Mientras la cuota de mercado mundial de la UE decae, China registra tasas de crecimiento de su producción industrial superiores al 9 por ciento

La industria química europea en el horizonte de 2015

François Cornelis.

Presidente del Programa de Cefic sobre Competitividad y Comercio Internacional y Director General de Atofina
01/08/2004
Desde el año 2000 se ha producido un declive significativo en la rentabilidad de la industria química, y hemos entrado en un periodo de gran agitación e incertidumbre. Lo que inicialmente parecía un típico bache cíclico podría, por el contrario, ser el signo del nuevo paradigma de la industria química europea. ¿Qué futuro le espera al sector?
Desde hace cuatro años, las tasas de crecimiento industrial se han reducido en todo el mundo excepto en China, los márgenes han sufrido una presión constante por parte de nuevos competidores y de clientes poderosos, y ha resultado difícil contener los costes. La reestructuración se ha convertido en un tema recurrente entre nuestras empresas. La mayoría de los directores generales de la industria describe el entorno como particularmente arriesgado y desafiante.

Y ante este panorama nos podemos preguntar por el futuro que nos espera. Es posible que contemos con empresas químicas europeas prósperas pero con una base europea de producción en proceso de erosión. Así las cosas, y en su calidad de asociación profesional de la industria, a Cefic le pareció oportuno dedicar la Conferencia sobre Comercio y Economía a las perspectivas a largo plazo, y compartir nuestra visión de los desafíos y las promesas para la siguiente década. Un equipo formado por expertos economistas y planificadores estratégicos de la industria realizó un estudio de amplio calado llamado “Industria Química 2015”. En este estudio se hicieron entrevistas a cientos de personas, a fin de recabar sus experiencias, y se han esbozado los diferentes escenarios que conformarán nuestro futuro.

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La década de China

Empecemos con un baño de realidad. El mercado mundial, que representa un valor de 1.300 billones de euros, está ahora dominado por Asia (con una cuota de mercado del 33 por ciento), que se sitúa por delante de Europa (con una cuota de mercado del 32 por ciento) y de Estados Unidos (con una cuota de mercado del 26 por ciento). En los últimos diez años el número de empleos de la industria química europea se ha reducido en un 16 por ciento, hasta situarse en 1,7 millones de personas, mientras que en Europa central y del este la reducción ha sido del 40 por ciento, quedando los recursos situados en un millón de empleos.
Desde 2002 Europa ha dejado de ser el mayor productor de productos químicos del mundo

Se espera que la cuota de mercado mundial de la Unión Europea decaiga del actual 28 por ciento al 23 por ciento en el mejor de los escenarios, y al 16 por ciento en el peor.

Nuestra industria se encuentra en el centro de todos los procesos industriales y de producción. Nuestros productos alimentan todas las principales actividades de la economía. Un tercio de nuestra producción se destina a productos de consumo; el resto va a parar a la industria de automoción, a la de papel e impresión, a productos médicos, al sector de la construcción, a la industria textil, a la agricultura y al sector de producción de maquinaria.

Nuestro trabajo es innovador y pasa por ayudar a estas industrias a diseñar productos mejores y más seguros, y a implantar procesos más limpios y productivos.

Contrariamente a la creencia popular, nuestra industria está compuesta primordialmente por muchos miles de empresas de pequeño y mediano tamaño, dirigidas por empresarios y técnicos, que contribuyen al superávit de nuestra balanza comercial externa.

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La presente década es, sin duda, la década de China. China registra actualmente tasas de crecimiento de su producción industrial superiores al 9 por ciento. El patrón de la demanda de China exige una mayor cantidad de productos químicos que las economías desarrolladas, en donde el sector servicios desempeña un papel más importante. El crecimiento de la demanda china se debe fundamentalmente a los grandes consumidores finales de productos químicos, tales como industrias textiles, de la piel, construcción y plásticos. Por consiguiente, China está atrayendo un importante volumen de nuevas inversiones y está experimentando un incremento de su producción química mayor que el de Europa.
No hemos conseguido adaptarnos al sexto programa marco

El futuro de nuestra industria

La industria química contribuye decisivamente a la balanza comercial de productos manufacturados de la Unión Europea; en la actualidad, representa el 45 por ciento de esa balanza comercial. ¿Podemos mantener estos resultados? ¿Podremos en el futuro? Hemos elaborado cuatro escenarios distintos para el futuro de nuestra industria, basados en modelos macroeconómicos mundiales.

El escenario soleado se basa en un entorno político y macroeconómico altamente favorable, y en la revitalización de la industria mediante la innovación y la orientación al cliente.

El escenario nublado se basa en unos mercados débiles pero con un entorno político y macroeconómico favorable, que ayudaría a la industria a mejorar su competitividad y rentabilidad.

En el escenario lluvioso, la industria europea no consigue desenvolverse en un entorno relativamente favorable y aprovechar sus nuevas oportunidades.

En el escenario tormentoso, la mala situación de los mercados y un entorno político desalentador erosiona la confianza y la competitividad de la industria.

En los diferentes escenarios, el crecimiento del PIB oscila entre el 1,7 por ciento y el 2,5 por ciento anual. De acuerdo con este modelo, la demanda de productos químicos sería ligeramente inferior al crecimiento del PIB, situándose entre el 1,5 por ciento y el 2,5 por ciento; el mayor crecimiento correspondería a los productos de química fina, con un 3,7 por ciento anual.

Pero lo importante es que la producción de productos químicos basada en Europa podría variar en términos mucho más radicales, registrando desde una caída anual del 0,6 por ciento hasta un crecimiento anual del 3,3 por ciento. En el peor de los escenarios, los productos petroquímicos y los plásticos perderían un 2 por ciento de volumen anual, frente a un crecimiento del 3,5 por ciento en el mejor escenario.

Las especialidades y los productos de química fina fluctúan todavía más, entre -1,5 por ciento y + 5 por ciento.

Todo esto significa que, a diferencia del pasado y con la excepción del escenario soleado, el crecimiento de la producción de productos químicos será inferior al crecimiento del PIB.

Las consecuencias para la balanza comercial de la Unión Europea también varían enormemente dependiendo del escenario. En 2002 registramos un superávit comercial récord superior a 40.000 millones de euros. Este resultado se debió a varios factores: a la debilidad del euro –que, por suerte, no duró mucho tiempo– y al crecimiento de la demanda de China, a la que se suministró desde Europa en un esfuerzo de pre-marketing por parte de las empresas europeas antes de desarrollar capacidad productiva sobre el terreno.

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En los próximos años, nuestra posición competitiva podría verse erosionada por dos factores:

• Las ventajas de Asia en cuanto a costes de producción, que están atrayendo a algunos de nuestros mayores clientes. Las industrias textil, juguetera y electrónica ya han relocalizado y seguirán contratando localmente una fracción cada vez mayor de sus necesidades; la producción de artículos químicos podría seguir gradualmente este camino, aprovechando unos costes mucho más bajos.

• Las ventajas de Oriente Medio en cuanto a energía y materias primas: cerca del 50 por ciento de la nueva capacidad mundial de producción de etileno se construirá en dicha región. Está previsto que la producción de Oriente Medio, que es actualmente el triple de lo que era en 1990, se duplique de nuevo de aquí a 2010. Esta producción podría destinarse a una economía asiática en expansión, pero podría refluir hacia Europa y Estados Unidos en caso de que el crecimiento asiático se estancase.

No obstante, se espera que el crecimiento de Asia continúe. Para aprovecharlo, nuestra industria debe atender a tres cuestiones principales: su estructura de costes, su capacidad de innovación y su apoyo político y ambiental.

En nuestra estructura de costes hay dos elementos fundamentales: la logística y la energía. ¿Podrían reducirse los costes de transporte y, en especial, los de transporte ferroviario mediante una liberalización adicional? Se requieren inversiones con carácter de urgencia para mejorar la infraestructura de transportes y facilitar el transporte intermodal. La desventaja que sufrimos es clara: el coste de la logística resulta, de media, un 30-50 por ciento más alto en Europa que en Estados Unidos.

Asimismo, nuestra industria está promoviendo el desarrollo de una mayor infraestructura de oleoductos y gasoductos, que debería reducir la congestión de las carreteras y la contaminación del aire, mejorando así las perspectivas económicas de los núcleos industriales sin salida al mar.

Para mejorar nuestra infraestructura de transportes y nuestros costes operativos se requiere una amplia cooperación entre los distintos actores, así como incentivos a la inversión.

El precio negociado de la electricidad se ha duplicado en un espacio de cuatro años, cuando se esperaba que la liberalización de los mercados de la energía produciría una bajada de los precios. Además, las subvenciones a la electricidad “verde”, los impuestos locales y la capacidad limitada de transporte han contribuido a incrementar los precios de la electricidad para los consumidores industriales europeos, que se resienten tremendamente de ello en un momento en el que no pueden subir sus precios. La energía es uno de los elementos clave de la competencia entre regiones y debemos dedicarle nuestra máxima atención.

Europa ha sabido mantener siempre su liderazgo en especialidades químicas. Este liderazgo se basa en una estrecha asociación con los clientes, en un alto nivel técnico y en I+D.

En una reciente carta al Consejo Europeo, el presidente Chirac, el canciller Schröder y el primer ministro Blair insistieron en que con el actual nivel de inversiones en investigación y desarrollo del 2 por ciento del PIB, Europa está muy lejos de su objetivo estratégico del 3 por ciento. Por nuestra parte, compartimos esta visión y también pensamos que los proyectos de I+D industrial deberían enfocarse más claramente hacia tecnologías claves para el crecimiento, como las ciencias de la vida, las nanotecnologías, las tecnologías de comunicaciones, las tecnologías energéticas y las tecnologías medioambientales.

Actualmente, en Europa, el gasto en I+D supone menos del 2 por ciento de las ventas, y es inferior al de Estados Unidos y Japón. Nos agrada enormemente que la Comisión reconozca la necesidad de establecer “partnerships” públicos y privados como una de las rutas principales para alcanzar los objetivos de Lisboa. En especial, estamos muy satisfechos con la oportunidad que tuvimos de trabajar con el Comisario Busquin en el desarrollo de una plataforma para la industria química.

Pero, como industria, también debemos reconocer nuestros puntos débiles: no hemos conseguido adaptarnos al sexto programa marco, y probablemente somos más lentos que las empresas norteamericanas en transformar la innovación en productos.

No obstante, escasean los incentivos financieros a la investigación y la innovación. También existen impedimentos normativos y –sin ninguna duda– demasiados costes y tiempos de espera en las patentes de nuevos productos. Introducir una nueva sustancia química en Europa lleva el triple de tiempo y cuesta 10 veces más que en Estados Unidos. La inexistencia de una patente europea barata perjudica al entorno de la propiedad intelectual. En el campo de la química, el número de solicitudes de patentes en Europa es un 50 por ciento inferior al número de solicitudes en Japón y Estados Unidos. A tenor de algunas estimaciones de la industria, la nueva patente comunitaria que se está fraguando no será de mucha ayuda, porque se espera que los costes sigan siendo más de cuatro veces superiores a los de Estados Unidos.

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