El polígono que viene es el polígono colaborativo

Nuevos polígonos: flujo de sinergias

Mónica Daluz21/12/2009

21 de diciembre de 2009

El agrupamiento sectorial de empresas anuncia la llegada del polígono temático. A su vez, sin embargo, la idea de vincular estos espacios de actividad empresarial al territorio en el que se ubican, los acerca al modelo ‘centro comercial’. En cualquier caso el polígono que viene es el polígono colaborativo, espacio de multiplicación del conocimiento y círculo virtuoso de crecimiento. La oferta de suelo especializado para el desarrollo empresarial busca la singularidad y el modelo de gestión será clave para conseguir este objetivo. El futuro: áreas limpias, integradas en la urbe, concebidas como espacios facilitadores del fluir del conocimiento y dotados de mecanismos para colocar este producto, el conocimiento, en el mercado, en la sociedad, en forma de innovación. Y para ello hay que avanzar en la generación de entornos innovadores y eso no es sólo cuestión de dotación tecnológica es también cuestión de lo que ya empieza a llamarse innovación social.

Polígonos industriales, parques empresariales, parques tecnológicos y científicos…, han demostrado constituir las áreas más dinámicas y adecuadas para el desarrollo empresarial. Pero la globalización de los mercados, el aumento de la competitividad o el desarrollo tecnológico, son elementos que ponen sobre la mesa nuevos retos para estos espacios que hoy se reinventan.

Existen sectores de actividad productiva con parques industriales proyectados expresamente para cubrir las necesidades de un sector determinado. Los primeros en ‘agruparse’ sectorialmente fueron ámbitos como el logístico o el científico, con las llamadas ‘tecnópolis', o sectores con necesidades muy especiales como el aereoespacial.

Algunas experiencias innovadoras en el ámbito de los nuevos parques empresariales son los llamados ‘Business Improvement Districts ‘(BID) de Estados Unidos, o distritos de mejora empresarial. Los BID son modelos de gestión de centros urbanos en partenariado público privado. Estos modelos han servido para que zonas degradas de algunas ciudades de Estados Unidos mejoraran su atractivo hacia las empresas. Estos modelos han sido impulsados por las empresas y propietarios que han elaborado un proyecto de reurbanización y gestión de zonas de actividad económica, comercial y vivienda, consensuado de forma mayoritaria por los agentes implicados y la administración local, que se gestiona en partenariado entre la administración local, los propietarios y las empresas instaladas. Los BIDs han servido para mejorar el estado de esas zonas y hacerlas atractivas para ubicar nuevos negocios. “Creo —nos dice Jordi Tort, director de Polígonos de Pimec— que un modelo de este tipo aplicado a los polígonos industriales degradados de Cataluña podría ser una herramienta muy útil en el futuro, de cara a que una vez reurbanizados no vuelvan a pasar al estado de dejadez que han sufrido en los últimos años. Actualmente, la Coordinadora Española de Polígonos Empresariales, CEPE, está elaborando un proyecto piloto para desarrollar modelos similares de gestión en algunos polígonos de España”.

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Los primeros sectores en ‘agruparse’ para cubrir sus necesidades específicas fueron los del ámbito logístico y científico —con las llamadas ‘tecnópolis'— o sectores con necesidades muy especiales como el aereoespacial. En la imagen, Aerópolis, el parque tecnológico aeroespacial de Andalucía.

Teoría y praxis

La tendencia apunta con claridad hacia la convergencia de los mundos industrial y científico. La innovación es en la actualidad un objetivo económico y social de primera magnitud en las sociedades industriales avanzadas. El estado de la ciencia y la tecnología, así como la capacidad de transferencia mediante la innovación a la empresa, y también al ciudadano, van a marcar el grado de desarrollo de una sociedad. Esta necesidad de innovación, acentuada, si cabe, por la redefinición de los modelos de gestión de los recursos a que nos empuja la crisis económica que azota nuestro país, está favoreciendo la agrupación sectorial tanto en lo que a ubicación territorial respecta como en relación a los procedimientos y políticas empresariales; de hecho, ello sobreviene como respuesta del entramado empresarial a las dificultades coyunturales. En este sentido, desde Pimec, patronal catalana que representa las micros, pequeñas y medianas empresas, se afirma que “nuestra tarea va encaminada a hacer tomar conciencia de la situación de los polígonos industriales de Cataluña para que se perciban los polígonos como agentes de desarrollo económico del territorio, tanto por los ciudadanos, como por la Administración, fomentando el asociacionismo empresarial y las políticas de promoción de los espacios industriales”.

Aún es incipiente, pues los recursos son todavía limitados y las dinámicas sectoriales se encuentran muchas veces enconadas, pero el foco se centra en hallar el modo de crear los mecanismos para que el conocimiento fluya desde quienes los producen a quienes lo colocan en el mercado, es decir, de la universidad y las instituciones científicas, hacia la empresa y los emprendedores.

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La tendencia apunta con claridad hacia la convergencia de los mundos industrial y científico. En la imagen, el parque de I+D de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), el parque tecnológico del Vallès y EsadeCreápolis.

Competitividad, conocimiento y territorio

El profesor Jaime del Castillo, de la Universidad del País Vasco y presidente de la red de negocios Infyde opina acerca de la importancia de las políticas de innovación y competitividad en la economía global, y afirma que “el cambio en el concepto de competitividad ha provocado nuevos planteamientos de los gobiernos nacionales y regionales para generar ventajas competitivas territoriales, adoptando medidas adecuadas y desarrollando las infraestructuras de soporte a la actividad económica innovadora. El destino de un territorio no está predefinido, depende de sus elecciones y hay políticas que funcionan mejor que otras. La evolución de una región depende de su historia, pero también de las opciones que se toman en el presente. De ahí que la evolución sea muy diversa según regiones, como es el caso de las comunidades autónomas españolas en su nivel de gasto en I+D sobre el PIB”.

Por su parte, Francisco Alburquerque, coordinador de la Red de Desarrollo Económico Territorial y Empleo, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, opina al respecto que “la actual fase de desarrollo económico, basada en la incorporación de conocimientos, muestra la importancia de la introducción de innovaciones en los procesos productivos, un hecho que no es únicamente tecnoeconómico sino que incorpora, igualmente, un proceso social, político y cultural. Este proceso de incorporación de innovaciones no es lineal sino complejo, y requiere asegurar la vinculación territorial entre poseedores de conocimiento y usuarios del mismo”. Alburquerque asevera que en nuestro país “el debate sobre la construcción de sistemas territoriales de innovación no ha sido suficientemente amplio y, mucho menos aún, la incorporación de algunas de las recomendaciones que se derivan del nuevo enfoque interactivo de la innovación”, y llama la atención sobre la necesidad de eliminar “algunas de las rutinas de funcionamiento aún presentes, como el sistema de evaluación de la actividad de investigación, que no incentiva la vinculación con los sistemas productivos locales a fin de lograr un avance más sustantivo de la transferencia de conocimientos”.

Las diferentes fases de la cadena de valor (diseño del producto, diseño de tecnología, aprovisionamiento, manufacturación, publicidad, comercialización, distribución, ventas, gestión de cobro y servicio técnico posventa) pueden ser interiorizadas por las propias empresas, subcontratadas a otras empresas o entidades organizativas prestatarias de tales servicios, o llevadas a cabo mediante alianzas estratégicas. En este contexto, la existencia de un entorno territorial facilitador del acceso a todos estos contactos empresariales y servicios de apoyo a la producción resulta decisivo para el desarrollo económico local. “De ahí —explica Alburquerque— la importancia de que las administraciones públicas territoriales asuman un papel activo como agentes animadores o facilitadores para el acceso a las innovaciones tecnológicas, organizativas y sociales fundamentales para el tejido empresarial, mayoritariamente formado por emprendimientos de pequeña dimensión, los cuales no pueden acceder por sí solos a las exigencias necesarias para su modernización. De otra parte, entre el sector privado empresarial hay que fomentar los procesos de integración productiva a través de la formación de redes empresariales y clústers de empresas”.

El foco se centra en hallar el modo de crear los mecanismos para que el conocimiento fluya desde quienes lo producen a quienes lo colocan en el mercado

Sistema territorial de innovación

Un sistema territorial de innovación es una red interactiva compuesta por empresas de distintos tamaños integradas en un clúster o agrupamiento sectorial de empresas, las relaciones entre dichas empresas dentro del clúster, las instituciones de educación superior e investigación vinculadas al sector productivo, los laboratorios de I+D (públicos, privados o mixtos) y los centros o agencias de transferencia de tecnología, las cámaras y asociaciones empresariales, los centros de capacitación de recursos humanos, y los departamentos y agencias gubernamentales. Este enfoque de los sistemas territoriales de innovación resalta la relevancia de los aspectos institucionales, sociales, políticos y culturales que están presentes en las actividades económicas y laborales. Así pues, si bien el proceso de globalización plantea nuevos retos a los diferentes territorios, regiones y localidades, simultáneamente crea un escenario de nuevas oportunidades, las cuales obligan a incorporar una capacidad endógena de aprendizaje e innovación.

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El edificio central del PITA es un edificio sostenible, bioclimático, moderno y funcional. Como principal novedad, la utilización en la fachada de unas lamas realizadas con mármol blanco de Macael (Almería) para la protección solar. Esta aplicación es resultado de un trabajo de investigación desarrollado por el Centro Tecnlológico Andaluz de la Piedra.

Clúster. Algunos datos

Los clúster son sistemas de innovación a pequeña escala.

  • El Observatorio Europeo de Clúster ha identificado 2.017 clúster regionales constituidos en la Unión Europea.
  • El 38% de los trabajadores de la Unión Europea trabajan en empresas que pertenecen a clúster. La horquilla varía entre regiones entre 50%-25%.
  • Parece existir una correlación positiva entre innovación y clúster, 7 de las 19 regiones con mayor número de clústeres se encuentran en el primer tercio del ranking de regiones innovadoras (RIS 2006).
  • El 78% de empresas más innovadoras de la UE pertenecen a un clúster.
  • El 3 % de las empresas que pertenecen a un clúster declaran haber creado nuevos productos o servicios debido a las condiciones favorables generadas a partir de las iniciativas del clúster.

Arquitectura eficiente

La singularidad de algunos de los nuevos parques y polígonos reside en la arquitectura de sus edificios principales. Es el caso del sincrotón del Parque del Alba, en Barcelona. El edificio principal del sincrotrón Alba tiene forma de caracol y un diámetro superior a los 140 metros. En su interior se encuentran los elementos más importantes de la instalación científica: dos aceleradores de partículas; un anillo de almacenamiento de electrones de 90 metros de diámetro; 7 líneas de investigación con capacidad anual para 1.000 científicos, y un anexo de oficinas para el equipo de ingenieros y técnicos que gestionan el sincrotrón. Al diseño y la construcción de este equipamiento científico se han incorporado criterios de ecoeficiencia ejemplares, que incluyen: un alto grado de prefabricación y reciclabilidad, un elevado aislamiento térmico y acústico, y un alto nivel de ahorro de energía y de agua potable. Las oficinas del sincrotrón Alba han sido seleccionadas por el proyecto Polycity como modelo europeo de eficiencia energética. Algunas de las medidas de ahorro de recursos naturales que incorporan son: fachada dotada de lamas orientables y de cristales de gran aislamiento térmico, que permiten aprovechar la luz natural con las mínimas pérdidas energéticas; orientación al Sur, lo que minimiza la necesidad de calefacción en invierno; cubierta prefabricada de muy baja conductividad térmica; sistema automático de control, que regula las condiciones de confort y la eficiencia energética del edificio.

Los sincrotones son equipamientos científicos de muy alto nivel que contribuyen al desarrollo de casi todas las áreas de conocimiento. Estas infraestructuras utilizan un avanzado sistema de aceleración de electrones para producir una luz extraordinariamente intensa –un billón de veces más potente que los rayos X– que permite observar fenómenos microscópicos con una precisión excepcional. El sincrotrón Alba representa una inversión pública superior a los 200 millones de euros en su primera fase, y de 420 millones de euros hasta el año 2020. Su construcción y gestión corre a cargo de un consorcio participado a partes iguales por el Gobierno de España y la Generalitat de Catalunya. Su inauguración está prevista para 2011.

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El edificio principal del sincrotrón Alba tiene forma de caracol y un diámetro superior a los 140 metros. En su interior se encuentran los elementos más importantes de la instalación científica.

Polígono industrial ecológico

Sí, industrial y ecológico. No se trata de una contradicción y en el futuro el concepto ‘industrial’ perderá su connotación de actividad sucia, contaminante y demás ideas adquiridas durante el último siglo. Ya hemos hablado de la industria del conocimiento, ya sea de base biológica, tecnológica, etc. He aquí otro ejemplo innovador. La idea de los promotores del polígono tecnoagroalimentario de Almonte (Huelva), hace tres años, fue la de ofrecer al mercado un polígono industrial singular. Se trata del primer parque industrial destinado a actividades relacionadas con la agricultura y la transformación de productos ecológicos. La propuesta fue lanzada por el Ayuntamiento. El polígono contará con 220.000 metros cuadrados de suelo industrial neto, mientras que el resto está reservado para construcción de viales, zonas verdes, equipamiento, etc. “En su momento nos planteamos como estrategia especializar el parque, —ha declarado el alcalde de Almonte en relación a esta iniciativa— ya que entendíamos que en la actualidad hay mucho suelo industrial para hacer un polígono normal y corriente y que si debíamos competir en el mercado tendría que ser con una singularidad. La idea finalmente fue destinarlo a actividades ecológicas”. Está previsto que se asienten también una serie de industrias compatibles y complementarias con el uso agroalimentario, en concreto, aquellas relacionadas con las operaciones de manufactura, elaboración, transformación, almacenaje y distribución de los productos agrícolas o ganaderos destinados directa a indirectamente al sector de la alimentación.

Como usos compatibles con el anterior se encuentran las actividades de I+D, las actividades tradicionales sostenibles, y las empresas que manipulan recursos naturales, animales, forestales o agrícolas, como pueden ser el encurtido de pieles o aserraderos de madera. Respecto a los usos complementarios, el polígono da cabida a todos aquéllos que están directamente al servicio de las explotaciones agroalimentarias necesarios para su funcionamiento, restaurantes, cafeterías y bares, terciario de oficinas, logística y transporte, etc.

Entornos innovadores

Le llaman innovación social. Sobre ello reflexiona Richard Florida. El autor habla de la emergencia de una nueva ‘clase creativa’, y pronostica que en el futuro serán más competitivas aquellas regiones con mayores dosis de tolerancia, porque en ellas tienen más posibilidad de emerger las nuevas tendencias, y porque son sociedades capaces de adaptarse a las tendencias nacidas en otros lugares. Las teorías sobre innovación social incluyen, asimismo, el concepto de ‘interactividad’. Y es que para que las innovaciones tengan lugar es necesario que los usuarios de las mismas se involucren en la adaptación y utilización de los resultados de las actividades de investigación y desarrollo para la innovación en los diferentes procesos productivos o de gestión concretos en cada territorio. La innovación no es un proceso lineal en el que nuevos productos y procesos son generados por instituciones de I+D trabajando de forma aislada al mercado, sino un proceso social y territorial, de carácter acumulativo e interactivo en el cual los usuarios de conocimiento interactúan con los productores de conocimiento. De este modo, ambos actores (usuarios y productores de conocimiento) aprenden mutuamente uno del otro, por medio de un aprendizaje a través de la interacción. Los precursores de estos nuevos conceptos expresan la necesidad de que el conjunto de la sociedad sea capaz de innovar para asegurarse los cambios de actitudes y comportamientos necesarios para abordar con éxito las consecuencias de las sucesivas mutaciones tecnológicas, culturales, organizativas, etc.