En el caso de los perros, el cortejo masculino suele contar con posturas de juego, lamido de las orejas y de la región genital de la hembra, persecuciones y forcejeos, entre otros muchos

¿Quién elige a quién?

Cuando una hembra de perro está en la fase receptiva del celo puede dejarse cubrir por el primer macho con el que se encuentre, pero, aunque no lo parezca, si tiene varios candidatos es capaz de elegir al más adecuado.

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¿Cómo sabe una perra cuál es el mejor candidato? Por supuesto, no lo elige por el color de sus ojos o de su pelo, ni por la elegancia de sus movimientos, sino porque es capaz de comprobar que el pretendiente cumple con uno de los principios fundamentales de la selección natural: que solo los ejemplares más aptos consiguen reproducirse; esta aptitud está determinada por su capacidad de acceder a los recursos, de evitar a los predadores y de vencer a la competencia existente en el momento de seleccionar a la pareja.

Además, también es fundamental tener en cuenta que en el perro, como en la inmensa mayoría de las especies, se cumple otro principio reproductivo: son las hembras las que eligen al macho, ya que deben estar seguras de que el esfuerzo que supone la gestación y crianza de su progenie está destinado a fomentar la permanencia de los mejores genes.

Para completar los aspectos que intervienen es este complejo proceso de selección del macho, la hembra tiene muy en cuenta el cortejo con el que es obsequiada, ya que durante este proceso es capaz de comprobar, entre otras cosas, la disponibilidad de recursos (basada en el dominio del territorio).

En el caso de los perros, el cortejo masculino suele contar con posturas de juego, lamido de las orejas y de la región genital de la hembra, persecuciones y forcejeos, entre otros muchos, pero solo se tiene constancia de que este cortejo tiene éxito cuando la hembra receptivaladea la cola y se ofrece para la cópula.

Aunque parezca mentira, en todo el proceso de cortejo la hembra detecta si el macho tiene “buenos genes”, pero si considera que no es así, puede rechazar al macho. Esta decisión tiene unas bases muy naturales pero puede suponer un verdadero trastorno cuando se trata de una monta seleccionada.

Llegados a este punto se debe considerar que realmente una hembra puede rechazar a un macho por otros motivos, como que es miedoso, que están en un entorno inadecuado, que alguno de ellos sea muy joven o inexperto, incluso que alguno de los miembros de la pareja no esté bien socializado.

No obstante, es importante impedir que la perra se reproduzca indiscriminadamente, ya que tras la gestación nacen unos preciosos cachorros que en ocasiones no encuentran otros hogares definitivos y, lo que es peor, que pueden llegar a ser abandonados.

Por ello, antes de permitir que una perra tenga una camada es importante valorar responsablemente todas las ventajas y los inconvenientes y olvidarse de ideas preconcebidas pero muy extendidas, como que es bueno para ellas tener al menos una camada en su vida. Nada más lejos de la realidad.

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