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Se buscan estudios para dejar de ver sin ver

Ibon Linacisoro01/10/2006
En un artículo publicado en el mes de septiembre, Jordi Pujol analizaba una tendencia que afecta a Europa y Cataluña: la notable caída de estudiantes en carreras científicas o técnicas y el aumento de estudiantes de ciencias sociales, medioambientales, psicología, etc. Ponía de manifiesto que, en definitiva, hay más gente preocupada por arreglar el país que por hacerlo progresar, en estudiar la sociedad que en hacerla crecer. Decía que tanto el crecimiento como el conocimiento y mejora de la sociedad son necesarios y que tiene que haber gente para todo, pero que se está produciendo un desequilibrio entre esta dos funciones. Citaba también el dato de que mayoritariamente los alumnos de las escuelas de formación empresarial quieren ser ejecutivos y no empresarios, una mala señal, decía el autor, porque se está perdiendo el espíritu de iniciativa y de riesgo. El problema, piensa, es que hay una serie de profesiones como la de ingeniero, químico, matemático y físico que son vistos como más comprometedores y más expuestos al error detectable. Además, hay otras que no tienen una buena imagen en sociedad. La química, por ejemplo, es impopular y el cloro lo es especialmente. Pero nadie dice que si se dejase de producir el cloro los efectos económicos serían muy negativos y, sobre todo, que la vida cotidiana perdería muchas de las actuales comodidades. En definitiva, huir del riesgo es lo que conduce nuestras vidas. Afirmación ésta aplicable al 100 por ciento en muchas empresas. ¿No conocemos a nadie que, por evitar problemas, hace lo que le dicen, evita proponer y se deja acomodar en su puesto de trabajo? Es un mal conocido y bien extendido. Bien diferente serían las cosas si pudiéramos ver a través de las paredes. Sí, sí, algunos sí se arriesgan. Vean: un efecto óptico creado en un laboratorio de Londres podría hacer que un día, los objetos macizos y normalmente opacos, como las paredes, fueran transparentes. Investigadores del Imperial College de Londres (ICL) y de la universidad de Neuchâtel (Suiza) han descubierto una técnica que se podría utilizar para ver entre los escombros tras un terremoto o para observar las partes del cuerpo que, en las imágenes por rayos X, quedan ocultas por el hueso. Este efecto se basa en un nuevo material que aprovecha el movimiento de los átomos para tratarlos mediante un rayo láser, pero de manera totalmente nueva.

Este auténtico 'efecto rayos X' se basa en una propiedad de la materia que habitualmente se pasa por alto: que los electrones, al moverse, hacen ondas. “Lo que hemos descubierto -dicen- es cómo controlar esas ondas directamente. Los resultados son a veces totalmente extraños, pero el hecho es fundamental y muy interesante. De momento, este efecto sólo se puede conseguir en el laboratorio y en condiciones muy controladas, pero podría tener enormes aplicaciones”.

Y tanto que sí. Lo primero, a ver cómo se las arreglan los arquitectos para localizar la forma de mantener la intimidad en los cuartos de baño. ¿Se imaginan paredes transparentes en los de la oficina? En fin... Segundo y más importante. Si los huesos ya no taparán, veremos lo que se cuece tras las paredes craneales de todas las personas. Muy peligroso, también. Pero es que es más. Desde España, mirándonos a los pies, veremos lo que sucede en Australia, porque la propia Tierra no impedirá la visión. Pero, pensándolo bien, si todos los cuerpos físicos van a dejar de ser un obstáculo para la visión, simplemente dejaremos de ver. Miraremos al frente, a los lados o hacia abajo y sólo veremos una eterna luz sin fin. Definitivamente, necesitamos que alguien, alguien que se atreva a arriesgar, destroce esta teoría británico-suiza que nos aboca a un mundo con mucha luz, pero sin nada para ver. Debe ser alguien que estudie la cosa en sí y que la frene, que ya tendremos tiempo de analizar por qué los seres humanos buscamos la forma de ver sin ver.

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