además, esa trasposición sólo puede ser más restrictiva, con lo cual nos encontramos en muchos casos con legislaciones más restrictivas en España que incluso en Alemania, y distintas para diferentes comunidades autónomas. Si a eso le añadimos que el seguimiento y control de toda esta legislación es diferente en cada caso, el caos está servido.

¿Cómo arreglar este desaguisado?

Sentido común en la aplicación de la legislación, menos burocracia, e invertir esos ahorros en ayudar a las empresas a mejorar aún más su comportamiento ambiental.

¿Y cuál es su opinión en referencia a la nueva Ley de Residuos y Suelos Contaminados?

En principio, es una evolución de la anterior, pero, como en muchas otras leyes, a la hora de aplicarla hay una serie de asuntos que pueden generar grandes discrepancias.

Por ejemplo…

La valorización de los residuos. En la ley no queda muy claro si al transformarse un residuo, éste pasará a ser un producto o continuará siendo un residuo; no queda clara la figura del subproducto y la comercialización del mismo. Tampoco se entiende muy bien cómo se instrumentará la figura del intermediario. Cuando salga el reglamento y cuando se aplique en las diferentes comunidades autónomas podremos opinar con más conocimiento de causa.

Y puede que entonces surjan los primeros problemas.

La ley marca el camino a seguir, pero no especifica cómo hacerlo. Según como se desarrolle el reglamento, se podría dar la incongruencia que para las empresas fuera más gravoso valorizar su residuo (buen comportamiento ambiental), que llevarlo a un vertedero. De hecho, para ayudar a las empresas a entender y gestionar toda esta información surgen consultorías como la que dirijo.

Algo necesario…

Es imposible que el gerente de una pequeña empresa, que normalmente se ocupa de todos los temas, pueda conocer la legislación ambiental y actuar en consecuencia. Para una compañía de estas características, la figura de la consultoría medioambiental es imprescindible.

¿Y en el caso de una mediana empresa?

Algunas cuentan con un responsable de medio ambiente que, normalmente, es responsable también de calidad y de riesgos laborales. Esta persona se ocupará del día a día y poco más. Los nuevos proyectos no los podrá asumir y, difícilmente, podrá pensar en una mejora continua del medio ambiente. En las empresas grandes, que suelen disponer de departamentos de medio ambiente, los proyectos suelen ser de una gran magnitud, y tampoco suelen ocuparse de ello.

¿Por qué?

Ellos abordan un proyecto de estas características a lo mejor una vez en su historia, mientras que nosotros, los expertos, hemos hecho trescientos. Lógicamente, nuestra experiencia es muchísimo mayor. Hay que reconocer que no es fácil: muchas veces las leyes no están claras y hay que interpretar lo que quiere la Administración, y cotejarlo con ella después.

Uno de los servicios que ofrece su empresa es el análisis de riesgos ambientales. ¿En qué consiste?

En 2007 apareció la Ley de Responsabilidad Ambiental, que responsabiliza a las empresas del daño que puedan hacer sus actividades al medio ambiente. Desde su publicación, en caso de producirse un accidente medioambiental, todas las compañías están obligadas a reponer el estado ambiental anterior al mismo.

Dejar el entorno como estaba antes del incidente…

Sí. Pondré un ejemplo. En Aznalcóllar una empresa vertió por accidente residuos tóxicos al río Agria, que luego llegaron al Guadiamar, que fluye por el Parque Nacional de Doñana. Un acontecimiento de grave impacto para el medio ambiente. Al cabo de los años, el caso terminó en los tribunales. Lógicamente, la empresa acabó implicada, pero ya había desaparecido y no pudo hacer frente a las consecuencias ni rehacer el impacto que causó en el entorno. Desde 2007, esto ya no es posible.

La empresa debe responsabilizarse.

Sí. La Ley de Responsabilidad Ambiental obliga a las empresas a hacer una evaluación de su riesgo. En función del resultado de éste riesgo, lo más común es que formalice una póliza de seguros de responsabilidad ambiental que cubra los posibles daños actuales y futuros.

Otro de los servicios que brindan a sus clientes es la gestión integral de los residuos. ¿Qué beneficios pueden obtener?

En nuestro servicio, ofrecemos la posibilidad de gestionarles todos sus residuos (reducir, por tanto, su carga de trabajo), disminuyendo la factura actual que pagan por éste residuo. Parte de la cantidad ahorrada es lo que nosotros cobramos por nuestro trabajo.

Las leyes de protección marcan los límites en los que una empresa puede operar sin contaminar el entorno. Usted conoce el sector, ¿qué grado de cumplimiento cree que tiene este marco legislativo en nuestro país?

Creo que la inmensa mayoría de los empresarios quiere gestionar bien los residuos y cumplir con las normativas. En muchas ocasiones, el no cumplir es más por el desconocimiento de la cantidad de legislación existente que por no querer.

Con lo duro que es ser empresario hoy, sólo falta que por un problema ambiental acabes en la cárcel. También quiero puntualizar que si no hay un seguimiento y unas inspecciones continuadas, el grado de cumplimiento disminuye. Ejemplo: todos sabemos que hemos de hacer nuestra declaración de renta, pero ¿la haríamos si hacienda no hiciera inspecciones a aquellas personas que no la hacen?

Gestionar correctamente los residuos puede también verse como una ventaja competitiva…

Sí, en el otro extremo encontramos empresas que, como objetivo estratégico, intentan mejorar su relación con el medio ambiente por encima de los límites que fija la ley. Lo asumen como un coste y le sacan un provecho competitivo. Muchas compañías afirman que si hay un residuo es porque un proceso productivo debe mejorar. El objetivo es que no se genere el residuo.

Algunas empresas se quejan de que muchos de los límites marcados por la ley no se pueden cumplir. ¿Qué opina al respecto?

Sí, en ocasiones se da esta situación. Por ejemplo, en determinadas industrias que vierten sulfatos, alcanzar 500 ppm es prácticamente imposible. Precipitándolo con calcio se puede llegar a 1.500, pero bajar de ahí no se puede. Ocurre lo mismo en empresas que consumen una gran cantidad de agua y que vierten sales solubles (cloruro, sodio, potasio…): no pueden cumplir determinados valores de conductividad.

¿Y qué hacen?

Lamentablemente, consumen más agua. Toda una incongruencia.

¿Cree que las pequeñas empresas pueden adaptarse a las exigencias medioambientales?

Creo que han mejorado mucho, pero eso no significa que cumplan al cien por cien con todo. Para empresas de pocos trabajadores, es difícil asumir los costes de medio ambiente, de riesgo laboral y de otras mil cosas que la ley les exige, cuando van a tener una facturación acorde al número de personas que emplean. A veces no saben, a veces no quieren y a veces no pueden cumplir. Aquel empresario que antes se podía ganar la vida haciendo lo que hacía, hoy no se la puede ganar porque los gastos indirectos han crecido muchísimo. Para salir a flote debe producir más para facturar más. Muchas han dado el salto y hay otras muchas que no. Lamentablemente, estas últimas están condenadas a desaparecer.

¿Qué industrias contaminan más?

Mucho o poco todas contaminan, pero, por sectores productivos, yo diría que el sector del metal, la industria química, la papelera, la farmacéutica y la minera. En general, la industria transformadora.

¿Y cree que es posible una industria que no contamine?

Sí, es posible. Debemos diferenciar entre la empresa ideal que no genera emisiones, ni vertidos, ni residuos; la empresa legal, que cumple con toda la legislación vigente y procura mejorar cada día, y la empresa que no cumple ni lo pretende. Las dos primeras no contaminan, aunque la primera sea más sostenible que la segunda.

¿Cuál es el camino hacia esa empresa ideal?

Para poder mejorar, lo primero que hay que hacer es contabilizar correctamente los costes ambientales. Una vez estos se integran en la gestión global de la empresa, podemos reducirlo. Mientras sólo se considere como coste ambiental el precio de los residuos, difícilmente conseguiremos acercarnos hacia la empresa ideal.

¿Qué ayudas ofrecen las Administraciones a las empresas en materia medioambiental?

En estos momentos no hay prácticamente ningún tipo de subvenciones, pero, tengo que matizar que, en muchas ocasiones, se preferirían otro tipo de ayudas, más económicas y eficientes.

¿Qué tipo de apoyo?

La misión de un empresario es generar valor para el país, en forma de ocupación, mejora ambiental, recursos... No es misión del empresario sortear la cantidad de obstáculos que le pone la Administración en el camino, en los cuales, muchas veces, pierde la fuerza y el dinero.

Nuestra misión es precisamente ayudar a las empresas para que el coste medioambiental sea un dolor de cabeza menos, pretendemos ayudarles a ver la luz en ese laberinto de leyes y normativas en las que se ven atrapadas, allanándoles el camino de obstáculos. Para ello, tramitamos todo los documentos relacionados con medio ambiente, vertidos, emisiones y residuos acompañándoles de la mano hasta la obtención de los permisos pertinentes, o si lo desean permitiéndoles que externalicen toda su gestión ambiental.

Vertido cero

Una empresa que en su proceso industrial genere aguas residuales debe tratarlas para adecuarlas a la legislación ambiental. El vertido cero se da cuando la compañía trata estas aguas y las reincorpora al proceso. De esta manera, explica Rins, “el consumo de agua, hipotéticamente, es cero”. “Es difícil precisar cuánto se puede ahorrar en agua una industria, porque depende de la actividad de ésta y de múltiples factores, pero, en todo caso, es considerable”.

Empresas o entidades relacionadas

Tractament Mediambiental Integral, S.L.