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Tribuna de opinión

¿Hay gas natural en España?

David Alameda, director general de Shale Gas España

18/02/2015
La existencia de petróleo y gas natural en las formaciones geológicas de lutitas era un hecho conocido por los expertos desde hace décadas. Sin embargo, se consideraba que era imposible recuperarlos porque se encontraban atrapados en formaciones rocosas muy poco permeables que impedían que fluyeran hacia el exterior. A partir de la década de los 80, los avances tecnológicos hicieron posible el acceso a esos hidrocarburos a través de la combinación de dos técnicas: la perforación horizontal y el fracking.

La fracturación hidráulica o fracking consiste en inyectar a presión un fluído (compuesto en su 99,5% por agua y arena) para provocar microfisuras en la roca y liberar el gas o el petróleo atrapado en ella. No es ni mucho menos una técnica nueva o desconocida. Lleva aplicándose desde los años 40 para la exploración y producción de hidrocarburos, tanto en yacimientos convencionales como no convencionales. Es cierto que, en las últimas décadas, se ha desarrollado vertiginosamente gracias a un proceso de I+D unido al extraordinario dinamismo de pequeñas y medianas empresas, sobre todo en Estados Unidos, donde el gas no convencional representa ya el 60% de la producción nacional de gas.

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David Alameda, director general de Shale Gas España.

La producción de gas natural no convencional en Estados Unidos ha supuesto una auténtica revolución energética en aquel país, que ha pasado de depender de las importaciones a prácticamente autoabastecerse.

La industria del gas no convencional ha permitido la creación de más de 2 millones de puestos de trabajo directos e indirectos y contribuye el PIB con más de 200.000 millones de euros. Y lo que es más importante, ha contribuido a reducir sustancialmente la factura energética de empresas y familias. Los precios del gas en Estados Unidos son entre 3 y 4 veces más baratos que en Europa y la electricidad cuesta la mitad que aquí. Un diferencial que constituye una gran ventaja competitiva para sus empresas.

Pero también el consumidor doméstico se beneficia, ya que la factura del gas se ha reducido una media de unos mil euros por hogar.

En todo caso, los beneficios no han sido solo económicos, también medioambientales. En la actualidad, el gas natural es el combustible fósil más limpio y su utilización en sustitución de otros más contaminantes contribuye a la reducción de emisiones de CO2. En Estados Unidos, la mayor disponibilidad de gas a un precio competitivo, ha pemitido reducir las emisiones de efecto invernadero a niveles de hace 20 años, tal como ha constatado la Agencia Internacional de la Energía.

El desarrollo de la exploración y producción de gas natural no convencional en Europa es todavía incipiente, pero contamos con la ventaja de la experiencia acumulada.

Se calcula que se han realizado ya más de 2 millones de operaciones de fracking, 35.000 al año, lo que ha permitido desarrollar todo un conjunto de buenas prácticas técnicas y normativas que, aplicadas sistemáticamente a la exploración y producción de gas no convencional, permiten mitigar los posibles impactos.

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Estructuras de perforación.

Por ejemplo, el perfeccionamiento de la técnica de perforación horizontal ha supuesto una mejora tanto desde el punto de vista de la eficiencia de los yacimientos como de la reducción de su huella superficial, ya que en un único emplazamiento se pueden perforar varios pozos con los que se accede a una amplia extensión de la formación rocosa.

También se han invertido muchos recursos en la investigación sobre los aditivos que se utilizan en el proceso. Aunque los volúmenes empleados son muy bajos, apenas el 0,5%, y se trata de sustancias habituales en actividades como la agricultura, la industria farmacéutica y productos de uso cotidiano, se trabaja para conseguir que esos aditivos tengan la categoría de ‘food standard’, es decir, que sean solo sean productos utilizados en la industria alimentaria.

El tratamiento del agua es otro de los procesos en los que la mejora es continua con el objetivo de poder llegar a reutilizar hasta el 100% en pozos sucesivos durante el proceso de producción.

En definitiva, la fracturación hidráulica es un proceso industrial maduro, viable desde el punto de vista técnico, económico y medioambiental, que ahora llega a España.

Una oportunidad para conocer nuestros recursos y crear empleo

Nuestro país se caracteriza por un pobre historial en lo que a exploración y producción de hidrocarburos se refiere. Sin embargo, España dispone de unos recursos extraíbles de gas natural que podrían cubrir nuestras necesidades de consumo durante 70 años, según ha puesto de manifiesto el estudio ‘Evaluación preliminar de los recursos prospectivos de hidrocarburos convencionales y no convencionales en España’, realizado por la consultora Gessal para la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (Aciep).

Disponer de un activo potencial de esta magnitud es sinónimo de riqueza económica para el conjunto del país. El número de solicitudes de permisos de exploración se ha incrementado notablemente en los últimos años y ya hay 70 concedidos y otros 60 pendientes de otorgamiento.

Unos permisos que cuando se transformen en proyectos de exploración se traducirán en millones de euros de inversión y centenares de empleos. Cifras que crecerán exponencialmente en el caso de que los sondeos den un resultado positivo y se pase a la fase de producción en alguno de esos emplazamientos.

Según datos del estudio de Deloitte ‘Impacto del desarrollo de la actividad de exploración y producción de hidrocarburos sobre la economía española’, el sector podría aportar 44.000 millones de euros al PIB y España podría pasar de importar la práctica totalidad del gas que consume a convertirse en exportador durante un periodo de más de 20 años.

Además se podrían crear hasta 260.000 puestos de trabajo directos e indirectos, en gran parte, empleo cualificado, y en sectores muy diversos, desde técnicos superiores (geólogos, geofísicos, ingenieros de Minas, ingenieros industriales, ingenieros de Caminos, químicos, economistas, etc.) a técnicos medios en muchas especialidades industriales y comerciales. Esta actividad demandaría también mucha mano de obra menos cualificada en multitud de trabajos relacionados con la exploración, la producción y la comercialización del recurso encontrado.

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Pozo en producción.

Estamos pues ante una actividad económica que contribuiría a ese cambio de modelo de producción en España tan demandado y necesario, basado en la reindustrialización, para suplir al que ha sido el motor de la última expansión económica, la construcción. Una actividad, en suma, con un alto valor añadido y un importante componente de I+D+i.

Se trata además de un auténtico revulsivo para las economías locales, que serán las primeras beneficiarias incluso en la fase de exploración. Se calcula que la inversión que requiere cada pozo en esta primera etapa oscila entre los 10 y los 20 millones de euros y en su construcción trabajan entre 50 y 150 personas de manera directa e indirecta. Parte de esa mano de obra será local, así como las empresas suministradoras de materiales como el gasoil, la arena o el cemento necesario para las obras. A estas cifras, habría que añadir los ingresos para las arcas locales provenientes de las licencias de obras y otros incentivos fiscales introducidos en la reforma de la Ley del sector de Hidrocarburos que actualmente se está tramitando en el Parlamento.

Garantías medioambientales de las más garantistas de Europa

Pero todas estas ventajas económicas no tendrían ningún sentido si se derivaran de una actividad que comportara riesgos para las personas y el medio ambiente.

La legislación española es de las más exigentes de Europa en lo que se refiere a las garantías medioambientales, ya que requiere a los promotores de proyectos que utilicen fracturación hidráulica la presentación de un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) incluso en la fase de exploración, circunstancia que no se da en otros países de la Unión Europea.

El EIA evalúa las interacciones del proyecto con el entorno, con la finalidad de minimizar los potenciales impactos mediante el estudio de alternativas de ejecución y el diseño de medidas correctivas y de vigilancia ambiental. Para ello se realizan diferentes estudios técnicos especializados que aportan los datos y el conocimiento necesarios para poder llevar a cabo una evaluación profunda de las principales variables que se deben considerar durante la ejecución del proyecto.

Entre otros, deben incluirse estudios hidromecánicos, geológicos, hidrogeológicos, de sismicidad, del ciclo del agua, ruido, un inventario de fauna y flora, y una evaluación de no afección a la Red Natura 2000. El Estudio de Impacto Ambiental se presenta a información pública para que todos los sectores concernidos puedan conocerlo, analizarlo y presentar alegaciones.

La industria opera, pues, con total trasparencia y desde el convencimiento de que solo con un exhaustivo conocimiento de la técnica y los controles empleados esta actividad podrá despegar en nuestro continente.

Un objetivo en el que las instituciones europeas tienen mucho que decir, conscientes de la necesidad de diversificar las fuentes de aprovisionamiento y del papel que el gas puede jugar en la reducción de las emisiones de efecto invernadero al sustituir a energías más contaminantes.

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La actividad de exploración y producción de hidrocarburos podría aportar 44.000 millones de euros al PIB español.

La Comisión Europea ha asumido un papel activo en la ampliación del conocimiento en relación con las prácticas y tecnologías de extracción de hidrocarburos no convencionales para garantizar su seguridad. A tal fin, el año pasado creo una Red Europea de Ciencia y Tecnología sobre extracción de hidrocarburos no convencionales que reúne a profesionales del sector, investigadores, académicos y representantes de la sociedad civil. Su misión es recopilar, analizar y revisar los resultados de los proyectos de exploración y evaluar la evolución de las tecnologías utilizadas en proyectos de petróleo y gas no convencionales.

Nos encontramos ante una oportunidad que se da muy pocas veces: la posibilidad de contar con un recurso natural abundante que puede mejorar el tejido económico y productivo de un país. Sólo si se realizan exploraciones se podrá determinar con certeza la existencia de esos recursos y determinar la viabilidad técnica, económica y medioambiental de una futura producción.

Comentarios al artículo/noticia

#2 - Francisco José
20/02/2015 9:58:31
Antes de pronunciarse a favor o en contra de estos tipos de explotaciones hay que poseer toda la información completa, y que los estudios sean fiables, imparciales y exhaustivos. Por ejemplo conseguir que los aditivos sean de uso alimentario no exime de riesgos, la sal común es un aditivo de uso alimentario y, sin embargo, vertida en los ríos ocasiona un desastre ecológico.
#1 - LuisBravo
18/02/2015 16:06:19
Para entender que es el fracking y el shale gas, es recomendable ver el documental Gasland: https://vimeo.com/75524062

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