“En España estamos enterrando combustibles de mejor calidad que aquellos que importamos desde los países árabes”

Entrevista a Ion Olaeta, presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER)

Javier García29/11/2012
Nadie mejor que Ion Olaeta, presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), para hablar del reciclaje en nuestro país; del grado de concienciación y compromiso que de ella tienen ciudadanos y empresas; de las graves consecuencias económicas y para el entorno de una mala gestión; de los hábitos y costumbres en materia de reciclaje —los buenos y los malos—; de la valorización energética; de la estrecha y necesaria relación entre reciclaje y medio ambiente, así como de las leyes que regulan su gestión. De todo ello y más, habla la voz experta de Olaeta en esta entrevista.
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Ion Olaeta, presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER).

¿Cree que hay una verdadera conciencia ciudadana de reciclaje en España? Sitúenos con respecto a nuestros vecinos europeos.

Pese a lo que pensamos, la conciencia de reciclaje de los españoles no es mala. Obviamente cada año vamos mejorando, pero cuando comparamos las estadísticas de reciclaje con nuestros vecinos europeos vemos que nuestras tasas de reciclaje están en la media.

¿Y en el caso de nuestras empresas?

Ocurre algo similar. Depende del sector, de la región e incluso de la situación económica, pero lo cierto es que en los últimos 15 años hemos mejorado de forma considerable, lo que ha hecho que cuestiones que antes se hacían solamente si había una amenaza por parte de la administración ahora se lleven a cabo de forma natural.

¿Qué comunidades están más y menos sensibilizadas al respecto?

Actualmente, el grado de sensibilidad ambiental en España es bastante bueno en todas las Comunidades Autónomas. Ahora bien, Cataluña, País Vasco y Andalucía siempre destacaron por ser pioneras en cuestiones ambientales. El hecho de que la mayor parte de la legislación ambiental emane de las Directivas Europeas, que a su vez son transpuestas a través de Leyes y Reales Decreto de ámbito nacional, hace que haya una cierta convergencia en estos temas.

¿Cree que está el ciudadano suficientemente informado en materia de reciclaje?

Si bien se ha avanzado, lo cierto es que aún existe un cierto grado de confusión en la gestión de líneas concretas de residuos por parte de la ciudadanía. Así, casi todo el mundo sabe que cuando quiere dar de baja un coche debe llevarlo a un Centro Autorizado de Tratamiento (CAT), lo que antes eran los antiguos desguaces modernizados, entre otras cosas porque de no hacerlo no podrían dar de baja su coche en la Dirección General de Tráfico. También se va teniendo claro qué hacer con los residuos de envases, papel, cartón y vidrio aunque aún queden ciertas dudas. El problema suele surgir cuando el ciudadano se enfrenta a residuos más complejos o peligrosos como aceites, baterías o residuos electrónicos. En esos casos el grado de desconocimiento o el esfuerzo que supone llevar los residuos a un punto limpio hacen que se comentan muchos más errores y se gestionen incorrectamente.

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Y estos errores traen consigo consecuencias económicas y medioambientales, ¿no?

Por desgracia, sí. Por ponerle un ejemplo, cuando alguien deposita un residuo en el contenedor de envases sin haber extraído el producto orgánico que contenía va a dificultar mucho la correcta reciclabilidad de dicho residuo. Algo parecido pasa cuando se abandonan en la calle residuos como los electrónicos y son ‘canibalizados’ por operadores informales.

¿Qué destacaría de la evolución del sector en los últimos años?

Sin duda, la apuesta por el progreso continuo y la investigación. Queda ampliamente demostrado por la mejora en los porcentajes de reciclaje y valorización de los residuos que desde el sector gestionamos.

Logramos cumplir con el objetivo del 85% de valorización de los Vehículos Fuera de Uso en 2006 y ahora estamos trabajando duramente para logra elevar ese porcentaje al 95% para el 2015.

De todos los residuos que se reciclan, ¿cuáles presentan mayor dificultad? ¿Por qué?

La complejidad en la reciclabilidad de un residuo viene dada por tres factores: el valor residual de los materiales obtenidos, la mezcla de diferentes componentes y materiales en un solo objeto y la heterogeneidad en los tipos de residuos. Por lo tanto, los residuos que presentan mayor dificultad son aquellos que teniendo poco valor, están compuestos de una gran mezcla de materiales distintos y, además, se encuentran mezclados con otros residuos.

¿Por ejemplo?

Los envases. Imaginemos lo difícil que puede resultar reciclar un tetrabrick si hemos de separarlo de los demás residuos de envases y luego, además, debemos de tratar de separar las diferentes capas de plástico, cartón y aluminio que lo componen. Y todo ello para obtener materiales de poco valor económico ya que del único con un valor teórico alto, el aluminio, la cantidad que se obtiene es muy pequeña.

Entiendo. ¿Puede reciclarse todo lo que llega a nuestros contenedores?

Técnicamente todo es reciclable. Otra cosa es que lo sea económicamente. Con esto quiero decir que si dedicamos infinitas cantidades de dinero todo es reciclable pero, obviamente, y más en la situación actual, esto no es posible y por lo tanto tenemos que tratar de facilitar la reciclabilidad de todas las formas posibles. Uno de los problemas con los que nos encontramos es que una gran parte de los residuos que generamos no van (ni deben ir) a los contenedores de basura de la calle. Como comentaba estos sólo sirven para una parte de los residuos domésticos.

Por otro lado, nos encontramos también con el problema de que para que algo se recicle de manera óptima es importante que cuando ese producto se concibió y fabricó se hubiese tenido en cuenta esto a la hora de su diseño. Lo que nos encontramos en la realidad es que cualquier producto tiene diferentes materiales y componentes mezclados y, además, su desmontaje es muy complejo. Por ello, la reducción a fracciones de material homogéneo, algo esencial a la hora de reciclar, se torna complejo y a veces labor casi imposible.

El reciclaje al medio ambiente

Vivimos en un planeta finito y por lo tanto los recursos con los que contamos son limitados. Si cada vez que queremos fabricar algo vamos a la naturaleza y lo tomamos acabaremos por agotar los recursos naturales. Además, explica Olaeta, a esto hemos de unir que el ser humano usa tanto recursos renovables como no renovables. En el primer caso, si nuestra demanda de recursos es mayor que la capacidad de la naturaleza para generarlo nos encontramos con el primer límite (ejemplo: la madera para hacer papel). Por otro lado, si el recurso que queremos utilizar es no renovable (metal o plásticos) entonces una vez que lo hayamos extraído de la naturaleza este no volverá a generarse.

“La única forma por lo tanto de tratar de asegurar un aprovisionamiento de materias primas a nuestro sistema productivo sin agotar lo recursos de nuestro entorno es maximizar nuestra capacidad y calidad de reciclar”, sostiene el presidente de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje. Un metal, si se selecciona correctamente y de manera homogénea, puede reciclarse de forma infinita, y queda demostrado con el hecho de que, por ejemplo en España, un 85% del acero que producimos viene del reciclaje de chatarra. Asimismo, continúa Olaeta, se recicla el 40% del aluminio o el 50% del cobre. En el caso del plomo, la capacidad del reciclaje es aun mayor, pues hace ya 20 años que se cerró la última mina de plomo. El 100% de este metal se recicla una y otra vez. Algunos plásticos también pueden reciclarse siempre que se clasifiquen bien, de ahí la importancia de que los fabricantes traten de homogeneizar los plásticos a la hora de fabricar sus productos. Finalmente, el reciclaje de materiales como el papel, que puede llegar a reciclarse hasta 7 veces, permite que el ciclo de regeneración de la naturaleza haga su parte.

“El reciclaje es esencial para el medio ambiente. La naturaleza, de hecho “recicla” todo cuando produce. Nosotros seremos tanto más adaptados a la sostenibilidad de nuestro planeta en la medida en que seamos capaces también de reciclar cuanto generamos”, sentencia Olaeta.

¿Qué opinión le merecen las leyes que regulan la gestión de residuos en nuestro país? ¿Qué añadiría, modificaría o suprimiría? ¿Existe algún vacío legal?

Como comentaba antes, en los últimos 15 años el sector del reciclaje en España ha avanzado de manera sorprendente y parte de ese avance se ha debido a la llegada y transposición de legislación ambiental que ha obligado a hacer las cosas de otra forma.

Hace apenas un año se ha aprobado una nueva Ley Básica de Residuos y Suelos Contaminados (22/2011) que ha venido a sustituir a la anterior del 1998 (10/98). Sin ser perfecta esta nueva Ley si ha dado un paso adelante en el reconocimiento de la labor de los recicladores abriendo la puerta a que los residuos ya procesados y listos para su utilización en nuevos procesos productivos puedan ser dejados de considerar como residuos para ser considerados productos. También se ha avanzado en la simplificación administrativa en la gestión de residuos, si bien aun queda mucho que caminar en este sentido.

El hecho de que cada comunidad tenga su competencia y autoridad en materia de medio ambiente tampoco ayuda, ¿verdad?

No, ese es uno de los problemas que tenemos en nuestro país. Es fundamental que se lleve a cabo una coordinación y homogeneización de los requisitos que se exigen para evitar la creación de barreras artificiales al movimiento de materiales reciclables. Hoy en día, llevar un camión con residuos reciclables, desde Huelva a Barcelona requerirá de documentación diferente en función de que se vaya por el interior o por la costa como consecuencia de que se atraviesen diferentes comunidades autónomas. Esto no tiene sentido.

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¿A qué otros retos se enfrenta el sector en nuestro país?

Actualmente nos enfrentamos, como todos los españoles, al problema que supone la crisis económica que estamos atravesando. Nuestro sector es un fiel reflejo del estado de la sociedad: si la sociedad compra coches, nosotros reciclamos los coches fuera de uso que se retiran. Si la sociedad cambia los electrodomésticos por otros nuevos más eficientes, nosotros reciclamos los viejos. Si al sociedad compra cualquier producto, nosotros reciclamos los restos y residuos de la producción de los mismos gestionándolos directamente desde las fábricas.

Y cuando la economía no funciona…

Pues nosotros somos los primeros en sentirlo en forma de merma del material que llega a nuestras plantas. A este reto se une otro consistente en la denostada lucha de nuestro sector contra los operadores ilegales que sin licencia alguna ni cumplimiento de normas ambientales trafican con materiales reciclables valiosos, llegando incluso al robo de dichos materiales tanto en plantas de reciclaje como en la vía pública. La policía hace su trabajo y suele detener a estos sujetos. Llevamos años trabajando tanto en el ámbito nacional como internacional contra esta problemática y confiamos en que, poco a poco y entre todos, podamos ir poniéndole coto.

El pasado mes de octubre, la federación cumplió su 30 aniversario. ¿Se han complicado con las expectativas?

Como puede imaginarse en tres décadas ha ocurrido casi de todo. En realidad, no tenemos nada que ver con lo que éramos hace 30 años y, por otro lado, seguimos siendo los mismos. El objetivo que persiguieron los fundadores de FER en el año 1982 era el de crear una organización que, con carácter nacional, pudiese representar a la industria del reciclado y defendiera sus intereses. Sin duda, ese objetivo se ha cumplido. Hoy en día nuestro sector da trabajo de forma directa a más de 30.000 personas. En FER se integra más del 90% de la gestión de vehículos fuera de uso, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, demoliciones, neumáticos y una larga lista de residuos reciclables.

Si bien en 1982 no representábamos más que a unas decenas de empresas, hoy en día, con casi 300 asociados de forma directa y más de 500 de forma indirecta a través de las asociaciones regionales somos la Asociación que representa los intereses de un sector que, como el nuestro, es clave para el desarrollo económico de nuestro país.

En ese sentido, creo que la conclusión es clara: sí se han alcanzado los objetivos planteados hace ahora 30 años.

Sobre el Acuerdo Marco para la Valorización Energética de Residuos

Háblenos de la valorización energética en nuestro país. ¿Cuál es la situación?

Nuestro país actualmente se encuentra en un proceso de mejora continua en lo que se refiere al aprovechamiento del potencial energético de los residuos. Si bien otros países como Holanda o Alemania, en los que la percepción social de esta actividad industrial es mejor percibida, van a la cabeza, España ha sabido ponerse las pilas en los últimos años. Los ciudadanos poco a poco van comprendiendo que, por ejemplo, utilizar un neumático viejo triturado como combustible en sustitución de la misma cantidad de carbón importado —con la ventaja de que además el neumático emite un 30% menos de CO2 fósil y una cuarta parte menos de azufre— es algo positivo. Durante años, no obstante hemos estado depositando en vertedero materiales con un gran potencial energético sobre todo debido a las barreras sociales y las barreras legales derivadas estas últimas de dichas barreras sociales.

¿Y qué opinión cree que tiene el ciudadano de la valorización energética?

Como comentaba, cuando al ciudadano se le habla de valorizar energéticamente cualquier residuo se imagina o bien un vertedero ardiendo o bien una manifestación de agricultores cortando una carretera con una montaña de neumáticos ardiendo. La imagen de este proceso, que en Europa está totalmente normalizada, es mala, más por desconocimiento que porque la actividad en sí sea criticable.

Además, se ha confundido mucho a los ciudadanos mezclando la incineración con la valorización energética.

Explíquenos la diferencia.

La primera tiene como objetivo la eliminación de residuos, mientras que la segunda sólo utiliza residuos cuyo potencial energético pueda sustituir a un combustible tradicional en un proceso productivo. A esta confusión, muchas veces sin pretenderlo, han contribuido los grupos ecologistas que han hecho que se envíen a vertedero residuos que podrían haberse valorizado energéticamente por una cuestión de prejuicio tecnológico hacia esta actividad. Como decía alguien hace tiempo, en España estamos enterrando combustibles de mejor calidad que aquellos que importamos desde los países árabes.

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Momento de la firma de la renovación del acuerdo, celebrado en el marco del II Congreso Nacional de la Fundación Laboral del Cemento y el Medio Ambiente (Cema).
50.000 toneladas anuales

El objetivo que se marca con este acuerdo, renovado recientemente por FER, Oficemen y Sigrauto, es alcanzar que se valoricen energéticamente 50.000 toneladas anuales de fracciones provenientes de la fragmentación de los vehículos en 2015. Según apuntan las organización, La valorización energética favorece el cumplimiento de las obligaciones medioambientales contraídas en Kyoto así como el cumplimiento de los objetivos de recuperación de los vehículos al final de su vida útil. En España se dan de baja unos 700.000 turismos al año de cuyo peso total la legislación permite actualmente destinar hasta un 15% a vertederos convencionales, siendo ésta la peor solución medioambiental. Esta cifra deberá reducirse a únicamente el 5% para el año 2015.

¿Y con que argumentos se puede convencer a sus detractores de los beneficios de la valorización energética de los residuos?

Creo que es sencillo. España es un país en el que los recursos energéticos son escasos y, por lo tanto, debemos aprovechar al máximo aquellos que tenemos. Los bienes que, una vez cubierto su ciclo de vida devienen en residuos y no son reciclables, pueden tener un último uso en forma de energía. De no ser así su destino no será otro que el vertedero. Además es importante que el público sepa que para utilizar residuos como combustibles alternativos se somete a las empresas a estrictos controles de monitorización en continuo para asegurar que sus emisiones están totalmente controladas, hasta el punto de que esto hace que aquellas empresas que valorizan residuos, al mejorar sus sistemas de proceso, tengan menos emisiones que aquellas que queman combustibles tradicionales como el carbón, el gas o el petróleo.

Volviendo al Acuerdo Marco para la Valorización Energética de Residuos, ¿en qué consiste?

En este acuerdo, que se ha renovado entre Sigrauto (la asociación que integra a fabricantes, desguazadores y recicladores de coches), Oficemen (la asociación que representa a la industria cementera español) y la propia FER, lo que se sientan son las bases para seguir avanzando en la extensión de la utilización de los residuos no reciclables que provienen del tratamiento de los vehículos al final de su vida útil (gomas, cauchos, goma-espuma, maderas, telas y ciertos plásticos) como combustibles en el proceso de fabricación de Clinker (materia prima básica del cemento).

Estos residuos por su heterogeneidad y su presentación en el proceso de reciclado y tratamiento de los vehículos no son actualmente reciclables y deben ir a vertedero. Aun así, hoy en día y como comentaba anteriormente se logra reciclar más del 80% del vehículo. La industria del reciclaje está comprometida en seguir avanzando y por eso es fundamental que logremos aprovechar cualquier resquicio de mejora.

Hemos analizado la composición de los vehículos y la de los residuos que actualmente van a vertedero y hemos descubierto que dichos residuos no son peligrosos y además tienen un poder calorífico importante lo que permitiría, de seguir avanzando, que fuesen utilizados en sustitución del carbón de importación en los hornos de cemento.

¿Qué aportará la adopción del acuerdo?

Gracias a este acuerdo de colaboración se van a poner en común experiencias que ya se han iniciado y se van a intercambiar las mejores prácticas conocidas con el objetivo de avanzar en los porcentajes de valorización (valorización = reciclaje + valorización energética) de los vehículos fuera de uso (VFU).

Ya hay varias fragmentadoras de VFU en España que están trabajando con cementeras pero queremos que dichas prácticas se vayan extendiendo. Y estamos plenamente convencidos de que el resultado de este esfuerzo conjunto conseguirá alcanzar los objetivos planteados.

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