En el taller de Philippe la tradición de sus antepasados y la modernidad del s. XXI, van de la mano. Las máquinas CNC Haas cuidan de que la tradición artesanal esté presente durante la elaboración de cada 'oboe Rigoutat': de tal forma, cada músico que toque un 'oboe Rigoutat', sentirá el sabor tradicional en sus labios.

Oda al oboe

Matt Bailey05/04/2013
Hace unos años, vi un folleto de ordenadores iMac en el que se podía leer el siguiente lema: “El cuerpo tiene 206 huesos. Seguro que alguno es creativo”. Ese mensaje podría adaptarse para las personas que visitan el taller de oboes Rigoutat, en Saint Maur des Fossés, a las afueras de París: “El cuerpo tiene 206 huesos”, pensé mientras estaba allí, “seguro que alguno es musical”. Parafraseando a Johannes Sebastian Bach, tocar el oboe es fácil. Solo hay que pulsar la llave adecuada en el momento apropiado, y el instrumento sonará solo.
Si fuera tan fácil, querido Johannes, me habría comprado un 'oboe Rigoutat' en aquel momento, igual que hace ocho años adquirí aquel seductor iMac blanco. La consistencia de la madera oscura africana y el brillo de las llaves de níquel plateado son más atrayentes que cualquier cosa de plástico que haya salido de la sede de Apple de Cupertino (California). Ver un hermoso Rigoutat en mi escritorio a diario sería un placer, aunque silencioso y culpable. En cambio, reproducir la música con el iTunes del iMac no tiene nada del otro mundo.
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Los 'oboe Rigoutat' se elaboran con la característica madera negra de Mozambique o Madagascar, que aporta a cada instrumento las propiedades necesarias para que de él fluyan las notas más bellas.
Para aquellos que admiramos la música pero no sabemos tocar, es reconfortante y, para ser sincero, algo mortificante también, escuchar un oboe... o cualquier otro instrumento. Su sonido puede transportarnos a otro lugar, pero también puede provocar que uno se pregunte qué ha hecho con su tiempo cuando podía haberse dedicado a estudiar música.
El dueño de la empresa, Philippe Rigoutat, adora la música del oboe y, como sus antepasados, ha dedicado su vida a tocar y fabricar este instrumento, como si una sola de estas dos cosas no fuera suficiente. El abuelo de Philippe fundó la empresa en 1922 después de trabajar para su padrastro, monsieur Leblanc, propietario de una famosa compañía de fabricación de clarinetes. A pesar de ser el director de la fábrica, Rigoutat fue despedido por su implicación en la causa comunista durante lo que se conoció como el alzamiento del cinturón rojo de París. Por entonces había poco trabajo, así que, a diferencia de la mayoría de sus compañeros bolcheviques –muchos de los cuales eran artistas y escritores que habían acudido a la ciudad para apoyar las revueltas sociales–, hizo lo que tenía que hacer: convertirse en un emprendedor y fundar su propio negocio.

“La empresa empezó a evolucionar de verdad después de que entrara mi padre en 1945, cuando solo tenía catorce años”, recuerda Philippe. “Por entonces, sólo se hacían dos o tres oboes al mes utilizando un torno con palas para tornear la madera. Había que subcontratar mucha parte del trabajo. Cuando la empresa compró su primer torno eléctrico en 1950, fue una revolución”. Si bien no fue exactamente la que el abuelo Rigoutat había esperado.

Philippe Rigoutat confía en la tecnología CNC de Haas el acabado de sus instrumentos

Hace poco, la empresa empezó a usar un torno Toolroom CNC y una fresadora Mini Mill de Haas para producir los intrincados componentes metálicos y el cuerpo de madera seca cuidadosamente fabricado de los oboes.

“Hoy en día fabricamos entre cincuenta y sesenta instrumentos al mes, y, aunque todavía externalizamos el proceso de plateado y la fundición, nos encargamos de la producción y del acabado de casi todas las piezas aquí en la fábrica. Esa es la ventaja de trabajar con máquinas CNC de Haas: son fáciles de usar, no resultan demasiado caras y nos proporcionan el control necesario para hacer exactamente lo que queremos. En cambio, cuando subcontratábamos el trabajo, teníamos que hacer muchos cambios en los componentes que recibíamos antes de que estuvieran listos”.

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Las máquinas 'CNC de Haas' aumentan la producción de instrumentos respetando la tradición artesanal. Se caracterizan por tener un uso fácil, un precio asequible y facilitar el control y la manipulación de los materiales necesarios en la elaboración del oboe.
Fabricar un oboe implica más de cincuenta horas de trabajo. “Tenemos a quince empleados, incluido un operario para cada máquina Haas”, dice Philippe. “Trabajan cinco días a la semana. Aunque yo también aprendí a fabricar oboes aquí, y sé trabajar tanto con madera como con metal, lo mío es tener ‘ojo crítico’, es decir, el control de calidad: me encargo de comprobar que los instrumentos hayan quedado perfectos”.

Rigoutat utiliza madera negra de Mozambique o Madagascar. “Tiene las mejores propiedades para el oboe; es cara, pero no demasiado. Es muy dura, tenemos que usar herramientas de mecanizado de carburo en el torno Haas. Compramos la madera en bloques alargados, que ya vienen cortados en el tamaño que necesitamos. Taladramos el conducto del aire por el medio y luego torneamos el exterior a mano para darles la forma básica. A continuación, los almacenamos durante cinco años. Así dejamos que la madera reaccione a los cambios de temperatura. Al dejarla en un sitio fijo, evitamos que se raje”.

“El mecanizado de la madera es una fase crítica del proceso. Si tenemos un fallo en el mecanismo, podemos cambiarlo. Pero, con la madera, un error puede echar a perder el oboe entero, y además uno no sabe que no sirve hasta que está terminado.”

Tras los cinco años de envejecimiento de la madera, los operarios de mecanizado de Rigoutat usan el torno Haas TL para perfeccionar el cuerpo del oboe. “Mecanizamos los orificios de las notas y añadimos la almohadilla que permite fijar el mecanismo a la madera. El cuerpo del oboe tiene entre veinte y veintidós orificios para las notas y entre cincuenta y cincuenta y cinco agujeros para sujetar la almohadilla; y un oboe ‘de conservatorio’ tiene cuarenta y cinco llaves”.

La empresa usa la Haas Mini Mill para mecanizar el mecanismo a partir de una barra de plata de níquel fundida y para cortar las llaves, antes de enviarlo a un proveedor que lo platea y pule. “Es un proceso caro”, apunta Philippe. “Los precios de los metales preciosos han subido en los últimos años, así que reciclamos los restos de metal y los vendemos a las empresas metalúrgicas, que las mezclan con metal nuevo para mejorar las propiedades mecánicas”.

Por último, un operario de acabado de Rigoutat coloca el mecanismo, los muelles y las lengüetas para completar el oboe. Aquí es cuando Rigoutat pide a músicos y profesores experimentados que prueben los instrumentos para profesionales y estudiantes. “Verifican la calidad de sonido y la facilidad para tocarlo”, dice Philippe, “y nos confirman si el instrumento es apto para venderse”.

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Músicos profesionales se encargan de probar uno a uno la calidad del sonido de los 'oboe Rigoutat'.
Real Meca S.A., la tienda de la fábrica Haas (HFO), suministró las máquinas Haas a la empresa. “Nos impresionaron el servicio que ofrecen y la calidad de las máquinas Haas, que nos dan la precisión y la flexibilidad que necesitamos”, afirma Philippe.

Para Philippe, el control de costes fue la razón principal para adquirir las máquinas CNC de Haas: “Nos han permitido reducir los costes de producción en un 20%. Pero además hemos ganado en cuestión de control de calidad e independencia, un aspecto igual de importante pero imposible de cuantificar. Todo lo que puedo decir es que nos ha ayudado mucho a aumentar nuestra reputación entre los distribuidores y los clientes, es decir, los músicos”.

Esa reputación se incrementó a medida que la música clásica se popularizaba en todo el mundo. “Cuando los músicos que tocaban nuestros instrumentos comenzaron a salir al extranjero, de hecho se convirtieron en nuestros representantes. Entonces otros músicos se interesaron por nuestros oboes y quisieron conocer a mi padre. Por desgracia, él solo hablaba francés, así que no fue fácil. Cuando yo entré en la empresa en 1977, empecé a viajar y a estrechar las relaciones con los clientes. Ahora exportamos el 70% de los instrumentos a músicos de todo el mundo”.

Un servicio personal es muy importante para consolidar las relaciones. “Cada oboe es diferente, así que intentamos dar el oboe adecuado a cada cliente. Los profesionales siempre quieren probar varios instrumentos, mientras que los profesores y los estudiantes no son tan exigentes. A veces tenemos oboes que no se venden durante un mes o dos, pero siempre llega algún estudiante que dice: ‘¡este es mi oboe!’.”

Rigoutat dedica su vida a la fabricación de instrumentos musicales tan elaborados que rozan lo celestial. La receta continua en su familia: tiempo para mimar la madera y el metal, y corazón: La marca Rigoutat es famosa por sus 'oboe de amor', apreciados por profesores, alumnos y músicos profesionales de todo el mundo.

En francés, oboe es 'hautbois': 'haut' puede traducirse como alto, elevado o incluso algo más poético como celestial; mientras que 'bois' se refiere a la madera de los instrumentos de viento. Aparte del oboe estándar y del corno inglés, la empresa también fabrica el oboe de amor, considerado el miembro alto de la familia.

No es difícil encontrar en internet reseñas entusiastas sobre los oboes Rigoutat a cargo de distribuidores y músicos de ambos lados del Atlántico. Eso augura un buen futuro para la empresa. A medida que la clientela aumenta, también lo hacen los clientes que repiten pedidos. A diferencia de otros instrumentos –como el violín, por ejemplo–, los oboes no duran muchos años porque el hecho de soplar por ellos crea una resonancia muy fuerte que a la larga deteriora el sonido. Los músicos profesionales suelen necesitar uno nuevo al cabo de seis u ocho años.

La mayor preocupación de Philippe es que no hay suficientes jóvenes que estudien oboe, lo que afectará al negocio y a la profesión a largo plazo. “Los músicos dicen que el oboe es uno de los instrumentos más difíciles de tocar porque hay que aprender a controlar la boca, los dedos y la lengüeta. Por eso, muchos jóvenes prefieren aprender instrumentos más fáciles como el piano, la guitarra, la flauta o el clarinete”.

Aun así, también hay oportunidades en mercados relativamente nuevos. “Japón tiene mucho potencial para nosotros, lo cual es una buena noticia. Aunque preferimos tratar directamente con los músicos en los estudios de París que tenemos, hay muy buenos agentes y tiendas que venden nuestros instrumentos en otros países. Y, por supuesto, todavía hay muchos músicos famosos que eligen los 'oboes Rigoutat' y están encantados de apoyar nuestros productos”.

“La diversificación no entra dentro de nuestros planes”, concluye Philippe, “porque hay empresas consolidadas que ya fabrican otros instrumentos y nadie piensa que seamos capaces de hacerlos mejor: no hay un mercado nuevo ahí fuera esperando a Rigoutat. Nuestro negocio no consiste tanto en crecer, sino en saber gestionar lo que tenemos: los conocimientos y la reputación. Seguiremos buscando maneras de ser más eficientes, por lo que es posible que usemos más máquinas Haas. Sea como sea, siempre nos esforzaremos en fabricar los mejores instrumentos”. El tipo de instrumentos que puede animar a estudiantes de todas las edades a no dejar nunca de buscar ese hueso musical que puede que tengan o no, como nos ocurre a algunos.

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