El veterinario puede recetar algún fármaco que ayude en los peores momentos

Miedo a los ruidos

Redacción Interempresas03/02/2014

El miedo a determinados ruidos tiene un origen natural presente en la mayoría de las especies, ya que las pone en alerta y ayuda a su supervivencia. El perro no es ajeno a este miedo, pero no son pocos los casos en que se convierte en una fobia, lo que sí resulta perjudicial para una vida plenamente equilibrada y una convivencia tranquila.

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Algunos autores denominan sonofobia al miedo exagerado ante los ruidos fuertes y repentinos y se trata de una de las fobias más frecuentes en los perros. No obstante, al tratarse de un comportamiento con una raíz natural y útil para la supervivencia, su control puede ser complicado.

El hecho de que un perro se sobresalte ante un ruido fuerte e inesperado no significa que tenga sonofobia, solo queda patente cuando el perro huye sin control o lo intenta desesperadamente cuando está atado; también es un claro síntoma de fobia a los ruidos que intente ocultarse o esconderse, así como si se queda inmóvil.

Una vez está claro que el perro padece esta fobia, el tratamiento sería conseguir que el perro fuera tolerando con mayor naturalidad el ruido que le causa pavor. Por supuesto, lo primero es evitar en la medida de lo posible el ruido y, si se produce, atenuar su intensidad; nunca se debe reforzar la conducta de miedo con caricias, ya que con ello se pretende calmar al perro pero realmente él está entendiendo que se comporta correctamente, y jamás hay que castigarlo cuando muestra el comportamiento miedoso.

En caso necesario, el veterinario puede recetar algún fármaco que le ayude en los peores momentos, en cuyo caso hay que ser muy riguroso con la dosis, pero también puede ser útil un alimento adecuado si se prevé que el perro va a sufrir esta experiencia, por ejemplo, en las fiestas patronales de nuestra localidad o en las fiestas navideñas, ya que durante estas épocas son muy habituales los estallidos de petardos y fuegos artificiales.

Obviamente, si eres consciente de que tu perro tiene fobia a los ruidos, nuestro consejo es que nunca lo sueltes, ya que es imposible prever cuándo estallará un petardo, aparecerá una ambulancia o, si estamos en el campo en una zona de caza, cuándo se oirá el disparo de un arma.

 

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