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Viento de Levante

Ibon Linazisoro01/05/1997


La Comunidad de Valencia absorbe la quinta parte de los plásticos que se consumen, producen y transforman en nuestro país. Si tenemos en cuenta que esta participación en el sector español representa una facturación de 150.000 millones de pesetas, podemos afirmar que, sin ninguna duda, la industria de los plásticos en Valencia juega un papel muy importante en la economía general de la comunidad. Y no son sólo las grandes cifras las que definen claramente la relevancia de este sector. A buen seguro que la propia población valenciana es consciente de esta situación, sobre todo si consideramos que son más de 8.000 las personas empleadas por el sector de los plásticos. Desde este punto de vista, sólo tras Cataluña y Madrid, Valencia se encuentra en el tercer puesto en el ranking nacional, una posición nada desdeñable dada la realidad industrial de unas y otras.

En otras palabras, el valenciano de a pie tiene un doble contacto directo y diario con los plásticos. Como cualquier habitante de esta sociedad que nos ha tocado vivir, no tiene más que mirar a su alrededor o incluso a sí mismo, a sus zapatos, calzado deportivo, gafas, prendas impermeables... para comprender el verdadero alcance de los tentáculos de los plásticos. Esto tal vez no sea lo que realmente relaciona al consumidor final con los plásticos, ya que no todo el mundo dedica su atención a meditar sobre los materiales con los que están elaborados los productos de consumo, equipos electrónicos, etc. Sin embargo, la magnitud del empleo del sector de los plásticos sí que puede aproximar al ciudadano a este sector, hacerle consciente de la existencia de los propios polímeros, introducir tal vez la inquietud por lo que realmente son esos materiales que valen para todo y que están englobados dentro de un término tan aglutinante como es el de "plásticos".

En este nuevo número de Plásticos Universales publicamos un extenso reportaje sobre la región levantina. Intuíamos, de alguna manera que, en esto de los plásticos soplaba viento de levante. Y así lo hemos podido confirmar. Hemos hablado con algunos de los proveedores de equipos y materias primas allí instalados, con transformadores importantes como el fabricante de juguetes MB y con institutos tecnológicos que desde su nacimiento vienen aportando a la empresa el respaldo tecnológico necesario para salir adelante en los tiempos que corren. Unos más y otros menos, pero todos transmiten una sensación contagiosa de optimismo con respecto al futuro más próximo. Es verdad que ya no se puede esperar un despegue económico brutal, que la reducción de los costes propios, la optimización de los recursos y la rentabilidad esclavizan en cierto modo a la empresa de nuestros tiempos. Pero no menos cierto es que esas son, simplemente, las reglas del juego, y que quien las asimile tendrá oportunidades importantes de negocio. Así parecen haberlo comprendido en muchas de las empresas que hemos conocido de cerca. Hemos sabido de grandes inversiones en plantas, adecuaciones productivas a las actuales necesidades de los clientes, de nuevas iniciativas..., en fin, de movimiento, adaptación, adecuación, de seguridad en las propias posibilidades y convencimiento de que el trabajo bien hecho conduce, inevitablemente, al éxito. Y estas realidades, atribuibles a cualquier sector industrial, son especialmente ciertas en el sector de los plásticos. Las vacas gordas han pasado. Sin embargo, el sector levantino, avanza con seguridad por el buen camino.



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