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El olor de la seda

01/01/1998





Durante años, los automovilistas que han circulado por la carretera que va de Barcelona al aeropuerto han tenido que cerrar las ventanillas a medio camino ante el desagradable olor que despide día y noche la planta de La Seda de El Prat de Llobregat, instalada nada menos que desde 1926.

En aquellos tiempos de la dictadura de Primo de Rivera, los únicos afectados eran cuatro payeses de la zona y las numerosas aves que anidaban en el delta del Llobregat. Pero ya hace décadas que en la zona se han instalado otras industrias y muchas viviendas, sin que el olor menguara.

De hecho, insisten en La Seda, el olor no procede únicamente de sus fábricas, aunque reconocen que se llevan toda la fama. Otras plantas cercanas, en especial de La Papelera, también aportan su grano de arena a hacer de la zona un lugar especialmente hediondo y por la que se entrecruzan varias autopistas y pasos elevados.

Polímeros inodoros

Lo cierto es que los plásticos no tienen nada que ver con el hedor. La planta que Catalana de Polímers dispone junto a la autovía de Castelldefels no produce ningún olor, pese a ser una de las mayores fábricas europeas de polímero PET y fibras de poliéster. El principal responsable es la planta de hilo de rayón viscosa de Viscoseda, situada junto a la de Catalana de Polímers.

Se da la circunstancia de que tanto Catalana de Polímers como Viscoseda pertenecen al grupo La Seda. Así pues, la responsable del hedor sí es La Seda, aunque no los plásticos. Y esto por una razón: el hilo rayón viscosa se fabrica a partir de la celulosa y en su proceso de fabricación interviene el sulfuro y varios derivados del mismo. El ácido sulfídrico, especialmente, tiene un olor desagradable y por muchas precauciones y filtros que se pongan siempre se escapa algo a la atmósfera.

Según La Seda, pues, el olor hay que atribuirlo exclusivamente al proceso de derivados de la celulosa, que tiene que ver con el sector papelero y textil pero no con el de plásticos. Para complicar más el panorama, se da la circunstancia que La Seda tiene otra empresa, Poliseda, que fabrica hilos de poliéster y de poliamida, que son polímeros derivados del petróleo y, como tales, se pueden considerar plásticos, aunque normalmente se utilizan en el sector textil. Estos polímeros de uso textil, de todos modos, tampoco producen olor cuando se fabrican, con lo también en este caso se puede decir que los plásticos no son responsables del "olor de La Seda".

Control de vectores

El compromiso de Catalana de Polímers con el medio ambiente es estricto desde hace tiempo y está previsto obtener a partir del año que viene el certificado de gestión ambiental, bien sea con ISO14000 o EMAS. Desde la fundación de la compañía, en 1995, existe el compromiso a la "mejora continuada de la situación medioambiental" y su actividad está considerada por la autoridades como "poco contaminante", como aclaran tanto Sinforiano Sisniega, director técnico, como Jordi Foguet, jefe del departamento de ingeniería de la compañía.

En el tema del aire, durante los dos últimos años se han identificado los focos de emisión en las instalaciones productivas y las medidas de emisión oficiales han revelado que todos los focos cumplen la normativa y se han abierto libros de registro. Este año está previsto dejar de consumir fuel-oil esporádicamente en las calderas de aceite térmico. Las plantas de Catalana de Polímers funcionan esencialmente con gas natural, por lo que el vector aire no es el más preocupante.

El vector agua ya es más complejo. En 1995 se llevó a cabo la identificación y análisis de efluentes y el año pasado se inició la recuperación de avivajes de fibra y la segregación de efluentes a tratar de las aguas de refrigeración, así como las pruebas de degradación, diseño preliminar de la depuradora de aguas y la solicitud del plan de descontaminación gradual y de las subvenciones correspondientes.

Según el plan de descontaminación gradual aprobado, el objetivo es obtener el permiso de vertido a cauce público con el cumplimiento de los parámetros de la tabla III de R.D.P.H., que se consideran muy estrictos. De momento se tratan únicamente las aguas con carga orgánica (unos 8,5 metros cúbicos por hora), a la espera de tratar en el futuro las aguas de refrigeración, que suponen un caudal de más de 500 metros cúbicos por hora. Para el año que viene se plantea la reducción de consumo de agua de pozos y la minimización de pérdidas de glicol en sistemas de vacío.

Mejoras medioambientales

En el tema de residuos, la compañía insiste en que no se generan residuos especiales ni peligrosos y todos los residuos de polímero producidos se reciclan. Está en estudio la disminución del volumen de residuos y obtener materia prima de los fangos de regeneración.

Finalmente, en cuanto al ruido no se considera necesario de momento las instalación de pantallas acústicas ni silenciadores en extractores. En 1995 se sustituyó la maquinaria ruidosa y se pusieron silenciadores para purgas de vapor y el año pasado se instaló un cerramiento en el edificio de estiraje de fibra y compresores. La normativa para nueva maquinaria es que debe producir un ruido inferior a los 85 dBA a 1 metro.

En materia de seguridad industrial, la compañía asegura que existe "poco riesgo para el entorno" y que está exenta de disponer de plan de seguridad externo y de pasar inspecciones para elaborar dictámenes de seguridad periódicos. Aún así, aclaran los portavoces de Catalana de Polímers, la compañía tiene plan de seguridad interno de fábrica, servicio de bomberos propio y red de agua de incendios propia, "con sistemas de detección y de extinción automática en muchas partes de la fábrica".

La actividad de plásticos de La Seda, por lo que se deduce de las declaraciones de sus responsables, no es especialmente contaminante ni molesta. Lo que ya no queda tan claro es lo que hacen sus vecinos.

Lluís Alonso

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