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Los municipios desatienden las zonas industriales en servicios públicos básicos

El futuro pasa por una planificación global multimunicipal

Mónica Daluz27/01/2009
Con la irrupción de las máquinas en la Inglaterra de finales del siglo XIX se inició un imparable proceso de cambio de modelo socioeconómico basado en la disminución del tiempo de trabajo necesario para transformar un recurso en un producto útil, y se da el pistoletazo de salida a la sociedad industrial, que cambiará radicalmente la manera de vivir de las personas y de la que la urbe y sus alrededores se convierten en columna vertebral. La industrialización y los procesos urbanísticos han venido siendo desde entonces elementos interrelacionados, que se influyen y se determinan mutuamente. Un matrimonio construido sobre la marcha, de manera desordenada, en ocasiones incluso caótica.
Hoy, aún sufrimos las consecuencias de esos asentamientos anárquicos y el país está plagado de polígonos fruto del boom industrial de la década de los 60, período en el que se instala el capital, tanto nacional como extranjero y momento en que comienza a verse con claridad que las industrias no pueden permanecer diseminadas entre las calles de la ciudad. De estos primeros pasos atolondrados se derivan algunas de las contradicciones con las que hoy debe vivir el sector, como la existencia de modernos polígonos, construidos con altos parámetros de calidad en materia medioambiental, de servicios y arquitectónica, a los que para acceder no hay más que una precaria carretera comarcal que provoca una considerable fisura en la optimización de los procesos logísticos de las empresas ubicadas en estos polígonos. Y es que lograr polígonos industriales de alto valor añadido compete también, y especialmente, a las administraciones.
Engullidos por la urbe

Entre los procesos urbanísticos que se han producido a lo largo de la historia y que han sido determinantes para algunas industrias destaca el caso de la Ciudad Condal. A diferencia de las llamadas 'colonias', que emergían junto a ríos y playas, allá por lo años 50, y dada la configuración ‘a cuadrículas’, del territorio urbano barcelonés, importantes fábricas como Bayer, Damm, Nutrexpa o Mirurgia ocupaban manzanas enteras que hoy se han convertido en oficinas a causa de la presión urbanística del entorno. La expansión de la zona residencial acorraló a las industrias; por un lado, a los ciudadanos les resultaba molesto tener una fábrica cerca de su vivienda y, por otro, los solares fueron recalificados como residenciales dotándolos de un nuevo valor. A esto vino a añadirse la creación de planes urbanísticos que limitaban la expansión de estos complejos fabriles, pero una industria es algo vivo y no puede permanecer inmutable, así que la urbe decidió por ellos y les obligó a cambiar de ubicación.

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Hoy, aún sufrimos las consecuencias de esos asentamientos anárquicos y el país está plagado de polígonos fruto del boom industrial de la década de los 60

Planificación, el quid de la cuestión

En la actualidad los representantes de las asociaciones de los polígonos industriales trabajan con las administraciones para definir las líneas a seguir en la necesaria transformación del concepto de polígono industrial que, por de pronto cuenta con nueva denominación: sector de actividad económica… Arrastramos todavía los excesos de un periodo (los 70 y 80) en el que cada municipio quería tener su área industrial y los polígonos proliferaron desmesuradamente; el caso es que hemos llegado hasta aquí con un caos que debe ser ordenado y el futuro pasa por una planificación de las zonas destinadas a la industria, desde una perspectiva global. La tendencia apunta hacia las planificaciones plurimunicipales. A modo de ejemplo, he aquí un dato; sólo en Cataluña existen 946 municipios y más de 1.700 calificaciones de zonas industriales -aunque algunas son muy pequeñas-. Se requieren nuevas planificaciones que racionalicen y optimicen el espacio, los recursos y los servicios, además de generar también sinergias en conocimiento e investigación.

Hasta ahora, los polígonos industriales se crean sin llevar a cabo una planificación previa del tipo de industria que se instalará. Su nacimiento se viene produciendo más o menos así: una empresa importante busca un lugar para ubicarse y este hecho genera el alumbramiento de un polígono, o bien, el ayuntamiento prevé una zona industrial -tras la recalificación del terreno-, la urbaniza y crea una serie de parcelas, con lo cual el tipo de empresas puede ser absolutamente heterogéneo.

Hoy se pretende planificar mejor y en función del municipio, del espacio, etc., limitar o condicionar el tipo de industria. Si una empresa de industria pesada busca dónde ubicarse se le buscará un sitio más alejados o más idóneo, por comunicación, para este tipo de industria. Si se trata de una empresa tecnológica se puede ubicar más cerca un núcleo urbano porque su actividad no resulta agresiva. Una planificación global es imprescindible para lograr estos objetivos y la tendencia se dirige a propiciar que las empresas de la misma tipología estén más cercanas unas de otras. Otro elemento a destacar en cuanto a líneas de trabajo futuras es la concentración o densificación del espacio dentro de los polígonos, a acortar las distancias entre empresas.

Los representantes de las asociaciones de los polígonos industriales trabajan con las administraciones para definir las líneas a seguir en la necesaria transformación del concepto de polígono industrial que, por de pronto cuenta con nueva denominación: sector de actividad económica…

Problemática común

Aún son muchos los polígonos industriales que se han visto progresivamente degradados y que adolecen de problemáticas muy básicas a las que urge buscar soluciones. El principal inconveniente reside en la precariedad de las infraestructuras; el acceso a los polígonos suele ser muy complicado y los trasportes públicos no ofrecen una cobertura de calidad. Lo mismo ocurre con las infraestructuras de abastecimiento de energía eléctrica, de agua, de teléfono, fibra óptica, accesibilidad a redes inalámbricas, cobertura de telefonía móvil… Tal como declara Josep Miquel Aced, presidente de UPIC, “la solución ha de ser producto de un compendio de elementos y del compromiso a tres bandas: de la empresa privada, de las administraciones y también de la sociedad civil. Pero la administración -puntualiza- tiene la responsabilidad de la planificación”.

La vigilancia es otro de los problemas de muchos polígonos, “cuyas empresas -explica Aced- se ven obligadas a hacer el doble desembolso que supone pagar los correspondientes impuestos más un servicio de vigilancia privado.”

Además de otros servicios que deben prestar los municipios como el alumbrado público, la recogida de basuras o el mantenimiento de la vialidad que como comenta nuestro interlocutor, “es en teoría obligación de los ayuntamientos pero que, en la práctica, no lleva a cabo”.

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Instalaciones de Prologis Park Tarancón.
De la colonia al cluster

Primero fue el polígono industrial, que se centra en la economía productiva, en la fabricación de bienes. Más tarde apareció el llamado parque industrial, que concentra tecnología punta y para el que se buscó esta nueva denominación con la finalidad de intentar diferenciarlo de la industria tradicional. En los últimos años han proliferado los parques tecnológicos, que combinan un área dedicada a la investigación y otra dedicada a la producción. Por último, encontramos el concepto de cluster, que basa su razón de ser en la cooperación entre empresas y universidad con el objetivo de innovar; una universidad y toda una serie de empresas de sectores similares que se encuentran en un radio determinado y estén dispuestas a innovar en investigación de modo que lo que se esté investigando para una sea aplicable y aprovechable para otras.

El entorno sí cuenta…

Hasta hace pocos años las industrias han sido entendidas únicamente como puntos de fabricación sin importar su componente estético, obteniendo una visión como simples contenedores de la actividad fabril. La importancia recaía en el interior, en el proceso industrial y la mayor o menor validez arquitectónica se encontraba en función de la rentabilidad económica.

En la actualidad esta visión arquitectónica está cambiando debido en parte al crecimiento masivo de las áreas industriales que se han desarrollado en los últimos años, crecimiento en muchos casos sin cuidado de la planificación y de la estética del conjunto industrial. Además surge por parte de los empresarios la necesidad de crear espacios agradables para sus trabajadores, respetuosos y sostenibles con el medio ambiente, integrados en el entorno que los rodea.

Esta evolución también se ha dado en los elementos condicionantes para la selección de lugares industriales. Si históricamente se han escogido ubicaciones para las plantas industriales según factores exclusivamente económicos y técnicos, como terreno favorable, fuentes de energía, transporte, mano de obra, magnitud de los mercados o áreas de servicio, impuestos y aranceles, y disponibilidad de los servicios públicos, hoy dicha selección incluye consideraciones en cuanto al ambiente natural y social, y la aceptación de las comunidades que pueden ser afectadas. La meta de crecimiento industrial ya no es suficiente como la única justificación de la construcción de una fábrica en un lugar dado. Lograr la implantación de una industria teniendo en cuenta estas consideraciones ambientales y de integración en su entorno, con mayor independencia de la repercusión en el coste del producto fabricado es hoy posible.

Se requieren nuevas planificaciones que racionalicen y optimicen el espacio, los recursos y los servicios, además de generar también sinergias en conocimiento e investigación

El polígono del siglo XXI está en camino

A diferencia de aquellos que imaginan los parques industriales del futuro como una impecable y robotizada nave más espacial que industrial, el presidente de Upic opina que “se ha hecho mucha ciencia ficción al respecto” pero que la realidad es que “siempre habrá una manufactura, una producción que, aunque en muchos casos se podrá más o menos robotizar, no se podrá fabricar acero, aluminio o determinados productos plásticos, apretando un botoncito… Hay cosas -sentencia- que no se pueden cambiar”.

“Lo que sí es cierto -reflexiona Aced- es que se ha producido una evolución tecnológica que ha permitido reducir, y en muchos casos eliminar, el esfuerzo físico, y hoy se tiende a organizar ‘cadenas de fábrica’, a imagen y semejanza de las cadenas de montaje, como ha hecho la automoción, dedicadas a montar y acoplar piezas que toda una serie de industrias auxiliares le preparan”.

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Planta del Grupo Damm en el Prat de Llobregat.
El futuro también llegará con retraso a los polígonos en el tema de las zonas de servicios. En este sector el nivel de asociacionismo es francamente bajo y la problemática a la que se enfrentan día a día las industrias ubicadas en muchas de estas zonas industriales, se refiere a temas demasiado básicos como para abordar la promoción de servicios adicionales ya sean de carácter lúdico, como gimnasios, o práctico, como guarderías.

En cualquier caso no se esperan cambios espectaculares en la concepción del polígono industrial. Además, la modernización o es rentable, o no es. Y como nos cuenta Gustavo Cardozo, vicepresidente primero de ProLogis, “en España, el precio del suelo debería abaratarse sustancialmente para compensar el sobrecoste que supone construir un parque moderno, como el ProLogis Park Chanteoloup”. Este parque logístico, situado en la localidad francesa de Moissy-Crameyel, próxima a París, “es el más moderno y singular que se haya hecho -explica Cardozo-, por lo menos en Europa. Su alto diseño ecológico y paisajístico, los servicios que ofrece al usuario, la gran cantidad de técnicas innovadoras que han utilizado en su diseño y construcción y la calidad de sus edificios ha hecho que haya sido merecedor de infinidad de premios, tanto a nivel local como europeo, y del reconocimiento general del sector; me gustaría que todos los parques logísticos que se hagan en un futuro siguieran el mismo patrón con el que diseñamos el ProLogis Park Chanteloup, pero en España, el precio del suelo, en estos momentos, hace descartable esa posibilidad”.

El futuro nos traerá polígonos de alto valor añadido, con arquitecturas funcionales, singulares y modélicas en consumo de recursos, en calidad paisajística y con servicios que irán desde gestión de depuradoras hasta guarderías, mutuas médicas, áreas recreativas, instalaciones deportivas o centros sociales. Hoy ya existen, aunque sean minoría, pero es el modelo que viene empujando con fuerza y el que ha de acabar imponiéndose.

El futuro nos traerá polígonos de alto valor añadido, con arquitecturas funcionales, singulares y modélicas en consumo de recursos, en calidad paisajística y variedad de servicios. Hoy ya existen, aunque sean minoría, pero es el modelo que viene empujando con fuerza y el que ha de acabar imponiéndose
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Parc Alba, parque científico en Cerdanyola del Vallès, Barcelona.

Naves y oficinas; fusión conceptual

La tendencia, desde que Grupo Clapé abordó una nueva generación de parque industrial de diseño, al estilo anglosajón, los Quality Parks, se dirige hacia la convivencia de naves industriales y edificios de oficinas. La nave obsoleta, ubicada en polígonos degradados es un producto a la baja; las empresas buscan parques industriales bien situados, bien comunicados, con una arquitectura de vanguardia y que dispongan de todos los servicios necesarios. De otro modo iría en contra de toda tendencia de fidelización del personal y de las estrategias de responsabilidad social corporativa. En este sentido, la filosofía de muchas compañías que buscan vías para que sus trabajadores perciban la empresa como una prolongación de su vida familiar y social, hace necesaria la creación de nuevas infraestructuras, con espacios destinados al ocio y al relax, así como a servicios diversos (guardería, gimnasio, aparcamiento, complejos deportivos, cafeterías e incluso centros comerciales), que redundarán en una mayor productividad y mejora del ambiente de trabajo. Los parques empresariales e industriales constituyen el marco idóneo para este planteamiento pues se optimizan recursos y aglutinan una serie de ventajas compartidas por todas las compañías instaladas.

Por otra parte, en muchas comunidades autónomas se está trabajando desde las administraciones para establecer una guía de buenas prácticas de paisajismo en polígonos industriales, con el objetivo de definir unos criterios y pautas útiles para todos los promotores en los procesos de proyección y construcción de parques industriales.

Un ejemplo de innovación en parques industriales lo encontramos en Girona. El Sant Gregori Parc Industrial está ubicado dentro de un recinto privado, en régimen de comunidad de propietarios, con servicios comunes (iluminación exterior, mantenimiento de calles, 250 plazas de parking).

En materia de seguridad, el parque está cerrado noches y festivos, las entradas y salidas fuera del horario laboral se realizan con tarjetas de acceso identificadas y dispone de cámaras de videovigilancia en todo el polígono.

Clusterización: cooperar y compartir

En países como EEUU es una realidad, pero en España no hay predisposición a compartir el conocimiento. Tal como reconoce el presidente de UPIC, Josep Miquel Aced “en EEU. los investigadores más prestigiosos los tienen las universidades porque los acuerdos entre empresa y universidad, funcional. Aquí, las empresas quieren organizarse cada una por su cuenta, no son proclives a compartir información. Además, en ocasiones, incluso las universidades no promocionan ni facilitan que puedan producirse acuerdos, en este sentido, en un marco favorable y neutro”.

Pero las empresas deberán hacer una apuesta por esta filosofía económica como respuesta al contexto socioeconómico actual. La clusterización constituye una herramienta frente a la globalización y el nuevo escenario sin fronteras, invisible y ciberconectado, una receta basada en alianzas competitivas, con nuevas comunidades que comparten y cooperan en una constelación de cadenas de valor.

Claves en el futuro de la construcción industrial

Algunas de las consideraciones de los profesores Cruz López y del Caño Gachí de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de La Coruña, sobre las tendencias en la construcción de naves y polígonos industriales se detallan a continuación:

  • Modulaciones estructurales útiles para cualquier proceso: flexibilidad máxima para el uso de las construcciones, a la vista de los cada vez más reducidos ciclos de vida del producto a fabricar.
  • Evitar una rigidez excesiva (en general en la concepción de la planta y, en particular, en lo estructural o en las instalaciones, entre otros aspectos) propiciada por una adaptación simplista de las necesidades funcionales del proceso junto con un criterio de mínima inversión.
  • Recuperación de construcciones industriales de valor histórico.
  • A largo o muy largo plazo la influencia de la creciente saturación urbana sobre las soluciones para los complejos industriales podrían llevar a posibles localizaciones en islas artificiales, en el caso de poblaciones en zonas costeras, en configuraciones similares a la concebida para el aeropuerto de Kansai (Japón), o bien a edificios industriales en altura (cosa que ya existe, para industria ligera y para almacenamiento) o, incluso, gran altura (rascacielos).
  • Incremento de la habitabilidad, confort, aislamiento térmico y acústico y seguridad de las construcciones industriales.
  • Recuperación de enclaves y polígonos industriales y su adecuación a los estándares actuales urbanísticos y de respeto al medio ambiente.
  • Proliferación de centros de transporte, minipolígonos y parques industriales, tecnológicos, de negocios y mixtos, con cada vez menor saturación del suelo (menos superficie ocupada) y más cantidad de zonas verdes y otras zonas comunes.
  • Cada vez mayor cantidad de servicios en las zonas industriales.
  • La importancia de la estética aumentará en el ámbito industrial como consecuencia de la necesidad de la empresa de tener una adecuada imagen.