“Los productos añadidos no sólo serán inocuos sino que además a través del uso de estas sustancias, se podrá prescindir, de conservantes y fomentar una dieta saludable”

Entrevista a Gabriel Morales, responsable del proyecto Susfoflex de Andaltec

Lara Guardiola15/07/2013

El Centro Tecnológico del Plástico (Andaltec) interviene en el proyecto internacional Susfoflex financiado por la Unión Europea, en el cual se pretende desarrollar un envase de plástico inteligente. Estos innovadores envases incorporarán sensores de temperatura que permitirán al consumidor saber el estado real del alimento durante el tiempo que permanezca envasado. Recientemente, Andaltec se reunió en Irlanda con el resto de participantes en el estudio de investigación para discutir los resultados obtenidos en el ecuador del proyecto.

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Gabriel Morales, responsable del proyecto Susfoflex de Andaltec.

¿En qué consiste el proyecto Susfoflex? ¿Y qué compromiso tiene en él Andaltec?

Se trata de un proyecto financiado por el Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea, en el que participan 15 organizaciones, entre empresas, centros tecnológicos y universidades implicando a 8 países europeos diferentes. El proyecto es por tanto un trabajo en equipo que es coordinado por la Universidad finlandesa de Oulu. El objetivo del proyecto consiste en desarrollar un nuevo concepto de envase activo e inteligente para alimentos, en concreto fruta fresca cortada y pelada y pescado. Andaltec participa en diversas fases del proyecto y es líder del paquete de trabajo destinado a la demostración, esto es desarrollar un prototipo funcional que demuestre que toda la tecnología desarrollada por el consorcio es efectivamente transferible a la producción a pequeña escala, el paso previo a su producción industrial. Por otro lado al ser nominado como Gestor de Explotación del proyecto estoy a cargo de la coordinación de la protección y búsqueda de rentabilidad de los resultados que se vayan obteniendo por el consorcio.

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La imagen representa el logotipo del Séptimo Programa Marco de la Comisión Europea.

Básicamente, están desarrollando codo con codo con otros centros y empresas europeos una tecnología avanzada para alargar la fecha de caducidad del producto. El consumidor final, ¿cómo podrá detectar el estado del producto? ¿Qué tipo de alarmas actuarán como indicador?

El modo de alargar la fecha de caducidad sin deterioro de las propiedades organolépticas del alimento es precisamente mediante el uso de tecnologías de envasado activo que consisten en la liberación controlada de sustancias de origen natural que puedan evitar o retrasar la degradación y pérdida de calidad de alimento. Estas sustancias serán extraídas de subproductos alimentarios consiguiendo así su valorización.

El consumidor final podrá comprobar que el producto efectivamente está en condiciones óptimas antes de abrirlo gracias a tecnologías de sensores. Además no solo nos limitaremos al momento en el que se abra el alimento y se consuma sino que estos sensores tendrán memoria y recordarán si en algún momento durante la distribución o almacenamiento la propiedad trazada ha salido de los límites establecidos. Pensemos por ejemplo que estamos monitorizando la temperatura y se produce una rotura de la cadena de frío, si esto sucede el sensor lo registrará y transmitirá al consumidor esta información por medio de distintos métodos. Actualmente, se están estudiando en el consorcio una amplia gama de sensores termocrómicos basados en procesos enzimáticos u otro tipo de reacciones que indiquen a través de un código visual, haciendo uso de tu propio teléfono móvil o bien mediante el uso de frecuencias de radio (RFID) que son transmitidas también a un móvil u otro dispositivo electrónico.

Un tipo de alerta sería a través del color, ¿cómo se consigue este efecto en el envase?

El cambio de color para determinadas variables como la temperatura es muy conocido y se realiza con tintas termocrómicas. Esta tinta está hecha de una sustancia sensible al cambio de temperatura de manera reversible o irreversible dependiendo de si nos interesa medir el cambio varias veces o solo una vez. Para el caso del pH igualmente se usan indicadores que son también sustancias químicas que cambian de color debido en este caso a un cambio en esa sustancia inducido por el pH del medio.

Para el caso de otras sustancias específicas generadas durante la degradación del alimento se utilizan normalmente reacciones químicas y/o enzimáticas que también resultan en un producto con un color característico detectable a simple vista.

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La imagen muestra la entrada principal del Centro Tecnológico del Plástico donde Gabriel Morales dirige el equipo de investigación de Susfoflex en Andaltec.

Otros proyectos trabajan en la fabricación de plástico duradero. ¿Qué diferencia y hace único a Susfoflex?

En realidad nuestro objetivo no es fabricar plástico duradero, desarrollaremos un plástico en el que tanto el polímero como sus aditivos sean biodegradabes y compostables para que al final de su vida útil puedan ser utilizados como abono para las plantas. Por otro lado los compuestos activos obtenidos serán extraídos de subproductos consiguiendo un envase mucho más respetuoso con el medio ambiente que los tradicionales.

Los costes son especialmente tenidos en cuenta en Susfoflex ya que tienen que ser asumibles por el mercado, por ese motivo hemos mantenido recientemente un seminario para marcar la estrategia de explotación de los resultados. En este seminario ha quedado de manifiesto la importancia de ser coherente con los costes de producción. También trabajamos sobre la introducción de las nuevas soluciones de envase en el mercado, podemos decir que el proyecto está orientado a facilitar la futura producción en serie de los envases a desarrollar.

La calidad de los alimentos envasados se verá alterada por este proceso, ¿será 100% inocuo? ¿Cómo se protegerá el alimento?

Según normativa comunitaria no se puede alterar ni el sabor ni el olor de los alimentos y en Susfoflex no pretendemos hacerlo. Los productos añadidos no sólo serán inocuos sino que además a través del uso de estas sustancias, como por ejemplo antioxidantes, se podrá prescindir de conservantes y fomentar una dieta saludable.

¿Qué tipos de alimentos pueden beneficiarse de esta tecnología? ¿También está pensada para productos delicados como alimentos infantiles?

En principio en el proyecto se proponen dos demostradores diferentes, en primer lugar fruta cortada y pelada y en segundo pescado. Se trata de alimentos perecederos en los que un ligero aumento de su tiempo de caducidad tendría unas repercusiones económicas importantes reflejadas tanto en la capacidad de alcanzar mercados más lejanos como en la reducción de desperdicios. Los alimentos infantiles no están contemplados en el proyecto. Sin embargo, algunos de los resultados que se obtengan se espera que sean potencialmente extrapolables de forma individual o conjunta a la alimentación infantil así como a otros tipos de alimentos.

Recientemente, los representantes de este proyecto se reunieron en Irlanda para poner sobre la mesa los objetivos alcanzados. ¿Qué conclusión alcanzó Andaltec? ¿En qué momento se encuentra el proyecto?

Actualmente nos encontramos justo en el ecuador del proyecto de tres años de duración. La marcha del proyecto está siendo bastante satisfactoria y se continúa avanzando de forma muy activa y comprometida. Ya disponemos de una batería de compuestos activos que han sido añadidos al bioplástico y se está estudiando su compatibilidad y funcionalidad en determinadas condiciones. Por otro lado existen también varios diseños de sensores y software que serán utilizados para la comunicación con el consumidor. Nuestra impresión por tanto es muy positiva. La reunión celebrada el pasado mes de junio en la ciudad de Athlone contó con la asistencia de una representante de la Comisión Europea Catherine Eccles y del Ministro de Estado Irlandés para pequeños negocios John Perry.

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Interior del edificio del Centro Tecnológico del Plástico.

Entendemos que uno de los principales objetivos es su comercialización industrial. ¿A qué 'target' está destinado este producto?

La rentabilización de esta investigación es lógicamente un objetivo fundamental. El proyecto terminará con un prototipo no comercializable pero que demuestre su producción industrial. En las últimas fases del proyecto se realizará un estudio de aceptación por el consumidor que nos aportará una información muy valiosa. Cualquier tipo de consumidor puede estar interesado en este tipo de producto. Resulta evidente que este tipo de desarrollos buscan a un consumidor que quiera tener un acceso rápido a productos frescos envasados y mínimamente procesados, como la fruta pelada lista para comer, se trata de un consumidor concienciado con los problemas ambientales y por su salud.

Se trata de una tecnología inteligente y de un producto final sostenible. ¿Qué lo hace sostenible?

El producto es potencialmente sostenible porque los materiales que lo integran provienen en su inmensa mayoría de materiales renovables, incluso de residuos orgánicos que antes eran desechados. Estamos desvinculándonos en la medida de lo posible de materiales no renovables. Así, siempre que se haga un uso racional de los recursos y no se sobreexploten se podrá llegar a tener una producción sostenible de este tipo de envases, algo inalcanzable si el plástico proviniera de recursos no renovables como el petróleo.

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